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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 18 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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El
que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado,
porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. |
El
que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no
haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. |
El
que cree en Él no es juzgado, pero el que no cree, ya ha sido juzgado, porque
no ha creído en el nombre del Unigénito Hijo de DIOS. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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οG3588 T-NSM
πιστευωνG4100 V-PAP-NSM ειςG1519 PREP αυτονG846 P-ASM ουG3756 PRT-N
κρινεταιG2919 V-PPI-3S οG3588 T-NSM δεG1161 CONJ μηG3361 PRT-N πιστευωνG4100
V-PAP-NSM ηδηG2235 ADV κεκριταιG2919 V-RPI-3S οτιG3754 CONJ μηG3361 PRT-N
πεπιστευκενG4100 V-RAI-3S ειςG1519 PREP τοG3588 T-ASN ονομαG3686 N-ASN
τουG3588 T-GSM μονογενουςG3439 A-GSM υιουG5207 N-GSM τουG3588 T-GSM θεουG2316
N-GSM |
ο G3588:T-NSM El πιστευων
G4100:V-PAP-NSM confiando εις G1519:PREP hacia dentro αυτον G846:P-ASM a él
ου G3756:PRT-N no κρινεται G2919:V-PPI-3S está siendo juzgado ο G3588:T-NSM
el δε G1161:CONJ pero μη G3361:PRT-N no πιστευων G4100:V-PAP-NSM confiando
ηδη G2235:ADV ya κεκριται G2919:V-RPI-3S ha sido juzgado οτι G3754:CONJ
porque μη G3361:PRT-N no πεπιστευκεν G4100:V-RAI-3S ha confiado εις
G1519:PREP hacia dentro το G3588:T-ASN el ονομα G3686:N-ASN nombre του
G3588:T-GSM de el μονογενους G3439:A-GSM de unigénito υιου G5207:N-GSM Hijo
του G3588:T-GSM de el θεου G2316:N-GSM Dios |
qui credit in eum non
iudicatur qui autem non credit iam iudicatus est quia non credidit in nomine
unigeniti Filii Dei |
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KJV |
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He that believeth on him
is not condemned: but he that believeth not is condemned already, because he
hath not believed in the name of the only begotten Son of God. |
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TCB |
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No
es condenado. Jua_3:36; Jua_5:24;
Jua_6:40, Jua_6:47; Jua_20:31; Rom_5:1; Rom_8:1, Rom_8:34; 1Jn_5:12. Es
condenado, porque no ha creido.
Mar_16:16; Heb_2:3; Heb_12:25; 1Jn_5:10. |
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COMENTARIOS:
JOHN PIPER
“En
el versículo 16, Jesús describe dos resultados posibles al envío que Dios hace
de su Hijo. Todo el que cree en Él
tendrá vida eterna. Pero todo el que no
cree, dice Jesús, se perderá. Versículo 16: “… para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
En
la Corte Judicial
Ahora
vea la forma en que el versículo 18 describe estas dos posibilidades: “El que cree en Él no es condenado; pero el
que no cree, ya ha sido condenado”. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia
es que el resultado de creer y no creer no es descrito en términos de que nos perdamos
o tengamos vida eterna, sino en términos de ser condenados o no condenados.
En
otras palabras, el versículo 18 pasa a un lenguaje legal -el lenguaje de una
corte judicial. El lenguaje del juicio. Un juez dice condenado o no-condenado. Así que Jesús ha ido de un lenguaje de vida y muerte a un lenguaje de culpable y no culpable.
Este
cambio en el lenguaje ya había ocurrido en el versículo 17 “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para
juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él”. La traducción
literal es simplemente: “Dios no envió a
su Hijo al mundo para juzgar al mundo”. Ese es el lenguaje de una corte de
justicia, un lenguaje legal.
Ya
Condenados
El
versículo 17 da lugar a la pregunta: Si Cristo no vino para condenar, ¿por qué algunos son condenados? Y el
versículo 18 explica que aunque algunos son, de hecho, juzgados y condenados,
es porque ya estaban en esa condición cuando vino Jesús. Versículos 18 “El que cree en Él no es condenado; pero el
que no cree, ya ha sido condenado”.
Esto
es importante. Vea el mismo principio en el versículo 36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”. La
palabra permanece tiene el mismo uso,
en versículo el 36, que la palabra ya
en el versículo 18.
No
hay un Mundo Neutral
Jesús
no vino a un mundo neutral donde resultó que algunas personas dejaron la neutralidad
y se volvieron anti-Jesús, y otros dejaron la neutralidad para volverse pro - Jesús.
Nadie era neutral. Y nadie es neutral. Todos hemos pecado. Todos somos
culpables. Todos estamos pereciendo. Por tanto, todos estamos bajo la justa ira
de Dios. Y ya estamos condenados.
Nuestra
permanencia en condenación depende de cómo respondamos a Jesús. Él no vino para
que las personas neutrales se volvieran a favor de Jesús, sino para que las
personas culpables, se volvieran no-culpables, para que las personas
condenadas, se volvieran nocondenadas, y para que los muertos se volvieran
eternamente vivos. A nadie debe Dios la absolución, tampoco la vida. El hecho
de que Jesús viniera para ofrecerla, y que algunos la acepten, es por una
gracia inmerecida.”
WILLIAM GURNALL
“La
conciencia no puede estar llena de convicción del pecado y, al mismo tiempo, el
corazón estarlo de soberbia. Dos cosas son necesarias para la fe: la convicción de pecado, como el dolor
de la herida que le hace buscar la medicina para curarla; y el sentido de impotencia e insuficiencia,
que le hace volverse a Cristo para la
cura. No saldríamos a pedir aquello que ya tuviésemos en casa.
Sin
embargo, no son estos preliminares, sino
el recibir a Cristo y descansar en él, lo que constituye el acto de fe al
que se promete la justificación: “El que
en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque
no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn. 3:18). No todo
aquel que asiente a la verdad de lo que dice la Biblia acerca de Cristo, cree
en él. Esta fe en Cristo implica una unión del alma con él y la confianza que
descansa en él.
Por
tanto, se nos manda aferrarnos a Cristo: “¿O
forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo” (Is.
27:5). También se llama a Cristo el “brazo”
de Dios: lo que salva al que se está ahogando no es el ver un brazo extendido
sobre las aguas, sino el aferrarse a él.”
OCTAVIUS WINSLOW
“El
pecado tiene un poder de condena. "El
que no cree, ya ha sido condenado". Pero nuestro bendito Señor
Jesucristo fue condenado por el pecado, y
condenó el pecado en la cruz. Los pecados de sus elegidos fueron
procesados, juzgados, condenados y ejecutados, cuando clamó: "Consumado es". De ahí la gloriosa
declaración con la que el Apóstol abre ese capítulo notablemente rico y
magnífico de su epístola a los romanos: "Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús".
La
salvación de Cristo redime a Israel de toda condenación legal. El mundo puede condenar,
los santos pueden condenar, la conciencia puede condenar, ¡pero Dios nunca!
"El que en él cree, no es condenado."
Bien podemos exclamar, en el adorado lenguaje del Apóstol: "¡Gracias a Dios por su don inefable!”
JONATHAN EDWARDS
“Admitir
un alma a la unión con Cristo es un acto de gracia soberana y libre; pero
excluir en la muerte y en el día del juicio a aquellos profesantes del
cristianismo que han recibido las ofertas de un Salvador y disfrutado de
grandes privilegios como pueblo de Dios, es un procedimiento judicial y un
castigo justo por su trato indigno de Cristo. El propósito de este dicho de
Cristo es hacerlos conscientes de la indignidad de su trato con Cristo, quien
profesó que él era su Señor y Salvador, y lo puso por debajo de su padre y su
madre, riquezas, trabajo, etc. y no mostrar el mérito de amarlo más que a todo
ello.
Si
a un mendigo se le ofreciera un regalo grande y precioso, pero tan pronto como
se lo ofreciera, lo pisoteara bajo sus pies, se lo podrían quitar, como indigno
de tenerlo. O si se le ofreciera el perdón a un malhechor, para que pudiera ser
liberado de la ejecución, y sólo se burlara de ello, se le podría negar su
perdón por indigno de él. Esto puede enseñarnos a entender Hechos 13:46. “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con
denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase
primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos
de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“Mas
si el Hijo no vino para juzgar al mundo, ¿cómo es que quien no cree ya está
juzgado cuando aún no es el tiempo del juicio? El Salvador dice eso porque la
misma incredulidad es ya un castigo, cuando es obstinada y sin ninguna
reconsideración, por cuanto el hecho mismo de estar privado de la luz
constituye ya un grave castigo Y también porque prefigura un hecho venidero. El
incrédulo es como el homicida, quien, aunque no sea castigado por el juez, lo
es por la propia naturaleza de su delito.
En
ese sentido, Adán murió el mismo día en
que comió del árbol. La pena con que fueron amenazados era: el día que comáis del árbol moriréis. Y
en realidad continuó viviendo.
¿En
qué sentido estaba muerto? Por la fuerza de la pena con que se les había
amenazado y por la misma naturaleza de su transgresión. Quien se ha hecho
merecedor de un castigo, está ya abocado
a él desde el primer momento.
Aunque
de hecho no lo padezca entonces, la sentencia siempre le acompaña. Para que
nadie, al oír las palabras: no he venido
a juzgar al mundo, pensara que podía pecar impunemente y se hiciera, por
ello, más negligente que antes, Cristo nos previno contra la tentación de
abandonarnos a tal extremo de relajación añadiendo que, quien hace eso está ya condenado. En verdad fue un acto
de extrema benevolencia por parte de Dios el de no contentarse con habernos entregado
a su Hijo, sino llegar a retrasar la hora del castigo para que los pecadores e
incrédulos puedan purificarse de sus pecados.
Quien cree en el Hijo no será juzgado. Quien cree, no quien curiosamente pregunta. Quien cree, no quien investiga demasiado y con impertinencia. ¿Cómo podrá nadie evitar el juicio si no es pura su vida y buenas sus acciones? De esos dice san Pablo que no son verdaderos fieles: Afirman conocer a Dios, pero lo niegan con los hechos. En ese pasaje dice san Pablo que éstos no serán juzgados por su incredulidad, sino que serán castigados, y más gravemente, por la maldad de sus acciones. No serán castigados por su incredulidad porque, de hecho, habrán creído.”
CHARLES SPURGEON
“El que en él cree, no es condenado".
Si ha oído hablar de la salvación de Cristo y no ha creído en él, eso es
evidencia suficiente de su condenación. No hay necesidad de probar sus malas
obras, no es necesario buscar su diario y entregar el registro de su vida. Si
no has creído en Jesucristo, muestra una falta natural de santidad, una falta
de amor al Dios amoroso; y por esa evidencia ya estás condenado, porque no has
creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
El
Evangelio dice así: “Cree en el Señor
Jesucristo y serás salvo. El que no creyere, será condenado". La fe en
Cristo, entonces, es un deber ordenado
así como un privilegio bendito, y qué misericordia es que sea un deber;
porque nunca puede haber ninguna duda de que un hombre tiene derecho a cumplir
con su deber. Ahora, sobre la base de que Dios me ordena que crea, tengo
derecho a creer, sea yo quien pueda. El evangelio se envía a toda criatura.
Bueno, yo pertenezco a esa tribu; Soy una de todas las criaturas, y ese
evangelio me manda a creer y lo hago. No puedo haber hecho mal al hacerlo
porque se me ordenó que lo hiciera. No puedo equivocarme al obedecer un mandato
de Dios.
Ahora
bien, es un mandato de Dios dado a toda criatura que crea en Jesucristo, a
quien Dios ha enviado. Ésta es tu garantía, pecador, y es una bendita garantía,
porque es una que el infierno no puede contradecir y que el cielo no puede
retirar. No necesita mirar hacia adentro para buscar las vagas garantías de su
experiencia, no necesita mirar sus obras y sus sentimientos, para obtener
algunas garantías aburridas e insuficientes para su confianza en Cristo. Puedes
creer en Cristo porque él te dice que lo hagas. Ese es un terreno seguro sobre
el que pararse y que no admite dudas.
"Esa
terrible frase: "El que no creyere,
será condenado", no se agregó por enojo, sino porque el Señor conocía
nuestra tonta locura, y que deberíamos rechazar nuestras propias misericordias
a menos que nos gritara para hacernos venir a la fiesta. “Oblígalos a entrar”; esta fue la Palabra del Maestro de antaño, y
ese texto es parte de la ejecución de esa exhortación, "Oblíguenlos a entrar".
Pecador,
no puedes perderte confiando en Cristo, pero estarás perdido si no confías en
él, sí, y perdido por no confiar en él. Lo digo con valentía ahora: pecador, no
solo puedes venir, sino ¡oh! Te ruego que no desafíes la ira de Dios negándote
a venir. La puerta de la misericordia está abierta de par en par; ¿Por qué no
vienes? ¿Por qué no lo harás? ¿Por qué tan orgulloso? ¿Por qué seguirás
rechazando su voz y perecerás en tus pecados?”
DAVID GUZIK
“Un
problema importante con respecto a los que no creen es, “¿Qué pasa con aquellos
que nunca tuvieron oportunidad de creer porque nunca escucharon las buenas
noticias de Cristo Jesús?” Esta es una pregunta importante, pero separada, la
cual es mejor respondida por el Apóstol Pablo en Romanos 1 y 2. Aquí, el
enfoque parece estar en aquellos que deliberadamente rechazan el mensaje, como
lo hicieron aquellos que escucharon y se encontraron con Jesús en el primer
siglo.
“Aquí
no se hace mención explícita de aquellos que no tuvieron oportunidad de creer
en Cristo, aquellos sobre los cuales nunca brilló la luz en su plenitud. Pero
las palabras de Juan probablemente desarrollan el principio de su juicio
también. Así como el Verbo eterno vino a los hombres y mujeres antes de
encarnar en Cristo, así también la luz de Dios. Si los hombres y las mujeres
son juzgados por su respuesta a la luz, son
juzgados por su respuesta a tal luz conforme está disponible para ellos.”
(Bruce).”
LUIS PALAU
“El
juicio es necesario porque hay millones que no quieren creer en Dios. A pesar
de que el hombre necesita desesperadamente de la gracia salvadora del Señor,
está en franca rebeldía contra la ley divina, rechaza a Dios y niega que él
pueda ayudarlo. Todos confrontamos o hemos confrontado a Dios con una mirada de
rebeldía, por eso merecemos su juicio (Ro. 5:16). El hombre es culpable delante
del tribunal de Dios pues ha quebrantado su ley.
¿Qué
es en realidad lo que nos condena? El hecho de no creer en Jesús, ya que es
mucho más grave de lo que imaginamos. No aceptar la Biblia como Palabra de Dios
equivale a rechazar el testimonio que allí encontramos sobre Cristo.”
JUAN CALVINO
“El que cree en él no es condenado.
Cuando repite con tanta frecuencia y con tanta seriedad que todos los creyentes
están fuera del peligro de muerte,
podemos inferir de ello la gran necesidad de una confianza firme y segura, para
que la conciencia no se mantenga perpetuamente en un estado de temblor y alarma.
Declara nuevamente que, cuando hayamos creído, no queda condenación, que luego
explicará con más detalle en el Capítulo Quinto. El tiempo presente - no está condenado - se usa aquí
en lugar del tiempo futuro - no será
condenado - según la costumbre del idioma hebreo; porque quiere decir que
los creyentes están a salvo del temor a
la condenación.
Pero el que no cree, ya ha sido
condenado. Esto significa que no hay
otro remedio por el cual ningún ser humano pueda escapar de la muerte; o, en
otras palabras, que para todos los que rechazan la vida que les fue dada en
Cristo, no queda más que la muerte, ya que la vida no consiste en otra cosa que
en la fe. El tiempo pasado del verbo, ya está condenado, (hdh kekritai) fue usado por él enfáticamente, (emfatikwz) para expresar con más fuerza que todos los incrédulos
están completamente arruinados.
Pero
debe observarse que Cristo habla especialmente de aquellos cuya maldad se
manifestará en abierto desprecio del Evangelio. Porque si bien es cierto que
nunca hubo otro remedio para escapar de la muerte que el que los hombres se
acercaran a Cristo, sin embargo, como Cristo habla aquí de la predicación del
Evangelio, que se iba a difundir por todo el mundo, dirige su discurso contra
aquellos que deliberada y maliciosamente apagan la luz que Dios había
encendido.”
JOHN MACARTHUR
“En
el Evangelio de Juan, Jesús declaró más adelante: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me
envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a
vida” (5:24). Pablo escribió triunfalmente a los romanos así: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para
los que están en Cristo Jesús… ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es
el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún,
el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que
también intercede por nosotros” (Ro. 8:1, 33-34). David dijo lleno de
alegría: “Dichoso aquel a quien se le
perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a
quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño”
(Sal. 32:1-2).”
JOHANNES BRENZ
“Esta
es la suma de toda la predicación: los que creen en Cristo no son condenados y
los que no creen están condenados. Nada salva excepto la fe. Las obras no
salvan y los méritos no salvan. Nada condena salvo la falta de fe. Esta es en verdad la gloria del evangelio, que los
pecados no condenan, pero la incredulidad sola es lo que trae la condenación.
Además, cuando se dice que las obras no salvan, no debes pensar que las buenas acciones
no deben realizarse. Y cuando se dice que los pecados no condenan, no debes
pensar que ahora se te permite pecar con impunidad.
Porque
la fe salva porque acoge todas las cosas buenas de Cristo y obra todas las
cosas buenas en el creyente. Así como recibe la justicia de Cristo, dispensa esa
justicia a su vez mediante obras de amor. La incredulidad, sin embargo, condena
porque rechaza y condena todas las cosas buenas de Cristo y es el autor de todos
los males. Porque así como recibe toda injusticia de Satanás, que es mentira,
así derrama todo mal contra Dios y contra los seres humanos. No hace nada con
rectitud, siempre peca, siempre viola la ley de Dios. Así que la afirmación es
muy justa: quien no cree, ya está
condenado. ¿Por qué?
Porque
esa persona no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Cual es ese
nombre El nombre de Cristo es Dios, el justo, el rey, el bueno, la salvación,
la vida, la luz, la redención. Por tanto, todo aquel que cree en el nombre de
Cristo recibe por la fe a Dios justicia, realeza, bondad, salvación, vida, luz
y redención.”
ALBERT BARNES
“Todos
los hombres están condenados por naturaleza. Sólo hay una manera de ser
liberados de este estado al creer en el Hijo de Dios. Los que no creen o
permanecen en ese estado, todavía están condenados, PORQUE no han abrazado el
único camino en que pueden librarse de él".
Sin
embargo, aquellos a quienes llega el evangelio (y lo rechazan) aumentan grandemente su culpa y condenación.
Rechazando las ofertas de misericordia y pisoteando la sangre del Hijo de Dios,
Lucas 12:47 “Aquel siervo que conociendo
la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad,
recibirá muchos azotes.”; Mt 11:23 “Y
tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida;
porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti,
habría permanecido hasta el día de hoy.”; Hebreos 10:29 “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá
el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en
la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”; Pr 1:24-30
“Por cuanto llamé, y no quisisteis oír,
Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo
mío Y mi reprensión no quisisteis, También yo me reiré en vuestra calamidad, Y
me burlaré cuando os viniere lo que teméis; Cuando viniere como una destrucción
lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre
vosotros viniere tribulación y angustia. Entonces me llamarán, y no responderé;
Me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría,
Y no escogieron el temor de Jehová, Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron
toda reprensión mía”. Y hay miles que van a la eternidad bajo esta doble
condena. 1º. Por pecado abierto y
positivo; y, 2do. Por rechazar
la misericordia de Dios y despreciar el evangelio de su Hijo. Esto es
lo que hará la condenación de los pecadores en tierras cristianas tan terrible.”
GRANT OSBORNE
“Para
aquellos que toman una decisión de fe, no hay ninguna condenación. Se presentan
ante Dios justificados, o declarados justos con él en su tribunal (Ro 3:24).
Los incrédulos, por otro lado, “ya ha[n]
sido condenado[s] porque no ha[n] creído en el nombre del unigénito Hijo de
Dios” El “ya” se refiere al momento en que rechazaron a Cristo.
Este no es el juicio final en el Gran Trono Blanco de Apocalipsis 20:11–15,
sino la condena general que recae
sobre aquellos que se niegan a creer. Cada persona es atraída por la presencia
convincente del Espíritu (Jn 16:8–11) a la decisión de fe en el “nombre del unigénito Hijo de Dios”
(1:14). Como se discutió en los comentarios en 1:12; 2:23, el “nombre” de Jesús se refiere a todo lo
que él es como Dios-hombre.”
J.C RYLE
“[El que en él cree, no es condenado]. En
este versículo, nuestro Señor muestra a Nicodemo otra cosa “celestial”. Expone los privilegios de creer y el peligro de no creer en el Hijo de Dios. Nicodemo
se ha dirigido a Él como maestro “venido de Dios”. Y Él quiere que Nicodemo
sepa que es el Altísimo y el Santísimo, que creer en Él supone la vida eterna
mientras que, no creer en Él, la destrucción eterna. Los hombres tenían ante sí
la vida o la muerte. Si creían en Él y lo recibían como el Mesías, se
salvarían. Si no creían, morirían en sus pecados.
La
expresión “el que en él cree” merece
particular atención. Es la tercera vez en cuatro versículos que nuestro Señor
habla de “creer” en Él y de sus
consecuencias. Muestra la inmensa importancia de la fe en la justificación del
pecador. Es aquello sin lo cual no se podría tener la vida eterna. Muestra la asombrosa
misericordia del Evangelio y cuán admirablemente se ajusta a las necesidades de
la naturaleza humana. Un hombre puede haber sido el peor de los pecadores, pero
con solo “creer” es perdonado de
inmediato.
En
último lugar, pero no por ello menos importante, muestra la necesidad de tener
ideas claras e inequívocas con respecto a la naturaleza de la fe salvadora y la
importancia de mantenerla completamente independiente de cualquier obra en la
cuestión de la justificación. La fe, y únicamente la fe, hace tener parte en
Cristo. Por paradójico y desconcertante que suene, es completamente cierto el
viejo dicho de los tiempos de Lutero: “La
fe que justifica no es la que incluye obras de caridad, sino la fe que se
aferra a Cristo”.
La
expresión “no es condenado” equivale
a decir “es perdonado, absuelto,
justificado, eximido de toda culpa, liberado de la maldición de una ley
quebrantada, no contado ya como pecador, sino reconocido como perfectamente
justo a los ojos de Dios”. Considérese sobre todo la que la frase está en
presente. No se dice que el creyente “no
será condenado en el último día”, sino que “no es condenado”. En el
mismísimo momento en que un pecador cree en Cristo, se quitan sus iniquidades y
se le cuenta como justo: “De todo aquello
de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado
todo aquel que cree” (Hechos 13:39).
[El que no cree, ya ha sido condenado].
Esta frase significa que el hombre que se niega a creer en Cristo se encuentra
en un estado de condenación ante Dios aun en vida. Tiene sobre él la maldición,
que todos merecemos, de una ley quebrantada. Tiene sus pecados sobre su cabeza.
Se le considera culpable y muerto ante Dios y hay apenas un paso entre él y el
Infierno. La fe quita todos los pecados del hombre. La incredulidad los
mantiene todos sobre él.
Por
medio de la fe, uno se convierte en heredero del Cielo, aunque sea mantenido
fuera hasta su muerte. Por medio de la incredulidad, uno es ya súbdito del
diablo, aunque no se encuentre completamente en su poder y en el Infierno. En
el momento en que uno cree, se retiran todos los cargos contra su nombre.
Mientras uno no cree, está cubierto por sus pecados que le hacen abominable a
los ojos de Dios, y la ira justa de Dios está sobre él.
Señala
Melanchton que la sentencia de condenación de Dios pronunciada al comienzo —“ciertamente morirás”— se mantiene
plenamente en vigor y sin revocar contra todo aquel que no cree en Cristo. No
es necesaria ninguna nueva condenación. Todo hombre o mujer que no cree se encuentra
bajo la maldición y ya ha sido condenado.
[Porque no ha creído […] nombre […] Hijo de
Dios]. Esta frase está pensada precisamente para mostrar que no hay pecado
tan grande y tan destructor del alma como la
incredulidad. En un sentido es el único pecado imperdonable. Todos los
demás pecados se pueden perdonar, independientemente de cuántos y cuán grandes
sean, y uno puede presentarse ante Dios. Pero si uno no cree en Cristo, no hay
esperanza para él; y si insiste en su incredulidad, no puede ser salvo.
No
hay nada tan ofensivo e injurioso para Dios como rechazar la gloriosa salvación
conseguida a tan alto precio por medio de la muerte de su Hijo unigénito. No
hay nada tan suicida por parte del hombre que dar la espalda al único remedio
que puede curar su alma. Otros pecados pueden ser de color carmesí, sucios y abominables.
Pero no creer en Cristo es cerrarnos la puerta del Cielo y privarnos
completamente de él. Se ha dicho acertadamente que el pecado de Judas Iscariote
de no creer en Cristo para recibir el perdón tras haberle traicionado fue mayor
que la traición de entregarle a sus enemigos.
Sin
duda, traicionarle fue un acto de enorme codicia, maldad e ingratitud. Pero no
buscarlo después por fe para recibir el perdón fue no creer en su misericordia,
amor y poder para salvar. La expresión “el
nombre” como objeto de la fe se explica en el versículo 1:12. Aquí, como
muy a menudo, representa los atributos, la naturaleza y el oficio del Hijo de
Dios.
Lutero,
citado por Brown, comenta: “De ahora en
adelante, el que sea condenado no debe quejarse de Adán y de su pecado innato.
La semilla de la mujer, que Dios prometió que heriría la cabeza de la
serpiente, ya ha llegado y ha expiado el pecado y apartado la condenación. Lo
que debe hacer es clamar contra sí mismo por no haber aceptado al Cristo y
creído en Él, en Aquel que aplastó la cabeza del diablo y estranguló al pecado.
Si yo no creo eso, mi pecado y condenación seguirán ahí.”
LEON MORRIS
“Juan
procede a subrayar la importancia de la fe. Ya ha dicho que Cristo murió por el
mundo, pero eso no es suficiente para conseguir la salvación. Para conseguir
esa salvación hace falta creer. Juan hace esta afirmación usando otra vez una
de sus construcciones favoritas: transmite una verdad mencionando tanto los
resultados negativos como los resultados positivos.
Todo
el que tiene fe no será condenado (o “juzgado”; ver el comentario de Morris del
versículo anterior en su obra). La persona que cree no debe temer el juicio.
Pero los que no creen (se entiende, alguien que insiste en no creer) no hace
falta que esperen al Día del Juicio Final. Ya se han condenado. La incredulidad
les lleva a un callejón sin salida: la condenación. Por si queda alguna duda,
Juan explica por qué ocurre de esta manera. Los incrédulos no han creído “en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
Aquí estamos ante otro ejemplo de repetición
para conseguir un énfasis concreto; el verbo “creer” aparece tres veces en este versículo, lo cual indica que es
importante. Juan, a continuación, nos hace ver lo grave que es negarse a creer,
y lo hace describiendo a Jesús como “el
unigénito hijo de Dios”. Aunque esta expresión no se refiere necesariamente
a una relación metafísica, no hay duda alguna de que Juan está afirmando de una
manera enfática que Jesús tiene la misma naturaleza que el Padre. Cuando la
gente no cree en una persona así, se condena a sí misma.
La
venida de Jesús divide a las personas en “salvadas”
y “condenadas”. Este versículo es muy
importante para entender la paradoja de que Jesús vino a juzgar y, a la vez, no
vino a juzgar. Su venida da a las personas la oportunidad de ser salvas, pero
han de tomar una decisión. Y rechazar ese fantástico regalo es optar por el
juicio y la condenación.”
SAMUEL P. MILLOS
“El
que cree en Cristo es justificado por la
fe (Ro. 5:1). La justificación es la declaración divina de la cancelación
de toda deuda penal por el pecado. La persona que cree ya no teme la
condenación porque no hay condenación para los que están en Cristo (Ro. 8:1).
El texto enseña que quien cree ya no viene a juicio de condenación (5:24). La
expresión del apóstol Pablo en el versículo anteriormente citado, es que
ninguna condenación es posible para el que está en Cristo, que ha sido
justificado en Él por medio de la fe. La responsabilidad penal del pecado ha
sido extinguida plenamente por Cristo en la Cruz, por tanto no queda ya nada
que pagar para quien se acoge por fe a la obra salvadora del Señor.
El
sacrificio sustitutorio de Jesús cancela toda deuda de pecado. Al creyente no
se le han perdonado una parte de los pecados, sino la totalidad de ellos (Col. 1:14; 2:13). La justificación
es asunto definitivo para quienes están revestidos de Cristo y Su justicia (2
Co. 5:21). El perdón de los pecados abre la perspectiva de una nueva realizad
espiritual: la liberación del poder
esclavizante del pecado, como manifestación de salvación para el tiempo
presente. De ahí que la expresión no es condenado, tiene el verbo en
presente, lo que indica una acción continuada, porque mediante la fe, salimos
del estado de condenación y somos constituidos justos en la presencia de Dios
(Ro. 5:19). Dios abre una puerta, la de la salvación, que ya nadie puede cerrar para todo aquel que por fe está en
Cristo.”
SAN AGUSTIN
“¿No
quieres que El te salve? Por tu conducta serás juzgado. Pero ¿qué digo: serás
juzgado? Mira lo que dice: El que cree en
El, no es juzgado; mas el que no cree... ¿Qué esperas que se diga sino que
serás juzgado? Ya, dice, está juzgado.
El juicio aún no se ha publicado, pero ya está hecho. Sabe el Señor quiénes son
los suyos; sabe quiénes quedarán para la corona, quiénes para las llamas; conoce
en su era cuál es el trigo y cuál es la paja, como cuál es la mies y cuál es la
cizaña. Ya está juzgado quien no cree. ¿Por qué juzgado ya? Porque no creyó en el nombre del Hijo
unigénito de Dios.”
ALFRED WIKENHAUSER
“Efectivamente,
lo que hace posible la salvación, la vida eterna, es la fe en el Hijo, en tanto
que la incredulidad u obstinación en la infidelidad excluye de la salvación. La
gran distinción entre estas dos categorías de hombres, distinción que es, en
último término, el objeto principal del juicio, se lleva a cabo por sí misma.
El juicio consiste, pues, en que el hombre que no cree se cierra al amor de Dios,
manifestado en la venida de su Hijo, condenándose así a permanecer en la
muerte. En tales condiciones, no hay siquiera necesidad de pronunciar una
sentencia judicial.”
WILLIAM HENDRIKSEN
“Jesús
divide a todos los que oyen el mensaje de salvación en dos grupos, cada uno de
los cuales está representado por un individuo:
(1)
El que permanece en Cristo por la fe no es juzgado; esto es, nunca se
pronunciará contra él una sentencia de condenación. Desde ahora aparece sin
culpabilidad ante los ojos de Dios.
(2)
El que rechaza a Cristo y no cree en él como el Hijo unigénito de Dios, no
tiene que esperar al juicio final, como si el veredicto se aplazara hasta
entonces. Por el hecho mismo de su obstinada incredulidad, ya ha sido
condenado, y por lo tanto permanece en ese estado.”
JAMES SMITH
“La
salvación, por medio de ser hechos nuevas criaturas, es la mayor bendición
posible que el Dios de amor infinito puede otorgar a los pecadores, y sin
embargo la ofrece en los términos más fáciles posibles: «Todo el que en el crea». Esta gran salvación es triple:
1.
Liberación de la CONDENACIÓN PRESENTE (v. Jua_3:18).
2.
Liberación de la DESTRUCCIÓN FUTURA (v. Jua_3:16).
3. Certidumbre de una VIDA presente y ETERNA (vv. Jua_3:15-16). Obsérvese que es «el que en Él cree» el que no es condenado. No hay justificación delante de Dios por creer en nuestras obras o en nuestros caminos, ni en la Iglesia ni en el Credo. Es nuestro privilegio dado por Dios confiar en Aquel que Él ha enviado. He aquí ahora el día aceptable.”

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