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miércoles, 12 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 25


 


EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 25

RV1960

NVI1999

BTX4

Y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.

No necesitaba que nadie le informara nada  acerca de los demás, pues él conocía el interior del ser humano.

Y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre.

TR+

INA27+

VUL

καιG2532 CONJ οτιG3754 CONJ ουG3756 PRT-N χρειανG5532 N-ASF ειχενG2192 V-IAI-3S ιναG2443 CONJ τιςG5100 X-NSM μαρτυρησηG3140 V-AAS-3S περιG4012 PREP τουG3588 T-GSM ανθρωπουG444 N-GSM αυτοςG846 P-NSM γαρG1063 CONJ εγινωσκενG1097 V-IAI-3S τιG5101 I-NSN ηνG1510 V-IAI-3S ενG1722 PREP τωG3588 T-DSM ανθρωπωG444 N-DSM 

και G2532:CONJ Y οτι G3754:CONJ porque ου G3756:PRT-N no χρειαν G5532:N-ASF necesidad ειχεν G2192:V-IAI-3S estaba teniendo ινα G2443:CONJ para que τις G5100:X-NSM alguien μαρτυρηση G3140:V-AAS-3S habiendo dado testimonio περι G4012:PREP acerca de του G3588:T-GSM el ανθρωπου G444:N-GSM hombre αυτος G846:P-NSM él γαρ G1063:CONJ porque εγινωσκεν G1097:V-IAI-3S estaba conociendo τι G5101:I-NSN qué ην G1510:V-IAI-3S estaba siendo εν G1722:PREP en τω G3588:T-DSM el ανθρωπω G444:N-DSM hombre

et quia opus ei non erat ut quis testimonium perhiberet de homine ipse enim sciebat quid esset in homine

KJV

And needed not that any should testify of man: for he knew what was in man.

TCB

N.T

 

COMENTARIOS:

JOHN FLAVEL

“Jesucristo fue un ministro de corazón tierno, lleno de compasión por las almas. Fue enviado para vendar a los quebrantados de corazón, Isa. 61:1. Estaba lleno de afecto por los pobres pecadores. "Se entristeció por la dureza del corazón de los hombres, Marcos 3: 5. Se lamentó por Jerusalén", y dijo: ¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuán a menudo hubiera querido reunir a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas! "Mateo 23:27. Tuvo compasión, cuando vio a la multitud, como ovejas que no tienen pastor, Mateo 9:37. Estos afectos de Cristo deben estar en todos los pastores. "Dios es mi testigo, (dice uno de ellos) de cuánto los amo a todos, en [o según el modelo de] los afectos de Cristo Jesús", Filip. 1:8. El que muestra un corazón duro, que no se ve afectado por los peligros y las miserias de las almas, nunca puede hacer la obra ministerial.”

GEORGE WHITEFIELD

“Dios conoce todas nuestras necesidades antes de que las pidamos, pero insiste en pedir su gracia y confesar nuestros pecados. Porque, mediante tales actos, reconocemos nuestra dependencia de Dios, nos avergonzamos de nosotros mismos y, por lo tanto, damos gloria a su gran nombre.”

… “Hay momentos en que el alma es demasiado grande para hablar; cuando Dios lo llena, por así decirlo, y lo ensombrece con su presencia, de modo que solo pueda postrarse, adorar, adorar y yacer en el polvo ante el Señor. Una vez más, hay un tiempo en que el alma está entumecida, estéril y seca, y el creyente no tiene una palabra que decirle a su Padre celestial; y entonces solo el corazón puede hablar. Y esto lo menciono para animar a los cristianos débiles, que piensan que nunca son aceptados porque no tienen un fluir de palabras y se imaginan que asi no agradan a Dios en el fondo, y no es por ello sino porque no se agradan a sí mismos. Sería bueno considerar que Dios conoce el lenguaje del corazón y la mente del espíritu; y que utilizamos las palabras, no para informar a Dios, sino para afectarnos a nosotros mismos. Por tanto, cuando alguno de vosotros se encuentre en tal situación, no se desanime: ofrézcase en silencio ante Dios, como barro en las manos del alfarero, para que él escriba y grabe su propia imagen divina en su alma.”

WARREN WIERSBE

“El sabía lo que había en el hombre" es una declaración que es demostrada varias veces en el Evangelio de Juan. Jesús conocía el carácter de Simón (Juan 1:42). Sabía cómo era Natanael (Juan 1:46 en adelante), y le dijo a la samaritana "todo" lo que ella había hecho (Juan 4:29). Sabía que los dirigentes judíos no tenían en sus corazones el amor de Dios (Juan 5:42), y que uno de los discípulos no era un verdadero creyente (Juan 6:64). Vio el arrepentimiento en el corazón de la adúltera (Juan 8:10,11) y homicidio en los corazones de sus enemigos (Juan 8:40 en adelante). Varias veces en el mensaje que dio en el aposento alto Jesús les reveló a sus discípulos los sentimientos y preguntas más íntimos de ellos.

Al seguir el ministerio del Señor en el Evangelio de Juan nos damos cuenta cómo el Señor pasa gradualmente de la brillante luz de la popularidad a las negras sombras del rechazo. Al principio fue fácil para la gente seguir a la multitud y presenciar los milagros del Señor; pero luego las palabras del Señor empezaron a penetrar los corazones, produciendo convicción; y la convicción lleva bien a la conversión o a la oposición. Es imposible ser neutral. Las personas tenían que decidir, y casi todos decidieron en contra de Jesús.

Sí, Jesús conoce el corazón humano. "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (Juan 4:48). La gente que quiere sus obras pero no su palabra nunca puede compartir su vida.

"Hay que ver para creer" no es un método aceptable para los cristianos (Juan 11:40; 20:29). Primero debemos creer; luego veremos. Los milagros sólo pueden conducirnos a la Palabra (Juan 5:36-38), Y la Palabra de Dios genera la fe que salva (Romanos 10:17).

El acertado conocimiento de nuestro Señor del corazón humano es otra evidencia de su deidad, porque sólo Dios puede ver el corazón del hombre. Este breve párrafo nos prepara para la importante entrevista con Nicodemo relatada en el próximo capítulo. Nota la repetición de la palabra hombre (Juan 2:25-3:1). Nicodemo quería saber más de Jesús, pero acabó aprendiendo más de sí mismo.”

GARY BURGE

“Juan 2:23–25 nos asegura que Jesús es plenamente consciente de lo que sucede dentro de nosotros y de nuestras iglesias. Por tanto, no podemos relajarnos cómodamente pensando que su ira estaba reservada para los dirigentes del templo judío o para los liberales de al lado, pero no para nosotros. No puedo evitar pensar en las cartas de Juan a las siete iglesias de Apocalipsis 1–3. En este pasaje tenemos a las congregaciones que fueron fundadas por los dirigentes apostólicos y que gozaban de muchos puntos fuertes. No obstante, las cartas de Juan, inspiradas por la visión y voz de Jesús, ofrecen una seriedad y una severidad que no son distintas de las que encontramos en este pasaje de Juan 2.

El evangelista espera que al final del capítulo 2 hagamos una pausa y reflexionemos tanto en este relato del templo de Jerusalén como en la historia de Caná. En cada episodio, nos retan temas parecidos y se nos invita a contrastarlos. Caná está en el norte (Galilea); Jerusalén en el sur (Judea).

Caná ofrecía tinajas de piedra (para la purificación) y ahora Jesús ha desafiado un templo de piedra (para el sacrificio). En Caná faltaba vino y el templo estaba lleno de cosas que no eran apropiadas. La solución de Jesús en cada caso es ofrecer una alternativa: Él será el dador de vino nuevo y se convertirá asimismo en un nuevo templo. En cada caso, se nos da la sugerencia de que lo que hemos de observar realmente es «la hora» (2:4, 21) en que Jesús morirá y volverá a la vida. Sin embargo, Galilea y Jerusalén ofrecen distintas respuestas a la obra de Jesús: En Galilea, Jesús encuentra receptividad y fe; en Judea, sin embargo, aunque algunos creen (2:22), Jesús desconfía de ellos.

A lo largo de este Evangelio, Galilea y Jerusalén representan metáforas de posibles respuestas. A través de ellas se nos desafía a reflexionar sobre cómo responderíamos nosotros, si Jesús hiciera acto de presencia en alguna de nuestras bodas o templos.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

“Testimonio es un tema dominante en este Evangelio, es decir, el testimonio a otros en cuanto a Jesús, pero no a la inversa. Nótense los verbos de tiempo imperfecto: “confiaba”, “conocía” y “tenía”, indicando una acción o condición continua. El pronombre él v. 25b) es enfático, dando el sentido de “pues él mismo conocía…”.

El NT concuerda con el AT (ver 1 Rey. 8:39b) atribuyendo omnisciencia a Dios. Juan destaca firmemente este atributo sobrenatural de Jesús, una prueba más de su divinidad (ver 4:17, 18; 5:42; 6:61, 64; 13:1, 11; 18:4). Nótese el uso plural y singular en relación con el hombre. En el v. 24, “todos”, un pronombre masculino plural (pantas G3956), se refiere a todos los hombres, mientras en el v. 25 se usa el sustantivo singular “hombre” (antropos G444). Basado en estas expresiones, Hovey sugiere que Jesús conocía tanto el corazón de todos los hombres como también la naturaleza más íntima del hombre individual.”

JUAN CALVINO

“Como se puede dudar de dónde obtuvo Cristo este conocimiento, el evangelista anticipa esta pregunta y responde que Cristo percibió en los hombres todo lo que está oculto a nuestra vista, para que por su propia autoridad pudiera hacer una distinción entre los hombres. Por tanto, Cristo, que conoce los corazones, no necesitaba que nadie le informara qué clase de hombres eran. Sabía que tenían tal disposición y tales sentimientos, que con justicia los consideraba personas que no le pertenecían.

La pregunta formulada por algunos - si nosotros también estamos autorizados por el ejemplo de Cristo a considerar sospechosos a aquellas personas que no nos han dado prueba de su sinceridad - no tiene nada que ver con el presente pasaje. Hay una gran diferencia entre él y nosotros; porque Cristo conocía las raíces mismas de los árboles, pero, excepto por los frutos que aparecen exteriormente, no podemos descubrir cuál es la naturaleza de ningún árbol. Además, como nos dice Pablo, que la caridad no es sospechosa (1 Corintios 13:5), no tenemos derecho a albergar sospechas desfavorables sobre hombres que no conocemos. Pero, para que no siempre seamos engañados por los hipócritas, y para que la Iglesia no esté demasiado expuesta a sus inicuas imposturas, es de Cristo impartirnos el Espíritu de discreción.”

JOHN MACARTHUR

“El señorío de Jesús va de la mano con su deidad. Como Dios del universo, Él es digno de ser adorado y obedecido; de ser adorado con reverencia como el Rey de reyes y el Señor de señores (Ap. 19:6; cp. Fil. 3:10-11). Las tres viñetas en este pasaje (vv. 12-25) subrayan su deidad con claridad inequívoca. Como Dios, limpió Él solo el templo con celo mesiánico; como Dios, predijo su propia resurrección; y como Dios, conocía verdaderamente el contenido de los corazones de los hombres.

Al mismo tiempo, estos tres relatos también describen el proceso de la salvación. La primera escena, la limpieza del templo, muestra gráficamente el odio que Dios tiene por el pecado y la impureza. La segunda escena, la explicación de la resurrección de Jesús, revela que Dios da nueva vida en Cristo, quien fue “resucitado para nuestra justificación” (Ro. 4:25). Y la escena final, la creencia superficial de las personas, revela que la provisión de salvación de Dios viene solo a través de la fe genuina salvadora.”

JOHANNES BRENZ

“A medida que la gloria de Cristo aumentaba debido a sus enseñanzas y milagros, poco a poco aumentaba la envidia y la malicia de los fariseos. Así que se retiró de su compañía y conversación para que no lo entregaran a la muerte antes de que hubiera completado los propósitos de su ministerio. Porque sabía cuál es la naturaleza de Adán y que no dejarían piedra sin remover en sus esfuerzos por hacerle daño como alguien que se opone a sus bajas pasiones. Porque todo el mundo es mentiroso y todo es vanidad. Asimismo, el corazón es engañoso e inescrutable. ¿Quién puede conocerlo? Y en Isaías, deja, por tanto, de considerar a la persona humana, cuyo aliento está en su nariz, es decir, no pongas tu confianza ni creas en los seres humanos. Porque todo el mundo es inestable y poco fiable.

En tiempos de angustia no se mantienen firmes, pero nos abandonan y nos dejan sin ayuda. Se dedican a sus propios asuntos, se aman a sí mismos y, por naturaleza, cada uno odia al otro. Se han vuelto extraños para Dios y extraños entre sí. . . . Con los ojos de Dios, Cristo reconoció esta naturaleza perversa en los seres humanos, por lo que no se confió a ellos porque sabe lo que hay dentro. Y no había necesidad de que nadie testificara sobre la persona humana. Como dice el profeta, Yo, el Señor, escudriño el corazón y examino la mente.

¿Entonces que? ¿No se puede confiar en ninguna persona humana? Porque estamos mandado a amar a todos, incluso a nuestros enemigos, ¿parecerá el amor sincero mientras se desconfía de un ser querido? Yo respondo. Para nosotros hay dos reglas que son los temas principales que determinan cómo se debe juzgar este asunto: la fe y el amor. La fe reconoce que todas las personas son mentirosas, vacías, vanas, amantes de sí mismas, tramposas y engañadores.

Por eso desconfía de todas las personas, confía sólo en Dios, espera sólo en él y pide todo lo bueno sólo a él. Solo a él se confía. Por tanto, la fe es amiga de Dios y hostil para el mundo entero. El amor, en cambio, no piensa mal del prójimo sino que todo lo cree. No sospecha, pero espera todas las cosas buenas del vecino. Y si sus expectativas se ven defraudadas, no guarda rencor, sino que soporta y sobrelleva todas las cosas. . . . Por lo tanto, en lo que respecta a la regla de la fe, no se debe confiar en ninguna persona, sino que toda nuestra confianza debe estar puesta solo en Dios, sabiendo que todos son mentirosos. Pero en lo que respecta al amor, debes esperar el bien de cualquier persona. Y no desdeñemos a nadie, porque el amor no es desdeñoso.”

ALBERT BARNES

“No puede haber evidencia más alta que esta de que él era omnisciente y, por lo tanto, era divino. Escudriñar el corazón es prerrogativa de Dios solamente (Jer 17:10); y como Jesús sabía lo que había en estos discípulos, y como se dice expresamente que él sabía lo que había en el hombre, es decir, en todos los hombres, así se sigue que debe ser igual a Dios. Como lo sabe todo, conoce el falso y sus pretensiones y profesiones de hipócritas. Nadie puede engañarlo. También conoce los deseos y esperanzas de todos sus verdaderos amigos. Él escucha sus gemidos, ve sus suspiros, cuenta sus lágrimas, y en el día de necesidad vendrá en su ayuda.”

JOHN TRAPP

“Los artífices conocen la naturaleza y las propiedades de sus obras, ¿y no conocerá su obra, el corazón, Cristo? El escudriña los corazones de los hombres. Dios está más cerca de nosotros que nosotros de nosotros mismos, y conoce nuestros pensamientos mucho antes de nosotros pensarlos, como un jardinero sabe qué flores tendrá en primavera, porque conoce las raíces.”

JOHN GILL

“Él sabe la maldad que hay en el hombre, que su corazón es engañoso y desesperadamente perverso, y está lleno de toda clase de iniquidades; sabe en qué condición están todas las facultades y las almas de los hombres; en qué están puestos sus afectos, en las cosas terrenales o celestiales; si hay alguna luz en su entendimiento o no; si su voluntad está sometida y resignada a la voluntad de Dios, o no; si sus mentes y conciencias están contaminadas, o si sus corazones están salpicados de una mala conciencia; en resumen, si la buena obra interna de la gracia ha comenzado sobre sus almas o no; y conoce las fuentes secretas de todas las acciones, buenas y malas; todo lo cual prueba su verdadera y propia deidad, y lo muestra como un adecuado Salvador de los pecadores, y lo califica para ser el Juez de toda la tierra.”

GRANT OSBORNE

“él conocía el interior del ser humano’, es decir, ‘sobre la naturaleza humana’ (NTV). La fe en los milagros como señales es un buen primer paso, pero está incompleta sin el conocimiento. Estas personas se entusiasmaron con verdades parciales, pero la suya aún no era una fe salvadora. Su fe creciente es contrastada con la incredulidad radical de los líderes judíos (2:18–22) por un lado, y la verdadera fe de los discípulos (2:11) en el otro. La verdadera fe se centra en quién es Jesús y no solo en lo que hace; su fe era poco más que asombro a los estupendos milagros. Podemos ver tres niveles de fe en Juan: incredulidad (los líderes), fe parcial (aquí y en 6:66) y fe verdadera.”

J.C RYLE

“Debemos recordar las palabras de Salomón en su oración: “Sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1 Reyes 8:39).

La inmensa diferencia entre nuestro Señor y todos los ministros de su Evangelio aparecen fuertemente en este versículo. Los ministros son engañados continuamente al valorar a las personas.

Cristo nunca lo fue y nunca podría serlo. Cuando permitió que Judas Iscariote fuera uno de los discípulos, sabía perfectamente cómo era. Wordsworth observa que los dos últimos versículos de este capítulo “proporcionan un ejemplo de la especial manera en la que el Espíritu Santo, en el Evangelio según S. Juan, pronuncia juicio sobre las cosas y las personas (cf. 6:64, 71; 7:39; 8:27; 12:33, 37; 13:11; 21:17)”.

Al dejar este pasaje, no puedo dejar de comentar lo fielmente que retrata la naturaleza humana y de cuántas maneras se muestran la corrupción y la debilidad del hombre. En unos pocos versículos vemos la profanación del Templo por anhelo de obtener ganancias, airadas exigencias de una señal de Aquel que muestra celo por la pureza, algunos que profesan una fe falsa y otros pocos que creyeron; pero aun estos creyeron con una fe débil y poco inteligente. Es el estado de cosas que se da en todo lugar y en todo momento.”

EDWING PIÑANGO

“Notese la gran prueba de la Deidad de nuestro amado Salvador Jesús que encontramos en Jeremias: “Jer 17:9-10  Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  (10)  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.” Conclusion: Jehová es Jesús y Jesús es Jehová, Aleluyah!”

MATTHEW HENRY

“¡Cuán apto es Cristo para ser el Salvador y Médico de los hombres, puesto que tiene tal conocimiento del estado, del caso, de las buenas y de las malas disposiciones de sus pacientes! ¡Conoce perfectamente lo que hay dentro de cada uno! ¡Y cuán apto es también para ser Juez de los hombres! Viene el Señor a su templo, y nadie se allega a Él, sino un grupo de gente simple y débil, tales de quienes no puede esperar mucho crédito, ni en quienes puede depositar su confianza. ¿Qué testimonio podían dar de Cristo tales hombres? Una persona que no ha nacido de nuevo podrá emitir algún juicio correcto, pero será incapaz de cambiar su mentalidad hasta el punto de ver con claridad el «reino de Dios»: la iniciativa salvadora de Dios en Cristo. Un caso concreto lo tenemos en Jua_3:2-3; por lo que estos versículos finales del capítulo Jua_2:1-25 enlazan magníficamente con los primeros del capítulo Jua_3:1-36: «… pues Él sabía lo que había en el HOMBRE. Había un HOMBRE de los fariseos…».”

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 24


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 24

RV1960

NVI1999

BTX4

Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,

En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos;

Pero JESÚS mismo no se confiaba a ellos, porque Él conocía a todos,

TR+

INA27+

VUL

αυτοςG846 P-NSM δεG1161 CONJ οG3588 T-NSM ιησουςG2424 N-NSM ουκG3756 PRT-N επιστευενG4100 V-IAI-3S εαυτονG1438 F-3ASM αυτοιςG846 P-DPM διαG1223 PREP τοG3588 T-ASN αυτονG846 P-ASM γινωσκεινG1097 V-PAN πανταςG3956 A-APM 

αυτος G846:P-NSM Mismo δε G1161:CONJ pero ιησους G2424:N-NSM Jesús ουκ G3756:PRT-N no επιστευεν G4100:V-IAI-3S estaba confiando αυτον G846:P-ASM él mismo αυτοις G846:P-DPM a ellos δια G1223:PREP por το G3588:T-ASN el αυτον G846:P-ASM él γινωσκειν G1097:V-PAN estar conociendo παντας G3956:A-APM a todos

ipse autem Iesus non credebat semet ipsum eis eo quod ipse nosset omnes

KJV

But Jesus did not commit himself unto them, because he knew all men,

TCB

Jesús no se fiaba. Jua_6:15; Mat_10:16, Mat_10:17.

 

Porque conocía a todos. Jua_1:42, Jua_1:46, Jua_1:47; Jua_5:42; Jua_6:64; Jua_16:30; Jua_21:17; 1Sa_16:7; 1Cr_28:9; 1Cr_29:17; Jer_17:9; Mat_9:4; Mar_2:8; Hch_1:24; Heb_4:13; Apo_2:23.

 

COMENTARIOS:

WILHEMUS BRAKEL

“Dios testifica claramente en Su Palabra que no solo tiene un conocimiento general acerca de los asuntos, sino un conocimiento específico de cada asunto individual. Esto no solo lo confirman los textos que se refieren al conocimiento de Dios en un sentido general, como: “Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.” (Hechos 15:18); “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Heb 4:13); "Dios ... sabe todas las cosas" (1 Juan 3:20), también por textos que se refieren al conocimiento de Dios acerca de cada asunto individualmente, tales como, "Ni hay criatura que no sea manifiesta a sus ojos" ( Heb 4, 13); “Pero hasta los cabellos de tu cabeza están todos contados” (Mateo 10:30); “Él cuenta el número de las estrellas; A todos los llama por sus nombres”(Sal 147: 4).

(1) El Señor observa y conoce todas las cosas, tanto grandes como pequeñas. Él conoce el corazón de los reyes (Pr. 21: 1) y se fija en cada gorrión (Mateo 10:29).

(2) Conoce todo lo bueno y lo malo: “Pusiste nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu rostro” (Sal 90: 8).

(3) El Señor es conocedor de todas las cosas secretas: “Tú, solo tú, conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1 Reyes 8:39); “El Señor conoce los pensamientos del hombre” (Sal 94:11); “Porque conocía lo que había en el hombre” (Juan 2:25).

(4) El Señor tiene un conocimiento infalible de todas las cosas futuras que sucederán debido al ejercicio del libre albedrío del hombre y, por lo tanto, conoce todas las cosas que ocurrirán en relación con el hombre. Dios lo sabe todo, porque todas sus obras le son conocidas desde la eternidad y están desnudas y abiertas ante él. Esto se hace evidente a partir de lo siguiente:

Primero, la palabra "todos" comprende todo. Incluye todos los eventos futuros, incluidos los que ocurren como resultado del ejercicio del libre albedrío del hombre. Si Dios no estuviera al tanto de tales eventos, ignoraría muchas cosas. Sin embargo, lo contrario es cierto porque Él lo sabe todo.

En segundo lugar, ¿qué ocurre con más frecuencia y depende más del ejercicio del libre albedrío del hombre que sentarse y levantarse, así como la función del pensamiento y el habla? El Señor sabe todo esto desde lejos, sin embargo, incluso antes de que uno piense o hable. “...porque sabía que siendo desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre” (Isa 48: 8; ver también Sal 139: 1-2); “Antes que te formase en el vientre, te conocí” (Jer 1, 5); "Porque yo sé todas las cosas que te vienen a la mente" (Ezequiel 11: 5).

En tercer lugar, esto es cierto para todas las profecías, incluso aquellas que se refieren a tales eventos que solo podrían ocurrir como resultado del ejercicio del libre albedrío del hombre. Los ejemplos de esto son demasiado numerosos para mencionarlos aquí; toda la revelación divina ejemplifica esto. El Señor Jesús mismo dice: “Ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy” (Juan 13:19).

En cuarto lugar, nada existe ni sucede fuera de la operación de Dios. Dios sostiene todo con su poder omnipotente y omnipresente.

Nada puede moverse sin la cooperación divina y, por lo tanto, todo sucede de acuerdo con Su decreto, ya sea por la iniciación o el permiso del Señor, dirigiendo las cosas de tal manera que cumplan Su propósito. Por tanto, se hace evidente que el Señor tiene conocimiento previo acerca de todas las cosas. Comprenderás esto con más claridad y estarás menos confundido si recuerdas que Dios es omnisciente y ha decretado todo lo que sucede. Su conocimiento no se deriva de asuntos existentes y causas secundarias como es cierto para el hombre.

Tenga en cuenta que desde la perspectiva de Dios, que es la primera causa de todas las cosas, todo es una certeza absoluta, aunque parece incierto cuando se ve desde la perspectiva de las causas secundarias. Desde la perspectiva de Dios, no hay contingencias; eso solo es cierto desde la perspectiva del hombre. Por lo tanto, al definir la libertad de la voluntad no debemos pensar que funciona independientemente de Dios, en un plano igual a Su voluntad, o como una entidad neutral; más bien, esta libertad es una función de necesidad. Por tanto, la libertad de la voluntad no contradice el cierto conocimiento previo de Dios. El hombre, sin coacción y por elección arbitraria, realiza lo que Dios ha decretado con toda certeza, y de lo que sabía que ocurriría.

Dios habla a la manera de los hombres cuando se registra que prueba al hombre para saber lo que hay en él, y también cuando dice: “... ahora sé que temes a Dios” (Gen 22:12). Ya tenía conocimiento de esto desde la eternidad. También habla a la manera de los hombres cuando se registra que espera que el hombre cumpla con un deber en particular. Lo hace para exhortar y advertir al hombre que debe ser consciente de que Dios se da cuenta de sus acciones; no es que no sepa lo que ocurrirá.”

JONATHAN EDWARDS

“Cristo supo que no se podía fiar de ellos; sabía que no serían coherentes con ellos mismos. ¡Cuán vana e inconsistente es la dependencia de los hombres malvados de sí mismos! Si este es el

En el caso de los hombres naturales, si todos los hombres naturales son, como hemos escuchado, tan absurdamente inconsistentes consigo mismos, ¡cuán irrazonable es su elevado pensamiento de sí mismos y su confianza en su propia bondad, en sus propias oraciones y en sus otras actuaciones!

Y que lo hagan, es un signo evidente de su lamentable ignorancia de sí mismos. Si tales personas se veían a sí mismos como son, y para ser como los hemos descrito, ciertamente estarían lejos de confiar en su propia excelencia y bondad, pero se verían a sí mismos como criaturas contaminadas, miserables, avaros, perdidos, y ya no dirían en sus corazones, soy rico y enriquecido en bienes; sino que prefieren condenarse a sí mismos y gritar con aborrecimiento de sí mismos y asombro: ¡Inmundo, inmundo, deshecho, deshecho!”

…”Cristo sabía que entonces no tenían en ellos aquello de lo que se debía fiar para perseverar: lo que implica: que si fueran verdaderos creyentes, de un principio correcto, se podría fiar de su perseverancia. Y se nos dice en otra parte, por qué algunos que creen, aguantan pero por un tiempo, y no perseveran, a saber: porque no tienen raíz en sí mismos.”

WARREN WIERSBE

“A pesar de lo que ellos dijeran de sí mismos, u otros dijeran de ellos, Jesús no aceptaba testimonio humano. ¿Por qué? Porque, siendo Dios, sabía lo que había en el corazón y la mente de cada persona.

Las palabras creyeron en Juan 2:23 y se fiaba en Juan 2:24 son traducciones de la misma palabra griega. Muchos creían en Jesús, ¡pero él no creía en ellos! Eran ¡creyentes no salvos! Una cosa es responder a un milagro y otra muy diferente entregarse a Jesucristo y permanecer en su palabra (Juan 8:30,31).

Juan no está desacreditando la importancia de los milagros de nuestro Señor, porque escribió su libro para registrar estas señales y animar a sus lectores a confiar en Jesucristo y recibir vida eterna (Juan 20:30,31). Sin embargo, en todo el libro Juan deja en claro que para que la persona sea salva se requiere más que creer en milagros.

Ver las señales y creer en ellas sería un gran principio; de hecho, incluso los discípulos empezaron de esa manera y tenían que crecer en su fe (compara Juan 2:11 y v.22).

A través de todo el Evangelio de Juan los judíos se ven divididos en cuanto al significado de estos milagros (Juan 9: 16; 11:45,46). Los mismos milagros que atrajeron a Nicodemo a Jesús causaron a otros dirigentes religiosos querer matarlo. Incluso dijeron que hacía sus milagros por el poder de Satanás. Los milagros de nuestro Señor fueron testimonios (Juan 5:36), los cuales dieron evidencia de que era el Hijo divino; pero también fueron pruebas, que revelaron los corazones de las personas (Juan 12:37 en adelante). Los mismos eventos que abrieron algunos ojos sólo lograron cegar más los ojos de otros (Juan 9:39-41).

Es importante ver que Jesús ligó sus milagros a la verdad de su mensaje. Sabía que el corazón humano es atraído por lo sensacional. Los cinco mil a quienes dio de comer querían hacerle Rey, i hasta que predicó un sermón sobre el Pan de vida, y la gente se alejó en multitudes! "la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Juan 1: 17).

En la gracia Jesús dio de comer a los hambrientos; en la verdad enseñó la Palabm. La gente quería la comida física pero no la verdad espiritual, y por eso lo abandonaron.”

SAN JUAN CRISOSTOMO

“Los discípulos más firmes eran quienes se le habían acercado atraídos por su doctrina, no por los milagros. Los milagros atraían a los más groseros, y las profecías y enseñanzas, en cambio, despertaban un vivo interés en los más inteligentes. Quienes se habían dejado fascinar por su doctrina fueron, por eso, más constantes que quienes lo siguieron por los milagros. El propio Cristo los declaró bienaventurados, diciendo: Bienaventurados quienes sin ver creyeron. Que los otros no eran discípulos auténticos lo prueba el añadido: pero Jesús no se fiaba de ellos.

¿Por qué? Porque los conocía a todos y no necesitaba que otro le diera testimonio del hombre, pues conocía qué había en el hombre''. Lo que dice el evangelista significa: quien escudriña los corazones y los pensamientos, no reparaba en lo que las palabras expresaban y, sabiendo cuan efímero era su fervor, no se fiaba de ellos como de discípulos perfectos, ni les revelaba todas las verdades, cosa que hacía sólo con quien le era firmemente fiel.

Conocer lo que hay en el corazón del hombre corresponde sólo a quien ha hecho los corazones uno a uno, o sea, Dios, pues está escrito: Tú eres el único que conoce los corazones. No necesitaba Cristo informadores para conocer los pensamientos que El mismo había hecho. Por lo cual, no se fiaba de su fe, que no era perdurable. Los hombres, ignorantes del presente y del futuro, a menudo hablan y confían todo a quien se les acerca con intención de engañarlos y traicionarlos inmediatamente después, sin que pongan para nada en tela de juicio la buena fe de estos tales.

Cristo, sin embargo, no se comportaba así, porque conocía todos los secretos de los hombres. Verdaderamente, también ahora muchos hombres están hechos así: tienen el nombre de fieles, pero son mudables e inconstantes, por lo que Cristo no se fía de ellos y mantiene escondidas para ellos muchas inspiraciones. Lo mismo que nosotros no nos fiamos de cualquier amigo, sino sólo de los verdaderos, lo mismo hace Dios. Escuchad lo que Cristo dice a los discípulos: Ya no os llamo siervos, sino amigos. ¿Por qué? Porque todo lo que he oído del Padre os lo he dado a conocer. A los judíos que le solicitaban prodigios no se los concede precisamente por eso, porque se los pedían para tentarlo. Igual que entonces, también ahora es costumbre de los tentadores pedir milagros. Pues, en efecto, también ahora hay quienes los pretenden y dicen: ¿por qué actualmente no suceden milagros?

Si crees como se ha de creer, si amas a Cristo como debe ser amado, no necesitas milagros, pues los milagros son para los incrédulos. Y dirás: «¿Por qué no se les dieron a ver a los judíos?» No es así la cosa. La mayoría de los milagros fueron obrados ante sus ojos, y si no los obtuvieron cuando los pedían fue porque pedían prodigios, no para salir de la incredulidad, sino para permanecer más obstinados en su perversidad.”

GARY BURGE

“En 2:24, Juan consigna un elocuente juego de palabras. La misma palabra griega que en el versículo 23 se traduce como «creer» es la que aparece en el versículo 24: «Aunque algunos de ellos creían en él […] Jesús no creía en ellos». La razón que se da no es que Jesús conociera a todos los que estaban en el templo, sino que era conocedor de todos los seres humanos. Juan hace aquí una afirmación sobre Jesús y la humanidad en general. Jesús estaba familiarizado con las capacidades humanas para el engaño y la duplicidad; nadie tenía que informarle de estas cosas (2:24a).

En 1:48 Natanael se sorprende de que Jesús le conociera antes de su encuentro. Esta sección termina con el mismo tono, sin embargo Juan está ahora haciendo una afirmación teológica de carácter general sobre Jesús y el conocimiento divino. Solo Dios conoce los corazones de hombres y mujeres, y ahora Jesús tiene esta misma capacidad.”

BRIAN BAILEY

“Necesitamos pedirle a Dios que nos revele cómo son las personas. Esto es muy importante porque si usted confía en la persona equivocada, puede causarle muchos problemas. Si usted confía en una persona que es como Saúl, podría perder su vida. Ésta fue una de las claves del ministerio de Jesús.

Él no confió en todos, únicamente en Sus discípulos. Sin embargo, Él sabía quién era Judas desde el principio. Debemos pedirle al Señor que nos revele el nombre espiritual de las personas, pues su nombre espiritual revela su carácter y quién es realmente a los ojos de Dios.

Hace años, un misionero en África me pidió que orara por él. El Señor me dio el nombre “Mahalaleel”, que significa “Alabador de Dios”. Cuando le conté a este misionero el nombre que el Señor me había dado para él, exclamó con gozo: “¡A mí me gusta muchísimo alabar al Señor!” Yo no conocía a este hombre, pero la revelación de su nombre espiritual me reveló su carácter. Debemos preguntarle al Señor quienes somos a Sus ojos. Esto nos mostrará Su propósito para nuestra vida.”

JUAN CALVINO

“El evangelista más bien quiere decir, en mi opinión, que Cristo no los consideró discípulos genuinos, sino que los despreció por volátiles e inestables. Es un pasaje que debe observarse cuidadosamente, que no todos los que profesan ser seguidores de Cristo lo son en su opinión. Pero también debemos agregar la razón que sigue inmediatamente:

Porque los conocía a todos. Nada es más peligroso que la hipocresía, por esta razón entre otras, que es una falta sumamente común. Apenas hay hombre que no esté complacido consigo mismo; y mientras nos engañamos con halagos vacíos, imaginamos que Dios es ciego como nosotros.

Pero aquí se nos recuerda cuán ampliamente difiere su juicio del nuestro; porque ve claramente las cosas que no podemos percibir, porque están ocultas por algún disfraz; y estima según su fuente oculta, es decir, según el sentimiento más secreto del corazón, aquellas cosas que deslumbran nuestros ojos con falso brillo. Esto es lo que dice Salomón, que Dios pesa en su balanza el corazón de los hombres, mientras ellos se adulan en sus caminos (Proverbios 21: 2).

Recordemos, por tanto, que nadie es verdadero discípulo de Cristo, sino aquellos a quienes Él aprueba, porque en tal asunto sólo Él es competente para decidir y juzgar. Surge ahora una pregunta: cuando el evangelista dice que Cristo los conocía a todos, ¿se refiere únicamente a aquellos de los que había hablado últimamente, o la expresión se refiere a todo el género humano?

Algunos lo extienden a la naturaleza universal del hombre y piensan que el mundo entero está aquí condenado por hipocresía perversa y pérfida. Y, ciertamente, es una afirmación verdadera, que Cristo no puede encontrar en los hombres ninguna razón por la que deba dignarse colocarlos en el número de sus seguidores; pero no veo que esto concuerde con el contexto y, por lo tanto, lo limito a los que antes se habían mencionado.”

JOHN MACARTHUR

“Él no tenía fe en la fe de ellos. Jesús “consideraba que toda creencia en Él era superficial si no tenía como sus elementos más esenciales la consciencia de la necesidad de perdón y la convicción de que solo Él es el Mediador de ese perdón” (R. V. G. Tasker, The Gospel According to St. John [El Evangelio según san Juan], The Tyndale New Testament Commentaries [Grand Rapids: Eerdmans, 1975], p. 65).

Aunque muchos afirmaban creerle, Jesús sabía que la mera aprobación intelectual no prueba nada; incluso los demonios tienen esa fe (Stg. 2:19). Como la semilla que caía en terrenos rocosos o espinosos, quienes poseen tal fe oyen la Palabra e inicialmente la reciben con alegría (Mt. 13:20), pero como sus corazones nunca cambian verdaderamente, caen cuando llega la aflicción (Mt.13:21) o cuando aparecen las riquezas del mundo (Mt.13:22).

Sin duda, la diferencia entre la fe espuria y la fe salvadora es crucial. Es la diferencia entre fe viva y fe muerta (Stg. 2:17); entre los impíos, quienes van “al castigo eterno”, y “los justos [que entran] a la vida eterna” (Mt. 25:46); entre quienes oirán: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:21), y quienes oirán: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23).”

JOHN GILL

“Jesús conocía la hipocresía y el disimulo de algunos de ellos; y conocía las nociones que tenían de un Mesías temporal, y los puntos de vista temporales que tenían al creer en él; y su designio de establecerlo como un príncipe temporal, como algunos habrían hecho después: conocía los llamativos afectos de otros, que eran como los oyentes de Juan, que se complacieron por un tiempo; sabía con qué fe creían en él, que no duraría mucho, ni continuarían con él; porque conocía no sólo a todas las personas, sino a todas las cosas.”

J.C RYLE

“[Conocía a todos]. Esta es una afirmación indirecta de la omnisciencia divina de nuestro Señor. Como Dios, conocía a toda la Humanidad y a aquellos aparentes creyentes entre otros. Como Dios, sabía que sus corazones eran como el terreno pedregoso de la parábola y su fe solo transitoria.

Melanchton hace algunos comentarios muy sabios sobre este versículo, como sobre el ejemplo que nuestro Señor ofrece aquí de cautela al tratar con extraños. Es un triste hecho, que también confirma la experiencia de años, que no debemos confiar implícitamente en la apariencia de bondad o estar dispuestos a abrir nuestro corazón a cualquiera como amigo, casi sin conocerle. Aquel que no intima rápidamente puede ser considerado frío y distante por algunos; pero en el largo transcurrir de la vida escapará de muchas aflicciones. Es sabio decir que uno debe ser amigo de todos, pero íntimo de pocos.”

JON PAULIEN

“En 2:24 y 25, por lo tanto, Juan está reclamando para Jesús prerrogativas que para el pensamiento judío sólo pertenecían a Dios. Si Jesús podía leer lo que había dentro de otros seres humanos, ¡entonces él debía ser verdaderamente la Palabra que era desde el principio, que creó todas las cosas, y que luego se hizo carne y habitó en medio de nosotros (1:1-5, 14)!”

LEON MORRIS

“El verbo que se usa para describir esta acción está en tiempo imperfecto, lo que denota que esa era la actitud habitual de Jesús. Creer porque se han visto unas señales concretas es creer basándose en algo tangible, que tiene que ver con una experiencia que hemos tenido. Jesús quiere que la gente confíe en Él por lo que Él es, y no porque pasa los exámenes que nosotros establecemos. Los que le seguían por los milagros que hacía, hubieran estado dispuestos también a hacerle rey (cf. 6:15). Pero no se confiaba a ellos. Él buscaba en la gente una conversión auténtica, no un entusiasmo pasajero ante lo espectacular.”

FRANCIS MOLONEY

“El prólogo anunció la reciprocidad entre Jesús y el creyente (cf. 1,12-13), pero esta repetición intencionada del mismo verbo, primero en una oración afirmativa y luego en una negativa, muestra que aquí no se da esa reciprocidad. Quienes se acercan a Jesús como resultado de los milagros no experimentan el mismo compromiso confiado de Jesús hacia ellos. La reciprocidad prometida en 1,12-13 está ausente. En ninguna otra parte se presenta tan nítidamente la naturaleza dinámica de la noción joánica de fe.”

SAMUEL P. MILLOS

“La razón de esa desconfianza de Jesús hacia las gentes, descansaba en el conocimiento que tenía del corazón de cada uno de ellos. Decir eso es poner énfasis nuevamente en la deidad de Jesús. Sólo Dios puede conocer la intimidad profunda del corazón del hombre, que para Él es "engañoso más que todas las cosas y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón" (Jer. 17:9-10).

Sin duda la revelación sobrenatural que hay en Él como hombre, es la comunicación que se hace por medio de su Persona, a la naturaleza humana, cuando eso es necesario para el ministerio que realizaba. El verbo conocer en imperfecto, pone de manifiesto un conocimiento que existía y continuaba manifestándose. Este conocimiento está presente en varios lugares del Evangelio (cf. 2:25; 5:6, 42; 6:15; 10:14, 27), pero también se usa para referirse al conocimiento que el Padre tiene del Hijo (1O:15). Es notable que Juan apunta varias veces al conocimiento sobrenatural de Jesús (cf. 4:17; 5:42; 6:61, 64; 13:1,11; 18:4).”

COMENTARIO BIBLICO BEACON

“Algunas de las nuevas versiones dicen: “Jesús no confiaba en ellos” (VP.). Aquí es evidente el control que Jesús ejerció sobre su autorrevelación. El haría milagros y señales. Pero, como lo dijera a su propia madre (Jua_2:4), su “hora”—la cruz, la completa revelación—aún no había llegado. El sabía que cuando se entregara completamente a los hombres, por causa de la maldad de ellos, la cruz sería inevitable. Cuando Dios hizo lo mejor que pudo, la encarnación, Satanás y los malos hicieron lo peor, la cruz.

El conocimiento divino de Jesús acerca del hombre es un hecho sorprendente. Juan deseaba que sus lectores supieran que cuando un hombre es confrontado por Jesús de Nazaret, las más profundas necesidades y los más tenebrosos pecados quedan al descubierto. Nicodemo no pudo ocultar lo muerto de su alma. La mujer samaritana no pudo cubrir la vergüenza de su vida pecaminosa del pasado. El hombre echado junto al estanque no pudo más que exponer su absoluta impotencia.”

MATTHEW HENRY

“Los que, al principio, se entusiasman excesivamente, suelen ser cobardes y hasta desleales cuando viene el tiempo de la dificultad y de la prueba. No estará de más hacer notar que estos falsos conversos eran de Jerusalén. Jesús tenía en Galilea muchos más discípulos fiables que entre los habitantes de Jerusalén.

La razón por la que no se confiaba a ellos era porque «conocía a todos». Conocía la maldad de algunos y la debilidad de otros. El evangelista aprovecha esta oportunidad para dar testimonio de la omnisciencia de Cristo: «conocía a todos», no sólo sus nombres y sus rostros, como también a nosotros nos es posible conocer a muchos, sino que conocía la naturaleza, las disposiciones, aficiones, los intereses y los propósitos de todos, de una forma en que nosotros no conocemos a ningún hombre, pues escasamente nos conocemos a nosotros mismos. El Señor conoce infaliblemente a los que son Suyos; conoce la integridad de ellos como conoce también su debilidad.”

ORIGENES

“Debe advertirse también, que Jesús no se fía de los que creen en su nombre, y sí de los que creen en El. Creen en El los que caminan por la angosta senda que conduce a la vida; los que creen (solamente) en sus milagros, no creen en El, sino en su nombre.”

WILLIAM BARCLAY

“Jesús conocía demasiado bien la naturaleza humana; sabía que había muchos para los que Él no era más que una maravilla de nueve días; sabía que había muchos que se sentían atraídos por las cosas sensacionales que hacía; sabía que no había nadie que entendiera el camino que había escogido; sabía que había muchos que Le habrían seguido mientras siguiera haciendo milagros y maravillas y señales, pero que, si empezara a hablarles de servicio y de autonegación, de rendirse a la voluntad de Dios, o de una cruz y la necesidad de asumirla, se Le habrían quedado mirando con una mirada ausente y Le habrían dejado solo.

Una de las grandes características de Jesús era que no quería seguidores que no supieran y aceptaran clara y definitivamente lo que implicaba el seguirle a Él. Se negó a aprovecharse de la popularidad del momento. Si Se hubiera confiado a la gente de Jerusalén, Le habrían proclamado Mesías allí y entonces, y habrían esperado la clase de acción material que esperaban que tomara el Mesías. Pero Jesús era un Líder que se negaba a invitar a la gente a que Le aceptara hasta que hubieran comprendido lo que aquello implicaba. Insistía en que las personas supieran lo que estaban haciendo.”

 

LAS OBRAS MARAVILLOSAS DE DIOS Y DE JESÚS (W. BARCLAY)

 

Hay algo que debemos notar en este pasaje (2:23-25), porque tendremos ocasión de encontrarlo una y otra vez. Cuando Juan habla de los milagros de Jesús los llama señales. El Nuevo Testamento usa tres palabras diferentes para las obras maravillosas de Dios y de Jesús, cada una de las cuales nos dice algo de lo que es realmente un milagro.

 

(i) Usa la palabra teras. Teras quiere decir sencillamente algo maravilloso. Es una palabra que no tiene absolutamente ninguna significación moral. Un truco de prestidigitador podría ser un teras. Un teras era simplemente algo inexplicable que le dejaba a uno boquiabierto. El Nuevo Testamento no usa nunca esta palabra sola refiriéndose a las obras de Dios o de Jesús.

 

(ii) Usa la palabra dynamis. Dynamis quiere decir literalmente poder; de ella deriva la palabra dinamita. Se puede referir a cualquier clase de poder extraordinario: del poder de crecimiento, de los poderes de la naturaleza, del poder de una medicina, y del del genio de un hombre. Siempre tiene el sentido de un poder efectivo que produce resultados y que puede reconocer cualquier persona.

 

(iii) Usa la palabra sémeion. Sémeion, de la que se derivan semáforo, semántica y otras muchas, quiere decir señal. Es la palabra favorita de Juan. Para él un milagro no era simplemente un hecho sorprendente, ni el resultado de un poder extraordinario, sino una señal. Es decir: le decía algo a la gente de la Persona Que lo había hecho; revelaba algo de Su carácter; descubría algo de Su naturaleza; era una acción que permitía comprender mejor y más plenamente cómo era el Que lo hacía. Lo más importante para Juan en los milagros era que decían algo acerca de la naturaleza y el carácter de Dios. Jesús usaba Su poder para sanar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, consolar a los afligidos; y el hecho de que Jesús usara Su poder de esa manera era una señal de que Dios Se preocupa de los dolores y las necesidades de la humanidad. Para Juan, los milagros eran señales del amor de Dios.

 

En cualquier milagro hay tres cosas: la maravilla que deja a las personas alucinadas, sorprendidas y atemorizadas; el poder efectivo que puede remediar un cuerpo quebrantado, una mente desquiciada, un corazón herido, y la señal que nos habla del amor que hay en el corazón del Dios Que hace esas cosas.