|
EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 19 |
|||
|
RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
|
|
Y
esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más
las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. |
Ésta
es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad
prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. |
Y
esta es la acusación: que la Luz ha venido al mundo, pero los hombres amaron
más la tiniebla que la Luz, pues sus obras eran malas. |
|
|
TR+ |
INA27+ |
VUL |
|
|
αυτηG3778 D-NSF δεG1161
CONJ εστινG1510 V-PAI-3S ηG3588 T-NSF κρισιςG2920 N-NSF οτιG3754 CONJ τοG3588
T-NSN φωςG5457 N-NSN εληλυθενG2064 V-2RAI-3S ειςG1519 PREP τονG3588 T-ASM
κοσμονG2889 N-ASM καιG2532 CONJ ηγαπησανG25 V-AAI-3P οιG3588 T-NPM
ανθρωποιG444 N-NPM μαλλονG3123 ADV τοG3588 T-ASN σκοτοςG4655 N-ASN ηG2228 PRT
τοG3588 T-ASN φωςG5457 N-ASN ηνG1510 V-IAI-3S γαρG1063 CONJ πονηραG4190 A-NPN
αυτωνG846 P-GPM ταG3588 T-NPN εργαG2041 N-NPN |
αυτη G3778:D-NSF A esto δε G1161:CONJ
pero εστιν G1510:V-PAI-3S está siendo η G3588:T-NSF el κρισις G2920:N-NSF
juicio οτι G3754:CONJ que το G3588:T-NSN la φως G5457:N-NSN luz εληλυθεν
G2064:V-2RAI-3S ha venido εις G1519:PREP hacia dentro τον G3588:T-ASM a el
κοσμον G2889:N-ASM mundo και G2532:CONJ y ηγαπησαν G25:V-AAI-3P amaron οι
G3588:T-NPM los ανθρωποι G444:N-NPM hombres μαλλον G3123:ADV más bien το
G3588:T-ASN a la σκοτος G4655:N-ASN oscuridad η G2228:PRT que το G3588:T-ASN
a la φως G5457:N-ASN luz ην G1510:V-IAI-3S estaba siendo γαρ G1063:CONJ
porque αυτων G846:P-GPM de ellos πονηρα G4190:A-NPN malignas τα G3588:T-NPN
las εργα G2041:N-NPN obras |
hoc
est autem iudicium quia lux venit in mundum et dilexerunt homines magis
tenebras quam lucem erant enim eorum mala opera |
|
|
KJV |
|||
|
And this is the
condemnation, that light is come into the world, and men loved darkness
rather than light, because their deeds were evil. |
|||
|
TCB |
|||
|
Esta
es la condenación. Jua_1:4, Jua_1:9-11;
Jua_8:12; Jua_9:39-41; Jua_15:22-25; Mat_11:20-24; Luc_10:11-16; Luc_12:47;
Rom_1:32; 2Co_2:15, 2Co_2:16; 2Ts_2:12; Heb_3:12, Heb_3:13. Porque
sus obras eran malas. Jua_5:44; Jua_7:17;
Jua_8:44, Jua_8:45; Jua_10:26, Jua_10:27; Jua_12:43; Isa_30:9-12; Luc_16:14;
Hch_24:21-26; Rom_2:8; 1Pe_2:8; 2Pe_3:3. |
|||
COMENTARIOS:
JOHN PIPER
“La
gente ama las tinieblas. ¿Por qué? Jesús dijo que porque sus obras son malas.
Es decir, son inicuos, o injustos. La luz y la verdad los expondrían. Las tinieblas
los encubren. Por tanto, suprimimos la verdad y por eso protegemos, con
tinieblas, la fealdad de nuestros deseos.
Creo
que esto significa que Jesús es la misma presencia de Dios, a quien Juan
describió así en 1 Juan 1:5: “Y este es
el mensaje que hemos oído de Él y que os anunciamos: Dios es luz, y en Él no
hay tiniebla alguna”. Y el Verbo era
Dios. Así que cuando el Verbo se hizo carne, la luz vino al mundo, porque
Dios es luz. Esto podría significar
que Jesús es la suma de la verdad. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Toda verdad es resumida en
Jesús. “En Cristo” están escondidos todos los tesoros de la
sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). Si usted quiere conocer
algo verdadero, debe conocerlo con relación a Jesús. “Todo ha sido creado por medio de Él y para Él” (Colosenses 1:16).
Por tanto, Él es el propósito de todo y el origen de todo. De modo que en Él
está el significado de todo.
Cuando
él viene, viene la verdad acerca de todo: la verdad acerca de Dios; la verdad acerca
de nosotros; la verdad acerca del Camino de salvación; la verdad cerca de qué
es bueno y hermoso; la verdad acerca de lo malo y feo; la verdad acerca de cómo
debemos vivir. Todo buen pensamiento, y todo sentimiento correcto, y toda buena
acción, es definido y medido por Jesús. Eso es parte del significado de ser la luz del mundo.
De
modo que el versículo 19 dice que la llegada de Jesús es un tipo de juicio.
¿Cómo? El resto de los versículos 19–21 describen dos tipos de respuesta a la
luz. La primera es negativa, versículos 19–20:
Y este es el juicio: que la luz vino al
mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones
eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz
para que sus acciones no sean expuestas.
Cinco
Pasos Revelados
Hay
cinco pasos revelados aquí en este tipo de corazón:
1)
Al final del versículo 19: “sus acciones eran malas”. Versículo 20, al
principio dice que ese tipo de personas “hace lo malo”.
2)
Ellos no quieren que sus necesidades sean expuestas. Versículo 20, al final: “…
para que sus acciones no sean expuestas”.
3)
Así que ellos aman las tinieblas donde sus pecados no serán expuestos. Versículo
19 en el medio: “… y los hombres amaron más las tinieblas que la luz”.
4)
Y odiaron la luz porque allí es donde son expuestos sus pecados. Versículo 20
al principio: “Porque todo el que hace lo malo odia la luz”.
5)
Por tanto, ellos no vienen a la luz. Ese es el mensaje del versículo 20: “… y
no viene a la luz.…”
Ahora,
recuerde: esta es la explicación que Jesús da a la fe y la incredulidad. La
división en dos tipos de personas en los versículos 19–21 es la misma división
que aparece en los versículos 16–18, es decir, la división entre aquellos que
creen en el Hijo de Dios, y aquellos que no.”
WILLIAM GURNALL
“Cristo
condena la ignorancia de los hombres, puesto que él mismo ha suministrado el
conocimiento: “Y esta es la condenación:
que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz”
(Jn. 3:19). Muchos huyen de la luz porque no quieren andar en ella. Si la
ignorancia de la Palabra se condena allí donde hay luz, ciertamente Dios nos
manda que abramos los ojos para recibir la sabiduría que aquella derrama; porque
antes de que pueda fallarse sentencia condenatoria ha de transgredirse la ley.
Ya que vives donde se predica este evangelio, serás juzgado por él, lo conozcas
o no.”
THOMAS GOODWIN
“Primero,
Tú, que tienes conocimiento, no puedes pecar tan fácilmente como otro que es
ignorante. Por tanto, si quieres ser malvado, tu maldad te costará diez veces
más que cualquier otro. Los lugares, países y naciones donde hay mucho conocimiento,
y son abundantes en los medios de la gracia, son lugares queridos para vivir en
pecado. Estar borracho e impuro después de la iluminación, y los movimientos
del Espíritu y los sermones poderosos, es más de veinte veces mas grave ante
Dios que antes; Podrías haber cometido diez a uno y haber sido condenado menos.
"Esto
es condenación", dice Cristo, "que
la luz vino al mundo". Ni puedes tener tanto placer en tus pecados
como una persona ignorante, porque la conciencia pone un aguijón en el acto
cuando tienes conocimiento, y te sujeta a la servidumbre y al temor de la muerte. Cuando un hombre sabe lo caro que debe
pagar por ello, hay una expectativa de juicio que lo amarga todo.
Por
tanto, los gentiles pecaron con más ahinco que cualquier otro. Por lo tanto,
Efesios 4:18-19, el apóstol, hablando de ellos, dice que por su ignorancia y
oscuridad y falta de sentimiento cometieron el pecado con codicia, y por lo
tanto con más placer, no teniendo ni conocimiento, ni corazones sensibles a los
males para no caer mas bajo. En segundo lugar, al pecar contra el conocimiento,
serás entregado a una mayor dureza. "Si
la luz que hay en ti es oscuridad", dice Cristo, "cuán grande es esa oscuridad". Por
tanto, cuanta más luz tenga un hombre, y sin embargo prosiga en las obras de
las tinieblas, más tinieblas abundarán en
ese hombre, incluso en una mente
reprobada al final. En tercer lugar, Dios te abandonara a que seas entregado
al peor de los pecados más que cualquier otro hombre; porque Dios, cuando deja
a los hombres, hace que un pecado sea el castigo de otro, y reserva lo peor
para los pecadores contra el conocimiento (Vea Romanos 1:18-32).”
WARREN WIERSBE
“Esta
es una de las principales figuras que se usan en este Evangelio (Juan 1:4-13).
¿Por qué no vienen los pecadores a "a
luz de la vida?" ¡Porque aman las tinieblas! Quieren persistir en sus
obras malas, y esto les impide que vengan a la luz; porque mientras más cerca
está el pecador de la luz, más expuestos
quedan sus pecados. No son problemas intelectuales los que impiden que la
gente confíe en Cristo; es la ceguera
moral y espiritual lo que les mantiene amando más las tinieblas, y
aborreciendo la luz.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“La causa del castigo de los hombres es que no quisieron abandonar las tinieblas para acogerse a la luz. Con sus palabras arrebata Cristo a los incrédulos toda posibilidad de excusarse. Dice: si yo hubiera venido para pedirles cuentas de sus obras y castigarlos, habrían podido decir: por eso nos hemos alejado. Pero he venido para librarlos de las tinieblas y llevarlos a la luz. ¿Cómo tener piedad de hombres que rechazan ir de las tinieblas a la luz? Se alejan de mí a pesar de que nada pueden echarme en cara, pues los he beneficiado de mil modos distintos. En otro lugar, cuando algunos pusieron una excusa semejante, dijo: Me odiaron sin motivo. Y también: Si no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían culpa. Quien, falto de luz, habita en las tinieblas, quizás pueda obtener el perdón: pero quien, después de venir la luz, permanece en las tinieblas, levanta contra sí mismo un testimonio de la perversidad y obstinación de su voluntad.”
A.T ROBERTSON
“Jesús
mismo es la única luz moral y espiritual del mundo (8:12), como reivindicó
abiertamente ante sus enemigos. Lo trágico es que los hombres lleguen a
enamorarse de las tinieblas del pecado y se rebelen en contra de la luz, como
ciudadanos del infierno, «porque sus
obras eran malas (ponëra)».
Cuando la luz aparece, se precipitan a sus agujeros y madrigueras. Ponëros (de ponos, fatiga, afán; poneö, fatigarse, afanarse) es empleado de las
acciones del mundo por parte de Jesús (7:7).
Al
final, el dios de este mundo ciega los ojos de los hombres para que no vean la
luz (2 Co. 4:4). Los peces en la Cueva Mamut ya no tienen ojos, sino sólo
cuencas donde solía haber ojos. El Maligno tiene un enorme poder sobre el mundo
(1 Jn. 5:19).”
GARY BURGE
“Aquellos
que ven esta luz y reconocen la tragedia de su situación tienen una
responsabilidad: creer
(3:16,18). Sin embargo, no es tan sencillo. Las emociones de quienes viven en
el mundo son corruptas; sus aspiraciones son caídas; no tienen ningún deseo de
ser redimidos. Prefieren «las tinieblas a
la luz»; en realidad, «detestan»
la luz. Es un lenguaje fuerte que descubre algo de la seriedad de la lucha
moral entre Dios y el mundo. El mal y la oscuridad no ignoran a la luz, sino
que le hacen la guerra y desean
destruirla. Pero, a pesar de todos estos esfuerzos, las tinieblas no pueden
derrotar a la luz (1:9). Las tinieblas lanzan una batalla que acaba llevando a
su propia derrota.”
RAYMOND BROWN
“El
mal es tiniebla. Con Jesús, la luz vino a las tinieblas. Pero la oscuridad no
la acogió, y este rechazo constituye un juicio (también la teología nos informa
de que, al condenar al infierno, Dios no hace más que aceptar la disposición de
la voluntad humana en el momento de la muerte; quien se ha alejado de Dios es
abandonado por él a su propio destino).”
CHARLES SPURGEON
“Los
que aman sus pecados no pueden amar al mismo tiempo al Salvador; deben amar al
uno y odiar al otro; y es una elección terrible cuando deliberadamente rechazan
al único Salvador; “La luz del mundo”,
y escoge las tinieblas del pecado, las tinieblas de la aflicción , las
tinieblas de afuera, donde habrá llanto, lamento y crujir de dientes.
Ves por qué los hombres no
vienen a Cristo; no quieren renunciar a su pecado; no quieren sentirse
incómodos en ello; tienen miedo de ser reprendidos. Usted ve por qué los
hombres santos vienen a Cristo, porque se deleitan en contemplarlo y en que su
fe y su gracia se manifiesten, tanto a ellos mismos como a los espectadores.”
DAVID GUZIK
“Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran
malas: Jesús explicó lo que mantiene alejadas a las personas de la fe y el
rescate en él. Es porque son atraídos a la oscuridad, y la aman más que a la luz.
Hay una dimensión moral crítica para la incredulidad que a menudo se rechaza o
se ignora.
i. Los que rechazan a Jesús
conscientemente, a menudo se ven a sí mismos como personajes heroicos que
valientemente dejaron de lado la superstición y tratan con honestidad con
problemas filosóficos profundos. Con mayor frecuencia en realidad hay una
transigencia moral como raíz de su rechazo.
ii. Muchos oponentes del
Cristianismo tienen un interés personal en pelear contra la verdad de Jesús,
porque aman su pecado y no quieren aceptarlo, o enfrentar a Dios quien juzgará
su pecado.
iii. Cuando pensamos en el
amor al pecado que manda a la gente al infierno, a menudo pensamos en pecados
notorios. Pero la simple exigencia de ser el señor de mi propia vida es
suficiente pecado para merecer la condenación de Dios.”
COMENTARIO BIBLICO MUNDO
HISPANO
“Juan procede ahora (vv.
19–21) a explicar la razón por la incredulidad de los hombres. Y ésta es la
condenación es la introducción de un resumen que explica en qué consiste la
condenación. Que la luz ha venido al mundo es una referencia a la encarnación.
El Hijo de Dios es la luz que vino al mundo, una metáfora usada por Juan
(1:4–9; 3:19–21) y por Jesús (8:12; 9:5; 12:46). Condenación (krisis G2920) aquí se refiere al proceso
de juzgar y no a la sentencia de condenación. Juan está explicando cómo opera el proceso de juicio que lleva a
la condenación.
Los
hombres amaron más las tinieblas que la luz es una de las notas
trágicas que Juan suele emplear (ver también 1:5; 5:40) para señalar lo que
parece una locura, contrario al sentido común, una verdadera realidad trágica. Tinieblas es otro de los temas favoritos
de Juan para referirse a todo lo que se opone a Dios y todo lo que está bajo su
condenación. En contraste, la luz se refiere a Cristo y todo lo que él
representa. El contraste y antagonismo entre la luz y las tinieblas nos
recuerda los Rollos del Mar Muerto donde la distinción se establece entre los hijos de luz y los hijos de tinieblas.
Los hombres no se refiere a todos los
seres humanos, sino a los incrédulos que optaron por orientar su afecto y
pasión a las tinieblas. Usaron su facultad de libre albedrío, un don de Dios,
para rebelarse contra su Creador y traer la sentencia de condenados sobre sí
mismos.
Porque
sus obras eran malas es una afirmación introducida por una
conjunción causal, explicando la razón por la cual los incrédulos aman más las
tinieblas que la luz. Tinieblas y
malas son compañeras inseparables. Los que realizan malas obras
prefieren las tinieblas porque en ellas piensan encubrir sus prácticas. Eran es un verbo en el tiempo
imperfecto, señalando la práctica
continuada de sus malas obras.”
BRIAN BAILEY
“Pablo hace notar en sus
epístolas, que las obras malas tornan nuestra mente en contra de Dios. Nos
alejan de Dios. Pablo dijo en Colosenses 1:21: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en
vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado”. Las
personas algunas veces dicen: “Bueno, no importa lo que yo haga, todo estará bien”.
No, no lo estará, porque lo que hacemos tiene
un efecto tremendo en nosotros. Cuando nosotros pecamos, esto afecta
nuestra mente y nos vuelve en contra de
Dios. Los hombres rechazan la luz porque ellos aman las obras de las
tinieblas. Si pecamos, habrá un rechazo automático hacia la luz de Cristo.”
JUAN CALVINO
“Y esta es la condenación
que recibe con los murmullos y quejas, con los que los impíos suelen censurar,
lo que imaginan que es el excesivo rigor de Dios, cuando actúa contra ellos con
mayor severidad de la que esperaban. Todos piensan que es duro que los que no
creen en Cristo sean condenados a la destrucción.
Para que nadie pueda
atribuir su condenación a Cristo, muestra que todo hombre debe culparse a sí mismo. La razón es que la incredulidad es un testimonio
de mala conciencia; y por eso es evidente que es su propia maldad la que impide
que los incrédulos se acerquen a Cristo. Algunos piensan que no señala aquí
nada más que la marca de la condenación; pero, el diseño de Cristo es refrenar la
maldad de los hombres, para que no puedan, según su costumbre, disputar o discutir
con Dios, como si los tratara injustamente, cuando castiga la incredulidad con
la muerte eterna.
Él muestra que tal
condenación es justa y no está sujeta a ningún reproche, no solo porque esos
hombres actúan perversamente, que prefieren las tinieblas a la luz, y rechazan
la luz que se les ofrece gratuitamente, sino
porque surge ese odio a la luz, de una mente perversa y consciente de su
culpa. Ciertamente se puede encontrar una apariencia hermosa y un brillo de santidad
en muchos que, después de todo, se oponen al Evangelio; pero, aunque parecen
ser más santos que los ángeles, no hay lugar para dudar de que son hipócritas,
que rechazan la doctrina de Cristo sin otra razón que porque aman sus lugares
al acecho en los que pueden ocultar su bajeza. Por lo tanto, puesto que la
hipocresía por sí sola hace que los hombres odien a Dios, todos están
convencidos, porque si no fuera porque estén cegados por el orgullo y se
deleitan en sus crímenes, recibirían pronta y voluntariamente la doctrina del
Evangelio.”
ALBERT BARNES
“Ésta es la causa de
condenación; o esta es la razón por qué los hombres son castigados. Esa luz ha
llegado. La luz a menudo denota instrucción, enseñanza, doctrina, como aquello
por lo que vemos claramente el camino del deber. Toda la instrucción que Dios
nos da por la conciencia, la razón o la revelación puede, pues, llamarse luz;
pero esta palabra se usa peculiarmente para denotar al Mesías o al Cristo, de
quien a menudo se habla de la luz. Ver Isa 60:1; y 9:2. Compárese con Mt 4:16. Sin
duda, fue a esta luz a la que Jesús se refirió en particular aquí.”
MATTHEW POOLE
“Cristo es la Luz, predicha
por el profeta, Isa 9:2 42:6 y 49:6. Al comienzo de este Evangelio se le llama la Luz verdadera, Jn 1:4; Es decir,
posee en perfecto estado todas las excelentes cualidades de la luz; el poder de iluminar las mentes de los
hombres en el conocimiento de la verdad salvadora, de calentar los afectos con el amor por ella, de revivir a los desconsolados y de hacer que la semilla celestial de la palabra florezca y fructifique en sus vidas.
Esta Luz ha venido al mundo;
eso significa no solo en su encarnación, sino su revelación del misericordioso
consejo de Dios para nuestra salvación, que los espíritus más claros nunca
podrían haber descubierto; ha abierto el
camino que conduce a la vida eterna. Pero los hombres amaban más las
tinieblas que la luz; Prefirieron, eligieron y se adhirieron a su ignorancia y
errores, antes de la luz de la vida, el conocimiento salvador del evangelio. Su
ignorancia es afectada y voluntaria, y no se puede alegar ningúna excusa de
ello; es más, es muy culpable y condenado al descuidar la instrucción del Hijo
de Dios.”
CHARLES SIMEON
“La declaración de nuestro
Señor, de que "el que creyere será
salvo, y el que no creyere será condenado", es considerada por ellos
como una "palabra dura"; no
ven proporción entre el trabajo y la recompensa por un lado, o entre la ofensa
y el castigo por el otro.
En las palabras que tenemos
ante nosotros tenemos una solución a la dificultad. Se nos enseña que la fe y
la incredulidad no son meras operaciones de la mente, sino ejercicios del
corazón; el que pasa del amor al bien; el otro por un apego radical al mal.
Nuestro bendito Señor había inculcado repetidas veces la necesidad de creer en
él, para poder participar de los beneficios ofrecidos. También había presentado
a los incrédulos como "ya condenados",
incluso como criminales reservados para la ejecución. Para obviar cualquier
objeción que pudiera surgir en la mente de Nicodemo en relación con la aparente
severidad de esta sentencia, procedió a mostrar el verdadero fundamento de la misma,
a saber, que, en su rechazo de él, los hombres son movidos por un amor
invencible de pecado, y por el consiguiente odio a la luz que se envía para
apartarlos del pecado.
Al abrir las palabras de
nuestro texto, mostraremos: ¿Qué es esa
luz que ha venido al mundo? A Cristo se le llama "La luz del mundo", "La
luz verdadera", "La
estrella del día", y "El
Sol de justicia que surge con sanidad en sus alas". Pero, es el
Evangelio que aquí se dice que ha "venido
al mundo".
Las buenas nuevas de
salvación ahora fueron publicadas por Cristo mismo; y se revelaron claramente tanto
la manera en que se efectuaría esa salvación como la manera en que se
recibiría. Nuestro bendito Señor había declarado, en este mismo discurso con
Nicodemo, que "el Hijo del Hombre
sería levantado sobre la cruz, como la serpiente en el desierto", para
que todos los que estaban muriendo por las heridas del pecado pudieran mírarlo
y sér sanos. Había repetido una y otra vez esta importante verdad, de la que
depende la salvación de nuestra raza caída. Este misterio había estado
escondido desde la eternidad en el seno del Padre; pero ahora se manifestó
plenamente. Esta “luz vino ahora al mundo”.
El Evangelio, desde este
punto de vista, está apropiadamente designado bajo la metáfora de “luz” - La luz es eso, sin la cual nada
se puede discernir correctamente. ¡Y cuán ignorantes somos hasta que la luz del
Evangelio brilla en nuestros corazones! No sabemos nada de nosotros mismos, de
Dios, de Cristo o del camino al cielo. Ni siquiera podemos apreciar el valor
del alma, la importancia del tiempo, el vacío de las vanidades terrenales. De
hecho, podemos dar nuestro consentimiento a las declaraciones que escuchamos
sobre estos temas; pero no podemos tener un sentido experimental y permanente,
ni siquiera de las verdades más obvias, hasta que nuestras mentes estén iluminadas
por el Evangelio de Cristo. La luz hace que todas las demás cosas se vean en
sus verdaderos colores.
Así también el Evangelio, al
presentar al Hijo de Dios muriendo por nuestros pecados, nos muestra la malignidad
del pecado; la justicia de Dios que requería tal expiación por ella; y, sobre
todo, el maravilloso amor de Dios al darnos a su único Hijo amado, para que
tengamos paz por la sangre de su cruz. La luz lleva consigo su propia
evidencia. Lo mismo ocurre con el evangelio glorioso del que estamos hablando:
se adapta tan peculiarmente a las necesidades del hombre y, al mismo tiempo, se
ajusta tanto a sus necesidades; está tan calculado para mostrar y magnificar
todas las perfecciones de la Deidad, y es en todos los aspectos tan digno de su
Divino Autor; que se nos recomienda instantáneamente como de origen celestial, y
la obra maestra misma de la sabiduría divina.
Pero el odio de los hombres
a la luz es lo que principalmente, y por encima de todas las otras cosas,
agrava su culpa. El Evangelio es la provisión más maravillosa para la salvación
del hombre caído. Es la demostración más brillante de la sabiduría divina y el
esfuerzo más estupendo de la bondad divina. El rechazo de esto, por lo tanto, especialmente
como resultado de un odio hacia él, argumenta un estado mental que ninguna
palabra puede expresar adecuadamente.
La malignidad de tal
disposición aumenta en proporción a la excelencia del Evangelio mismo.
Presumimos no sopesar la culpa comparativa de los hombres y los demonios,
porque las Escrituras no nos han dado motivos suficientes para establecer tal comparación;
pero la culpa de los que rechazan el Evangelio supera con creces la del mundo
pagano: la maldad de Tiro y Sidón, sí, de Sodoma y Gomorra, no era igual a la
de los judíos incrédulos: ni la culpa de aquellos judíos, que rechazaron sólo
las advertencias de los profetas, era comparable a la de los que despreciaban
el ministerio de nuestro Señor.
Asimismo, quienes vivan bajo
la luz meridiana del Evangelio en este día tendrán aún más, si es posible, por
qué responder que los oyentes de Cristo mismo; porque su trabajo y oficio ahora
se exhiben más plenamente y se reconocen más en general. Y en el día del juicio
el Evangelio será como una piedra de molino al cuello de los que lo rechazaron:
no habiendo sido sabor de vida para su salvación, será sabor de muerte para su condenación más agravada.
¡He aquí! os declaramos que
la luz, la luz gloriosa del Evangelio de Cristo, ha venido ahora al mundo! Amadores
de las tinieblas, no rechazéis este bendito Evangelio. Poco puede el pecado
contribuir a tu felicidad, aun cuando seas más capaz de saborear sus placeres;
pero lo que puede hacer por ti en la hora de la muerte o en el día del juicio,
es innecesario que lo diga. Entonces no dejes que te impida llegar a la luz.
Seguramente es mejor que “tus obras sean
reprendidas”, mientras tienes la oportunidad de enmendarlas, que continuar
en ellas hasta que experimentes sus amargas consecuencias.
No viajarías en la oscuridad
cuando pudieras disfrutar de la luz del día, o rechazarías la ayuda de un guía
que te conduciría por el camino que profesaste buscar. Solo entonces actúen por
sus almas como lo harían en sus preocupaciones temporales, y todo estará bien.
Cree en Cristo y aún serás salvo por él; tanto de la comisión del pecado como
de la condenación debida a él. Ustedes que profesan amar la luz, tengan cuidado
de "andar como hijos de la luz".
Lleve todo a la piedra de toque de la
palabra de Dios. Pruebe su espíritu y temperamento, así como sus palabras y
acciones mediante esta prueba. Vea si toma los preceptos de Cristo como su
regla y su ejemplo como modelo.
También por el bien del
mundo, así como por tu propia comodidad, debes venir continuamente a la luz. Si
quisieran conciliar su consideración por el Evangelio, o eliminar sus
prejuicios de ustedes mismos, deberían "manifestar sus obras que están hechas en Dios". Debes dejar
brillar tu luz delante de los hombres, para que ellos, viendo tus buenas obras,
glorifiquen a tu Padre que está en los cielos.”
JOHN GILL
“Los hombres amaban más las tinieblas que la luz: los judíos, la
mayor parte de ellos, preferían las tinieblas de la ley ceremonial, y la
dispensación mosaica, e incluso las tradiciones de sus mayores, antes de la clara revelación evangélica hecha por
Cristo Jesús; y los gentiles también, en su mayor parte, prefirieron
continuar en su ignorancia pagana e idolatría, y caminar en sus propios caminos
y en la vanidad de sus mentes, que abrazar a Cristo y su Evangelio, y someterse
a sus ordenanzas y nombramientos.
Y la mayoría de los hombres,
hasta el día de hoy, aman su oscuridad natural, y eligen caminar en ella, y
tener comunión con las obras de las tinieblas y deleitarse en la compañía de
los hijos de las tinieblas, en lugar de seguir a Cristo, la luz del mundo;
recibir su Evangelio y andar en sus caminos, en comunión con sus santos: la
razón de todo esto es, porque sus obras
fueron malas; que eligieron no renunciar; y Cristo, su Evangelio y sus
ordenanzas son contrarios a ellos; porque la doctrina de la gracia de Dios, que
ha aparecido y resplandeció con gran lustre y esplendor en el mundo, enseña a
los hombres a negar la impiedad y las
concupiscencias mundanas; y por eso es odiado y rechazado por los hombres.”
GRANT OSBORNE
“Hay una poderosa evolución
de los versículos 16 al 19. Dios amó al mundo lo suficiente como para enviar a
su Hijo a morir para salvarlo, pero la humanidad pecadora amaba la oscuridad en
vez de amar a Dios o a la luz que él había enviado. El mundo enfermo de pecado
ha tomado una decisión enfática para voltearse contra Dios y abraza la
oscuridad. Esto se muestra fácilmente en nuestro tiempo. Películas y medios de
comunicación, siempre que deseen retratar aquello qué piensan que es
“divertido”, siempre muestran escenas nocturnas, generalmente en lugares que
“cobran vida” cuando oscurece. El mal es el lado activo de la oscuridad. La
oscuridad es lo que es; ¡el mal es lo que hace!”
J.C RYLE
“[Esta es la condenación, etc.]. En este versículo, nuestro Señor
muestra a Nicodemo otra cosa “celestial”
más. Despliega ante él la verdadera causa de la destrucción de los que se
pierden. Creo que nuestro Señor estaba pensando principalmente en los judíos
incrédulos de su tiempo y en la verdadera razón de que le rechazaran. No era
por falta de pruebas de su mesiazgo. Tenían pruebas de sobra. El verdadero
motivo era que no estaban dispuestos a
abandonar sus pecados. En segundo lugar, creo que nuestro Señor tenía en
mente la historia futura de todos los cristianos y la verdadera causa de la
destrucción de todos los que no se salvan en cada época. No es porque haya
falta de luz para guiar a los hombres al Cielo. No es porque Dios carezca de
amor o no quiera salvar. La verdadera razón es que los hombres de todas las
épocas aman sus propios pecados y no quieren ir a Cristo para ser liberados de
ellos.
La expresión “esta es la condenación” es evidentemente
elíptica, y es preciso atribuirle su significado completo. Probablemente
equivalga a decir: “Esta es la causa de
la condenación, esta es su verdadera explicación”. Las siguientes
expresiones elípticas son, en cierto modo, similares, y todas se hallan en 1
Juan: “Esta es la promesa”, “este es el amor”, “esta es la victoria”, “esta
es la confianza” (1 Juan 2:25; 5:3, 4, 14).
[Que la luz vino al mundo]. La cuestión en esta frase es si la “luz” hace referencia a Cristo mismo o a
la luz del Evangelio de Cristo. Me inclino a pensar que nuestro Señor quería
reunir ambas ideas. Ha venido al mundo como una luz, y el Evangelio que ha
traído consigo es como su autor, un fuerte contraste con la ignorancia y la
maldad de la Tierra.
[Los hombres amaron más las tinieblas que la luz]. Las “tinieblas” de esta frase hacen
referencia a las tinieblas morales y mentales: el pecado, la superstición y la
irreligiosidad. Los hombres no pueden ir a Cristo y recibir su Evangelio sin
abandonar todo esto, y lo aman demasiado como para abandonarlo.
[Porque sus obras eran malas]. Esta frase significa que sus hábitos
vitales eran malignos y odiaban por naturaleza cualquier doctrina que exigiera
un cambio de dichos hábitos. Me inclino a pensar que la utilización del pasado
“amaron” en este versículo debiera
interpretarse en un sentido presente, como sucede a menudo en el nuevo
Testamento. El significado será entonces:
“Los hombres amaron, aman y amarán siempre las tinieblas debido a la
corrupción de la naturaleza humana, mientras perdure el mundo”. La frase se
convierte entonces en una solemne descripción del estado de cosas que no solo
se presenciaba entre los judíos durante la estancia de nuestro Señor en la Tierra,
sino que se presenciaría en todas partes hasta el final de los tiempos.
Este versículo merece
particular atención debido a lo profundamente misterioso que parece. Nos habla
de la verdadera razón por que los hombres no van al Cielo y se pierden en el
Infierno. No se nos dice cuál es el origen del mal. Se expresa con claridad la
razón de que los hombres se pierdan.
No hay una sola palabra
acerca de algún decreto de Dios que predestine a los hombres a la destrucción.
No hay una sola sílaba acerca de alguna deficiencia o carencia, ya sea en el
amor de Dios o en la expiación de Cristo. Por el contrario, nuestro Señor nos
dice que “la luz vino al mundo”, que
Dios ha revelado el camino de la salvación de manera suficiente como para que
no tengan excusa si no se salvan. Pero la verdadera explicación de esta
cuestión es que no tienen la disposición o inclinación natural a utilizar esta
luz. Aman sus propios caminos oscuros y corruptos más que los caminos que Dios
les ofrece. Cosechan, pues, el fruto de sus propios caminos y obtendrán
finalmente lo que amaban. Amaban las
tinieblas y serán echados a las tinieblas de afuera. No les gustaba la luz
y, por tanto, serán privados de ella
eternamente. En resumen, las almas
perdidas serán lo que deseaban ser y tendrán lo que amaban.
Las palabras “porque sus obras eran malas” son muy
instructivas. Nos enseñan que, cuando los hombres no tienen amor alguno a
Cristo y su Evangelio y no los reciben, se demostrará al final que sus vidas y
obras fueron malas. Quizá sus hábitos no sean repugnantes e inmorales. Quizá
sean decentes y puros en términos comparativos. Pero el último día demostrará
que en realidad han sido “malos”. Se
demostrará que el orgullo intelectual, el egoísmo, el amor al aplauso humano o
el rechazo a doblegar su voluntad, el farisaísmo o algún otro falso principio
han estado presentes en toda su conducta. De una forma u otra, cuando los
hombres rechazan ir a Cristo, siempre se demostrará que sus obras fueron “malas”. El rechazo del Evangelio estará
siempre vinculado a alguna iniquidad moral. Cuando se rechaza a Cristo, podemos estar completamente seguros de que
hay una cosa u otra en la vida o el corazón que no está bien. Si un hombre
no ama la luz, sus “obras son malas”.
Quizá los ojos humanos no detecten el error; pero los ojos de un Dios
omnisciente sí.
Todo este versículo inspira
una profunda humildad. Muestra la necedad de todas las excusas extraídas de las
dificultades intelectuales para no recibir el Evangelio: la predestinación de Dios,
nuestra incapacidad para transformarnos a nosotros mismos o ver las cosas desde
otro punto de vista.
Este solemne versículo echa
por tierra cualquier excusa de este tipo. Las personas no van a Cristo y prosiguen
inconversas simplemente porque no desean ni quieren ir a Cristo. Aman más
cualquier otra cosa distinta de la luz. Los elegidos de Dios demuestran ser
elegidos “eligiendo” las cosas acordes
a la mente de Dios. Los malvados demuestran ser únicamente aptos para la
destrucción “eligiendo, amando y
siguiendo” las cosas que conducen a la destrucción.
Dice Quesnel acerca de este
versículo: “La mayor desgracia de los hombres no es que estén sujetos al
pecado, la corrupción y la ceguera, sino su rechazo al Libertador, el Médico y
la Luz misma.”
GARY BAUMLER
“Las palabras “amar” y “detestar” nos dicen por qué los incrédulos caen bajo el juicio.
Ellos aman las tinieblas y detestan la luz. Podemos ver los resultados en las
malas acciones que con frecuencia cometen de una manera descarada y que
defienden enérgicamente. Los asesinatos, los abortos, la anarquía, la borrachera,
el adulterio, la impiedad y una gran cantidad de otros pecados atraen a los incrédulos más que Cristo.
En realidad, lo odian porque él se opone a lo que ellos aman.
Los que creen en Jesús viven
en la verdad; la luz brilla sobre ellos, en ellos y a través de ellos. Al ser
atraídos hacia Jesús, llevan a cabo las obras que ponen de manifiesto la
presencia de Dios en su vida.”
LEON MORRIS
“Cuando las personas optan
por las tinieblas, ellas mismas eligen su condena. Se encierran en las
tinieblas; eligen vivir en tinieblas; y
se niegan a ellas mismas la posibilidad de pasar a la luz. ¿Por qué? «Porque sus acciones eran malas».
Inmersas en el círculo de hacer el mal continuamente, no quieren que se las
moleste.
No quieren que se las saque
a la fuerza de la cómoda pecaminosidad en la que viven y a la que ya se han
acostumbrado. Así que rechazan la luz que se les ha acercado, y aman (aoristo) las tinieblas. Por lo que se
condenan a sí mismos. En esta sección hay cierto énfasis en la “luz”.
De nuevo, repitiendo una
palabra, Juan logra transmitir que se trata de algo importante (aparece 5 veces
en los vv. 19-21). En este versículo quizá tiene un doble sentido. Por un lado,
representa el significado metafórico: la “luz”
es el “bien” que se opone a las “tinieblas”, que corresponden al “mal”. Pero además, en este evangelio,
Cristo es la Luz (1:9; 8:12; 9:5), y Juan aquí está hablando de la venida de
Cristo al mundo. La condena principal que recae sobre la gente de sus días se debe
a que, cuando Cristo, la Luz del mundo, les visitó, le rechazaron. Amaron las
tinieblas.
Este es un punto en el que
la enseñanza de los manuscritos de Qumrán difiere de la de este evangelio. En
los manuscritos podemos ver un determinismo rígido y sin esperanza. Los hombres
de la oscuridad pertenecen al espíritu de error. Su destino les priva de poder
tomar una decisión. Pero Juan habla del poder de elección que tenemos las personas.
La gente prefirió las tinieblas a la luz. Nadie les forzó a tomar esa decisión;
ellos mismos optaron por las tinieblas. Su condena radica en la elección que
han hecho.”
SAN AGUSTIN
“¿Qué es practicar tú la
verdad? No halagarte, ni alabarte, ni adularte tú a ti mismo, ni decir que eres
justo, cuando eres inicuo. Así es como empiezas tú a practicar la verdad; así
es como vienes a la luz, para que se muestren las obras que has hecho en Dios.
Porque esto mismo que te hace aborrecer tus pecados no lo habría en ti si no te alumbrara la luz de Dios, si no te
lo mostrara su verdad.
Más el que después de
advertido ama sus pecados, éste odia la
luz que le advierte y huye de ella para que no le reprenda las obras malas que
ama. Mas, en cambio, quien hace la verdad reprende en sí sus malas obras;
no se contempla, no se perdona, para que Dios le perdone. Lo que quiere qué Dios
le perdone, lo reconoce él mismo, y así viene a la luz y da gracias a la luz
porque le muestra el objeto de su odio. Dice a Dios: Aparta tú vista de mis pecados. ¿Con qué cara diría esto si no
dijera a renglón seguido: Porque yo
reconozco mis crímenes y tengo siempre delante de mí mis pecados?
Ten siempre en tu presencia
lo que no quieres que esté en presencia de Dios. Porque, si echas tú a la
espalda tus pecados, Dios te los volverá a poner en presencia de tu vista
cuando ya la penitencia sea sin fruto alguno.
Corred, no sea que os
sorprendan las tinieblas. Estad siempre en vela, hermanos míos, por vuestra
salud; estad siempre en vela mientras dura el tiempo. Ninguno llegue tarde al
templo de Dios, ni se quede atrás en las obras de Dios, ni se retraiga de la
continua oración, ni deje que le roben el fruto y piedad acostumbrados. Estad
en vela mientras dura el día y alumbra el día. Cristo es el día. Cristo está
dispuesto a perdonar, pero a quienes se reconocen y se castigan; mas no a los
que se defienden y se jactan de su justicia y se creen algo siendo nada.
El que anda en su amor y en
su misericordia, libre ya de aquellos mortales y grandes pecados, como son
crímenes, y homicidios, y hurtos, y adulterios, no deja por eso de hacer la
verdad y de venir a la luz con obras buenas, confesando pecados que parecen
pequeños, como son los de la lengua, o del pensamiento, o de la falta de
moderación en cosas lícitas, ya que muchos pecados pequeños, cuando se
descuidan, matan.
Bien pequeñas son las gotas
que llenan los ríos, y dígase lo mismo de los granos de arena: si la carga es mucha,
oprime y aplasta. El mismo efecto
produce un depósito de un barco descuidado por las impetuosas olas; el agua va
penetrando paulatinamente en el depósito, pero, entrando durante mucho tiempo y
no vaciándose, llega a hundir la nave.
¿Qué es vaciar el depósito
sino hacer buenas obras, tales como gemir, y ayunar, y socorrer, y perdonar
para no ser aplastado por el peso de los pecados? ¡Qué difícil es el camino de
este siglo y qué lleno de pruebas con el fin de qué no se ensoberbezca el
hombre en la prosperidad ni se abata en la adversidad! Quien te concede la
felicidad de este siglo, te la concede para tu consuelo, no para corrupción
tuya.
Asimismo, quien te azota en
este siglo, lo hace para corregirte, no para perderte. Sufre al padre que te
enseña, para que no le experimentes como
juez que te castiga. Todos los días os estoy diciendo esto, y está bien que
se repita muchas veces, porque es cosa buena y saludable.”
WILLIAM HENDRIKSEN
“Podríamos parafrasear el
pensamiento del versículo 19 de este modo: Y
con respecto a los que rechazan al unigénito Hijo de Dios, éste es el veredicto
divino: Que Cristo, que es en sí mismo la Luz—el amor y la verdad, y todos los
atributos de Dios, en forma corporal—, a través de la palabra profética y
especialmente por medio de su encarnación, vino a morar con la humanidad caída;
pero, aunque algunos lo aceptaron, la inmensa mayoría prefirieron las tinieblas
morales y espirituales del pecado (ceguera espiritual, aborrecimiento de
los hermanos, etc., véase especialmente 1 Jn. 2:11, pero también 8:12; 12:35,
46; y 1 Jn. 2:8, 9). De hecho amaron
realmente esas tinieblas; y la razón no fue que eran ignorantes por no haber
oído nunca el evangelio, sino más bien que sus obras eran malas.”
MATTHEW HENRY
“Este
versículo apunta a la única causa del destino fatal de los que no se salvan: se
debe a una «preferencia culpable», a una «opción fundamental desviada», contra
la luz santa que Dios es (Jua_1:9; 1Jn_1:5), y a favor de las tinieblas del
pecado. En otras palabras la condenación de una persona no se debe a la
ignorancia inculpable de Dios o del Evangelio, puesto que a todos llega de
algún modo la luz que Cristo ha venido a traer (v. Jua_1:9; Rom_1:20;
Rom_10:18), sino a la rebeldía de los que cierran el paso a la verdad que pugna
por avanzar hasta el corazón (Jua_1:5; Rom_1:18).
Esta
preferencia por las tinieblas no indica que haya en los impíos algún amor a la
luz, aunque inferior al amor que tienen a las tinieblas; el versículo siguiente
nos aclara este extremo. Notemos que el Evangelio es luz y, cuando se proclama
el Evangelio, se enciende una luz en el mundo. La luz se muestra por su mismo
brillo; lo mismo pasa con el Evangelio: muestra su origen divino. La luz
descubre lo que está escondido a la vista. ¿Qué sería del mundo sin luz? Pero
mucho más oscuro estaría el mundo sin la luz del Evangelio. No hay palabras
para expresar la tremenda locura de los hombres que prefieren las tinieblas a
la luz de Cristo.
Los
malvados que estaban apegados a sus concupiscencias preferían su ignorancia y
sus errores a las verdades del Señor. Los miserables pecadores están a gusto en
su enfermedad, a gusto en su esclavitud, y no quieren ser libres ni quieren
estar sanos. La verdadera razón por la que los hombres amaron más las tinieblas
que la luz es «porque sus obras eran malas». ¡No hay situación tan triste como
la del enfermo que, al no querer sanar de su enfermedad, se empeña en no darse
cuenta de ella!
Es
la táctica del avestruz, que esconde la cabeza bajo la arena, y piensa que por
no ver él al enemigo, el enemigo no puede verle a él. La ignorancia culpable,
lejos de excusar de pecado, sólo sirve para agravarlo, pues «ésta es
precisamente la condenación»: que cerraron sus ojos a la luz sin admitir
parlamento con Cristo y con el Evangelio. Hemos de dar cuenta en el juicio, no
sólo de lo que hemos pecado contra lo que conocíamos, sino también por no
querer conocer lo que debíamos saber.”
MARTIN LUTERO
“Estar
hundido en pecado y tinieblas no es en sí mismo lo peor que nos puede ocurrir
porque nacimos en pecado. Pero es una lástima que Cristo se vea obligado a
decir: «La gente se complace en las tinieblas y ama el pecado». La Luz
apareció, pero el corazón del hombre prefiere las tinieblas, persigue la luz y
ama la oscuridad. Se complace en caminar por la oscuridad y evita la luz.
En
primer lugar, ello pertenece a los que buscan servir a Dios con falsa
adoración. No pueden soportar oír que han de ser redimidos y perdonados a
través del Hijo de Dios y que su modo particular de orar no vale nada.
Asimismo, tampoco tolerarán que se les reprueben sus malas acciones.
El
papa pertenece a esta categoría. También está aferrado a las reglas, órdenes,
conventos y otras mentiras y se adhiere a todo ello tan tenazmente, que el
resultado es el odio y la persecución de Cristo, el Hijo de Dios. Es evidente
que no reconoce este odio, al contrario, declara que ama al Hijo de Dios y cree
en Él, pero sus obras desmienten lo que afirma.
En
vista de las numerosas vilezas humanas, no sorprende que no sólo peque y caiga
en las tinieblas, sino que también defienda su pecado. Pecar y errar es
comprensible por culpa de la debilidad humana, en especial si la fe es débil
todavía; pero tolerar y tratar de justificar una caída y no reconocerla como
tal, sino que decir que está perfectamente bien, es diabólico. Cuando Adán pecó
en el Paraíso, mantuvo una larga discusión antes de confesar finalmente su
falta. Echó la culpa a Eva, ésta a su vez culpó a la serpiente. Adán se mostró
muy renuente en confesar: «He pecado». Constituye la característica propia del
diablo negarse a admitir que se ha pecado y tratar de justificarlo. A la gente
le disgusta oír: un adúltero, un usurero, un beodo.
No
sólo no desean ser reprendidos, sino que atacan a los predicadores aún cuando
sepan muy bien que están pecando. No es mero pecado humano cuando uno peca y al
mismo tiempo trata de justificar su pecado; no, el diablo tiene mano en esto y
convierte el pecado humano en diabólico. Porque si al diablo le fuera posible
exclamar: «¡Señor, he pecado!», de inmediato recuperaría su estado de ángel de
luz y sería salvo. Pero esto está fuera de cuestión, porque el diablo sigue insistiendo
en que tiene la razón y que quien se equivoca es Dios.
Tomemos
como ejemplo de algo que tiene que ver con vuestra vida cotidiana. Si hay algo
que se estropea y vosotros, como amos de la casa, os enojáis y preguntáis la
causa, recibiréis la respuesta unánime: ¡Nadie tiene la culpa!», nadie
reconocerá su responsabilidad en el hecho y sin embargo, el daño ha sido hecho
y vuestro enojo sigue en pie. Algunas veces se atrapa a un sirviente en el
momento y sin embargo, sigue negándolo. Si hubiera confesado la culpa de
inmediato, su amo le hubiera perdonado. Pero el diablo y la muerte son traídos
al mundo por don Nadie.
Como
resultado, el hombre es tan bajo y vil que incluso echa la culpa a otros; si
confesara su pecado, probablemente hallaría la inmediata misericordia divina y
el amor de Dios. ¿Por qué el Señor nos negaría su amor si aceptamos de buena
gana la cruz? Pero el rechazo hace que el pecado aumente siete veces su
gravedad, lo multiplica infinitamente y sin medida. Fue el lema de queja y de
lamento de todos los profetas. Moisés llamó a los hijos de Israel «nación
terca, contumaz y desobediente, inclinada a no obedecer a Dios».
Salm_78:8
expresa una queja similar y así ocurre con Jer_5:3 y Eze_2:4. Y en Hechos_7:51
Esteban echa en cara a los judíos: «siempre resistís al Espíritu Santo». El
diablo sigue el mismo modelo. Lo niega todo y convierte el pecado en siete
veces más grave. Si un niño pudiera decir a su padre: «He cometido una falta,
¡perdóname!, sería perdonado. Pero en lugar de ello, el niño lo niega y así
convierte en siete un solo pecado, aumentado, además, por la mentira al
negarlo. Por otra parte, si se confesara la falta y se dijera: ¡He hecho esto!,
permanecería en el seno de la luz y se convertiría en un ángel luminoso.
Pero
nadie expulsa al don Nadie de la casa, ni del gobierno secular, ni de la
iglesia, mucho menos lo mandará al infierno. Adán fue este don Nadie cuando
declaró: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí»
(Gen_3:12), y así don Nadie trajo la ruina a todos. Dios ordenó a Saúl
exterminar a los amalecitas insistiendo en que no podría sobrevivir ni la
pezuña de una cabra.
Pero
Saúl desobedeció. Mató a la gente, pero se quedó el ganado más fino; dominado
por la avaricia no destruyó las piezas mejores. Y cuando el profeta Samuel se
lo reclamó preguntándole por qué no había sacrificado aquellos animales,
replicó: «El pueblo los guardó para sacrificarlos al Señor nuestro Dios».
Samuel se enfureció tanto que pronunció un juramento terrible sobre Saúl
diciendo: «¿Qué le importa a Dios tu sacrificio? Él pide obediencia, no
sacrificios de animales». Y cuando Saúl continuaba justificando y defendiendo
su decisión, cayó sobre su cabeza el cargo de desobediencia.
Fue
informado de que Dios rechazaba la desobediencia como un pecado semejante a la
idolatría y brujería (1Sa_15:1-31). Si Dios me ordena hacer una cosa y yo hago
otra, y encima intento justificarme, realmente estoy cometiendo brujería. Y a
decir verdad, aún no nos hemos curado de esta costumbre. Si Saúl hubiera dicho:
«Olvidé la orden, me equivoqué», se le hubiera perdonado el pecado.
David
fue mucho más sabio. Declaró: «He resuelto en mi corazón no amar las tinieblas,
sino confesar mis transgresiones». Y cuál fue el resultado. En Psa_32:5 leemos:
«Y tú perdonaste la maldad de mi pecado»; cuando cometió adulterio y mandó
matar a Urías y Natán se le acercó con la pregunta: «¿Qué has hecho?», David
replicó: «He pecado contra el Señor» y Natán manifestó: «También Jehová perdona
tu pecado» (2Sa_12:13).
Ya
es suficientemente malo negarse a admitir el propio pecado cuando realmente
creo que el Hijo de Dios se nos otorgó como el hombre que perdona el pecado.
Pero el diablo, no nos deja detenernos ahí, está a nuestro lado cuando nos
defendemos como don Nadie. Cometer un pecado y negarlo o intentar justificarlo
no es humano, sino propio del diablo y enseña una verdadera cola de dragón. Si
no estuviéramos afectados por este veneno, nuestra condición no sería tan
desesperada.
¡Cuánto
no hemos gastado en misas, con cuánta frecuencia hemos peregrinado, cuántas
veces hemos acudido a los santos! Y ahora que vivimos en la amorosa relación
con Dios, continuamos siendo incapaces de abrir la boca y decir: «¡Oh, he
pecado!», aun a sabiendas que estas palabras nos obtendrían la remisión.
Cuando
la Luz nos dice: ¡Eres malvado y pecador!, debéis reconocerlo y contestar:
cierto!», y se os perdonarán los pecados. Pero no acabamos de decidirnos;
cuando deberíamos estar dispuestos a caminar 2.000 millas, hasta el fin del
mundo, para adquirir el consolador conocimiento de que los pecados nos son
perdonados. Pero cuando esta consolación se nos presenta a la puerta de casa,
nos burlamos de ella y seguimos al diablo que afirma tener la verdad y no Dios,
además de poseer la habilidad de convencernos de que nosotros hemos de ser
nuestro dios; también le seguimos cuando toleramos el pecado por el que se nos
reprueba.
Preguntaos
si sois capaces de dominar vuestro enojo cuando se ha estropeado algo en
vuestra casa y todo el mundo defiende su inocencia. Ningún padre tolerará una
cosa semejante de su hijo, hija o sirviente. Pero en la realidad, al dueño se
le acusa de injusticia, los sirvientes desean mandar en casa y la sirviente dar
órdenes a su dueña. Así el diablo desea ser el Dios de los cielos. No puede
reconocer su pecado por defender que es el Dios de los cielos quien se halla en
el error y que merecería estar en el infiero.
Puede
ocurrir que pequemos por humana debilidad porque nacemos en pecado, en
ignorancia de Dios y en ira contra el Señor. Desafortunadamente es algo
corriente. Pero guardaos de agravarlo con el odio y la enemistad a Dios y su
Palabra y con la negación de su pecado.
Por
tanto, Cristo dice con toda veracidad: «Este es el juicio: la raza humana en su
ceguera niega su pecado aunque Cristo vino al mundo para eliminarlo». Pero el
problema real es que se toma a Cristo por diablo. El hombre pretende ser justo
y ser Cristo; porque Cristo no es aceptado por el hombre. No es suficiente con
que Cristo cargue con el pecado del hombre, también debe dejar que le llamen
injusto y le condenen. Esto es hacer las cosas tres veces peores y pecar siete
veces.
Cada
uno de nosotros ha de estar dispuesto a ser castigado por los pecados cometidos
bajo el papado y por la falsa adoración que practicamos allí. Hay que aceptar
la verdad y admitir los fallos. Si lo hacemos, la gracia y el perdón serán
nuestros. Como dijo David en Psa_32:5 : «Mi pecado declaré y no encubrí mi
iniquidad». En Psalms 51 hallamos una confesión similar. Saúl, sin embargo, no
reconoce su pecado. Hace a Dios mentiroso e ignora su Palabra; esto es
convertir al diablo en un dios; debemos cultivar el hábito de decir la verdad
de buena gana.
Los
escritores alaban a los turcos por su veracidad; relatan que admiten de
inmediato la verdad y no intentan defenderse con la excusa de ser don Nadie. Si
atrapan a un turco en el acto, dice: «Sí, lo he hecho». Puede sentirse
avergonzado, pero confesará la verdad. Es una vergüenza y una desgracia que los
turcos, los archienemigos de Cristo el Señor, tengan el honor y la gloria de
ser superiores a los cristianos en el reconocimiento de la verdad, además de
educar a su gente y a sus hijos en esta virtud. Constituye una excelente
disciplina cívica enseñar a los niños a no mentir, ni negar nada erróneo que se
haya cometido. Es posible que posean otras características dignas de elogio; en
realidad, no hay nadie tan malo que no albergue algo bueno. Nosotros los
cristianos hemos de esforzarnos en imitar este ejemplo y cultivar el hábito de
la veracidad.
Así
que este es el juicio: el mundo niega sus pecados, incluso los defiende y así
el pecado crece por siete. Nosotros, en cambio, nos arrepentimos y confesamos
nuestra desobediencia y aceptamos a Cristo. Si el pueblo aceptara la Luz,
pensarían como yo y dirían: «Fui un monje y un idólatra durante aproximadamente
quince años. Me equivoqué y deseo reformarme». Si todos hicieran esto, sus
pecados les serían perdonados.
Muchos
de nosotros lo hacemos, otros son obstinados y alegan: «¿Acaso esta gente posee
el monopolio del conocimiento?» y así, permanecen en las tinieblas y las
defienden y odian y persiguen a la Luz. Nosotros también tenemos gente así en
nuestro medio. No sólo pecan, sino que niegan su pecado, lo justifican y
rechazan cualquier crítica hasta el punto que incluso esperan se les honre y se
les disculpe su maldad. Esta es la obra del diablo a quien le gustaría
extinguir la Luz.
Cuando
un predicador observa que el vicio reina en una ciudad, no puede dejar de
denunciarlo ni predicar para halagar a los autores de vicios como la
fornicación, la avaricia, la usura, la mentira y el engaño porque sería
despojar a la gente de la luz. Si un predicador criticara a un panadero por
estafa en el peso del pan, se tomaría como una calumnia, igual que si se
aplicara a los zapateros, sastres, carniceros y los demás oficios. No basta con
que pequen, se niegan a admitirlo y se defienden contra la acusación.
De
este modo, manifiestan su amor por las tinieblas. Os exhorto a volver a Dios y
cambiar vuestros modos de pensar. Si habéis pecado, humillaos y confesad: «He
estafado en el peso del pan, en el futuro no lo repetiré». No os neguéis a
admitir la luz, pero si rechazáis la reprobación, os invito a subir a este
púlpito y predicar en mi lugar. Es mi deber ser un predicador de la luz y
señalaros vuestros pecados. Nos lamentamos grandemente de que cada rincón de la
ciudad se haya convertido en una cloaca. Vigilad. Si deseáis ser hijos de la
luz, debéis seguir el camino que ilumina, abandonar los malos hábitos y dejar
de refunfuñar y estar de mal humor. Si no queréis oírnos, abandonad la iglesia.”
W. PARTAIN – B. REEVES
“Porque sus obras (acciones, LBLA) eran malas. -- Jesús no se refiere
solamente a la borrachera, el homicidio, el hurto, etc., sino también a las tinieblas religiosas e intelectuales
(2Co_10:3-5). Los fariseos, saduceos, escribas y ancianos -- los líderes del
pueblo de Israel -- estaban en tinieblas y resistían a Cristo y a los apóstoles
porque amaban las tinieblas. Habían aprendido lo que las Escrituras dicen, pero
no tenían corazones buenos y honestos (Luc_8:15; Hch_17:11). Los hombres que no
obedecen al evangelio no pueden disculparse diciendo que no entienden la
voluntad de Dios. Su problema no es intelectual sino moral. No aman la verdad,
2Ts_2:10-12.”
WILLIAM BARCLAY
“Aquí
nos enfrentamos con una de las aparentes paradojas del Cuarto Evangelio, la del
amor y el juicio: Acabamos de meditar sobre el Amor de Dios, y ahora, de
pronto, nos encontramos frente a la idea del juicio y la condenación. Juan
acaba de decir que fue porque Dios amaba al mundo de tal manera por lo que
mandó a Su Hijo al mundo. Más adelante nos presentará a Jesús diciendo: «Para
juicio he venido Yo a este mundo» (Jua_9:39). ¿Cómo es posible que sean verdad
las dos cosas?
Es
totalmente posible ofrecerle a una persona una experiencia nada más que por
amor, y que esa experiencia provoque su juicio. Es totalmente posible ofrecerle
a una persona una experiencia que no se pretende que produzca nada más que
alegría y bendición, y sin embargo se convierta en un juicio. Supongamos que
amamos la buena música y nos sentimos más cerca de Dios en medio de la marea
estruendosa de una gran sinfonía que en ninguna otra situación.
Y
supongamos que tenemos un amigo que no sabe nada de tal música y queremos
introducirle en esta gran experiencia, compartirla con él, y ponerle en
contacto con la belleza invisible de la que nosotros disfrutamos tanto. No
tenemos otra intención que la de darle a nuestro amigo la felicidad de una gran
experiencia. Le llevamos a un concierto; y a poco de empezar le vemos inquieto,
paseando la mirada por toda la sala, obviamente aburrido. Ese amigo se ha
dictado su propia sentencia de no tener cabida en el alma para la buena música.
La experiencia diseñada para producirle una nueva felicidad se ha convertido en
algo que no es sino un juicio.
Esto
nos sucede siempre cuando nos vemos confrontados por la grandeza. Puede que se
trate de contemplar una gran obra de arte pictórico, o de escuchar a un gran
orador, o de leer un gran libro. Nuestra reacción es nuestro juicio. Si no
apreciamos la auténtica belleza ni sentimos emoción estética es que somos
insensibles a esa forma de arte.
Cierto
turista estaba visitando un gran museo en el que abundaban las obras maestras
de un valor incalculable, de belleza intemporal y de indiscutible genio. Al
final del recorrido, dijo al guía: «¿Sabe lo que le digo? Que no me parecen
gran cosa sus viejas pinturas.» A lo que contestó reposadamente el guía:
«Caballero, le recuerdo que estas obras no están en tela de juicio; pero los
que las contemplan, sí.»
Todo
lo que había mostrado la reacción de aquella persona era su propia lamentable
ceguera. Su juicio despectivo se había vuelto contra sí misma.
Y
eso es lo que nos pasa en relación con Jesús. Si ante Su presencia el alma
responde a Su maravilla y belleza, se está en el camino de la salvación. Si
ante Su figura no vemos nada amable, estamos condenados. Nuestra reacción nos
ha salvado o nos ha condenado. Dios envió a Jesús por amor. Le envió para
nuestra salvación, pero lo que se hizo por amor ha resultado para condenación.
No es Dios el Que condena; Dios solamente ama; es cada uno el que se condena a
sí mismo.
El
que reacciona hostilmente ante Jesús es que prefiere la oscuridad a la Luz. Lo
terrible de las personas que son buenas de veras es que siempre producen un
cierto elemento inconsciente de condenación. Esto sucede porque, cuando nos
comparamos con ellas, nos vemos tal como somos en realidad. Alcibíades era un
genio malogrado, un compañero de Sócrates, al que decía a veces:
"¡Sócrates, te odio porque siempre que te encuentro me haces verme como
soy en realidad!» El que está metido en negocios turbios no quiere que se le
dirija el reflector; pero el que lleva las cosas claras no le tiene ningún
miedo a la Luz.
Una
vez le vino un arquitecto a Platón a ofrecérsele para hacerle una casa cuyas
habitaciones no se pudieran ver desde ningún sitio. Platón le dijo: "Te
daré el doble si me haces una casa cuyas habitaciones se puedan ver desde todas
partes.»
Es
sólo el malhechor el que no se quiere ver a sí mismo ni que nadie le vea. Una
persona así es inevitable que aborrezca a Jesucristo, Que le hará verse tal
como es, que es lo último que quiere ver. Prefiere sentirse arropado por la
oscuridad antes que descubierto por la Luz.
Por su reacción ante Jesucristo, una persona se revela y su alma queda al descubierto. Si Le recibe con amor y con anhelo de mejorar, hay esperanza; pero si no ve nada atractivo en Jesús, se condena a sí misma. El Que le fue enviado por amor Se le ha convertido en un juicio.”
|
CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA
INCREDULIDAD DEL HOMBRE (JOHN OWEN) |
|
|
CAUSAS |
EXPLICACION |
|
Prejuicios
que han adoptado, en base a principios e intereses corruptos. |
Esto
encerró a la mayoría de los judíos de antaño bajo su incredulidad. Habían
recibido muchos prejuicios contra la persona de Cristo, que en todas las
ocasiones expresaron; y por eso se ofendieron con él y no creyeron. Que era
pobre, que había salido de Galilea, que los gobernantes y maestros de la
iglesia lo rechazaban, y conspiraban contra él. Así también lo habían hecho
en contra de su doctrina, y eso principalmente sobre dos principios falsos;
uno de justificación por las obras de la ley, como nuestro apóstol declara directamente,
Rom. 9:31, 32, 10: 3; los otros, de la perpetuidad o inmutabilidad de las
instituciones de Moisés, de las que trata el apóstol en romanos. Y estos
prejuicios surgieron en parte de su orgullo de buscar la justicia por las
obras de la ley, y en parte de un deseo corrupto de cosas terrenales,
riquezas, dominio y riquezas, que esperaban con y por su Mesías. En general.
Éstas fueron en muchos casos las causas inmediatas de su incredulidad, como
se manifiesta en todas partes en el evangelio. Y así es con muchos en todo
momento. Los prejuicios contra los predicadores del evangelio por diversas
razones, y contra su doctrina, ya sea como inútil, o falsa, o ininteligible,
o algo que no saben qué, que no les gusta, les impide prestar atención a la
palabra y creer. Ver Juan 5:44. |
|
Obstinacion
en la Voluntad del hombre. |
Así
nuestro Salvador les dice a los fariseos, Juan 5:40, "No queréis venir a
mí para que tengáis vida". No es la perversidad y obstinación que hay en
la voluntad de todos los hombres por naturaleza lo que nuestro Salvador
pretende aquí, sino una perversidad especial en ellas, que surge de una
envidia especial y un odio hacia Cristo y su doctrina. Por tanto, no sólo no
lo recibieron, lo que podría ser acusado de su natural impotencia, sino que
realizaron un acto positivo de su voluntad al rechazarlo y oponersele. Y por
esta razón, la culpa de la incredulidad de los hombres se resuelve
absolutamente en su propia voluntad. Y ya sea que se descubra o no, esta es
la condición de muchos en todos los tiempos y estaciones. |
|
El amor
al pecado. |
Juan
3:19, "Esta es la condenación: que
la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,
porque sus obras eran malas". La luz del evangelio se lleva a un
lugar o pueblo; se acercan tanto a ella que descubren su fin y su tendencia;
pero tan pronto como descubren que tiene como objetivo separarlos de ellos y
de sus pecados, ya no quieren tener más que ver con eso. Y por esta razón, la
condenación sigue a la predicación del evangelio, aunque su propio fin
apropiado sea la salvación y eso solo. Y esta es la forma común de la ruina
de las almas: no les gustan los términos del evangelio, debido a su amor por
el pecado; y así perecen en y por sus
iniquidades. |
|
La
ignorancia necia. |
Ésta surge de la posesión de la mente de los
hombres con otras cosas, inconsistente con la fe y la obediencia del
evangelio, a través de la astucia y la perfidia de Satanás, que es otra causa
de esto. Así nos dice nuestro apóstol, 2 Cor. 4:4, que "el dios de este mundo cegó el
entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del
glorioso evangelio de Cristo, que es la imagen de Dios". Es cuando
las mentes de los hombres se iluminan con la luz del evangelio cuando creen;
porque por esa luz se produce la fe. ¿Cómo se obstaculiza esto, cómo se
obstruye? Es por la oscuridad y ceguera de sus mentes. ¿Qué oscuridad es
esta, la que es natural y común a todos? No, sino lo que de una manera
peculiar es traído y reflejado en la mente de algunos hombres por el arte y
los engaños del dios de este mundo; es decir, a través de sus tentaciones y
sugerencias, llena y posee sus mentes con las cosas de este mundo (de donde
se le llama aquí peculiarmente "el dios de este mundo"), que se
mantienen en una ignorancia estúpida y brutal de la espiritualidad y sus
cosas. Y esto les impide creer. |
|
Estos
son algunos de los muchos ejemplos que pueden darse de las causas inmediatas
de su incredulidad privativa, que consiste en rechazar o no recibir las
verdades del evangelio, cuando se proponen debidamente a la mente de los
hombres. Y esto aclara completamente la santidad y justicia de Dios en sus
juicios contra los incrédulos finales e impenitentes a quienes se predica el
evangelio; porque como esa impotencia que hay en ellos naturalmente es
culpable, y no es excusa para ellos para no creer debido a sí mismos que no
podrían hacerlo, ya que es por su propia falta que son llevados a esa
condición, así cada uno en su propia persona que no cree, por un acto
voluntario de su voluntad, rechaza el evangelio, y eso con principios tan
corruptos que nadie puede negar que es su pecado. |
|

No hay comentarios:
Publicar un comentario