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sábado, 29 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 12


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 12

RV1960

NVI1999

BTX4

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales?

Si os dije cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijera las celestiales?

TR+

INA27+

VUL

ειG1487 COND ταG3588 T-APN επιγειαG1919 A-APN ειπονG3004 V-2AAI-1S υμινG4771 P-2DP καιG2532 CONJ ουG3756 PRT-N πιστευετεG4100 V-PAI-2P πωςG4459 ADV-I εανG1437 COND ειπωG3004 V-2AAS-1S υμινG4771 P-2DP ταG3588 T-APN επουρανιαG2032 A-APN πιστευσετεG4100 V-FAI-2P

ει G1487:COND Si τα G3588:T-APN las (cosas) επιγεια G1919:A-APN terrenales ειπον G3004:V-2AAI-1S dije υμιν G4771:P-2DP a ustedes και G2532:CONJ y ου G3756:PRT-N no πιστευετε G4100:V-PAI-2P están confiando πως G4459:ADV-I ¿Cómo εαν G1437:COND si alguna vez ειπω G3004:V-2AAS-1S diga υμιν G4771:P-2DP a ustedes τα G3588:T-APN las (cosas) επουρανια G2032:A-APN celestiales πιστευσετε G4100:V-FAI-2P confiarán?

si terrena dixi vobis et non creditis quomodo si dixero vobis caelestia credetis

KJV

If I have told you earthly things, and ye believe not, how shall ye believe, if I tell you of heavenly things?

TCB

Cosas terrenas. Jua_3:3, Jua_3:5, Jua_3:8; 1Co_3:1, 1Co_3:2; Heb_5:11; 1Pe_2:1-3.

 

Las celestiales. Jua_3:13-17, Jua_3:31-36; Jua_1:1-14; 1Co_2:7-9; 1Ti_3:16; 1Jn_4:10.

 

COMENTARIOS:

JOHN OWEN

“Agregue al presente el versículo 31: "El que de arriba viene, sobre todos es; el que es de la tierra, terrenal es, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, sobre todos es". Ver Juan 6:33, 38. Estos lugares tratan del mismo asunto con el que se pretende en el texto, a saber, la revelación de las cosas celestiales, o los misterios de la voluntad de Dios por Jesucristo.

En cada lugar se afirma que para hacer esta revelación tenía que venir del Mesías; de modo que era del cielo; pero además, mientras lo revelaba, todavía estaba en el cielo, "el Hijo del hombre que está en el cielo". Era tan del cielo en su descenso para declarar la voluntad de Dios, ya que él estaba en su persona divina todavía en el cielo. Por tanto, en cuanto a la promulgación del evangelio, se dice que es "del cielo" en muchos casos:

(1.) De su plena comprensión de todos los misterios celestiales; porque vino del seno del Padre, y de allí lo declaró, con el misterio que estaba escondido en él desde la fundación del mundo, Juan 1:18; Mateo 11:27.

(2.) De su infinita condescendencia en su encarnación y recepción del oficio de mediador, para declarar la voluntad de Dios; que en las Escrituras se llama con más frecuencia su descenso del cielo. Por eso él era "el Señor del cielo".

(3.) De su soberana autoridad celestial en el desempeño de su oficio. Dios estaba con él y en él; la plenitud de la Deidad habitaba en él corporalmente; y se le había encomendado todo el poder en el cielo y en la tierra.

(4) De su gloriosa ascensión al cielo cuando hubo cumplido su obra en este mundo, representada por su ascenso desde el monte Sinaí, como declara el apóstol, Ef. 4: 8 10.

(5.) De su envío del Espíritu Santo desde el cielo para confirmar su doctrina, 1 Ped. 1:12. (6.) De su apertura del cielo, y de todos los tesoros de él, "trayendo a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio", en comparación con lo cual las cosas de la ley se llaman "cosas terrenales.”

WILHEMUS BRAKEL

“Ser hijos de Dios significa que su naturaleza es exaltada y gloriosa. Sí, participan de la naturaleza divina. Los hijos de padres nobles con frecuencia degeneran y luego se jactan en vano de las valientes acciones y titulos de sus padres. Sin embargo, los hijos de Dios siguen siendo lo que son: ¡participantes de la naturaleza divina! (2 Pedro 1: 4). Algo se encontrará en ellos que se exalta por encima del reino del mundo, y sus riquezas, honor y estatus, y cualquier otra cosa que pueda haber en el mundo.

Tienen un espíritu más excelente, principesco y libre (Sal 51:12). Hay algo celestial y divino en ellos, de modo que consideran que las cosas terrenales son demasiado insignificantes para estimarlas, prestarles atención, desearlas o venerarlas. Tienen en vista lo que es alto, exaltado y celestial; de esto hablan, de esto buscan, y gobiernan sus actividades con sabiduría celestial. El hecho de que las personas de mentalidad mundana consideren que esto no es más que imaginación y soñar despierto, en lugar de considerar que lo que es del mundo es único y realmente verdadero, esencial y glorioso, solo demuestran que son hijos de este mundo cuya porción está en esta vida.”

JOHN FLAVEL

“Jesucristo, nuestro gran Profeta, nos ha manifestado la voluntad de Dios de forma clara. Cuando él mismo estuvo en la tierra, enseñó a la gente por medio de parábolas, y "sin parábola no dijo nada", Mat. 13: 3, 4. Él vistió misterios sublimes y espirituales con metáforas terrenales, llevándolos así a las capacidades bajas de los hombres, hablando tan familiarmente a la gente acerca de ellos, como si les hubiera estado hablando cosas terrenales, Juan 3:12. Y así (de acuerdo con su propio ejemplo) haría que sus ministros predicaran, "con gran franqueza de habla", 2 Cor. 3:12 y por manifestación de la verdad, " a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza", 1 Cor. 4:2 (NVI99). Sin embargo, no permitiéndoles ser toscos y descuidados en la expresión, vertiendo palabras toscas e indigestas; no, sino una santa expresión seria, estricta y grave que conviene a los labios de sus embajadores.”

HEINRICH BULLINGER

“Pero el argumento que presentó Jesús no era del todo terrenal; porque este es el argumento de toda su disputa: "Si el hombre no nace de arriba, no puede ver el reino de Dios", es decir, Juan 3.3, a menos que el hombre sea renovado, y como si hubiera nacido de nuevo por el Espíritu de Dios.

La doctrina es completamente celestial; pero el medio por el cual entregó, declaró y presentó esta doctrina celestial es terrenal. Porque por las cosas tomadas de la tierra, hizo sombra al hombre (que es tosco en entendimiento y terrenal), una cosa espiritual y celestial, y la abrió a la vista de sus ojos, por así decirlo. Como el agua y el aire cambian a menudo las cualidades de los cuerpos , y como el efecto y el funcionamiento del agua y el aire en los cuerpos es maravilloso; así también es la obra del Espíritu Santo en el alma del hombre, a la cual cambia, purifica y vivifica, etc.”

JONATHAN EDWARDS

“Cristo aquí claramente dice que tenía otras verdades que enseñar que no eran sobre el hombre, un habitante terrenal, sino sobre una persona muy por encima de los hombres, incluso sobre sí mismo que es del cielo y en el cielo, como en el siguiente versículo: Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre que está en los cielos. Lo cual, por lo tanto, sería mucho más difícil de entender y juzgar por los hombres, ya que al parecer contendría mayores imposibilidades e inconsistencias; luego procede inmediatamente a declararlo una cosa celestial, como él lo llama, a saber, que Cristo, una persona celestial y divina, muriera; versos. 14, 15.

Una doctrina tan misteriosa, tan extraña y aparentemente inconsistente e imposible, que una persona divina deba morir, es más extraña que los hombres nazcan de nuevo. Por lo tanto, cuando los teólogos argumentan, debido a la naturaleza misteriosa de muchas cosas de aquí con las que estamos familiarizados diariamente, sería muy irrazonable suponer que habría cosas concernientes a Dios que son mucho más misteriosas; y que, por tanto, no es razonable objetar la verdad de la doctrina de la Trinidad, la Encarnación, etc.”

THOMAS GOODWIN

“Aquí hay una profundidad. Nuestro Salvador, Cristo mismo, pone algunos de estos misterios celestiales a los fariseos. Les dijo, en Mat_22: 43, Resuélvame esto: 'Si David llama Señor a Cristo, ¿cómo es su hijo?' El evangelio resuelve esto. Que una virgen concibiera un hijo era un acertijo para la propia María. '¿Cómo será esto?' le dijo al ángel en Luc_1: 34? El evangelio revela esto.

Que este hombre Jesucristo estaba en el cielo cuando estuvo en la tierra, y debería decirse que descendió del cielo como hombre, y sin embargo nunca dejó de estar allí cuando lo dijo; este fue un acertijo que Cristo planteó a Nicodemo. Se quedó maravillado por la doctrina de la regeneración, que un hombre debe nacer de nuevo. ¡Qué! dice Cristo, ¿te asombra eso? Te diré un acertijo más alto que ese: 'Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo', Joh_3: 13. Y si marca la coherencia de esto con el versículo anterior, verá que él pronuncia esto como un misterio celestial, más allá de lo que había expresado de la regeneración, que él dijo que era una cosa terrenal en comparación con esto; 'Si', dice él, 'os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?'

Así que también lo tiene en Juan 6. Cuando Cristo les dijo que debían comer su carne y beber su sangre, se rebelaron entre sí, diciendo: "¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?" Y muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: 'Dura es esta palabra, ¿quién podrá soportarla?' Cuando Jesús (dice el texto) 'sabía en sí mismo que sus discípulos murmuraban de ello' (eran los que no eran creyentes, aunque eran discípulos), 'les dijo: ¿Esto os ofende?' ¿No pueden entender esto? Les daré una cosa más difícil: '¿Qué, y si ves al Hijo del Hombre ascender donde estaba antes?' Y, sin embargo, era hijo de una virgen, y nunca fue engendrado (como hombre) sino en su vientre.

Es decir, 'en su naturaleza humana'. Estos acertijos se desarrollan en el evangelio. Ahora bien, así como la persona de Cristo brinda todos estos misterios y profundidades, su obediencia brinda más. Que el Dios que hizo la ley se sujete a la ley y la cumpla él mismo, esto lo tienes en Gálatas 4: 4, "Fue hecho de mujer y nacido bajo la ley". Que Dios, que no es nada más que espíritu, debe tener sangre para redimir a los hombres, esto lo tienes en Hechos 20:28, 'Apacienta la iglesia de Dios, que compró con su propia sangre'. Que él, que es Dios bendito por siempre, sea hecho maldición, esto lo tienes en Gal_3: 13. Que él, es decir, 'el Santo de Israel', sea hecho pecado, sí, y lo que es más, el que no puede soportar el pecado, porque nada es más contrario a la santidad de Dios que el pecado, y sin embargo 'el que no cometió ningún pecado se hizo pecado ', esto lo tiene en 2Co_5: 21.

Que Dios nunca debería estar más enojado con su Hijo que cuando estaba más complacido con él, porque así fue cuando Cristo colgó en la cruz, Dios encontró un olor fragante de descanso y satisfacción incluso entonces cuando gritó: ' Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Una vez más, que Dios debe ser libre al perdonar y, sin embargo, recibir la satisfacción más plena, incluso con el rigor de la justicia, aquí hay un acertijo para todo el mundo, sin embargo, lo tiene en Rom_3: 23-24, 'Ser justificado gratuitamente por su gracia; ¿pero cómo? "Por la redención que es en Jesucristo". ¿Por qué, si se pagó un precio por redención, cómo entonces fue gratis por gracia? Sin embargo, son ambos. Y que siempre debería decirse que 'Dios es justo, y el que justifica al que cree en Jesús', así sigue, Rom_3: 2; que aunque justifica por la gracia más libre, sin embargo, es de la manera más absoluta justa al hacerlo; así para traer misericordia y justicia al encuentro, ¡qué reconciliación es esta!”

SAN JUAN CRISOSTOMO

“Hay algún comentador que mantiene que las palabras «cosas terrenas» se refieren al «viento» del que ha hablado poco antes. El sentido sería el que sigue: si habiéndoos puesto un ejemplo extraído de las cosas terrenas no habéis creído, ¿cómo vais a recibir enseñanzas más elevadas? No os extrañe el que aquí se llame «terreno» al bautismo. Lo califica así, bien porque se recibe en la tierra, bien porque lo contrapone a su generación misteriosa e inefable. Pues, si bien la generación del bautismo es también celestial, cuando se la compara con la generación de la sustancia del Padre, con razón puede llamársela «terrena».

No dijo, además, «no entendéis», sino no creéis. Quien se negare a aceptar verdades que pueden ser comprendidas por nuestra inteligencia, merecerá ser calificado de necio. Pero quien no acepte las verdades que no pueden ser demostradas con la razón, sino que deben ser aceptadas por fe, no podrá ser tildado de necio, sino de incrédulo. Buscando separar a Nicodemo de su pretensión de entender con su inteligencia lo que el Salvador estaba diciendo, éste le reprueba severamente y lo acusa de incredulidad.

No debiendo dudar en creer en nuestra regeneración espiritual, ¿cuál ha de ser el castigo de quienes osan indagar con la razón acerca de la generación del Unigénito? Tal vez alguno pregunte: ¿por qué dijo todas esas cosas, si quienes las escuchaban no iban a ser capaces de creer en ellas? Porque aunque éstos no creyeran, si lo harían en el futuro otros hombres, que de ellas sacarían provecho espiritual.”

A.W PINK

“¿Por qué nuestro progreso es tan lento en las cosas de Dios? Qué es lo que retrasa nuestro crecimiento en el conocimiento de la verdad? ¿No es la respuesta a estas y a todas las preguntas similares que se mencionan anteriormente: "Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, cómo creeréis si os dijere las celestiales?" Las cosas terrenales son cosas pertenecientes al ámbito terrenal. Son las cosas que tienen que ver con nuestra vida presente aquí en la tierra. Son los mandamientos de Dios que regulan nuestro caminar diario por aquí. Si no creemos en esto, es decir, si no nos apropiamos de ellos y no nos sometemos a ellos, si no los recibimos y no les prestamos atención, ¿entonces Dios nos revelará los misterios superiores, las "cosas celestiales"? No, de hecho, porque estaría valorando nuestra incredulidad y echando perlas a los cerdos.

¿Por qué tenemos tan poca luz sobre muchas de las porciones proféticas de las Escrituras? ¿Por qué sabemos tan poco de las condiciones de los que ahora están "presentes con el Señor"? ¿Por qué ignoramos tanto qué formará nuestra ocupación en el estado eterno? ¿Es porque las profecías son oscuras? ¿Es porque Dios ha revelado tan poco acerca de los estados intermedio y eterno? Seguramente no.

Es porque no estamos en condiciones de recibir iluminación sobre estas cosas. Debido a que hemos prestado tan poca atención a las "cosas terrenales" (las cosas que pertenecen a nuestra vida terrenal, los preceptos de Dios para la regulación de nuestro andar terrenal) Dios nos niega un mejor conocimiento de las "cosas celestiales", las cosas que pertenecen a al reino celestial. Dejemos que el escritor y el lector se inclinen ante Dios en confesión humilde y contrita por nuestros miserables fracasos, y busquen de Él la gracia necesaria para que nuestros caminos sean más agradables a sus ojos. Que nuestro primer deseo no sea una comprensión más clara de los misterios divinos, sino una obediencia más implícita a los requisitos divinos.

Al volvernos a la Palabra de Dios, dejemos que nuestro motivo dominante sea que aprendamos la mente de Dios por nosotros para poder hacerlo, y no que podamos volvernos sabios en problemas recónditos. Recordemos que “… el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Heb. 5, 14).”

CHARLES SPURGEON

“Hay misterios en nuestra santa religión que no le diríamos a todo el mundo. Sería arrojar perlas a los cerdos mencionarlas a hombres no regenerados. Cristo le dice a Nicodemo que se deben creer las verdades principales antes de que se puedan revelar las doctrinas más avanzadas.

La regeneración es una obra que se realiza aquí en la tierra y pertenece a esta vida presente. Por alto que sea el misterio, se encuentra en el umbral mismo del templo de la verdad divina: "Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?" Sin duda, la incredulidad nos oculta gran parte de la verdad celestial; pero si comenzamos a dudar de las doctrinas más elementales de nuestra santa fe, ¿cómo nos llevará el gran Maestro a la ciencia superior que está dispuesto a enseñarnos?”

JOHN MACARTHUR

“Su profesión de fe superficial en Jesús como maestro enviado de Dios (v. 2) no significaba nada, como tampoco su comprensión—mal interpretada—de la salvación (cp. v. 10). Como se negaba a creer, no podía ni siquiera asir las verdades terrenales del nuevo nacimiento, ni hablar de las profundas realidades celestiales como la relación del Padre con el Hijo (Jn. 1:1; 17:5), el reino de Dios (Mt. 25:34) o su plan eterno de redención (Ef. 1:4; 2 Ts. 2:13; 2 Ti. 1:9).”

WOLFGANG MUSCULUS

“Él usa el término terrenal para el arrepentimiento y el bautismo de arrepentimiento y renacimiento, no porque sean terrenales en sí mismos, sino porque son lo que uno podría llamar los primeros principios de la enseñanza celestial y porque se cumplen entre los creyentes en este sentido.

Terrenales... En griego dice epigeioz  epigeios, que son cosas que suceden en la tierra. Él llama a esas cosas celestiales, es decir, epouranioz epouranios, cosas que suceden en el cielo y que no se completan entre los mortales aquí en la tierra. Ejemplos de cosas celestiales serían su divinidad y la majestad que comparte con el Padre y el Espíritu Santo y el tipo de cosas que el apóstol [Pablo] relata acerca de Cristo en los primeros tres capítulos de Efesios y el primer capítulo de Colosenses. Sé que este texto se interpreta de diferentes maneras, pero este significado parece más simple, y también es la forma en que Juan Crisóstomo lo entendió.

Por tanto, Cristo y Juan administraron la dispensación del reino de Dios y de la enseñanza celestial mediante un arreglo ordenado. Como primera etapa no relataban cosas superiores a la gente común que todavía ignoraba tales cosas, pero relacionaban ciertos primeros principios apropiados para principiantes y más fáciles de entender, y luego finalmente avanzarían hacia las cosas más grandes y más elevadas.

Así sucede con aquellos que no se preocupan por su propia gloria como maestros, sino por el bienestar de aquellos a quienes se enseña, que buscan seriamente aprender. . . . Pero cuando hay tal torpeza mental que ni siquiera los primeros principios y rudimentos de la religión cristiana encuentran el lugar que les corresponde, ¿qué esperanza hay para las enseñanzas más importantes y excelentes? La religión cristiana requiere un crecimiento mediante ciertos pasos incrementales.

Entonces, si hay alguien que no comprende la enseñanza del arrepentimiento de las obras muertas y la fe en Dios y otras enseñanzas similares, ¿cuándo avanzará esa persona a enseñanzas más elevadas? En esta, nuestra época, vemos a mucha gente peleando mucho por los misterios más elevados de la religión cristiana. Y, sin embargo, sus vidas dan testimonio del hecho de que todavía no han comprendido verdaderamente la enseñanza del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios y del juicio eterno. Entre todos los que pelean por asuntos elevados y ocultos, pregunto, ¿hay uno que podrá tener un poco de fe?

Que avancen y aprendan primero que Dios es un juez justo, que hay un día futuro en el que todas las cosas serán juzgadas, que la voluntad de Dios debe ser obedecida, que deben arrepentirse de sus obras muertas y que deben poner fin a su vergonzoso modo de vida. Que estos torpes y carnales aprendan, digo, las cosas que los judíos y los gentiles fueron persuadidos a creer antes de hacer pronunciamientos sobre los misterios sublimes y celestiales de nuestra fe.”

ALBERT BARNES

“Aprender por lo tanto:

1er. La altura y profundidad de las doctrinas de la religión. Hay mucho que aún no podemos entender.

2do. La debilidad de nuestro entendimiento y la corrupción de nuestro corazón son las causas reales. Éste es el porqué entendemos tan poco las doctrinas de la religión.

3er. Tenemos ante nosotros una vasta eternidad, y hay profundas maravillas del gobierno de Dios, ser el estudio de los justos, y ser visto y admirado por ellos por los siglos de los siglos.”

JOHN GILL

“¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales?... Las doctrinas más sublimes del Evangelio, como el descenso del Mesías del cielo; la unión de las dos naturalezas, humana y divina, en él; el ser el unigénito Hijo de Dios; su crucifixión y muerte, representada por el levantamiento de la serpiente en un asta en el desierto; y el maravilloso amor de Dios por el mundo gentil al dar a Cristo y por ellos; y la salvación y la felicidad eterna de todos los que creen en él, sean judíos o gentiles.”

J.C RYLE

“[Si os he dicho […] terrenales […] celestiales?]. Para advertir toda la intensidad de este versículo deberíamos parafrasearlo de esta forma: “Si no creéis lo que os digo cuando os hablo, como he hecho, de cosas que son terrenales, ¿cómo creeréis cuando pase a hablaros, como haré, de cosas celestiales? Si no creéis mi primera lección, ¿qué haréis al escuchar la segunda? Si el mismísimo abecedario de mi Evangelio os ha sido tropezadero, ¿qué haréis cuándo pase a mostrar verdades más elevadas y profundas?”.

La dificultad de este versículo radica en estas dos expresiones: “cosas terrenales” y “las celestiales”. Nuestro Señor no las explica y, por tanto, se nos deja a nosotros conjeturar con respecto a su verdadero significado. Aventuro la siguiente explicación como la más satisfactoria.

Creo que, al hablar de “cosas terrenales”, nuestro Señor se refería a la doctrina del “nuevo nacimiento” que acababa de exponer a Nicodemo. Al hablar de “las celestiales”, creo que se refería a las grandes y solemnes verdades que estaba a punto de declarar, y que declara en rápida sucesión desde este versículo hasta el final de la conversación. Estas verdades eran su propia divinidad, el plan de redención por medio de su propia muerte en la Cruz, el amor de Dios por todo el mundo y la consiguiente provisión de la salvación, la fe en el Hijo de Dios como única escapatoria del Infierno y el obstinado rechazo de la luz por parte del hombre como única causa de su condenación.

¿Pero por qué describe nuestro Señor el nuevo nacimiento como una “cosa terrenal”? Mi respuesta es que lo hace porque es “terrenal” en comparación con su propia divinidad y expiación.

La regeneración se produce en el hombre, aquí en la Tierra; la expiación es una transacción que se hizo por el hombre cuyo efecto específico se produce en la posición del hombre ante Dios en el Cielo. En la regeneración, Dios desciende al hombre y habita en él en la Tierra; en la expiación, Cristo adopta la naturaleza del hombre como representante del hombre y asciende al Cielo como precursor del hombre. La regeneración es un cambio que aun los hombres de este mundo intuyen vagamente, y que se puede ejemplificar por medio de figuras tan terrenales como el viento y el agua (como señala Bucero, casi todo el mundo admite que no es tan bueno como debiera ser y que necesita alguna clase de cambio a fin de ser apto para el Cielo); la divinidad de Cristo, la encarnación, la expiación y la justificación por la fe son cosas tan excelsas y celestiales que el hombre no tiene una noción natural de ellas. La regeneración es una idea tan “terrenal”, que aun los hombres irreligiosos utilizan esa palabra y hablan de regenerar naciones y la sociedad; la salvación por la fe en la sangre de Cristo es algo tan “celestial” que los hombres inconversos la malentienden, odian y ridiculizan constantemente.

Cuando nuestro Señor denomina, pues, “cosa terrenal” al nuevo nacimiento, debemos entender que lo hace en términos comparativos. El nuevo nacimiento es algo excelso, santo y “celestial” en sí mismo. Pero, en comparación con la doctrina de la encarnación y la expiación, es una “cosa terrenal.”

SAMUEL P. MILLOS

“Mediante la formulación de una pregunta reflexiva, Jesús le habla de otras cosas que no son las terrenales, sino las celestiales. Estas pueden ser las que ocupan los siguientes versículos (vv. 13-16), que es desarrollado luego por los apóstoles en sus escritos y a las que Pablo llama el misterio de Cristo. Se trata especialmente del eterno plan de redención, determinado soberanamente antes de la creación del mundo (2 Ti. 1 :9; 1 P. 1: 18-20), ejecutado en el tiempo histórico del hombre, marcado por Dios (Gá. 4:4), que traería como consecuencia la formación de un pueblo nuevo al que se integra todo aquel que por medio de la fe reciba a Jesús como su Salvador personal. Este era un misterio escondido en Dios, oculto a todas las generaciones de los hombres que se revela en el tiempo presente y que alcanza en cuanto a revelación, no sólo a los hombres, sino también a los ángeles (Ef. 3:8-11).

Si aquellos no creían en las cosas reveladas en la Escritura, las terrenales, apoyadas en la autoridad, inspiración e inerrancia de la Palabra, mucho menos estarían dispuestos a creer en aquello que sin haber sido revelado antes, iba a ser enseñanza de Jesús. La pregunta retórica deja cerrado parcialmente el diálogo con Nicodemo, aunque siguen las palabras del discurso de Jesús. El cierre es un tanto tenso, puesto que tanto antes como ahora el Señor señala la incredulidad de los judíos especialmente notoria en los líderes y maestros de la nación.”

WILLIAM HENDRIKSEN

“Ahora bien, lo que Jesús hace resaltar es esto: si se consideran increíbles estas cosas terrenales, que suceden dentro de la esfera de la experiencia del hombre (no decimos experiencia consciente) y cuya necesidad debiera hacerse evidente de inmediato a cualquiera que reflexionara sobre su propia incapacidad natural de agradar a Dios, ¿no se rechazarán con mayor prontitud las cosas celestiales—p.ej., el plan eterno de Dios de enviar a su Hijo al mundo para la redención de la humanidad (cf. 3:16)?

Estas cosas celestiales están completamente fuera del alcance de la experiencia del hombre. Son tan majestuosas y trascendentes en su concepción y origen que nunca hubieran pasado por la mente finita del hombre. Si, pues, las cosas terrenales han sido rechazadas, ¿cómo se puede esperar que se acepten las cosas del cielo que son mucho más misteriosas? Esta pregunta sirve, al mismo tiempo, como una llamada de atención a Nicodemo. Tenía que pensar y reflexionar. Hasta ahora las enseñanzas de Cristo le parecían increíbles. ¿Podría ser que este silencio de Nicodemo, es decir, su incapacidad para interrumpir con otro “cómo puede ser ésto” (3:4,9), muestra que la llamada de atención ha surtido efecto?”

MARTIN LUTERO

“Cristo desea decirle: «Si no puedes comprender cómo te conviertes en un hombre distinto, ¿cómo vas a entender que te diga que soy el Hijo de Dios?» Más tarde, Cristo dice a Nicodemo que nadie asciende a los cielos, pero Él, que descendió de los cielos, es decir, el Hijo del Hombre, está en ellos. Esto presenta un paralelismo con el texto de Jua_6:53 : «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Aquí el Señor se refiere a la comida y bebida espirituales, no de la boca, sino del alma. Ahí el cuerpo de Cristo es el alimento para nuestra alma, y la sangre de Cristo, vertida por nosotros, es la bebida. El modo cómo ocurre esto, sobrepasa mi comprensión, pero la fe lo acepta, lo consume, crece y se fortalece para la vida eterna.

En este mismo pasaje, la gente murmura acerca de estas palabras de Cristo y confusos y desconcertados, preguntan: «¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?» Cuando se ofenden por ello, Jesús les responde: «¿Pues qué si vieseis al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero?» (Juan_6:62), hablando de un tema mucho más sublime que la simple bebida y comida.

Como si fuera a decir: «Os negáis a comprender por fe a lo que me refiero con lo de la comida y la bebida y que mi cuerpo y mi sangre permanecerán enteros y sin disminución. Puede pareceros difícil aunque sepáis lo que quiere decir comer y beber. Pero la que mencionamos aquí es distinta de la comida y bebida que vemos y consumimos. Si no lo comprendéis, ¿qué sería si se os dijera que a Él le crucificarán bajo Poncio Pilato y descenderá a los infiernos, para ascender luego a los cielos y que está sentado a la diestra de Dios Padre, del cual procede? Seguro que os resultaría mucho más duro y difícil. Aquí el Señor habla a la gente acerca de las cosas celestiales, de su divinidad y humanidad y de los sublimes artículos de la fe.

Pero Nicodemo fue incapaz de comprender cómo podía ser un nuevo hombre pensando que se trataba de volver a nacer de su madre. No comprende que debe prescindir de su razón y aceptarlo por fe. Si uno no lo comprende, ¿cómo puede esperar a comprender que el Hijo de Dios se hizo hombre y ascendió nuevamente al cielo? Hubiera sido mucho más fácil entenderlo si el Señor hubiera dicho: «No entraréis en los cielos a menos que escuchéis la Palabra de Dios y creáis en el Hijo de Dios que bajó de los cielos, fue crucificado, murió y fue enterrado y ascenderá de nuevo a los cielos.

Pero la razón humana se enoja y se enfurece ante el mensaje según cl cual Cristo descendió de los cielos y volvió a ascender a ellos. Si es así, ¿qué ocurriría si oyerais que sufrió, murió, fue crucificado y se levantó de entre los muertos, vino de los cielos y sigue permaneciendo en ellos y que sigue siendo el Señor de cielos y tierra? Si desde el mismo principio no creéis en esto y no sois bautizados a fin de llegar a ser personas nuevas, ¿cómo podéis creer que las tres Personas son un solo Dios y que la segunda se hizo hombre?

Me limitaré a hacer hincapié en la sencilla declaración que el Señor hace enfáticamente según la cual debemos permanecer en la Palabra, esto es, el sonido del viento. ¿Y qué otro mensaje trae el sonido del viento, sino que hemos de nacer de nuevo a través de la Palabra y del bautismo? En verdad, en Pentecostés, el sonido del viento fue mucho más fuerte que el usual, rugió y sopló de forma distinta aunque era el mismo de siempre. Proclamó que Cristo es el Señor de toda la creación, el Creador de los cielos y de la tierra, sentado a la diestra de Dios Padre, Señor de los ángeles y de las criaturas celestiales y terrenales, así como de los que habitan en el infierno y superior a todos los poderes de la tierra.”

miércoles, 12 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 22


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 22

RV1960

NVI1999

BTX4

Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

Así, pues, cuando se levantó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.

Cuando, pues, fue resucitado de entre los muertos, les fue recordado a sus discípulos que decía esto. Y creyeron a la Escritura y a la palabra que dijo JESÚS.

TR+

INA27+

VUL

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cum ergo resurrexisset a mortuis recordati sunt discipuli eius quia hoc dicebat et crediderunt scripturae et sermoni quem dixit Iesus

KJV

When therefore he was risen from the dead, his disciples remembered that he had said this unto them; and they believed the scripture, and the word which Jesus had said.

TCB

Sus discípulos se acordaron. Jua_2:17; Jua_12:16; Jua_14:26; Jua_16:4; Luc_24:7, Luc_24:8, Luc_24:44; Hch_11:16.

 

Y creyeron la Escritura. Jua_2:11; Jua_20:8, Jua_20:9.

 

COMENTARIOS:

A.T ROBERTSON

“Caso dativo graphëi. Probablemente se hace alusión aquí al Salmo 16:10 (Hch. 2:31; 13:35). Y a la palabra que Jesús había dicho (kai töi logöi hon eipon). Caso dativo logöi también, pero el hon (relativo) no está atraído al dativo. Así, es evidente que Juan interpreta a Jesús como habiendo hecho una referencia parabólica a su muerte y resurrección mediante su lenguaje en 2:19. Los hay que despachan este asunto bruscamente diciendo que Juan estaba equivocado. Yo prefiero decir que estos académicos están equivocados. Incluso Bernard considera «difícilmente posible» que Juan esté interpretando correctamente a Jesús en 1:21. «Si hubiera querido decir tal cosa, habría hablado con menos ambigüedad.» Pero, ¿cómo sabemos que Jesús quería ser entendido claramente en aquel tiempo? Desde luego, nadie comprendió a Jesús cuando pronunció estas palabras. El lenguaje de Jesús es recordado y pervertido en su juicio como «destruiré» (Mr. 14:58), «Puedo destruir» (Mt. 26:61), cosas ambas que Él no había dicho.”

DAVID GUZIK

“Fue solo después de su muerte y resurrección que sus discípulos entendieron y creyeron tanto las Escrituras como las promesas específicas de Jesús. La escritura que creyeron fue principalmente el Salmo 16:10, la promesa de que el Santo de Dios no permanecería en la tumba.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

“Los discípulos que estaban presentes no entendieron en ese momento el significado profundo de lo que Jesús había dicho. Después de la resurrección se acordaron de las palabras de Jesús y entendieron lo que él quiso decir en ese entonces. ¿Cómo podría haber dicho, o sabido, esto cualquiera que no hubiese sido discípulo? Y creyeron la Escritura. Siendo singular, probablemente Escritura se refiere a un pasaje particular y no al AT como un todo.

No se sabe a ciencia cierta a qué pasaje se refería, pero la RVA señala, con una nota, el Salmo 16:10 (ver Hech. 2:31; 13:35) como una posibilidad; otra sería Isaías 53:12. Creyeron no significa que por primera vez hayan creído en ese pasaje bíblico, sino que la resurrección confirmó la verdad expresada. Con la resurrección, vino la luz reveladora del Espíritu (14:26), aclarando el significado profundo de las palabras de Jesús y afirmando su fe en ellas. No debemos dejar de notar que se ubican las palabras de Jesús al lado de Escritura, infiriendo igualdad de valor.”

JOHN MACARTHUR

“No fue hasta cuando resucitó de entre los muertos que sus discípulos se acordaron que había dicho esto. Su muerte como el Cordero de sacrificio supremo dejaría obsoleto el templo de Jerusalén (cp. 4:21; Mt. 27:51); y su resurrección como Señor triunfante serviría de fundamento para un nuevo templo espiritual en su lugar: la Iglesia (1 Co. 3:16-17; 2 Co. 6:16; Ef. 2:19-22).

Juan generalmente usa el singular Escritura a lo largo de su Evangelio para referirse a un pasaje específico (cp. 7:38, 42; 10:35; 13:18; 19:24, 28, 36-37); si ese es el caso aquí, probablemente se esté refiriendo al Salmo 16:8-11 (cp. Hch. 2:25-28; 13:35). Sin embargo, podría estar haciendo una referencia general a las profecías del Antiguo Testamento (cp. 20:9) con respecto a la muerte y resurrección de Cristo (cp. Lc. 24:27, 44-47). En cualquier caso, los discípulos entendieron todo claramente solo después de la resurrección. Solamente ahí, esta profecía tuvo sentido para ellos y reconocieron el poder de la resurrección de Jesús como un claro indicador de su deidad.”

GEORGE HUTCHESON

“De esto debemos aprender, en primer lugar, que incluso los verdaderos discípulos pueden ser tan niños en el conocimiento que durante mucho tiempo no entenderán mucho de lo que Cristo dijo; porque pasó mucho tiempo antes de que los discípulos entendieran el significado de este pasaje. En segundo lugar, debemos aprender que es una señal de los verdaderos discípulos que, por ignorantes que sean, no se quejarán de lo que no entienden, como hacen los enemigos, sino que reverenciarán en silencio todo lo que Cristo dijo; porque cuando los judíos se pelearon, encontramos que los discípulos permanecieron en silencio. En tercer lugar, debemos aprender que los discípulos pueden escuchar algo en un momento y solo en otro momento pueden comprender y beneficiarse de lo que escucharon. Y, de hecho, puede que pase mucho tiempo después.”

ALBERT BARNES

“Muchas profecías son oscuras cuando se pronuncian y son perfectamente claras cuando ocurre el evento. De esto aprendemos, también, la importancia de atesorar las verdades de la Biblia ahora, aunque no las entendamos perfectamente. De ahora en adelante, pueden sernos claros. Por tanto, es importante que los niños aprendan las verdades de las Sagradas Escrituras. Atesorados en su memoria, es posible que no los entiendan ahora, pero en el futuro pueden ser claros para ellos.

Todo aquel que se dedique a la enseñanza de una escuela dominical, por lo tanto, puede estar impartiendo instrucción que se pueda comprender y pueda impartir consuelo mucho después de que el maestro haya ido a la eternidad.”

GRANT OSBORNE

“Esta es la segunda vez que los discípulos “creyeron” (después de 2:11), viviendo por la promesa en 1:12–13. La acción de creer en el evangelio de Juan está estrechamente relacionada con la verdad acerca de la resurrección, mientras el acto de “levantarlo de los muertos” asegura todo en la nueva vida que Dios ha producido a través de la muerte y la resurrección como evento único en la historia de la salvación. Existe un contraste total con los líderes, quienes se vuelven cada vez más en contra de Jesús.

Su fe hace eco una vez más de la centralidad de la decisión de fe en Juan. Los discípulos creen dos cosas: las Escrituras, con énfasis en el testimonio de las Escrituras con respecto a Cristo (5:39, 46), y “las palabras que Jesús había hablado”, también forman parte del tema del testimonio en Juan (5:31–36; 8:14–18). El contraste con los líderes es aún más evidente aquí, porque los seguidores de Jesús buscaban la verdad. Ellos se confunden a menudo, y esto es parte del tema en Juan de su confusión, pero estaban completamente abiertos a los eventos de la pasión para corregirlos y en dado momento creer. El balance en el evangelio de Juan representa reunir las enseñanzas de Jesús, perplejo ante ellas, pero tomando sentido a la luz de los eventos posteriores. Esta remembranza da comienzo a la fe (2:22; 15:20; 16:4).”

J.C RYLE

“[Cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron]. Esta frase es una interesante prueba de dos cosas. Por un lado, muestra la mucha luz que trajo a las mentes de los discípulos por medio de la resurrección de nuestro Señor y cuántas palabras duras suyas fueron inmediatamente reveladas y hechas claras. Por otro lado, muestra el mucho tiempo que la verdad puede quedar adormecida en las mentes de los hombres sin ser comprendidas o hacerles un servicio.

Es uno de los oficios especiales del Espíritu Santo el hacer que recuerden las cosas (cf. Juan 14:26). No debemos suponer que la enseñanza religiosa no hace bien porque no sea comprendida inmediatamente. Puede que haga bien mucho después de que el maestro haya muerto.

[Creyeron la Escritura]. ¿A qué Escritura se refiere? Está claro que no puede ser a las palabras de nuestro Señor. Lo que dijo nuestro Señor se añade especialmente como algo junto a la Escritura que los discípulos “creyeron”. Tampoco parece que se refiera a algún texto concreto del Antiguo Testamento acerca de la Resurrección. Me inclino a la opinión de que se refiere generalmente a todo el testimonio de la Escritura acerca de las declaraciones de nuestro Señor de que debía ser aceptado como el Mesías. Cuando Jesús resucitó de la muerte, los discípulos quedaron plenamente convencidos de que la Escritura acerca del Mesías se cumplía en su Maestro.

La expresión “creyeron” no puede significar que los discípulos creyeron por primera vez. Como en otros lugares, significa que creyeron plenamente y sin más dudas ni vacilación. Lo mismo se puede decir de Juan 14:1.”

GARY BAUMLER

“La incredulidad no reconoce una señal verdadera cuando es evidente; en vez de eso se convierte en una señal de juicio. Así que estos judíos posteriormente trataron de usar las palabras de Jesús contra él mismo en su juicio (Mateo 26:61). Aun cuando Jesús resucitó de entre los muertos para cumplir con esta señal, estos judíos endurecieron su corazón incrédulo frente a la verdad. Por otro lado, los discípulos “recordaron que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y a la palabra que Jesús había dicho”.

Es importante notar la manera en que crece la fe de un discípulo. Aquí no hay ningún indicio de que los discípulos entendieran más que los judíos incrédulos lo que Jesús estaba diciendo. Sin embargo, recordaron las palabras de Jesús y miraron las Escrituras para entender y confirmar esto. Encontraron lo que buscaban en las Escrituras y todo encajaba perfectamente. Tal vez era el Salmo 16:10: “No dejarás que mi vida termine en el sepulcro; no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel” (NVI). Entonces cuando vieron que Jesús había resucitado, creyeron.

De manera similar, nosotros hoy en día no siempre entendemos de inmediato la Palabra de Dios. Pero siguiendo el ejemplo de los discípulos, recordamos sus palabras y buscamos en las otras partes de las Escrituras para entenderlas y confirmarlas. Es así como el Señor nos revela sus señales, y creemos, y vivimos.”

JON PAULIEN

“Juan en este versículo quiere decir que hubo dos niveles o etapas en el desarrollo de la fe de los discípulos en Jesús. El primer nivel se vio durante su vida, cuando creyeron como resultado de las señales que él hizo. Pero el nivel más profundo de su creencia ocurrió sólo después de su muerte y resurrección, la última y más grande de sus señales, después que el Espíritu Santo fue derramado sobre ellos (7:39). Entonces ellos llegarían a creer sobre la base de las palabras de Jesús y sobre la base de las Escrituras que predecían su ministerio. Este inter-juego entre una fe menor que se basa sólo en señales y una fe mayor que se basa sobre la palabra es el tema explícito de la breve sección que sigue a 2:22 (vers. 23-25).”

LEON MORRIS

“Los discípulos no creían tan solo en “la Escritura”, sino que también creían en “las palabras que Jesús había pronunciado. Es interesante ver que tenían en igual estima las palabras de Jesús y la Escritura, lo cual tiene implicaciones cristológicas. Véase también que se nos dice que los discípulos no creyeron estas palabras hasta que vieron que se habían cumplido. Jesús solía usar las parábolas y con toda seguridad, ellos debieron de pensar que estas palabras se trataban de otra parábola.

Probablemente pensaron: «No debe de estar hablando de la resurrección de los muertos en sentido literal. Entonces, ¿qué es lo que quiere decir?». Pero cuando tuvo lugar la resurrección, entendieron lo que aquellas palabras querían decir, y entonces, las creyeron. ¿No es esto el cumplimiento de las palabras que Jesús pronunciaría más adelante: «el Espíritu Santo (...) os recordará todo lo que os he dicho» (14:26)?”

SAMUEL P. MILLOS

“Cuando Juan escribe esto han pasado años desde aquel acontecimiento, sin embargo recuerda las palabras de Jesús. Sólo puede entenderse esto como manifestación de la obra que el Espíritu Santo está haciendo en ellos y, en general, en todos los creyentes, conduciendo la mente al recuerdo de las palabras de Jesús. Esa es la misión del Espíritu: "... os recordará todo lo que os he dicho" (14:26). Además la operación del Espíritu es glorificar al Hijo, quiere decir que el recuerdo de las palabras de Jesús tiene que ver con el registro bíblico en que están registradas. El apóstol Pablo escribiendo a los corintios, les dirá que Jesús "resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Co. 15:4).

El Espíritu hace recordar, que es algo totalmente diferente a revelar o manifestar. La misión de la Tercera Persona es conducir a toda verdad, tomar lo de Cristo y hacerlo saber, conducir a recordar lo que Él enseñó. La pretendida revelación de asuntos que no están en la Palabra, manifestándolo mediante la socorrida forma el Espíritu me dijo, o el Espíritu me reveló, son meras pretensiones humanas que han tenido lugar sólo en el deseo de quienes pretenden con ello mantenerse en un nivel superior que les permita controlar al pueblo de Dios.

Satanás introduce en la Iglesia algunos de sus maestros que predican doctrinas de demonios y que impactan en corazones y mentes de quienes quieren saber una novedad cada día. El Espíritu no puede dar ninguna nueva revelación sobre Cristo que no esté en la Palabra, puesto que nadie puede añadir a lo escrito y ningún discurso humano puede tener la autoridad de la Palabra. La interpretación subjetiva de la Palabra es un error de hermenéutica que distorsiona la verdad.”

ALCUINO

“Antes de la resurrección no entendían las Escrituras, porque aún no habían recibido al Espíritu Santo que aún no les había sido enviado porque Jesús no había sido glorificado todavía. Más en el mismo día de la resurrección, cuando el Señor se apareció a sus discípulos, les aclaró sus inteligencias para que comprendiesen lo que acerca de El estaba escrito en la Ley y en los profetas. Y entonces creyeron en las Escrituras, esto es, en los profetas que habían predicho la resurrección de Jesucristo en el tercer día, y en las palabras del Salvador, cuando dijo: "Destruid este templo.”

WILLIAM BARCLAY

“Por último Juan dice que "creyeron la Escritura.” ¿Qué Escritura? Juan se refiere a aquella Escritura que se cernía sobre la Iglesia Primitiva: «No permitirás que Tu Santo experimente la corrupción» (Salm.16:10). Pedro la citó el día de Pentecostés (Hch. 2:31); Pablo la citó en Antioquía (Hch. 13:35). Expresaba la confianza de la iglesia en el poder de Dios y en la Resurrección de Jesucristo.

Tenemos aquí la verdad imponente de que nuestro contacto con Dios, nuestro acceso a Su presencia, no depende de nada que podamos hacer con nuestras manos o diseñar con nuestras mentes. En las calles, en el hogar, en el trabajo, en las montañas, en las carreteras, en la iglesia, tenemos nuestro templo íntimo: la presencia del Cristo Resucitado que está siempre con nosotros por todo el mundo.”

ESTEBAN VOTH

“Algunas versiones traducen este versículo con verbo en pasivo, acercándose más literalmente a lo expresado en el original griego: «Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos» (BJ), considerando a Dios como el agente de la acción. La mayoría de las versiones traducen: «Cuando Jesús resucitó de entre los muertos» (RV60, RV95, BA). En algunos idiomas una posición intermedia puede resultar apropiada: “Cuando Jesús regresó de la muerte”. Sin embargo, algunas traducciones prefieren tomar la forma pasiva colocando a Dios como el agente de la acción, en el siguiente sentido: “Cuando Dios permitió que Jesús resucitara de entre los muertos”.

En este capitulo aparece dos veces el verbo “recordar”, aunque también aparecerá en otras escenas del evangelio. Esta capacidad de recordar tiene una dimensión muy significativa en Juan, donde no se trata del simple traer a la memoria algún dicho o hecho más o menos reciente. Este recordar es obra del Espíritu, quien ayuda a mantener viva la tradición de Jesús y de la Iglesia, es un recuerdo que ayuda a entender y profundizar el significado de los actos y palabras de Jesús, permitiendo especialmente una comprensión profunda del sentido de la cruz y la resurrección, eventos hacia los que apuntan las “señales” de este evangelio.”