martes, 16 de mayo de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 20


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 20

RV1960

NVI1999

BTX4

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto.

Porque todo aquel que practica cosas malas, aborrece la Luz, y no viene a la Luz, para que sus obras no sean descubiertas.

TR+

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omnis enim qui mala agit odit lucem et non venit ad lucem ut non arguantur opera eius

KJV

For every one that doeth evil hateth the light, neither cometh to the light, lest his deeds should be reproved.

TCB

Todo aquel que hace lo malo. Jua_7:7; 1Re_22:8; Job_24:13-17; Sal_50:17; Pro_1:29; Pro_4:18; Pro_5:12; Pro_15:12; Amó_5:10, Amó_5:11; Luc_11:45; Stg_1:23-25.

 

Sus obras sean reprendidas, o expuestas. Efe_5:12, Efe_5:13.

 

COMENTARIOS:

WILHEMUS BRAKEL

“Dado que lo espiritual y lo pecaminoso están en oposición directa entre sí, uno no puede deleitarse ni desear las cosas espirituales si se deleita en lo pecaminoso y el mundo. El hombre natural, sin embargo, ama lo pecaminoso y lo del mundo, y por eso no puede ni quiere amar lo espiritual. ¡Y no queréis venir a Mí para que tengáis vida¡¨ (Juan 5:40); ¡ ... y no quisisteis! ¡¨ (Mateo 23:37). Si el hombre natural percibe unos pocos rayos de luz espiritual y vida, los odiará de inmediato. ¡... los hombres amaban la oscuridad más que la luz. ... Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz¡¨ (Juan 3: 19-20); ¡ ... odiadores de Dios¡¨ (Rom 1:30); ¡Si el mundo los odia, ustedes saben que me odió a mí !¨ (Juan 15:18). Dondequiera que exista tal disposición, es imposible estar dispuesto y arrepentirse.”

SAN JUAN CRISOSTOMO

“A continuación, como lo que decía les parecía a muchos inverosímil, porque nadie prefiere las tinieblas a la luz, explica la razón por la que esos tales se comportan así: Porque sus obras eran malas. Quien obra el mal odia la luz, para que sus obras no queden al descubierto. Ciertamente no vino El para juzgar o pedir cuentas, sino para conceder el perdón y la remisión de los pecados y para ofrecer la salvación mediante la fe. ¿Por qué, entonces, algunos le rehúyen? De haberse presentado como juez en un tribunal, habría habido alguna justificación. Quien se sabe culpable procura huir lejos de quien ha de juzgarlo.

Pero todos los delincuentes acuden a quien va a perdonarles. Si vino para otorgar perdón, lo lógico hubiera sido que acudieran a El todos, pero especialmente quienes se sabían cargados de delitos innumerables. Así lo hicieron muchos: sabemos que los publícanos y los pecadores solían sentarse a la mesa con Jesús. ¿De quiénes se habla en la frase que acabamos de citar? De los pecadores que decidieron perseverar en su estado de pecado.

Jesús vino para perdonar los pecados pasados y para dotarnos de fuerza ante futuras recaídas. Mas como hay algunos que son tan blandos y débiles para arrostrar fatigas, por causa de la virtud, que prefieren continuar pecando hasta el momento mismo de exhalar su último aliento, y no quieren apartarse nunca de su perversión, quiso el Salvador dirigirse a ellos. El cristianismo exige una fe ortodoxa y una vida limpia. Vosotros, les dice, teméis agregaros a nuestro número porque no queréis observar una vida virtuosa. Nadie se propone refutar los errores de quien vive en el paganismo.

Quien adora dioses de tal especie y celebra fiestas tan indecentes y ridiculas como los mismos dioses a los que adora, se comporta de acuerdo con las creencias que confiesa profesar. Pero si quienes son adoradores del Dios verdadero viven entregados a los vicios, serán despreciados y acusados por todos. Tan admirable es la influencia de la verdad incluso sobre sus enemigos.

Notad cuan preciso es el Señor al hablar. No dijo: «quien hace malas acciones no viene a la luz», sino: «quien continuamente hace el mal, o sea, quien quiere revolverse siempre en el fango del pecado y desprecia someterse a mis leyes, y permaneciendo fuera se entrega sin medida a la fornicación y comete todo género de cosas prohibidas, ése, de venir a la luz, quedaría inmediatamente desenmascarado, como un ladrón al que la luz de repente sorprendiera. Es por ello por lo que evita mi ley».

También actualmente vemos cómo algunos paganos no quieren acercarse a nuestra fe porque no logran evitar la embriaguez, la fornicación o cualquier otro vicio. Pero -podríais contestarme- ¿acaso no hay cristianos que se comportan de manera indecente y paganos que observan una vida virtuosa? También yo conozco muchos cristianos que viven en el mal, pero no estoy seguro de que haya paganos que lleven una vida honesta. No me habléis de quienes por naturaleza son modestos y mesurados. Eso no es virtud. Ponedme ejemplos de alguien que, a pesar de sentirse arrastrado violentamente por la fuerza de las pasiones, resiste a ellas y logra vivir como un filósofo. No podréis encontrar un caso así.

Si la promesa del Reino, la amenaza del infierno y tantas otras cosas de ese mismo tenor a duras penas logran mantener a los hombres en el ejercicio de la virtud, qué no sucederá con quienes no creen en nada de eso. Si algunos simulan virtud, lo hacen por vanidad. Y cuantos practican la virtud por vanagloria, si tienen ocasión de hacerlo a escondidas, no se resistirán a satisfacer sus malas pasiones. Mas para que no aparezcamos como parciales, admitamos que haya entre los paganos algunos que vivan con rectitud. Eso no quitaría fuerza a lo que decimos. Aquí se habla no de algo que sucede por excepción, sino de lo que habitualmente ocurre.”

A.T ROBERTSON

No viene a la luz (ouk erchetai pros to phös). La luz le hace daño a los ojos, revela su propia maldad y lo hace sentirse totalmente incómodo. Es por ello que no lee la Biblia, que no acude a la iglesia, que no ora. Y se lanza a tinieblas más espesas.

Para que sus obras no sean redargüidas (hina më elegchthëi ta erga autou). Cláusula final negativa (hina më) con primer aoristo de subjuntivo en voz pasiva de elegchö, vieja palabra denotando corregir una falta, reprender, redargüir. Véanse también 8:46; 16:8. Para huir de este incómodo proceso el malvado rehúye a Cristo.”

A.W PINK

“Aquí está la prueba final." Todo el que hace (practica) el mal odia la luz, ni viene a la luz, "¿y por qué?" para que sus obras no sean censuradas. "Por eso los hombres se niegan a leer las Escrituras. La Palabra de Dios los condenará. Por otro lado, "el que hace la verdad," que describe lo que es característico de cada creyente," viene a la luz "note el tiempo perfecto, viene una y otra vez a la luz de la Palabra de Dios. ¿Y con qué propósito? Aprender la mente de Dios, para que pueda dejar de hacer lo cosas que le desagradan, y ocuparse de lo que le agrada.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

Practica lo malo (v. 20) traduce un verbo en el tiempo presente que habla de una acción continua, un hábito incesante. Malo traduce un término griego distinto al del versículo anterior, que significaba originalmente “liviano” o “sin valor”. Entonces, el que pasa la vida haciendo cosas triviales y sin valor, pierde su tiempo, defrauda el propósito de Dios y será juzgado por ello. El verbo aborrece es un término fuerte que Juan emplea 12 veces, generalmente expresando la actitud del mundo incrédulo hacia Dios.”

BRIAN BAILEY

“Queremos ser hijos de la luz, y exponer nuestro corazón a Dios para que podamos ir a la luz. Por causa de Su amor al pecado, el hombre rechaza la salvación y acepta el infierno. Esto es una cosa terrible de decir, pero es verdad.”

JOHN MACARTHUR

“Como ya se dijo antes en este mismo capítulo, los incrédulos no son ignorantes, ellos rechazan voluntariamente la verdad. Por lo tanto, todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Los incrédulos odian la luz (cp. 7:7; Pr. 1:29) pues saben que ella revelará su pecado (cp. Ef. 5:13; 1 Ts. 5:7). Como resultado, sellan su propia condenación porque rechazan al único que los puede salvar de las tinieblas.”

ALBERT BARNES

“Aprendemos de este verso:

1er. El único propósito del evangelio es reprender a los hombres. Los convence de pecado para que pueda dar consuelo.

2do. Que los hombres por naturaleza odian el evangelio. Ningún hombre pecador lo ama; y ningún hombre por naturaleza está dispuesto a venir a él, como un adúltero o un ladrón está dispuesto a venir a la luz del día y hacer allí sus actos de maldad.

3er. La razón por la que se odia el evangelio es que los hombres son pecadores. "Se odia a Cristo porque el pecado es amado".

4to. El pecador debe ser condenado o convencido de pecado. Si no es en este mundo, será en el siguiente. No hay escapatoria para él; y la única forma de evitar la condenación en el mundo venidero es venir humildemente y reconocer el pecado aquí y buscar el perdón.”

GRANT OSBORNE

“Queda claro en el versículo 20 que el mundo no prefiere simplemente la oscuridad; “odia la luz” y se niega a acercarse porque la luz “expone” la oscuridad y sus malas acciones. Probablemente he notado 3:19–20 en sermones tan a menudo como cualquier pasaje en estos primeros tres capítulos, está cerca de ser el mejor pasaje de las Escrituras para mostrar por qué el mundo siempre se volverá contra el pueblo de Dios. Ya que somos la luz de Cristo en un mundo de oscuridad, este mundo no quiere tener nada que ver con nosotros.

La luz que brilla en la oscuridad no se puede extinguir (véase 1:5), por lo que la pretensión de los pecadores de hacer el bien en un sentido principal está terminada. La humanidad caída siempre se ha engañado pensando que lo bueno finalmente resultaría a partir de sus hechos. Sin embargo, cuando los temas de su naturaleza egocéntrica y de la búsqueda de placer son exhibidos por la luz de Dios en Cristo, ya no pueden vivir esa mentira. La oscuridad de la zona roja (¡tenga en cuenta el término aquí!) está siempre envuelta en luz artificial. Cuando la luz de Cristo brilla, esa oscuridad es expuesta. Los que rechazan la luz son culpables, y se muestra que el veredicto de Dios es completamente justo.”

JOSE VILCHEZ

“Padre te doy gracias por el regalo de vida eterna, gracias por haberme permitido conocer de tu escritura, yo no tenía ni idea de tu Palabra, ni tu escritura, yo no tenía ni idea de todos esos escritos que nos hablan de tu amor, pero tú demostraste tu Palabra Señor, me hiciste entender la sencillez de tu Palabra. Señor, tú estás deseando el día de hoy que yo nazca de nuevo y yo quiero recibir el regalo de tu amor, yo quiero recibir el regalo de tu Hijo dando su vida por mí, yo lo recibo, y yo vengo a la luz, yo quiero ser alumbrado por su luz, por su enseñanza y yo quiero ser fiel a sus enseñanzas, yo consagro mi vida el día de hoy a tu reino, yo decido el día de hoy nacer de nuevo, vivir para ti y decido hacer mi parte que es purificarme con el agua de tu Palabra y confiar en que tu vas a cumplir el nuevo pacto, que es poner tu Espíritu en mí, escribir tus mandamientos, tus leyes en mi corazón y en mi mente para que yo las ponga por obra, bendito seas por los méritos de Yeshúa, amén.”

J.C RYLE

“[Porque todo aquel que hace lo malo […]. Este versículo y el siguiente son una aplicación práctica de todo lo que ha estado diciendo nuestro Señor a Nicodemo y son también una conclusión lógica del versículo anterior. Como el versículo que les precede, estos dos versículos se aplican principalmente a los judíos de los tiempos de nuestro Señor y a continuación a toda nación a la que llegue la luz del Evangelio. Son un extraordinario llamamiento a la conciencia de aquel que busca y proporcionan una prueba sumamente escrutadora de la sinceridad de quien se encuentre en el estado de Nicodemo.

Las palabras “todo aquel que hace lo malo” significan toda persona inconversa, todo aquel cuyo corazón no está en lo correcto y no es honrado a los ojos de Dios y cuyas acciones son, en consecuencia, malas e impías. Cualquier persona así “aborrece la luz y no viene a la luz”. No puede amar verdaderamente a Cristo y el Evangelio y no buscará sinceramente y con todo su corazón a Cristo por fe, ni abrazará su Evangelio hasta que haya sido renovado. La razón de esto es que todo inconverso evita que su impiedad quede de manifiesto. No desea que se descubran sus malignos caminos y que su absoluta carencia de verdadera justicia y de verdadera preparación para la muerte, el Juicio y la eternidad queden al descubierto para su vergüenza. No le gusta que “sus obras sean […] reprendidas” y se aparta, pues, de la luz y se mantiene lejos de Cristo.

Sin duda debemos ser cautos al aplicar este versículo. En el caso de muchos inconversos, esta verdad es clara como la luz del mediodía. Aman el pecado, odian la religión verdadera y se apartan todo lo posible del Evangelio, la Biblia y las personas religiosas. En el caso de otros, esta verdad no es tan patente a primera vista. Hay muchas personas inconversas que profesan un agrado por el Evangelio y parecen no sentir prejuicios hacia él, escucharlo con placer; y, sin embargo, permanecen inconversas. Pero, aun en el caso de estas personas, se demostraría que el texto es completamente cierto si se conocieran realmente sus corazones.

A pesar de todo este aparente amor a la luz, no la aman realmente con todo su corazón. Hay cosas que aman más y que las mantiene apartadas de Cristo. Hay cosas a las que no están dispuestos a renunciar y que no quieren que se descubra o reprenda. Quizá los ojos del hombre no lo detecten, pero los de Dios sí. Al final, se comprobará que el principio general del texto es cierto de todo aquel que oye el Evangelio y muere inconverso. No amaba la luz completamente. No quería ser cambiado realmente. No buscó la salvación honrada y verdaderamente. Todo esto era cierto de los judíos en los tiempos de Nicodemo y no lo es menos de todos los hombres a quienes llega el Evangelio en la actualidad. Los corazones rectos siempre irán a Cristo.

Si un hombre se mantiene apartado de la luz, su corazón está equivocado. Es alguien que “hace lo malo”. Existe una curiosa diferencia entre la palabra griega que se traduce como “hace” en este versículo y la que se traduce como “practica” en el siguiente. Stier y Alford consideran que es una diferencia instructiva y significativa. Dicen que la palabra griega que se traduce como “hace lo malo” hace referencia al hábito o a la acción sin fruto o resultado. Por el contrario, la palabra griega que equivale a “practica la verdad” hace referencia a un hacer el bien genuino: buen fruto, un bien que permanece.”

LEON MORRIS

“La lucha entre el bien y el mal no es una nimiedad, sino que es un asunto que pone de manifiesto el odio implacable de las fuerzas del mal. Y una de las razones por las que esto es así aparece en este versículo. Si alguien entra en la luz todos verán sus miserias, por las que será amonestado. Y a nadie le gusta este incómodo proceso, y a los que llevan mucho tiempo practicando el mal, menos aún. El miedo a las reprobaciones pertinentes les mantiene alejados de la luz. Muchas veces, detrás de la incredulidad, se esconden razones de carácter moral.”

SAMUEL P. MILLOS

“El que practica el mal se niega a venir a la luz. La verdad se presenta como una tautología, que viene a una manifestación definitiva, si las obras de los hombres son malas, su preferencia por las tinieblas para que no se detecten y reprendan sus acciones, es natural. De manera que insistiendo en la misma verdad, el que vive obrando mal, odia la luz, no solo la rechaza, sino que la convierte en enemiga personal de él.

Sin embargo es notable observar que las obras en sí no son contrarias a la fe o favorecedoras de la incredulidad. Aquí se está refiriendo a una dinámica espiritual que opera en el hombre, de modo que Juan usa antes una expresión muy interesante para referirse a las obras malas que el incrédulo hace autwn ponhra ta erga, las obras de él malignas. Quiere decir que estas obras que hace corresponden a la acción que el maligno produce en la intimidad de su vida. Son del maligno y aborrecen todo cuanto puede venir de Dios. Éste a quien Jesús llama padre de mentira, se opone a la luz que es Jesús (8:44), luego las obras malvadas de ellos, son el resultado de la vinculación espiritual con el maligno.”

WILLIAM MACDONALD

“Los que aman el pecado aborrecen la luz, porque la luz expone su pecaminosidad. Cuando Jesús estuvo aquí en este mundo, los hombres pecadores quedaron incomodados por Su presencia, porque Él reveló la terrible condición de ellos en contraste con Su santidad. La mejor forma de revelar la condición torcida de un palo es poner junto a él un palo recto. Al venir al mundo como un Hombre Perfecto, el Señor Jesús reveló la tortuosidad de todos los otros hombres, en comparación con Él.”

MARTIN LUTERO

“Para entenderlo mejor, pondremos un ejemplo. Un ladrón es un bribón pero no le gusta que le acusen de robar aunque su conciencia lo  haga. Cuando entra de noche en una casa, o roba en un mercado a pleno día y estafa a su prójimo, no tolerará que se le acuse de ello aunque su conciencia le diga que está cometiendo un pecado y le condene por ello. Será incapaz de unirse a las palabras del Salmo: «Tus palabras te justifican» porque no puede tolerar el séptimo mandamiento aunque su corazón reciba el mensaje, ni puede honrarlo confesando: Soy un ladrón. He robado. Eres justo y estás justificado en tu sentencia. Nadie será capaz de hacerlo a menos que la desgracia o la angustia se apoderen de él, o caiga en manos del verdugo.

Aunque una persona sea culpable de una ofensa, no querrá admitir que se le pueda castigar si ha cometido el delito a escondidas convencido de que nadie le veía. Nadie afirma claramente que la luz es verdad o que lo son las tinieblas. Si se quiere censurar a una persona y llamarle ladrón, replicará: «Mientes como un bellaco. Yo no soy ningún ladrón». Tomemos la violación del quinto mandamiento. Un asesino que mata a otro para robarle, o le golpea hasta matarlo, o le envenena, pondrá en juego muchos resortes para ocultar su acción. Así, Job dijo: «Si encubrí como hombre mis transgresiones» (Job_31:33). Aunque la conciencia del asesino le condene, si otro le acusa, exclamará: ¡Mientes!

Permitidme preguntaros: Si vuestra conciencia os acusa y os sentencia a propósito de un pecado que habéis cometido, ¿es correcto que digáis?: «No he cometido ningún pecado y tú Señor, mientes como un bandido». Un adúltero que posee a la esposa del prójimo, hará lo mismo. Mientras pueda encubrir su delito, se enojará y se pondrá furioso, estallando en palabras odiosas si alguien le señala su pecado. Pero en la voz de su conciencia, es Dios quien le acusa: ¡Has cometido adulterio! Os ruego que miréis en el interior de vuestro corazón que siempre os condena con justicia. Y si vuestro corazón ha admitido la falta ¿no sería mejor confesar vuestro pecado para que Dios pueda quedar justificado y recibir la remisión del pecado, en lugar de negarle ante todo el mundo? David podía haberse sentido tentado de arrojar a Natán a la mazmorra cuando éste le acusó de adulterio. Pero David temió con razón y confesó su pecado (2Sa_12:15).

A todos los hombres les desagrada que sus actos sean expuestos a la luz pública. No hay quien no se muestre de acuerdo en decir que Dios es bueno, y tampoco hay quien niegue que Dios es justo y justificado en su sentencia sobre el hombre, y sin embargo no soportan que se les repruebe. Nadie desea ser expuesto como un asesino ante el mundo, o como un ladrón, o un glotón lleno de gula, o alguien afectado con cualquier otro vicio. ¿Y quién odia la luz? Todos nosotros. A ninguno de nosotros le gustaría ver expuesta su propia historia a la luz, o llevarla escrita en la frente y sí, en cambio, gozar de honores y buena reputación. A nadie se le ocurre decir: ¡Que Dios tenga misericordia de mí!. Si los pecados conocidos por mi corazón, se publicaran al mundo, merecería la mazmorra. En verdad, el mundo no me respeta, pero si realmente me conociera, me escupiría, merecería que me cortaran la cabeza. Si se reconocieran las propias culpas, nos humillaríamos ante Dios y temeríamos la opinión de los demás.

Asimismo, olvidaríamos nuestro egoísmo. De otro modo, nos sentiríamos tentados de creer que lo que se puede ocultar al hombre, también puede ocultarse a Dios. El proverbio «Más almas suben al cielo procedentes de las mazmorras que del cementerio» contiene más de un gramo de verdad. El criminal colgado por sus delitos debe confesarlos y decir: «¡Señor, soy un malhechor y tú eres justo!» Por otra parte, quien muere en la cama, oculta su pecado que puede ser asesinato, robo, adulterio y otros vicios feos y tampoco se confiesa culpable de ellos. Es propio de la naturaleza del hombre no querer ser considerado en función de sus pecados, sino ser llamado justo ante Dios y los hombres.

Es cierto que nadie está obligado a divulgar sus secretos ante el mundo y colocarse en la picota pública. Guardad vuestros pecados para vosotros mismos y orad a Dios pidiendo perdón y reconciliaos con los que os ofenden. Y tened siempre presente vuestro pecado y vuestra vergüenza para suprimir cualquier tentación de volver a caer.”

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