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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 16 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. |
Porque
tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que
cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. |
Porque
de tal manera amó DIOS al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo
aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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ουτωςG3779 ADV γαρG1063
CONJ ηγαπησενG25 V-AAI-3S οG3588 T-NSM θεοςG2316 N-NSM τονG3588 T-ASM
κοσμονG2889 N-ASM ωστεG5620 CONJ τονG3588 T-ASM υιονG5207 N-ASM αυτουG846
P-GSM τονG3588 T-ASM μονογενηG3439 A-ASM εδωκενG1325 V-AAI-3S ιναG2443 CONJ
παςG3956 A-NSM οG3588 T-NSM πιστευωνG4100 V-PAP-NSM ειςG1519 PREP αυτονG846
P-ASM μηG3361 PRT-N αποληταιG622 V-2AMS-3S αλλG235 CONJ εχηG2192 V-PAS-3S
ζωηνG2222 N-ASF αιωνιονG166 A-ASF |
ουτως G3779:ADV Así γαρ G1063:CONJ
porque ηγαπησεν G25:V-AAI-3S amó ο G3588:T-NSM el θεος G2316:N-NSM Dios τον
G3588:T-ASM a el κοσμον G2889:N-ASM mundo ωστε G5620:CONJ de modo que τον
G3588:T-ASM a el υιον G5207:N-ASM Hijo τον G3588:T-ASM a el μονογενη
G3439:A-ASM unigénito εδωκεν G1325:V-AAI-3S dio ινα G2443:CONJ para que πας
G3956:A-NSM todo ο G3588:T-NSM el πιστευων G4100:V-PAP-NSM confiando εις
G1519:PREP hacia dentro αυτον G846:P-ASM a él μη G3361:PRT-N no αποληται
G622:V-2AMS-3S sea destruido αλλ G235:CONJ sino εχη G2192:V-PAS-3S esté teniendo
ζωην G2222:N-ASF vida αιωνιον G166:A-ASF eterna |
sic enim dilexit Deus
mundum ut Filium suum unigenitum daret ut omnis qui credit in eum non pereat
sed habeat vitam aeternam |
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KJV |
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For God so loved the
world, that he gave his only begotten Son, that whosoever believeth in him
should not perish, but have everlasting life. |
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TCB |
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Porque
de tal amó Dios. Luc_2:14; Rom_5:8; 2Co_5:19-21; Tit_3:4; 1Jn_4:9,
1Jn_4:10, 1Jn_4:19. Que
ha dado a su Hijo. Jua_1:14, Jua_1:18;
Gén_22:12; Mar_12:6; Rom_5:10; Rom_8:32. Todo
aquel que en él cree. Jua_3:15; Mat_9:13;
1Ti_1:15, 1Ti_1:16. |
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COMENTARIOS:
JOHN PIPER
“Vayamos,
por tanto, a las siete grandes palabras que aparecen en el versículo 16.
1.
Dios
“Porque
de tal manera amó Dios…” No hay razón
para pensar que Jesús se refiere a un Dios diferente al del Antiguo Testamento.
Él es el Creador Todopoderoso, y Sustentador del universo. Él es personal y no
una simple fuerza, es decir: Él piensa,
desea y siente. Él ama y aborrece. Y como persona, es moral; es decir, Él
trabaja con nosotros en términos de lo que es correcto e incorrecto, bueno y
malo. Y como persona moral, Él es invariablemente justo. Él solo hace lo que es
correcto. Y la infinita dignidad de su esencia define lo que es correcto. Hacer
lo correcto es pensar y sentir y actuar de acuerdo con (en armonía con) la
dignidad infinita de Dios.
Todos
fuimos hechos por este Dios, y nuestro deber supremo y primero, y nuestra razón
de ser, es honrarle y darle gracias (Romanos 1:21). Todos hemos fallado, y
todos estamos bajo su justo desagrado. Esto es lo que hace que Juan 3:16 sea
tan necesario y precioso. Describe la manera en que Dios actúa para rescatarnos
de esta condición.
2.
Mundo
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo…” El
significado más común para mundo en Juan
se refiere a toda la humanidad creada y caída. Juan 7:7: “El mundo no puede odiaros a vosotros, pero a mí me odia, porque yo doy
testimonio de él, que sus acciones son malas” Juan 14:17: “… el Espíritu de verdad, a quien el mundo no
puede recibir, porque ni le ve ni le conoce.”
Así
es como Juan utiliza la palabra mundo aquí. Se refiere a toda la humanidad
caída que necesita salvación. El “mundo” es el número incontable de personas
que se pierden, al cual se refiere la frase “todo aquel” en la segunda parte
del versículo: “… para que todo aquel que
cree en El, no se pierda.” El mundo es el gran océano de pecadores que se pierden,
de allí viene todo aquel.
3.
Dio
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que dio…”
Es necesario hacer dos aclaraciones relacionadas con esta acción de dar.
Primero, esta es una dádiva que viene del cielo. Y segundo, esta es una dádiva,
no sólo para venir a la tierra, sino para morir. El versículo 17 reemplaza la
palabra dio con envió. Porque Dios no
envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo
por El.” Así que la dádiva del versículo 16 es el envío de su Hijo hacia el
mundo, en una misión celestial.
En
Juan 10:17–18, vemos cuál es clímax de esa misión del Padre. Jesús dice:” Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi
vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia
voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo.
Este mandamiento recibí de mi Padre.” La última oración muestra que el Padre
envió al Hijo para que el Hijo diera su vida. “…la doy de mi propia voluntad.…
Este mandamiento recibí de mi Padre.”
Así
que cuando Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio…,” la acción de dar
representa a Dios enviando a su Hijo a la tierra, a una misión para morir. Es tan
sorprendente (sólo que un millón de veces más) como si usted le dijera a su
hijo: “hay algo que quiero que hagas por mí: tengo algunos enemigos que merecen
morir, y quiero que vayas y mueras en lugar de ellos, para que ellos puedan
tener vida eterna.” No importa todo que usted sepa acerca de Dios, asegúrese de
saber que Él es así.
4.
Hijo
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito…” Los musulmanes, y otros, tropiezan con la idea de
que Dios tenga un Hijo. Déjenme mencionar unas pocas verdades que son claras en
el Evangelio de Juan, aunque sean misteriosas. A fin de tener un Hijo, Dios no
tuvo relaciones sexuales con María. Vuelva al capítulo 1 donde Juan nos da una
explicación básica de quién es el Hijo de Dios.
Juan
1:1: “En el principio existía el Verbo, y
el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” Así que aquí Juan nos
presenta al Verbo. Y nos dice tres verdades sobre Él. Una, Él es Dios. “el Verbo estaba con Dios.” Dos, Él está con Dios, y por tanto, es diferente de Dios. “…el Verbo era Dios.” Y tercero, Él existía, por tanto, siempre fue y nunca vino a ser. “En el principio existía el Verbo.”
Luego
vea el versículo 14: “Y el Verbo se hizo
carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito
del Padre.” Este versículo nos aclara tres verdades.
Primero,
el Verbo de Dios a que se refería el versículo 1, es el Hijo de Dios. “El Verbo se hizo carne… vimos su gloria,
gloria como del unigénito del Padre.…”
Segundo,
Dios, con quien estaba el Verbo, y quien es diferente del Verbo, es Dios el
Padre. Él es “el unigénito del Padre.”
“En el principio existía el Verbo, y el
Verbo estaba con Dios.” Él estaba con Dios el Padre.
Tercero,
por tanto, Jesús es el Hijo de Dios, no porque el Padre tuviera sexo con María,
sino porque el Hijo siempre existió, sin comienzo, como “el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza”
(Hebreos 1:3). Él es totalmente Dios. Y el Padre es totalmente Dios. Y junto
con Dios el Espíritu, ellos son un Dios, una naturaleza divina. Una esencia y
tres personas en una relación eterna, perfecta, gozosa.
5.
Cree
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que cree…” Cuatro
observaciones sobre esta fe.
Primero,
significa que no todos se beneficiarán de lo que Jesús vino a hacer. Pero “todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas
tenga vida eterna.” El resto perecerá, y no tendrá vida eterna.
Segundo,
la palabra misma significa aceptar algo como cierto; y cuando se refiere a una persona,
implica confiar en ella en lo que en esencia es esa persona, y hacer lo que
ella dice hacer.
Tercero,
Juan 1:11–12 muestra que otra palabra que Juan tiene para explicar –cree es recibir. “A lo suyo vino (Jesús), y los
suyos no lo recibieron. Pero a todos
los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es
decir, a los que creen en su nombre.” Por tanto, recibir a Jesús y creer en Jesús son frases intercambiables.
Cuarto,
si preguntamos: “¿Recibirle como qué?, la respuesta sería: “Recibirle como lo
que Él es”. Por ejemplo, en Juan 6:35, Jesús dice: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que
cree en mí nunca tendrá sed.” Así que aquí, creer significa venir a Jesús
y recibirle como la comida y bebida que satisface nuestras almas.
Esta es una de las razones por la que digo que debemos recibirle como nuestro
Tesoro (Mateo 13:44). Y por esto es que la fe es tan transformadora.
6.
Pierda
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que cree en Él, no se pierda…”
Lo más evidente y más importante, es ver que perderse es la alternativa a la
vida eterna (“… no se pierda, mas tenga
vida eterna.” Por tanto, si usted perece, no tendrá vida eterna.
Otra
verdad que queda clara aquí es que el versículo 18 describe la perdición como
un estado de condenación. “El que cree en
Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado.” Y ello
significa que la sentencia judicial de la ira de Dios está sobre nosotros como
pecadores y permanece sobre nosotros. Lo vemos en Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna;
pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios
permanece sobre él.” Así que ya estamos bajo condenación a causa de nuestro
pecado e incredulidad. Y perdernos
significa permanecer eternamente bajo la ira de Dios. Usted no puede imaginar
algo peor que tener al Dios omnipotente oponiéndosele eternamente con una ira
justa. Ese es el significado de pierda.
7.
Vida
“Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida
eterna.” Esto no sólo significa que usted existirá eternamente. Todo el mundo
existe eternamente. Pero no todo el mundo tiene vida eterna. Esta vida significa, primeramente, que
nacemos nuevamente y tenemos vida espiritual. Por Juan 6:63 sabemos que “El Espíritu es el que da vida”. Y
sabemos por 1 Juan 5:11 que “esta vida
está en su Hijo “el Hijo de Dios.” Esta vida es vida para Dios; vida que puede
ver y disfrutar a Dios como glorioso, y a toda su creación de la manera en que
Él quiso que fuera disfrutada.
Por
tanto, al creer ocurre que, mediante esa fe, el Espíritu Santo nos une a
Cristo, en quien hay vida. Y, en ese instante, nacemos de nuevo, creemos, somos
unidos con el Hijo de Dios, y tenemos su vida. Y por ser vida del Hijo de Dios,
permanece para siempre. “Yo soy la
resurrección y la vida [dijo Jesús]; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y
todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Juan 11:25–26).
Jesús
Da Vida; y Muere en Nuestro Lugar
Y,
en este punto, no olvide lo que vimos con relación a la palabra dio. “Porque de tal manera amó Dios al
mundo, que dio…” Significando dio para
morir. Como Jesús murió en nuestro lugar bajo la ira de Dios, nosotros no
nos perdemos bajo la ira de Dios. Él era “el
Cordero de Dios,” el sacrificio entregado en nuestro lugar, quien llevó
nuestro pecado y nuestro castigo (Juan 1:29, 36).
Por
tanto, tenemos vida eterna porque Cristo murió en nuestro lugar, y porque en Él
está la vida. Él elimina el gran obstáculo de la ira de Dios, y suple la vida
eterna que no tenemos en nosotros mismos.
¿Es
ésta la Vida que Usted Disfruta?
Lo
que nos deja sólo una pregunta: ¿Vive
usted en el perdón y en la libertad de Juan 3:16? ¿Ha sido usted liberado
del temor de la muerte? ¿La incertidumbre de ser amado así moldea sus
relaciones interpersonales? No estoy preguntándole si se sabe este versículo.
Pero,
¿lo cree? ¿Es ésta su vida? ¿Acaso todo lo que hace está permeado con este versículo?
Quiera Dios concederle una fe así. Crea en esta promesa de Juan 3:16. Reciba el
tesoro de Cristo, y viva.”
ISAAC AMBROSE
“Considere
la misión del Espíritu Santo: "Cuando
ascendió a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres".
Él dio dones, o el don de dones, el don del Espíritu Santo: ¡Oh alma mía, considera
este don principesco de Cristo! Nunca antes había existido tal regalo, pero
cuando Dios dio a su Hijo: "Tanto
amó Dios al mundo, que dio a su Hijo"; y tanto amó Cristo al mundo que
dio su Espíritu.
Pero
considere especialmente a quién se le dio este Espíritu; la aplicación del don
es el alma misma de tu meditación: "Se
nos ha dado un Hijo", dijo el profeta; y, "para nosotros El
Espíritu Santo es dado ", dice el apóstol. Y, sin embargo, sobre todo,
considera las razones de este don en referencia a ti mismo; ¿no fue para
convertirte en un templo del Espíritu Santo? ¡Permanece un rato en esto!
Admira, oh alma mía. ¡Por el inefable amor de Cristo en esto! Era un amor
infinito descender a nuestra naturaleza; pero esto es más, descender a tu
corazón por su Espíritu Santo: se acercó a nosotros entonces, pero se acerca
ahora, porque ahora se une a tu persona, ahora viene y habita en tu alma por su
Espíritu; ¡ven! Aquí está lo que satisfará tus vastos deseos: "Cristo está en ti por su Espíritu.”
JOHN OWEN
“Cuando
la sabiduría, la bondad, el amor, la gracia y la misericordia divinas se pongan
a trabajar, ¿qué no lograrán? Y el efecto de ellos lo establece la Escritura en
estas expresiones: "Y amó Dios al
mundo"; "Dios nos
encomienda su amor"; "Nadie
tiene mayor amor que este"; "Riquezas
de gracia"; "Tesoros de
sabiduría"; "Supereminente
grandeza de poder"; y similares. En esto Dios será glorificado y admirado por toda la
eternidad. Y en la contemplación de esto debemos ejercitarnos aquí y en el más
allá; y así podamos crecer a la imagen de Dios en Cristo, 2 Cor. 3:18. De
cualquier manera que miremos, lo que consideremos en él, aquí está lo que
entretendrá nuestras almas con deleite y satisfacción. El consejo eterno de Dios, la persona de Cristo, su mediación y gracia,
las promesas del evangelio, la maldad y la ira de la que somos libres, la
redención y la gloria compradas para nosotros, los privilegios de los que somos
admitidos a participar, los consuelos y los gozos del Espíritu, la comunión con
Dios a la que somos llamados, ¡cuán gloriosos son a los ojos de los creyentes!
¡Cómo podemos lamentarnos bastante por esa vanidad en nuestra mente cuando se
deja poseer y colmar de otras cosas! ¡Ay, qué son si se comparan con la
excelencia de este amor de Dios en Cristo Jesús! Aquí está nuestro tesoro, aquí
está nuestra herencia.”
WILHEMUS BRAKEL
“Aquí
podemos observar el insondable amor de Dios por la humanidad. Los elegidos, en
lugar de ser deseables, eran odiosos en sí mismos. Dios, sin embargo, los ama
por razones internas, simplemente porque
quiere amarlos. Este amor movió al Padre a enviar a Su Hijo en la carne,
acerca de lo cual el Señor Jesús exclama: “Porque
tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Motivado
por este amor, el Hijo salió, asumió la naturaleza humana y soportó todo tipo
de sufrimiento y muerte. “... como
también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios
5:25). Si hay algo que deba despertar el amor, entonces debe ser este amor de
Dios y de Cristo. Debe avivar nuestro amor y hacer que arda dentro de nosotros.”
El
amor fue el origen de la eterna elección; el amor envió a Jesús al mundo para
ser su Fiador; el amor los sacó del mundo hacia él, trasladándolos al reino de
su amor; el amor irradia continuamente sobre ellos; el amor los conserva; el
amor los lleva a la gloria; y el amor engendra una unión perfecta y amor por
Él. Esto no sería creíble si Dios mismo no lo hubiera dicho. Sin embargo, dado
que Dios dice esto, ahora deseamos creer y reconocer esto, regocijarnos en esto
y estar comprometidos en la adoración. Deseamos darle gloria, y ser encendidos
por su amor, amarlo a cambio. “Le amamos,
porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).”
RICHARD BAKER
“No
sólo redime del delito, sino también del castigo implícito en él; y no sólo en
parte, sino completamente, de la totalidad del pecado y de la totalidad del
castigo. Redime no sólo de la transgresión sino también de la mácula que la
misma comporta; no sólo del sentido de culpa sino también del temor que
conlleva; no sólo de ser acusado sino también de ser interrogado. ¿Acaso esta “abundante redención” no significa que
además de llevar “cautiva a la cautividad”
dio también “dones a los hombres”?
¿De
qué le sirve a un preso recibir el indulto si lo mantienen encarcelado por no
pagar las costas? Pero si el príncipe que le concede el perdón, junto con el
indulto le envía una generosa suma suficiente para pagar todas las costas y
para que además, una vez puesto en libertad, disponga de lo necesario para
comenzar una nueva vida, ciertamente, esto es “abundante redención”. Tal es
la redención que nos procura la misericordia de Dios. No sólo nos saca de
un calabozo, sino que nos pone en posesión de un palacio; no sólo nos deja
libres para ganar el pan con el sudor de nuestra frente, sino que nos restaura
al paraíso donde crecen por sí solos toda clase de frutos; no sólo proclama que
ya no seguimos siendo cautivos, sino que nos granjea la condición de hijos; y
no sólo hijos, sino herederos; y no sólo herederos, sino coherederos con
Cristo.
¡Quién
puede negar que esto sea “abundante redención”! ¿O se habla de “abundante
redención” en consideración al precio que fue pagado para redimirnos? Porque
somos redimidos a un alto precio, no con oro, plata o piedras preciosas, sino
con la sangre preciosa del Cordero inmolado, desde antes de la fundación del
mundo. “Porque de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” para redimirnos; y esto, con toda
seguridad, es “abundante redención.”
MARTYN LLOYD JONES
“Ese
dar incluía la vergüenza, el sufrimiento y la agonía de la muerte sobre la cruz.
Y mi argumento de nuevo es este: ¿es concebible que Dios hubiera entregado a Su
propio Hijo a eso, incluso hasta el punto de ruptura en la comunión eterna que
había entre ellos? ¿Es concebible, pregunto, que Dios hubiera hecho eso a menos
que fuera una necesidad absoluta? Bien, esta doctrina, este punto de vista de
la sustitución penal en la expiación de Cristo afirma todo eso y por eso digo
de nuevo que es la única explicación adecuada y satisfactoria de la enseñanza
bíblica.
Fue
el amor de Dios el que pensó en este camino de salvación para que Dios pudiera
ser 'sólo y el justificador de él en
Jesús.' Fue Su amor el que lo llevó a cabo. La cruz no es algo que influya
en el amor de Dios; no, el amor de Dios
lo produjo. Ese es el orden. Si
no fuera por Su amor, Dios habría castigado el pecado en nosotros, y todos
deberíamos sufrir la muerte eterna.
¿Hay
algo más grande que esto, que Dios tomaría tus pecados y los míos y los pondría
sobre Su propio Hijo y castigaría Su propio Hijo, sin perdonarle nada,
haciéndole sufrir todo eso? ¿Para que tú y yo fueramos perdonados? ¿Puedes decirme
alguna exhibición mayor del amor por Dios que esa? La teoría de la influencia
moral y todas esas otras teorías que la gente propone porque, según afirman,
creen en el amor de Dios, en realidad no lo comprenden. Ahí es donde se ve el
amor de Dios, cuando Su propio Hijo sufrió, como nuestro sustituto, la
penalidad de la ley en la que tú y yo hemos incurrido y que tanto merecemos.”
WILLIAM BATES
“Las
Escrituras representan claramente el amor de Dios al dar a su Hijo, y el amor
de Cristo al darse a sí mismo para morir por el hombre, y ambos requieren
nuestra más profunda consideración. El Padre expresó tal exceso de amor, que
nuestro Salvador mismo habla de ello con admiración: "Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".
Si
la resolución de Abraham de ofrecer su Hijo, fue en el juicio de Dios una evidencia convincente de su amor,
Génesis 22:12. ¿Cuánto más es el sacrificio real de Cristo la prueba más fuerte del amor de
Dios por nosotros? Porque Dios tenía sobre Isaac un título más alto que
Abraham: el Padre de los espíritus tiene más derecho que los padres de la
carne. La disposición de Abraham para ofrecer a su hijo fue la obediencia a un
mandato, no su propia elección; fue más un acto de justicia que de amor,
mediante el cual entregó a Dios lo que era suyo.
Pero
Dios "no perdonó a su propio Hijo"
en quien tenía un derecho eterno: y no solo estaba libre de obligaciones, sino
que no fue demandado por nuestra salvación de esa manera maravillosa. Porque,
¿qué entendimiento humano o angelical pudo haber concebido tal pensamiento, que
el Hijo de Dios moriría por nuestra redención? Los espíritus más caritativos
del cielo no tenían una inclinación tenue hacia esta admirable manera de
salvarnos. Había sido una blasfemia impía haberlo deseado; de modo que Cristo
es el don más absoluto de Dios para nosotros.
Además,
el amor de Abraham debe medirse por las razones que puedan excitarlo; porque según la amabilidad del objeto, tanto
mayor es el amor que le da. Muchas circunstancias entrañables hicieron de
Isaac el gozo de su padre: era hijo único, obtenido milagrosamente, después de
muchas oraciones y larga expectativa de sus padres, cuando se agotó el vigor
natural y todas las esperanzas de tener un heredero sobreviviente; estaba en la
primavera de su juventud, y la raíz de todas las promesas, que en él vendría
una progenie tan numerosa como las estrellas, y que el Mesías infinitamente más
digno que todos los demás vendría; sin embargo, en el mejor de los casos, era
una criatura mortal imperfecta, de modo que, con regularidad, se le debía un
afecto moderado.
Considerando
que nuestro Redentor no era un simple hombre o un ángel, sino el Hijo unigénito de Dios, cuyo título
significa su unidad con él en su estado y perfecciones; y según la excelencia
de su naturaleza, tal es el amor de su Padre por él. San Juan nos representa
que "Dios es amor"; no
caritativo y amoroso, esa es una expresión demasiado débil, sino el amor mismo. La naturaleza
divina es amor esencial infinito, en el que se incluyen otras perfecciones. Y
produce el testimonio más fuerte y convincente de ello, 1Juan 4:9. "En esto se mostró el amor de Dios para con
nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por
él." El amor de Dios en todas las bendiciones temporales, es débil en
comparación con el amor que se expresa en nuestro Redentor. Por mucho que el
Creador supere a la criatura, el don de Cristo está por encima del don del mundo
entero.”
JOHN FLAVEL
“Así
que los amaba: ¿cómo los amaba? no, aquí debes disculpar las lenguas de los
ángeles; ¿Quién de nosotros entregaría a un hijo, el hijo de nuestras delicias,
un hijo único, a la muerte? ¿Qué padre tierno puede soportar la despedida de un
niño así? cuando Agar se estaba despidiendo por última vez (como pensaba) de su
Ismael, Génesis 21:16. El texto dice: "Ella
fue y se sentó frente a él, lejos de él, porque dijo: No me dejes ver la muerte
del niño. Y se sentó frente a él, y alzó la voz y lloró". Aunque ella
no era una de las mejores madres, ni él el mejor de los niños, no podía
renunciar al niño. ¡Oh, fue difícil separarse! ¡Qué clamor hizo David, incluso
por Absalón! deseando haber muerto por él. ¡Qué hueco (como puedo decir) ha hecho
la muerte de unos hijos en el corazón de unos padres, que jamás se cerrará en
este mundo! sin embargo, seguramente, nunca ningún hijo estuvo tan cerca del
corazón de un padre como Cristo lo hizo con el de su Padre; y sin embargo,
voluntariamente se separa de él, aunque es el único, el Hijo de sus delicias, y
eso a la muerte, una muerte maldita, por los pecadores, por el peor de los pecadores.
¡Oh
miranda Dei filantrópica! ¡Oh, el admirable amor de Dios por los hombres! amor inigualable!
un amor inolvidable! Por tanto, todos los hombres, en el negocio de su redención,
den igual gloria al Padre que al Hijo, Juan 5:23. Si el Padre no te hubiera amado,
nunca se habría separado de un Hijo tan hermoso, por ti.”
OCTAVIUS WINSLOW
“¡Cuán
preciosa debe ser para nuestros corazones esa Palabra que contiene declaraciones
y revela verdades como éstas! Bien puede el apóstol exclamar: "¡Aquí hay
amor!" como si hubiera dicho, y podría haber agregado, "¡y en ningún
otro lugar excepto aquí!" En ninguna parte de los cielos arriba, ni de la
tierra abajo, ni de las aguas debajo de la tierra; ninguna estrella, ninguna
flor, ninguna criatura, así revela, expresa y encarna el amor de Dios como el regalo de su amado Hijo para morir
por nuestros pecados. ¡Oh, qué amor es este! "¡Tanto amó Dios al
mundo!" ¡Tan amado, que le dio a Jesús! Jesús es el exponente más precioso
del amor de Dios; Jesús desciende del seno de su amor; Jesús aparta el velo de
su amor; Jesús es el amor de Dios expresado, el amor de Dios encarnado, el amor
de Dios que habla, trabaja, muere, redime. Más allá de esto, parecería
imposible que el amor pudiera irse. Oh, que cada afecto de nuestro corazón,
cada facultad de nuestra alma, cada poder de nuestra mente, cada acción de
nuestra vida, incorpore como respuesta agradecida las palabras del apóstol
adorador: "¡Gracias a Dios por su
don inefable!”
Cuán
completamente el Señor Jesús descorrió el velo aquí y nos mostró el corazón del
Padre, palpitando con un amor infinito como Su naturaleza y eterno como Su ser.
"Tanto amó Dios": el pensamiento
más sublime, las palabras más tiernas, el hecho más grande que jamás hayan pronunciado
los labios. En verdad, "Nunca un hombre habló como este hombre".
Conduciéndonos a lo más recóndito del seno del Padre por el "camino nuevo y vivo", cada paso del
cual desplegó la gracia eterna que lo planeó, Él nos conduce al centro mismo
del corazón de Dios, y nos invita a llamarlo "Padre... "
Y no sea que descansemos exclusivamente en Jesús el don Divino, con exclusión de Dios el Dador Divino; o supongamos que el amor del Padre fuera comprado y adquirido, y no un afecto esencial y espontáneo, declara clara y enfáticamente: "El Padre mismo os ama". Cuán celoso era el Hijo de Dios por el amor del Padre por Su Iglesia. No sombrearía ni un rayo de ese amor, ni desviaría ni un solo arroyo para realzar y engrandecer los suyos. Bien sabía, porque había sentido sus palpitaciones eternas, que el amor del Padre no era el efecto, sino la causa conmovedora de Su sacrificio; que murió, no para que su Padre pudiera amar, sino porque amó, y "tanto amó que dio a su Hijo unigénito.”
THOMAS READE
“La
primera bendición que el Dios de toda gracia concede a un mundo arruinado es el
regalo de su HIJO. "Tanto amó Dios
al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se
pierda, mas tenga vida eterna".
La
segunda bendición que fluye hacia nosotros a través del Hijo es el don del
ESPÍRITU SANTO. "Le pediré al Padre,
y él les dará otro Consolador, para que permanezca con ustedes para siempre, el
Espíritu de la Verdad".
La
tercera bendición que se nos imparte a través del Espíritu Santo es el don de
las ESCRITURAS. "Toda la Escritura
es inspirada por Dios". "Los
santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo".
"Cuando venga el Espíritu de verdad", dijo Cristo a sus
Apóstoles, "él os guiará a toda la
verdad". "Él les enseñará
todas las cosas, y les recordará todas las cosas que les he dicho".
La
cuarta bendición que recibimos del Dios de misericordia es el regalo de un NUEVO
CORAZÓN. "Les daré un corazón nuevo,
y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes". "Les daré un corazón y
un camino".
La
quinta bendición que los creyentes en Jesús finalmente disfrutarán es el regalo
de la VIDA ETERNA. "La dádiva de
Dios es vida eterna, por Jesucristo nuestro Señor". "Padre, glorifica a tu Hijo para que dé vida
eterna a todos los que le diste". "Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo".
"Estos van a la vida eterna". Oh Bendito Salvador, has dicho:
"Mis ovejas no perecerán jamás",
"Yo les doy vida eterna".
Perseguidos
por la muerte y el infierno en vano, a ti vendrá la simiente rescatada;
Gritando, ¡La Sion celestial triunfó!, Y pasa por la muerte triunfante a casa.
El
pacto hecho con Adán se rompió por la desobediencia, pero el pacto de gracia en Cristo Jesús es un pacto eterno. Todos
sus requisitos se han cumplido mediante la encarnación, la obediencia y la muerte
del Hijo de Dios y, por lo tanto, no pueden ser anulados. Es perfecto y comprende todas las bendiciones; y eterna, perpetuando
esas bendiciones. Nada puede prevenir la salvación final del creyente
excepto estas dos cosas, ya sea que Dios se aleje de él o que se aleje de Dios.
Ahora el amor infinito nos ha asegurado que ninguno de estos le sucederá jamás
a su pueblo redimido.”
EBENEZER ERSKINE
“Por
la excelencia de este amor, los hijos de los hombres ponen su confianza bajo la sombra de sus alas. Ahora, digo,
la fe, al acercarse a Dios, tiene en cuenta esta misericordia y amor de Dios en
Cristo, y sobre esta base se eleva a veces tan alto, como para acercarse con plena seguridad de aceptación: porque
todavía Debe recordarse que la fe, bajo la conducción del Espíritu, asume este
amor y misericordia revelados de Dios hacia los pecadores, con una aplicación
particular de la misma al alma misma, como se insinuó antes. ¿Y qué puede ser
más alentador para un fideicomiso, sin dudar de la aceptación? Entonces, "espere Israel en el Señor, porque en el
Señor hay misericordia". No albergues celos de un Dios de amor, como
si estuviera disgustado o insatisfecho contigo por haber confiado en su
misericordia; porque "el Señor se
complace en los que le temen, en los que esperan en su misericordia.”
THOMAS ADAMS
“Ésta
es la puerta de la esperanza, de la cual el desdichado más profano se enoja por
ser arrojado. El pecador más presuntuoso adula su alma con este consuelo; como
si las puertas del cielo estuvieran ahora abiertas, y él pudiera entrar con
todas sus iniquidades a cuestas. De hecho, no hay falta en Cristo; pero se le
pregunta ¿No hay ninguna iniquidad en
ti? El dice: En él hay 'abundante redención'; pero ¿cómo si en ti escasea la
fe? Todo lo que es Cristo, ¿qué eres tú? 'Tanto
amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito', Juan 3:16. No dejó, ni
prestó, ni vendió, sino que dio; no un ángel, ni un siervo, sino un Hijo; no de
otro, sino de él mismo; no su Hijo adoptivo, sino natural, su Hijo engendrado;
no uno de muchos, sino su Hijo unigénito.
Muchos grados de amor; pero ¿y todo esto? "Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".
Pero tú no tienes fe, por lo tanto, ningún privilegio por este don. 'Yo soy el buen pastor', dice Cristo,
Juan 10:11. ¿Por qué? 'Doy mi vida'.
¿Pero para quién? 'Para mis ovejas.'
No para cabras lujuriosas, cerdos codiciosos o tigres opresores. Si eres así,
no hay más piedad para ti que si no hubiera Salvador. Si no hay una observación
cuidadosa de la ley, no hay conservación por el evangelio. No hay buena vida,
no hay buena fe; sin buena fe, sin Cristo. 'No os dejéis engañar; No se burle
de Dios.”
THOMAS BROOKS
“Tanto amó Dios al mundo"; tan
libremente, tan vehementemente, tan plenamente, tan admirablemente, tan inconcebiblemente,
"que dio a su único Hijo".
Su Hijo, no su siervo, su Hijo engendrado, no su Hijo adoptivo, sí, ¡su Hijo unigénito!
He
leído sobre padres que tuvieron cuatro hijos; y en una hambruna, muy oprimidos
por el hambre, resolvieron vender un hijo; pero luego consideraron con ellos
mismos cuál de los cuatro debían vender. Dijeron que el mayor era el primero de
sus fuerzas, por lo que se mostraron reacios a venderlo. El segundo era la
imagen de su padre y, por tanto, se mostraron reacios a separarse de él. El tercero
era como la madre y, por lo tanto, no estaban dispuestos a separarse de él. El
cuarto, y el más joven, era el hijo de su vejez, su Benjamín, el amado de
ambos; y, por lo tanto, estaban decididos a no separarse de ninguno de ellos y,
por tanto, preferían dejarse morir antes que separarse de ninguno de sus hijos.
Pero
Dios, oh alma desesperada, es todo amor, no se detendrá en dar a su Hijo más
amado a las almas más desagradables. Oh! pero el corazón de Dios está tan
fuertemente puesto en los pecadores, que da gratuitamente a Jesucristo, quien
es su primogénito, quien es su imagen, quien es su amado Benjamín, quien es su mayor
gozo, quien es su mayor deleite. Como dice Salomón: Proverbios 8:30, "Entonces yo estaba con él como quien había
sido criado con él, y cada día era su deleite" (en hebreo su mayor deleite), "regocijándome siempre delante de él"
o divirtiéndome mucho delante de él, como hacen los pequeños ante sus padres.
Entonces,
¡oh alma desesperada! ¿Te sientas suspirando y caminas de un lado a otro
lamentándote y concluyendo con tristeza que no hay misericordia para ti?
¡Levanta la cabeza, alma desesperada! ¡Jesucristo mismo es un regalo de gracia
gratuita! La consideración de su amor libre, ilimitado, sin fondo e
interminable, puede brindarle muchos motivos de admiración y consuelo, pero
ninguno de desesperación.”
B.B WARFIELD
“Entonces
el mundo estaba pereciendo, y para salvarlo Dios dio a su Hijo. El texto es,
entonces, como ven, en principio un relato de
la venida del Hijo de Dios al mundo. Sólo había dos cosas por las cuales
Él, siendo lo que era como Hijo de Dios, podía venir al mundo, siendo lo que
era: para juzgar al mundo o para salvar
al mundo. Fue por este último que vino. "Porque", continúa el versículo
siguiente, "Dios no envió a su Hijo
al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él".
Entonces, no la ira, aunque la ira era justa, sino el amor fue la causa impulsora de la venida del Hijo de Dios a
este mundo inicuo nuestro. "Porque
tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito".
La
intensidad del amor es lo que se enfatiza: fue tan intenso que ni siquiera la
pecaminosidad de sus objetos lo disuadió. Percibirán que lo que tenemos aquí
es, en efecto, la manera joánica de
decir lo que dice Pablo cuando nos dice que "Dios encomia su amor hacia nosotros, en que cuando aún éramos pecadores,
Cristo murió por nosotros." La maravilla, en otras palabras, que el
texto nos presenta es precisamente la maravilla por encima de todas las demás maravillas
en este maravilloso mundo nuestro: la maravilla del amor de Dios por los pecadores.
Y esta
es la medida con la que se nos invita a medir la grandeza del amor de Dios. No
es que sea tan grande que pueda extenderse por todo un gran mundo: es tan
grande que puede prevalecer sobre el odio y el aborrecimiento del pecado del
Dios Santo. Porque en esto hay amor, que Dios pueda amar al mundo, el mundo que está en el maligno: que
Dios, que es todo santo, justo y bueno, pudiera amar tanto a este mundo que dio
a su Hijo unigénito por él, no para juzgarlo, sino mas bien para que sea salvo.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“O
sea: no os sorprendáis de que yo haya de
ser elevado para que obtengáis la salvación. Ha sido el Padre quien así lo ha
decidido. Y tanto os ha amado que entregó a su Hijo por los siervos, y, aún
más, por siervos ingratos.
Nadie
haría eso ni siquiera por un amigo, ni siquiera por un hombre justo, como dice
san Pablo: Apenas hay quien muera por un
inocente. El Apóstol, como se dirigía a creyentes, se extendió más sobre
este particular. Cristo, sin embargo, como hablaba con Nicodemo, fue más breve.
Pero se expresó de un modo más impresionante, como puede percibirse en cada
palabra pronunciada por El.
Por
las palabras: Tanto amó Dios al mundo
se pone de relieve la grandeza y la intensidad de ese amor. Grandísima era, en
verdad, e infinita la distancia entre Dios y el mundo. El inmortal, sin principio
e infinitamente grande, nos amó a quienes estamos hechos de tierra y cenizas,
cargados de innumerables pecados porque continuamente le ofendemos, y llenos de
ingratitud. También las palabras que siguen son igualmente impresionantes: Entregó a su Hijo Unigénito. No a un
siervo, a un ángel o un arcángel. Ningún padre ha sentido tanto amor por sus
propios hijos como Dios por sus siervos ingratos.
Vemos,
pues, que aquí Jesús predice su Pasión, pero no abiertamente, sino velándola
con metáforas y, sin embargo, predice clara y abiertamente el provecho
espiritual que de su Pasión se seguirá, mediante estas palabras: para que quien crea en El no perezca, sino
que tenga vida eterna. Como había dicho que debería ser elevado y había
aludido a su muerte, para que tales palabras no entristecieran a su
interlocutor o le hicieran sospechar algo demasiado humano, pensando, tal vez,
que con su muerte llegaría el final de su existencia, corrige esas ideas
diciendo que quien es entregado es el
Hijo de Dios, el mismo autor de la
vida y aun de la vida eterna.
Quien mediante su muerte habría de dar a los demás la vida, no era posible que
estuviera sometido a la muerte largo tiempo. Si no perecen quienes creen en el crucificado,
¿cómo habría de perecer El mismo, por muy crucificado que fuera? Quien es capaz
de librar a los demás de la destrucción, con mucho mayor motivo será fuente de vida
para sí mismo. Comprobad que la fe es siempre indispensable.
Dice
aquí Jesús que la cruz es fuente de vida, pero la razón no acierta a
comprenderlo. Así lo confirman actualmente los paganos que ridiculizan esa
afirmación. Pero la fe, al superar la debilidad de los razonamientos, la acepta
y con facilidad se adhiere a ella. ¿Por qué motivo amó tanto Dios al mundo? Por
ningún otro que no fuera su bondad
infinita.”
GARY BURGE
“Muchos
eruditos coinciden en señalar que 3:16–21 constituyen las reflexiones o
meditaciones escritas por Juan. Esto significa que (contrario a lo que hace la
NIV) las comillas han de terminar en 3:15, donde Jesús utiliza su título característico
«Hijo del Hombre». Obsérvese que en
3:16 la muerte de Jesús se describe en
pasado (Dios dio a su Hijo
unigénito), y que una buena parte del lenguaje de estos versículos es
característicamente joánica. Con el versículo
16 leemos el comentario de Juan sobre la importancia de las palabras de Jesús a
Nicodemo.
La
declaración en el sentido de que Dios ama al mundo es sorprendente por dos
razones (3:16). (1) En el judaísmo rara vez (o nunca) se hablaba de que Dios
amara al mundo aparte de Israel. Dios desea alcanzar este mundo por medio de
Israel, su hijo. Afirmar que el amor de Dios se extiende más allá de los
límites raciales o nacionales es una idea singularmente cristiana. (2) En otros
pasajes, Juan dice a sus lectores que no han de amar al mundo (1Jn 2:15–17)
puesto que es un lugar de incredulidad y hostilidad (cf. Jn 15:18– 19; 16:8).
De
hecho, Carson comenta: «No hay contradicción entre esta prohibición y el hecho
de que Dios ciertamente ama [al mundo]. Los cristianos no han de amar al mundo
con el egoísta amor de la participación; Dios ama al mundo con el amor
desinteresado y costoso de la redención».”
A.W PINK
“El
versículo 16 explica el versículo 14, como lo indica su palabra inicial. El
versículo 16 nos lleva de regreso al mismo fundamento de todo. El gran
sacrificio fue proporcionado por el amor. Cristo
fue el regalo de amor de Dios. Esto refuta de inmediato un error que una
vez se obtuvo en ciertos lugares, a saber, que Cristo murió para que Dios
pudiera ser inducido a compadecerse y salvar a los hombres. Todo lo contrario a
la verdad. Cristo murió porque Dios amaba a los hombres y estaba decidido a
salvar a los creyentes. La muerte de Cristo fue la demostración suprema del
amor de Dios. Era imposible que hubiera alguna discordia entre las Personas de
la Deidad con respecto a la salvación de los hombres. La voluntad de la Deidad es,
y necesariamente debe ser, una. La
Expiación no fue la causa, sino el efecto del amor de Dios.”
CHARLES SPURGEON
“¿De
dónde vino ese amor? No de nada fuera de Dios mismo. El amor de Dios brota de
sí mismo. Él ama porque es Su naturaleza hacerlo. "Dios es amor."
Como ya he dicho, nada sobre la faz de la tierra podría haber merecido Su amor,
aunque había mucho que mereciera Su disgusto. Esta corriente de amor fluye de
su propia fuente secreta en la Deidad eterna, y no le debe nada a ninguna
lluvia o riachuelo que haya nacido en la tierra; brota de debajo del trono
eterno, y se llena de las fuentes del infinito.
Dios
amó porque amaría. Cuando preguntamos por qué el Señor amaba a este o aquel hombre,
tenemos que volver a la respuesta de nuestro Salvador a la pregunta: “Sí, Padre, porque así te pareció bien”.
Dios tiene tal amor en Su naturaleza que debe dejarlo fluir a un mundo que
perece por su propio pecado voluntario, y cuando fluyó fue tan profundo, tan
amplio, tan fuerte, que ni siquiera la inspiración pudo calcular su medida, y
por eso el Espíritu Santo nos dio esa gran palabrita TAL, y nos dejó
intentar la medida, según percibamos cada vez más el amor divino.”
El
amor de Dios resplandece con un resplandor trascendente en un tercer punto, a saber,
en LAS PERSONAS PARA LAS QUE ESTE PLAN ESTÁ DISPONIBLE y para las que se da
este don. Se describen con estas palabras: "Todo aquel que cree en
él". Hay en el texto una palabra que no tiene límite: "De tal manera
amó Dios al mundo". Pero luego viene el límite descriptivo, que les ruego que
noten con cuidado: "Él dio a su Hijo Unigénito para que todo aquel que
cree en Él no se pierda".
Dios
no amó al mundo de tal manera que cualquier hombre que no crea en Cristo sea
salvo, ni Dios dio a Su Hijo de tal manera que cualquier hombre que se niegue a
creer en Él sea salvo. Vea cómo se dice: "Tanto amó Dios al mundo, que dio
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda".
Aquí está la brújula del amor, mientras que se excluye a todo incrédulo, se
incluye a todo creyente. "Todo aquel
que cree en él". Supongamos que hay un hombre que ha sido culpable de
todos los deseos de la carne en un grado infame, supongamos que es tan
detestable que sólo es apto para ser tratado como un leproso moral y encerrado
en una casa separada por teman que contamine a los que le oyen o ven, pero si
ese hombre cree en Jesucristo, será inmediatamente limpiado de su contaminación
y no perecerá a causa de su pecado.
Y
supongamos que hay otro hombre que, en la persecución de sus motivos egoístas,
ha humillado a los pobres, ha robado a sus compañeros comerciantes e incluso ha
llegado a cometer delitos reales de los que la ley ha tenido conocimiento. Sin
embargo, si cree en el Señor Jesucristo, será inducido a hacer restitución, y
sus pecados le serán perdonados. Una vez escuché de un predicador que se
dirigía a una compañía de hombres encadenados, condenados a morir por asesinato
y otros delitos. Eran tal manada de bestias en todas las apariencias externas
que parecía inútil predicarles, sin embargo, si yo fuera el capellán de una compañía
tan miserable, no dudaría en decirles que “Dios amó tanto al mundo, que dio Su
Hijo Unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, mas tenga vida
eterna ”.
Oh
hombre, si crees en Jesús como el Cristo, por horribles que hayan sido tus
pecados pasados, serán borrados, serás salvo del poder de tus malos hábitos y
comenzarás de nuevo como un niño recién nacido, con una vida nueva y verdadera,
que Dios te dará. “Todo aquel que cree en Él” - eso te acogerá, mi anciano amigo,
que ahora te demoras a unos pasos vacilantes de la tumba. Oh pecador canoso, si
crees en Él, no perecerás.
El
texto también te incluye a ti, querido muchacho, que apenas has entrado en la adolescencia
todavía, si crees en Él, no perecerás. Eso te acoge, hermosa doncella, y te da
esperanza y alegría cuando aún eres joven. Eso nos comprende a todos, siempre
que creamos en el Señor Jesucristo.
Tampoco
todos los demonios del infierno pueden encontrar ninguna razón por la cual el hombre
que cree en Cristo se perderá, porque está escrito: "Al que a mí viene, no
le echo fuera". ¿Dicen: “Señor, ha tardado tanto en venir”? El Señor
responde: “¿Ha venido? Entonces no lo echaré fuera por todas sus demoras".
Pero, Señor, regresó después de hacer una profesión. ¿Ha venido por fin? Entonces
no lo echaré fuera por toda su rebeldía". Pero, Señor, era un blasfemo
malhablado. “¿Ha venido a mí? Entonces no lo echaré fuera por todas sus
blasfemias".
De
todas las estrellas del cielo, la Estrella Polar es la más útil para el
marinero. Este texto es una estrella polar, pues ha guiado a más almas a la
salvación que cualquier otra Escritura. Es, entre las promesas, lo que es la
Osa Mayor entre las constelaciones.
Varias
palabras en el texto brillan con esplendor peculiar. Aquí tenemos el amor de Dios,
con un DE TAL MANERA incorporado, que señala su grandeza sin medida. Luego
tenemos el don de Dios en toda su gratuidad y grandeza. Este también es el Hijo
de Dios, ese don único e inapreciable de un amor que no se podía manifestar
plenamente hasta que el Unigénito del cielo hubo sido enviado para vivir y
morir por los hombres. Estos tres puntos están llenos de luz.
Luego
está el simple requerimiento de creer, que apunta graciosamente a un camino de
salvación apropiado para los hombres culpables. Esto está apoyado por una
amplia descripción: “todo aquel que en él cree.” Muchos, que se habrían sentido
excluidos por una palabra más estrecha, han encontrado espacio en “todo aquel”.
Luego viene la grandiosa promesa, que los creyentes en Jesús no perecerán, sino
que tendrán vida eterna. Esto es muy alentador para todo hombre que sienta que
está a punto de perecer, y que no puede salvarse a sí mismo. Nosotros creemos
en el Señor Jesús, y tenemos vida eterna.”
DAVID GUZIK
“Aquel que en él cree: Esto describe al
recipiente del amor de Dios. Dios ama al mundo, pero el mundo no recibe o se
beneficia de ese amor hasta que cree en Jesús, el regalo que dio el Padre. En
él cree significa mucho más que conciencia intelectual o estar de acuerdo.
Significa confiar en, depender de, y
aferrarse a.
d.
No se pierda: Esto describe la
intención del amor de Dios. El amor de Dios realmente salva al hombre de la
destrucción eterna. Dios ve a la humanidad caída, no quiere que se pierda, así
que en su amor extiende el regalo de salvación en Jesucristo.
e. Vida eterna: Esto describe la duración del amor de Dios. El amor que recibimos de las personas puede disiparse o desaparecer, pero el amor de Dios nunca cambiará. Nunca dejará de amar a su pueblo, incluso hasta la máxima distancia posible de la eternidad.”
|
LAS SIETE MARAVILLAS DE JUAN 3.16
(DAVID GUZIK) |
|
|
Dios |
La Autoridad Omnipotente |
|
De tal manera amó al mundo |
El motivo más poderoso |
|
Que ha dado a su Hijo Unigénito |
El regalo más grande |
|
Para que todo aquel |
La bienvenida más amplia |
|
Que en él cree |
El escape más sencillo |
|
No se pierda |
La liberación divina |
|
Mas tenga vida eterna |
La posesión más preciada |
COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO
“Amó es un verbo en el tiempo
aoristo, o pretérito indefinido, refiriéndose a una acción pasada en un momento
dado. Se pregunta: ¿Cuándo amó Dios y dio
a su Hijo? Podría ser en el momento de la encarnación, pero muchos opinan
que Juan se refiere a la muerte de Jesús en la cruz; sin embargo, podría tener
una doble aplicación. Si se refiere a la cruz, Juan dice que es el Dios Padre
quien expresó allí su amor, pero Pablo dice que la cruz es evidencia del amor
de Cristo (Gál. 2:20).
Esta
es la primera vez que Juan emplea el término “amar” (agapao G25), pero
se encuentra 35 veces más en este Evangelio y 31 en 1 Juan, más que el doble de
los otros libros del NT (13 veces en Luc. es el más próximo en número de
referencias). De los tres términos griegos que expresan este sentimiento, éste
es el más profundo y generalmente se refiere a la clase del amor de Dios que
está dispuesto a sacrificarse a favor de las necesidades de otros.”
JUAN CALVINO
“Porque de tal manera amó Dios al mundo… Cristo
abre la primera causa y, por así decirlo, la fuente de nuestra salvación, y lo
hace para que no quede ninguna duda; porque nuestra mente no puede encontrar un
reposo tranquilo hasta que llegamos al
inmerecido amor de Dios. Así como todo el asunto de nuestra salvación no
debe buscarse en ningún otro lugar que no sea en Cristo, también debemos ver de
dónde vino Cristo a nosotros y por qué fue ofrecido para ser nuestro Salvador.
Ambos
puntos se nos indican claramente: a saber, que
la fe en Cristo da vida a todos, y que Cristo dio vida, porque el Padre
Celestial ama al género humano y desea que no perezca. Y este orden debe
observarse cuidadosamente; porque tal es la malvada ambición que pertenece a
nuestra naturaleza, que cuando la pregunta se relaciona con el origen de
nuestra salvación, rápidamente nos formamos imaginaciones diabólicas sobre
nuestros propios méritos. En consecuencia, imaginamos que Dios está
reconciliado con nosotros, porque nos ha considerado dignos de mirarnos. Pero
la Escritura ensalza en todas partes su misericordia pura y sin mezcla, que
hace a un lado todos los méritos.
Y
las palabras de Cristo no significan nada más, cuando declara que la causa está
en el amor de Dios. Porque si deseamos ascender más alto, el Espíritu cierra la
puerta por boca de Pablo, cuando nos informa que este amor se fundó en el propósito de su voluntad (Efesios
1:5). Y, de hecho, es muy evidente que Cristo habló de esta manera, para alejar
a los hombres de la contemplación de sí mismos para mirar sólo la misericordia
de Dios. Tampoco dice que Dios se sintió movido a librarnos, porque percibió en
nosotros algo que era digno de tan excelente bendición, pero atribuye la gloria
de nuestra liberación enteramente a su amor. Y esto es aún más claro a partir
de lo que sigue; porque añade que Dios dio a su Hijo a los hombres para que no
perezcan. De ahí se sigue que, hasta que Cristo brinde su ayuda para rescatar a
los perdidos, todos están destinados a la destrucción eterna. Esto también lo
demuestra Pablo considerando la época; porque
nos amó cuando todavía éramos enemigos del pecado (Romanos 5:8-10).
Y,
de hecho, donde reina el pecado, no encontraremos nada más que la ira de Dios,
que arrastra la muerte con ella. Por tanto, es la misericordia la que nos
reconcilia con Dios, para que él también nos devuelva la vida.
Este
modo de expresión, sin embargo, puede parecer contradictorio con muchos pasajes
de la Escritura, que ponen en Cristo el primer fundamento del amor de Dios por nosotros,
y muestran que por él somos odiados por Dios. Pero debemos recordar, lo que ya
he dicho, que el amor secreto con que el Padre Celestial nos amó en sí mismo es superior a todas las demás causas;
pero que la gracia que él desea que se nos dé a conocer, y por la que nos
emocionamos a la esperanza de la salvación, comienza
con la reconciliación que fue procurada por Cristo.
Porque
si él necesariamente odia el pecado, ¿cómo creeremos que somos amados por él,
hasta que se haya hecho expiación por esos pecados por los cuales él se ofende
justamente con nosotros? Por lo tanto, el amor de Cristo debe intervenir con el
propósito de reconciliar a Dios con nosotros, antes de que tengamos alguna
experiencia de su bondad paternal. Pero como se nos informa primero que Dios,
porque nos amó, dio a su Hijo para que muriera por nosotros, inmediatamente se
agrega que es solo en Cristo en quien, estrictamente hablando, la fe debe
mirar.”
JOHN MACARTHUR
“Sin
lugar a dudas, el versículo 16 es el versículo más conocido y amado de todas
las Escrituras. Con todo, ese mismo conocimiento puede causar que se pase por
alto la profunda verdad allí contenida. El motivo por el cual Dios dio el “don inefable” de Jesucristo fue porque
amó al mundo malo y pecador de la humanidad caída. Como ya se indicó en este
capítulo, toda la humanidad es completamente pecadora, está totalmente perdida
y es incapaz de salvarse por medio de esfuerzos o ceremonias. Por lo tanto, no
hay nada en el hombre que atraiga el amor de Dios.
Más
bien, Él amó porque así lo determinó soberanamente. El plan de la salvación
fluyó de “la bondad de Dios nuestro
Salvador, y su amor para con los hombres” (Tit. 3:4). Pablo escribió así a
los cristianos de Roma: “Dios muestra su
amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”
(Ro. 5:8). Juan escribió en su primera epístola: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino
en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados… Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:10,
19). Este amor es tan enorme, maravilloso e incomprensible que Juan, evitando
todos los adjetivos, solo pudo escribir que Dios amó de tal manera al mundo que
entregó a su propio Hijo amado (cp. 1 Jn 3:1).”
JOHANNES BRENZ
“Cristo
continúa con su discusión anterior, explicando clara y repetidamente que la
justificación no la produce la Ley. Porque la Ley es letra muerta escrita en
tablas de piedra, que no penetra en el corazón. La justificación no es por
obras porque todas las obras de todos los seres humanos son impuras, mezcladas
con la levadura de la carne, sino que es al ver la serpiente, es decir, a
través de la fe en Cristo.
Porque
la fe es dada por el Espíritu Santo, que penetra en lo más profundo del corazón
y purifica los restos de la carne. Pero, ¿de dónde tiene su origen esta
justificación? ¿Viene del valor o los méritos de los seres humanos? ¡De ninguna
manera! Pero tiene su origen en el amor de Dios.
Porque
siempre habríamos permanecido, en la medida en que estuviera en nuestro poder,
en el pecado, la muerte y el infierno si Dios no nos hubiera abrazado con el
brillante amor de su corazón cuando todavía éramos pecadores inicuos para darnos
a su Hijo unigénito. . En esto está el amor, no que lo amemos porque la carne
es absolutamente ignorante de Dios, sino que él mismo nos amó primero y envió a
su Hijo como sacrificio expiatorio por nuestros pecados.”
WOLFGANG MUSCULUS
“Como
no hay mortal que no sea parte de este mundo amado por Dios, tampoco hay nadie
a quien el amor de Dios no se extienda, excepto a aquellos que se excluyen de
su favor por su incredulidad. Por tanto, el amor de Dios y la entrega de su
Hijo deben ir unidos a una fe indudable y personal, como vemos con el apóstol
[Pablo], que dice, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. También debemos
considerar cuán maravilloso es el amor de Dios, un amor que tiene por este
mundo, es decir, la raza humana miserable de tantas formas, moralmente
depravada, ciega, llena de innumerables pecados, adicta a la idolatría,
miserable, desobediente, sí. , corrupto hasta la raíz. Y luego está Dios que
persigue con odio toda injusticia, iniquidad y maldad.
La
miseria de nuestro nacimiento, incluso si no hubo corrupción y depravación, es
claramente indigna del amor de la majestad divina. ¿Qué otra cosa, pregunto,
supondremos que es la causa de este amor tan maravilloso, que se lo traga todo,
que una bondad increíble e infinita? Esta bondad no sólo concibe este amor por
el mundo, sino que también es capaz de evitar borrar la depravación de tantas
edades que perdura y crece inmensamente. Dios se detiene para que su plan
eterno para redimir al mundo a través del unigénito no cambie incluso entonces,
cuando el mundo entero fue devastado por una inundación mortal. Por lo tanto,
no pudo ser destruido porque el amor de Dios había concebido el propósito de
salvar al mundo.”
ALEXANDER MACLAREN
“¿Alguna
vez pensaste por qué nuestro texto pone "no se pierda" primero? ¿No es porque, a menos que pongamos
nuestra confianza en Él, ciertamente pereceremos, y porque, por lo tanto, esa
certeza de perecer debe ser evitada antes de que podamos tener 'vida eterna'? Ahora no voy a extenderme
sobre estas dos expresiones solemnes, 'perecer'
y 'vida eterna'.
Solo
digo esto: los hombres no necesitan esperar hasta morir antes de 'perecer'. Hay hombres y mujeres aquí
ahora que están muertos mientras viven, y cuando vengan a morir, el perecer, el perderse, que es
condenación y ruina, será sólo para hacer visible, en otra condición de vida, lo que es el hecho hoy dia.
Queridos
hermanos, no necesitan morir para perecer en sus pecados, y, bendito sea Dios, pueden tener vida eterna antes de morir. Puedes tenerlo ahora, y solo hay
una manera de tenerlo, y es aferrarse a Aquel
que es la Vida. Y cuando tengas a Jesucristo en tu corazón, a quien estarás
seguro de tener si confías en Él, entonces tendrás vida, vida eterna, aquí y
ahora, y la muerte solo manifestará la vida eterna que tuviste mientras eras vivo
aquí, y lo perfeccionará en modos de las que aún no sabemos nada.
Solo
recuerde, como he intentado mostrarles, el orden que recorre este texto.
Recuerde el orden de estas últimas palabras, y que primero debemos ser liberados de la muerte eterna y absoluta, antes de
que podamos ser investidos con la vida eterna y absoluta. Ahora, queridos
hermanos, me atrevo a decir que nunca antes les había hablado a la gran mayoría
de ustedes; es muy posible que nunca vuelva a hablar con ninguno de ustedes. Le
he pedido a Dios que me ayude a hablar para que las almas sean atraídas hacia
el Salvador. Y les suplico ahora, como mi última palabra, que escuchen, no a
mí, sino a Él. Porque es Él quien nos dice: 'Tanto
amó Dios al mundo, que dio a su Hijo, que a quienquiera' - 'a quienquiera',
un cheque en blanco, como la M. o la N. del libro de oraciones, o la AB de un
horario; puedes poner tu propio nombre en él, 'que todo aquel que en él cree, no
se pierda, sino que tenga', aquí, y ahora, 'vida eterna'.”
CHARLES SIMEON
“Nuestra
admiración aumentará enormemente, si reflexionamos sobre el regalo. Fue su
Hijo, “su Hijo unigénito”, a quien se
comprometió a dar. No era una criatura; no, no el primero de todos los seres
creados, sino su Hijo co-igual y co-eterno [Miq 5:2.]; quien desde la eternidad
había estado en su seno [Jn 1:13.], y "todos
los días su deleite [Pro 8: 22-30.]".
Un
regalo menor que ese no habría bastado para nuestro alivio: y uno mayor, Dios
mismo no pudo otorgar. En comparación con esto, diez mil ángeles habrían sido
como nada; sí, todas las huestes del cielo no habrían sido más de lo que es un
grano de arena en comparación con el universo. Sin embargo, Dios, al ver
nuestras necesidades, "envió a su
propio Hijo como propiciación por nuestros pecados [1 Jn 4:9-10]".
¡Qué amor era éste! Cuán “incomprensibles
son su anchura y longitud, y su profundidad y altura [1Jn 4: 9-10. Con
Efesios 3: 18-19.]!
Un
brillo adicional se reflejará en este misterio, si consideramos la manera en
que otorgó este don: No esperó que se le
pidiera: de hecho, ninguna criatura podría haber pedido tal favor: el
pensamiento no podría haber entrado en la mente de ninguna inteligencia creada;
ni, si hubiera ocurrido, hubiera podido presumir de pronunciarlo. Pero Dios no
necesitó sugerencia de sus criaturas. Dios, en lugar de seguir a nuestros
primeros padres con denuncias de ira, dio, no aunque no fue solicitada, esa
promesa, que fue el fundamento de esperanza para ellos y toda su posteridad.
Génesis 3:15; incluso proveyó para sus necesidades antes de que esas
necesidades existieran, sí, antes de que las criaturas mismas tuvieran algún
ser. Él mismo es amor [1Jn 4:16.]; y el ejercicio de la misericordia es su
deleite [Miq. 7:18.].
No
tenía, ni podía tener, ningún aliciente externo: todos sus motivos se
encontraban en su propio seno: la demostración de su propio amor ilimitado era razón
suficiente para sus mayores esfuerzos: mostraba misericordia por el amor de
Dios; y “dio”, porque era el gozo de
su alma dar.
Pero,
¿cómo aumentará en nuestra estima este maravilloso amor, si tomamos en
consideración a las personas a quienes se otorgó este regalo? No fue concedido
a los ángeles, aunque los ángeles lo necesitaban tanto como nosotros. Esta fue
una misericordia reservada para el hombre caído, incluso para "el mundo"
que yace en la maldad [Heb 2:16.]. Para hacernos una estimación del mundo,
miremos a nuestro alrededor y veamos hasta qué punto abunda la iniquidad: o, si
queremos que nuestro juicio sea aún más conforme a la verdad, miremos dentro de
nuestro corazón y veamos qué horribles abominaciones allí se albergan.
No
sabemos nada de los demás, sino por sus palabras y acciones: pero tenemos un
criterio más justo dentro de nuestro propio pecho: podemos buscar en nuestros
propios pensamientos y deseos; podemos discernir la mezcla vil que hay en todos
nuestros motivos y principios de acción: en resumen, podemos ver tal "un mundo de iniquidad" dentro de
nosotros, que bien puede obligarnos a decir, con David, "Mi corazón me muestra la maldad del impío,
que no hay temor de Dios delante de sus ojos” [Sal 36:1. Traducción del
libro de oraciones.]
Sí,
en nuestros propios corazones hay un epítome de todo el mal que hay en el
mundo: y, si sabemos algo de nosotros mismos, nos asombraremos de que Dios vea
un mundo así como este, y dar a su único Hijo amado para salvar a aquellos que
tan generosamente merecieron su más ardiente indignación. No podemos hacer
justicia a este tema, si no nos damos cuenta del designio final de Dios al otorgarnos
este precioso regalo. Debemos, pero por este esfuerzo maravilloso del amor
divino, hemos perecido en nuestros pecados. Habiéndonos parecido a los ángeles
caídos en su pecado, debemos habernos parecido a ellos también en su miseria.
Pero "Dios no quiere que perezcamos".
A pesar de la grandeza y universalidad de nuestra culpa, no quisiera que
sufrieramos según nuestro desierto; y por
eso intervino para nuestra liberación.
Pero
esto no fue todo. Él deseaba restaurarnos a nuestra herencia perdida y traernos
a la posesión de la "vida eterna".
No le bastó para salvarnos de la muerte; también debe renovarnos a su propia imagen y hacernos partícipes de su propia
gloria. ¡Qué maravilloso amor era este! Que alguna vez pensara en recibir
criaturas tan odiosas en su presencia; que estableciera un plan para exaltarlos
a tronos y reinos en el cielo; ¡y que incluso diera a su Hijo unigénito de su
seno para llevarlo a cabo! ¡Cuán infinitamente sobrepasa esto toda la comprensión
de hombres o ángeles! La condición que él ha impuesto para nuestra
participación de estos beneficios, ilustra y magnifica aún más su amor...
Cuanto más consideremos cómo Dios ha amado al mundo, más veremos, que en verdad ha hecho todo lo que podía hacer por nosotros, de acuerdo con nuestro libre albedrío y su propio honor. Y cuando tanto ha amado al mundo, ¿estamos en libertad de olvidarlo? ¿Tal amor no requiere retorno? ¿O lo pagaremos sólo con mayor impiedad? Oh, que cada uno de nosotros diga: "¿Qué daré al Señor?" Y dejemos que su amor por nosotros nos obligue a dedicarnos sin reservas a él.”
JOHN GILL
“Es
como si hubiera dicho: “Vosotros los
Rabinos decís, que cuando venga el Mesías, sólo los israelitas, los favoritos
especiales de Dios, participarán de las bendiciones que vengan, y con él; y que
los gentiles no cosecharán de él, siendo aborrecidos por Dios y rechazados por
él; pero yo les digo que tanto amó Dios a los gentiles como a los judíos, que
dio a su Hijo unigénito; para
gentiles, así como para los judíos; para ser un pacto tanto para el judío
como para los gentiles, el Salvador de ellos, y un sacrificio por ellos; un
regalo que es prueba suficiente de su amor por ellos; siendo esto tan grande,
irreversible e indecible; siendo hecho por su propio Hijo por naturaleza, de la misma esencia, perfecciones y gloria
con él; engendrado por él de una manera inconcebible y expresable por los
mortales; y su unigénito; el objeto de su amor y deleite, y en quien siempre se
complace; y, sin embargo, tal es su amor por los gentiles, así como por los
judíos, que lo ha entregado, en la naturaleza humana, en manos de los hombres,
de la justicia y de la muerte misma: que todo aquel que crea en él, sea judío o
gentil, no perezca, mas tenga vida eterna.”
GRANT OSBORNE
“Las
palabras iniciales, “Porque tanto amó
Dios al mundo”, nos dicen que la cruz fue un acto de amor de parte de Dios.
“Tanto” se traduce del griego houtos e indica el grado, por lo que muchos
traducen: “Dios amó tanto al mundo que…” (DHH, NBV, NTV). Otros prefieren verlo
como explicativo: “Dios amó al mundo de esta manera…” [traducción literal del
inglés versión CSB]. Ambos son viables, pero yo prefiero la primera, haciendo hincapié
en el increíble amor de Dios. Como hemos visto en 1:10–11, el mundo no ama a
Dios, pero el amor de Dios es tan profundo que “le dio a su unigénito Hijo” para ser el sacrificio expiatorio en la
cruz para la salvación de los perdidos. Este es un versículo central, porque
toda la misión de Jesús fluye de él. Versículos paralelos se encuentran en 1
Juan 4:8 (“Dios es amor”) y 9 (“Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en
que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él”).
El
evangelio comienza con el amor de Dios, porque esa es la única razón que puede
ser suficiente para que Dios cree una especie que sabía que se rebelaría y
rechazaría su amor. Él quería un objeto para su amor y así quería que esta especie
cargada de pecado pudiera encontrar la salvación y reconciliación con él. La
única manera era a enviar “su Hijo
unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida
eterna”.
La
misión de Jesús, la razón por la que fue enviado, era a ser “levantado” en la cruz
y procurar salvación para las personas perdidas y sin esperanza, que lo
encuentran a través de una decisión de fe. El resultado entonces es que “no se
pierda,” el fin determinado para una raza irremediablemente caída, y que ellos
“tengan eterna vida”, la cual, como se dijo en el comentario sobre el versículo
15 significa nueva vida ahora y vida continua en el futuro. La vida eterna es
una posesión presente, así como una promesa futura.”
JOSE VILCHEZ
“¿Cuál
es el estandarte de salvación para todos aquellos que sabemos que estamos
mordidos por la serpiente y que estamos destinados a morir? ¿Cuál es el
estandarte para no quedarnos en la tumba? ¿Cuál es el secreto para trascender a
la tumba? Mirar a aquel que fue levantado en una cruz; él es el antídoto para
nuestras muerte espiritual y nuestra
muerte física, él es el antídoto.
¿Qué tienes que hacer? Todo aquel que le mire; ¿En qué tienes que pensar al
verlo a él crucificado en esa cruz? En que Dios te amó tanto que en lugar de
que tú te pierdas, él llevó a cabo un cambio, él entregó a su Hijo en tu lugar.
Si
pudiéramos resumir la biblia en un solo versículo es: El creador del universo te amó tanto a ti que entregó a su Hijo en
lugar tuyo…Hizo a su Hijo maldición, todo lo que tú hiciste en su contra lo
cargó sobre él y si tú crees en él, no eres condenado, si tú crees en él tienes
vida eterna, recibirás salvación.”
J.C RYLE
“[Porque de tal manera amó Dios, etc.]. En
este versículo, nuestro Señor muestra a Nicodemo otra cosa “celestial”. Como muchos otros judíos,
Nicodemo probablemente pensaba que los propósitos misericordiosos de Dios
estaban restringidos únicamente a Israel, su pueblo elegido, y que cuando el
Mesías apareciera, aparecería únicamente para beneficio específico de la nación
judía.
Nuestro
Señor le declara aquí que Dios ama a todo el mundo sin excepción; que el
Mesías, el Hijo unigénito de Dios, es el don del Padre para toda la familia de
Adán; y que todo aquel que crea en Él para salvación, ya sea judío o gentil,
puede tener vida eterna. ¡Es imposible imaginar afirmación más asombrosa para
los oídos de un fariseo! ¡No se puede encontrar un versículo más maravilloso en
toda la Biblia! Que Dios ame a un mundo malvado como este en lugar de odiarlo;
que le ame como para proporcionar la salvación; que a fin de proporcionar esta
salvación no entregue a un ángel o un ser creado, sino un don de valor
incalculable como es su Hijo unigénito; que esta gran salvación se ofrezca
libremente a todo aquel que cree; ¡todo, todo esto es ciertamente maravilloso!
Esta era ciertamente una cosa “celestial”.
Las
palabras “amó Dios al mundo” han
recibido dos interpretaciones bien distintas. La importancia de esta cuestión
en la actualidad hace deseable exponer ambas tesis en su totalidad.
Algunos,
como Hutcheson, Lampe y Gill, piensan que “mundo”
significa aquí los elegidos de Dios de cada nación, ya sean judíos o gentiles,
y que el “amor” con que se dice que
Dios les ama es un amor eterno con que amó a los elegidos antes de la Creación
y por el que su llamamiento, justificación, protección y salvación final están
completamente asegurados. No creo que esta idea, a pesar de tener el apoyo de
muchos grandes teólogos, sea lo que quiere decir nuestro Señor. Por un lado me
parece que fuerza violentamente el lenguaje para restringir la palabra “mundo” a los elegidos.
Ciertamente,
“el mundo” es un nombre que en
ocasiones se aplica exclusivamente a los elegidos. Pero no veo que sea un
nombre que se atribuya nunca a los santos. Por otro lado, interpretar la
palabra “mundo” únicamente como “los elegidos” es pasar por alto la distinción
que, en mi opinión, se establece claramente entre toda la Humanidad y aquellos
miembros de la Humanidad que creen. Si “mundo” significa solamente la parte
creyente de la Humanidad, habría bastado decir: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para
que no se pierda”.
Pero
nuestro Señor no dice tal cosa. Dice: “Todo
aquel que en él cree [esto es, todo aquel del mundo que en Él cree]”. Por
último, limitar el amor de Dios a los elegidos es tener una opinión estrecha y
rígida de la naturaleza de Dios, y expone merecidamente al cristianismo a las
acusaciones modernas de que es cruel e injusto con los impíos. Si Dios no
piensa más que en sus elegidos y no se preocupa por ningún otro, ¿cómo juzgará
Dios al mundo? Creo en el amor electivo de Dios el Padre con tanta convicción
como cualquiera. Considero que el amor especial con que Dios ama a las ovejas
que ha entregado a Cristo desde la Eternidad es una verdad bendita y
reconfortante y de gran ánimo y provecho para los creyentes. Solo digo que no
es la verdad de la que habla este texto.
Creo
que la verdadera interpretación de las palabras “amó Dios al mundo” es la siguiente: “Mundo” hace referencia a toda la raza humana, tanto a santos
como a pecadores, sin excepción alguna. En mi opinión, la palabra se utiliza de
ese modo en Juan 1:10, 29; 6:33, 51; 8:12; Romanos 3:19; 2 Corintios 5:19; 1
Juan 2:2; 4:14. El “amor” del que se
habla es ese amor de piedad y compasión con que contempla Dios a todas sus
criaturas, y especialmente al género humano. Es el mismo sentimiento de “amor”
que aparece en el Salmo 145:9; Ezequiel 33:11; Juan 6:32; Tito 3:4; 1 Juan
4:10; 2 Pedro 3:9; 1 Timoteo 2:4. Es un amor incuestionablemente distinto e
independiente del amor especial que profesa Dios a sus santos. Es un amor de
piedad, y no de aprobación o satisfacción. Pero no es un amor menos real. Es un
amor que exime a Dios de injusticia al juzgar al mundo.
Estoy
muy familiarizado con las objeciones que se suelen presentar a la teoría que
acabo de proponer. No veo peso alguno en ellas y no me preocupo de darles
respuesta. Creo que los que limitan el amor de Dios exclusivamente a los
elegidos adoptan una idea limitada y reducida de la naturaleza y los atributos
de Dios. Le niegan a Dios ese atributo de la compasión con el que hasta un padre
terrenal puede considerar a un hijo pródigo y ofrecerle el perdón, aunque se
desprecie su compasión y se rechacen sus ofrecimientos. Hace tiempo que llegué
a la conclusión de que los hombres pueden ser más sistemáticos en sus
afirmaciones que la propia Biblia y pueden caer en un grave error venerando un
sistema de forma idólatra. Las siguientes citas de alguien que, por conveniencia,
llamaré un calvinista concienzudo —me refiero al obispo Davenant—, mostrarán
que la idea que defiendo no es nueva.
“En la Santa Escritura se da tan claro
testimonio del amor general de Dios hacia la Humanidad, y está tan demostrado
por los abundantes efectos de la bondad y la misericordia que Dios extiende a
cada hombre de este mundo, que dudar de ello sería pecar de incredulidad; y
negarlo, pura blasfemia” (Davenant’s Answer to Hoard [Respuesta de Davenant
a Hoard], p. 1).
“Dios no odia nada de lo que ha creado.
Y, sin embargo, es sumamente cierto que odia el pecado en cualquier criatura, y
odia la criatura infectada por el pecado en la medida en que se puede atribuir
odio a Dios. Pero a pesar de todo esto, amó de tal manera al género humano,
caído en Adán, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo pecador que crea
en Él no se pierda, mas tenga vida eterna. Y Dios proporciona esta vida eterna
al hombre de tal forma, que ninguno de sus decretos puede llevar a un hombre a
ella sin fe y arrepentimiento y ninguno de sus decretos puede mantener fuera a
un hombre que se arrepiente y cree.”
“En cuanto a la medida del amor de Dios
que se exhibe en el efecto externo sobre el hombre, no se debe negar que Dios
derrama su gracia sobre algunos hombres de manera más abundante que sobre otros
y obra de manera más poderosa y eficaz en los corazones de algunos hombres que
en los de otros, y esto es únicamente según su voluntad. Pero aun así, cuando
este amor más especial no se extiende, su amor menos especial no se limita a
mercedes externas y transitorias, sino que alcanza bendiciones interiores y
espirituales, tales como las que llevan a los hombres a una felicidad eterna,
si su maldad voluntaria no lo obstaculiza.”
(Davenant’s
Answer to Hoard [Respuesta de Davenant a Hoard], p. 469).
“Ningún teólogo de la Iglesia reformada en su
sano juicio negará una intención o un plan generales concerniente a la
salvación de todos los hombres individualmente por medio de la muerte de Cristo
a condición de que crean. Porque la intención o el plan de Dios es general y se
revela claramente en la Santa Escritura, aunque la intención absoluta e
irremisible de Dios con respecto al don de la fe y la vida eterna para algunas
personas sea especial y esté limitada exclusivamente a los elegidos. Así lo he
sostenido y así lo sostengo” (Davenant’s Opinión on the Gallican
Controversy [La opinión de Davenant sobre la controversia galicana]). [El
galicanismo fue un movimiento del siglo XVII que definía la autoridad del rey
francés, la Iglesia francesa, el papado e, indirectamente, de los Parlamentos
franceses y las relaciones entre todos ellos. N.E.].
Observa
Calvino con respecto a este texto: “Cristo
trajo vida porque el Padre celestial ama a la raza humana y desea que no se
pierda”. Luego dice: “Cristo empleó
el término universal de todo aquel tanto para invitar a todos sin distinción a
participar de la vida como para eliminar cualquier excusa por parte de los
incrédulos. Igual intención tiene el término mundo. Aunque no hay nada en el
mundo digno del favor de Dios, sin embargo, muestra su deseo de reconciliarse
con el mundo entero al invitar a todos los hombres sin excepción a la fe de
Cristo.
Brentano,
Bucero, Calovio, Glassius, Chemnitio, Musculus, Bullinger, Bengel, Nifanius,
Dyke, Scott, Henry y Manton tienen la misma interpretación del “amor” de Dios y
el “mundo” en este texto.
La
expresión “de tal manera” ha
suscitado gran número de comentarios por la profundidad de su significado. Sin
lugar a dudas, significa “tan grandemente, tanto”. El obispo Sanderson, citado
por Ford, observa lo siguiente: “No hay lengua o intelecto humano que pueda
alcanzar a decir cuánto abarca ese “de tal manera”: nada lo expresa más
vívidamente que la propia obra”.
[Que ha dado a su Hijo unigénito].
Notemos que el don de Cristo es resultado del amor de Dios al mundo, y no su
causa. Decir que Dios nos ama porque Cristo murió por nosotros es ciertamente
una lamentable teología. Pero decir que Cristo vino al mundo a consecuencia del
amor de Dios es la verdad escrituraria.
Es
notable la expresión “ha dado”.
Cristo es el don de Dios el Padre a un mundo perdido y pecaminoso. Fue dado de
manera general para que fuera el Salvador, el Redentor, el Amigo de los pecadores;
a fin de hacer una expiación suficiente para todos; y a fin de proporcionar una
redención lo suficientemente grande para todos. Para llevarlo a cabo, el Padre
lo entregó libremente para que fuera despreciado, rechazado, ridiculizado,
crucificado, contado como culpable y maldito por nosotros. Está escrito que fue
“entregado por nuestras transgresiones” y que Dios “no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros”
(Romanos 4:25; 8:32). Cristo es el “don
de Dios” del que se habló a la samaritana (Juan 4:10) y el “don inefable” del que habla S. Pablo (2 Corintios
9:15). Él mismo dice a los judíos malvados: “Mi Padre os da el verdadero pan del cielo” (Juan 6:32). Observemos
que este último texto fue el utilizado por Erksine para acallar a la Asamblea General
de Escocia cuando se le acusó de ofrecer a Cristo a los pecadores demasiado
liberalmente.
Observemos
que, en este versículo, nuestro Señor se llama a sí mismo “Hijo unigénito” de Dios. Dos versículos antes se ha llamado a sí
mismo “Hijo del Hombre”. Se utilizan
ambos nombres para que Nicodemo tenga claras las dos naturalezas del Mesías. No
era únicamente el Hijo del Hombre, sino el Hijo de Dios. Pero es extraordinario
advertir que en ambos lugares se utilizan exactamente las mismas palabras con
respecto a la fe en Cristo. Si queremos ser salvos, debemos creer en Él como Hijo
del Hombre y como Hijo de Dios.
[Para que todo aquel que en él cree, etc. […]
vida eterna]. Estas palabras son exactamente las mismas que las del
versículo anterior. La repetición de esta gloriosa frase —“todo aquel que en él cree”— es muy instructiva. Por un lado sirve
para mostrar que, a pesar de lo grande y amplio que sea el amor de Dios, será
inútil para todo el que no crea en Cristo. Dios ama a todo el mundo, pero Dios no salvará a nadie en el mundo que
se niegue a creer en su Hijo unigénito. Por otro lado nos muestra el gran
punto al que todo cristiano debiera dirigir su atención. Debe asegurarse de que
cree en Cristo.
Es
una completa pérdida de tiempo estar preguntándonos constantemente a nosotros
mismos si Dios nos ama y si Cristo murió por nosotros; y preocuparnos por
cuestiones semejantes demuestra una crasa ignorancia de la Escritura. La Biblia
nunca dice a los hombres que consideren estas cuestiones, sino que les ordena
que crean. Siempre enseña que la salvación no gira en torno a la pregunta “¿murió
Cristo por mí?”, sino en torno a la de: “¿Creo en Cristo?”. Si los hombres no
disfrutan de vida eterna, nunca es porque Dios no les amara o porque no se
entregara Cristo por ellos, sino
porque no creen en Cristo.
Para
concluir este versículo, quiero señalar que la idea que sostienen Erasmo,
Olshausen, Wetstein, Rosenmuller y otros de que no contiene palabras de nuestro
Señor y que, a partir de este versículo hasta el 21, lo que tenemos son los
comentarios u observaciones de S. Juan, me parece completamente infundada y sin
el respaldo de un solo argumento que merezca ser considerado. Que nuestro Señor
no utilizó la tercera persona al hablar de sí mismo, no sirve como argumento.
Lo vemos a menudo hablando de sí mismo en tercera persona (véase, por ejemplo,
Juan 5:19–20). No se gana absolutamente nada adoptando esa teoría, mientras que
contradice la creencia común de casi todos los creyentes en todas las épocas
del mundo.
Flacius
observa que este versículo y los dos anteriores comprenden todas las causas de
la justificación: 1) la causa eficaz lejana: el amor de Dios; 2) la causa eficaz próxima: el don del Hijo de Dios; 3) la
causa material: la exaltación de
Cristo en la Cruz; 4) la causa instrumental: la fe; 5) la causa final: la vida eterna.”
J. WALVOORD - R. ZUCK
“Desde
el lado del hombre, el regalo solamente se
recibe, no se gana (Jn. 1:12–13). Una persona se salva al creer, al confiar
plenamente en Cristo. Pierda (apolētai)
no significa destrucción, sino un destino final de “ruina” en el infierno, apartado de Dios, quien por el contrario es
vida, verdad, y gozo. Vida eterna es una nueva calidad de vida que el creyente
tiene ahora como posesión actual y que
tendrá para siempre (cf. 10:28; 17:3).”
GARY BAUMLER
“Nosotros
no podemos entender con facilidad el amor de Dios, y necesitamos saber acerca
de él. A muchos cristianos les gusta referirse a este amor por su nombre en
griego, agape, que en español es ágape.
Este tipo de amor es más que un sentimiento, es una determinación. No se
entrega a soñar de una manera pasiva, sino que actúa con propósito y con
determinación. No basa sus acciones sobre lo agradable o digno que sea objeto
del amor; actúa en interés del objeto. A Dios no le gustó el pecado; lo odió,
pero amaba al mundo que estaba atrapado en el pecado y por esto tuvo que ver la
manera de tratar con el pecado.
El
amor de Dios dio resultados. Ofreció el sacrificio máximo por el mundo que
amaba, dio a su único Hijo. Sin
embargo, dar a su único Hijo significaba más que hacerlo nacer de una madre virgen
y que aclamarlo como salvador. Dios dio a su Hijo como el sacrificio que era
necesario para pagar por los pecados del mundo.
Dios
entregó a su único Hijo para que muriera en la cruz. Después, Jesús le repitió
lo que significaba el regalo de Dios: “Para
que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. La
fe salva. Pero no precisamente cualquier fe; la fe en el Hijo de Dios que fue
dado como un sacrificio por nosotros.
Los
que creen en él “no perecerán”.
Aunque veamos que muchos creyentes mueran, es sólo la muerte física la que les
pone fin a nuestros años aquí en la tierra. Los creyentes siguen viviendo por
siempre con Jesús. Ya ahora disfrutamos de la vida con Jesús, pero después de
la muerte sabremos lo que es la vida en plena gloria.”
XAVIER LEON DUFOUR
“Cuando
reflexionaba sobre el designio de Dios realizado en Jesucristo, Pablo descubría
también en él el amor de Dios, este amor, celebrado ya en el Antiguo
Testamento, se había manifestado en su profundidad por el hecho de que Jesús «murió por nuestros pecados», de que Dios
«no reservó a su propio Hijo, sino que lo
entregó por nosotros» ¿No es esto lo que afirma nuestro texto?
En
realidad, el horizonte es aquí más amplio, el don del Hijo incluye toda su trayectoria en este mundo su bajada, su ministerio en
obras y palabras, su «elevación», su presencia continuada por el Paráclito.
Que la cruz no es ni la única ni siquiera la principal implicación del v 16 lo
vemos por la elección del verbo «dar»
(dídómi) en vez de paradídomi (=«entregar»), que es el utilizado tradicionalmente (en pasiva) a
propósito de la pasión.
Con
este verbo se pone de relieve el aspecto propiamente de «don», de un don en el que se recapitula (el verbo édóken está en aoristo indicativo complexivo) toda la misión del Hijo en el mundo.
De hecho, en el versículo siguiente, el verbo paralelo «enviar» no evoca directamente la pasión, sino el conjunto de la obra del Hijo. En fin, según la presentación
joánica y aquí mismo, Jesús es eminentemente el revelador del Padre, Aquel cuya palabra despierta al hombre a la
comunión divina.”
LEON MORRIS
“La
construcción griega hace hincapié en el hecho del regalo: no se trata de que
«Dios amó lo suficiente para poder dar», sino que «Dios amó, y por eso dio». Su amor no es un sentimiento vago ni
pasajero, sino un amor comprometido, que
tiene un precio. Dios dio lo que más amaba.
Ante
todo, se explica que la muerte del Hijo tiene un carácter revelador; nos
muestra el amor del Padre. Luego se nos dice cuál es su propósito, tanto
negativo como positivo. Los que creen en Él no serán “condenados”. Ni aquí ni en ningún otro lugar del Nuevo Testamento
se explica con detalle la terrible realidad que hay detrás de la palabra “condenación”. Pero siempre que aparece
esta palabra hay un reconocimiento de que a los que finalmente no se
arrepientan, algo horrible aguarda.
Los creyentes se salvan de ese espantoso final solo por la muerte del Hijo. Y
gracias a esa muerte, tienen “vida eterna”.
Juan opone de forma clara las dos posibles alternativas: la condenación o la
vida. Son las dos únicas opciones.”
SAMUEL P. MILLOS
“La
obra de salvación obedece al amor de Dios. En ocasiones la arrogancia del
hombre pretende situar la salvación en la misericordia consecuente de Dios a
causa de la condición perdida del ser humano por su pecado. Es decir, Dios
salvó al hombre porque se había perdido y acudía a su necesidad para que no se perdiesen
Sus creaturas. Pero, la Biblia enseña que Dios determinó salvar al hombre, no
por lo que el hombre fuese o dejase de ser, sino por determinación personal
antes de que el hombre fuese creado (2 Ti. 1:9).
El
Cordero de Dios había sido predestinado para la redención del mundo antes de la
creación (1 Pedr. 1:18-20). El amor de Dios no solo es infinito, sino que es
incomprensible, es más, es ilógico, porque se orienta hacia el perdido y
rebelde pecador, ingrato, sin afectos naturales, corrompido y por tanto
corrupto que no busca a Dios ni quiere saber de Él, constituyéndose en enemigo
suyo por sus malas obras (Stg. 4:4). Lo sorprendente es que a estos enemigos,
cuyo destmo era la eterna condenación, los reconcilió consigo por la muerte de
Su Hijo (Ro. 5:10).
Las
palabras del versículo se ocupan primeramente de presentar la causa eficiente de
salvación y la dimensión de ella, ofreciendo la verdad de que toda la obra
redentora se origina en el amor infinito de Dios. La expresión "de tal
manera amó" tiene que ver con la extraordinaria dimensión de ese amor,
como si dijese así de grande es el amor de Dios. Este pensamiento satura la
mente de Juan, de modo que insiste en ello en otro de sus escritos: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para
que seamos llamados hijos de Dios" (1 Jn. 3:1). La primera frase tiene
el sentido de mirad de que país, o mirad de que estilo, o de que condición, es
el amor de Dios.
El
amor de Dios es intrínseco, esto es, esencial, puesto que ama porque es amor.
Ama aunque no haya nada en los objetos de Su amor que pueda provocarlo, ni nada
en la criatura que pueda atraerlo o impulsarlo. El amor humano es de relación,
se ama a otro porque en alguna manera corresponde a ese amor; el amor de Dios
es inmotivado, de ahí que sea ilógico. La única razón para que ame es Su
voluntad soberana, como decía a Israel: "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os
ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;
sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros
padres" (Dt. 7:7-8).
De
la misma manera enseña el apóstol Pablo cuando dice que nos amó desde la
eternidad, es decir, antes de que ninguna acción nuestra pudiera servir de
mérito o demérito a ese amor (2 Ti. 1:9). El amor nuestro con que le amamos, es
el Suyo derramado en nosotros (Ro. 5:5), por eso le amamos, porque Él nos amó
primero (1 Jn. 4:19). Es un amor espontáneo, porque surgió de Él mismo, antes
de nuestra existencia.
Además
de eso el amor de Dios es eterno, como Él mismo. Como Él no tuvo principio ni
tendrá fin, así también su amor tampoco lo tiene. Esa es la verdad revelada por
Dios mismo: "Con amor eterno te he
amado; por tanto, te prolongué mi misericordia" (Jer. 31:3). Dios amó
al mundo antes que el cielo y la tierra, los ángeles y los hombres fuesen creados.
De manera que si el amor de Dios es intrínseco y eterno, tiene también que ser
soberano. No cabe duda que Él es soberano, no está obligado con nadie, y actúa
siempre conforme a Su determinación voluntaria y libre. Porque Dios es amor y
es soberano ama a quien quiere amar y en el versículo el amor de Dios se
orienta hacia todo el mundo. Ningún hombre podrá decir jamás a Dios que no le
amó.”
WILLIAM HENDRIKSEN
“Para
recibir esa vida eterna se debe creer en el unigénito Hijo de Dios. Pero es
importante darse cuenta de que Jesús menciona la necesidad de la regeneración antes de hablar acerca de
la fe (cf. 3:3, 5 con 3:12, 14–16). La obra de Dios dentro del alma siempre
precede a la obra de Dios en que el alma coopera (véase especialmente 6:44). Y
puesto que la fe es, por consiguiente, el don de Dios (no sólo para Pablo, Ef.
2:8, sino también en el cuarto Evangelio), su fruto, la vida eterna, es también el don de Dios (10:28). Dios dio a su Hijo; Dios nos da la fe para
aceptar al Hijo; y él nos da la vida eterna como recompensa por el ejercicio de
esa fe. ¡A él sea la gloria por siempre jamás!”
JAMES SMITH
“Dio a su Hijo.» Éste fue el
sacrificio del amor para ganar otra vez a un mundo extraño a Él debido al amor
del pecado y el poder del enemigo. Dios, al planear la redención, dispuso que
Él mismo pagaría el precio. Así es la gracia. Este gran sacrificio no podía ser
comprado. Es don de Dios. «He aquí el Cordero de Dios.» Solamente el Cordero
designado por Dios podría bastar para proveer a la tremenda necesidad del
mundo.
El propósito de la Redención. «No perezca.» Salvación. Que el mundo por Él
fuera salvo (v. Jua_3:17). Él no vino a destruir las almas de los
hombres, sino a salvarlas (Luc_9:56). Jesucristo no solo salva almas, sino que
salva vidas. «Para Mí el vivir es Cristo».
El alcance de la redención. «Todo aquel.» En esta provisión hecha por la
soberana gracia de Dios hay amplia satisfacción para todos. No se trata de una
fuente de adorno con jarras de juguete y aguas pintadas. Todo el que quiera
puede tomar gratuitamente del agua de la vida (Apo_22:17).
La aplicación de la redención. «Todo aquel que cree en Él.» La fe no es
el agua, pero es la copa que cuelga del pozo del que bebes. Hay muchos que
creen de una manera tal que están totalmente desprovistos de salvación. No es
aquel que sólo cree, sino el que cree en Él que tiene la vida eterna.
La fe tiene que ser en el Hijo (v. Jua_3:36).
El resultado de la redención. «No perezca, sino que tenga vida eterna.»
No
perezca como el mundo antiguo, sino que tenga vida, como Noé.
No
perezca como los sodomitas, sino que tenga vida, como Lot.
No
perezca como el constructor insensato, sino que tenga vida, como el prudente.
No
perezca como el rico, sino que tenga vida, como Lázaro.
No
perezca con el diablo, sino que tenga vida eterna, que está en Cristo.”
MATTHEW HENRY
“La
alternativa que se presenta a todo aquel que rehúsa creer en Jesucristo como en
su único Salvador necesario y suficiente no es simplemente el no disfrutar del
Cielo, ni siquiera el perecer físicamente y ser aniquilado al final, como
sostienen algunos grupos dentro de algunas denominaciones cristianas, sino el perderse o arruinarse para siempre:
la muerte eterna o «muerte segunda», que consiste en estar siempre muriendo sin
acabar nunca de morir, así como la vida eterna consiste en estar siempre
viviendo en plenitud, sin temor de volver a morir. El propio Jesús, en
Mat_25:46, establece un perfecto paralelismo antitético entre el «castigo
eterno» de los impíos y la «vida eterna» de los justos. Un Dios celoso, que ha
sido ofendido en lo más sublime de Su amor, mostrado en el Calvario, ha de
convertirse, por toda la eternidad, en un Dios de ira para el que ha rehusado
creer en el Hijo.”
MARTIN LUTERO
“Dios
nos otorga a su Unigénito que también es Hijo del Hombre, como remedio contra
el pecado, la muerte y vuestro viejo nacimiento y antigua naturaleza. «Se nos
da» el Hijo para que muera por nosotros. Este es un nuevo milagro y en mi
opinión, el más grande. Si os asombra y consideráis que es increíble que un
hombre vuelva a nacer, más os asombrará la nueva maravilla: Dios amaba tanto al
pobre pecador que le dio no un ángel ni un profeta, sino a su propio Hijo.
Debéis
comprender la manera como se produjo esta donación del Hijo hecho hombre y el
propósito de la misma al ser crucificado. Una vez aprendida tanta maravilla,
vuestro corazón se sentirá impulsado a exclamar: ¡Maravilloso! ¿Cómo es
posible?, pero si se acepta y se cree en ello, concluiréis: «Si el Hijo de Dios
es la cura y el remedio para el pecado y la muerte, ¿por qué tiene que
sorprenderme saber que el Hijo de Dios es más grande que el pecado, el diablo y
mi propia muerte?» Creed en ello y experimentaréis que es el más grande. Es
cierto que con mis propios recursos no puedo eliminar la muerte, sino que debo
morir aunque vista hábito de monje, haya ingresado en las órdenes monásticas,
obedezca sus reglas, vaya en peregrinación y lleve a cabo todas esas buenas
obras en las que depositan su confianza.
Ninguna
de estas condiciones constituyen el camino correcto ni la medicina adecuada.
Pero si puedo creer y aceptar este remedio, es decir, que Dios me otorga a su
propio Hijo —no un hijo ordinario como el de Abraham, Isaac y David a quienes
Dios dio tantos, sino a su Unigénito—. Es cierto que este Hijo puede cambiar
nuestro nacimiento y por tanto conseguir una victoria sobre el diablo. Esto
ocurre porque el Hijo de Dios es mucho más grande que la muerte y más fuerte
que el pecado y el mal.
Por
medio de Él conseguimos la gracia de Dios en lugar de su ira y todo cuanto
necesitemos. Si os desconcierta y no lográis entender cómo un hombre puede
pasar del reino del diablo al de Dios, la donación de su Hijo os sorprenderá
aún más. Pero si lo aceptáis por la fe, dejará de desconcertaros. Si tenemos al
Hijo de Dios que, por nosotros y a nuestro lado, se enfrenta a la muerte y se
opone al diablo, podemos dejar que éste rabie y se enfurezca.
Si
el Hijo de Dios murió por mí, no me inquietará que la muerte me consuma y me
devore porque estoy seguro que Él me recogerá y me restablecerá y el poder de
la muerte nada podrá contra mí. Cristo murió, la muerte devoró al Hijo de Dios.
Pero al hacerlo, la muerte se tragó una buena espina y tuvo que devolverla. Le
fue imposible a la muerte retenerle. Porque la Persona era Dios y, dado que
Dios y hombre son una persona indivisible, al entrar en el vientre de la muerte
y del diablo, la muerte engulló un bocado que dejó su estómago abierto.
El
consejo del Padre desde toda la eternidad fue destruir a la muerte, arruinar el
reino del diablo, y darle una píldora que engullera de buena gana, pero que le
crearía un gran tumor en el vientre y en el mundo. Ahora el Señor desea decir:
«Querido Nicodemo, como puedes ver,
constituye un gran milagro que Dios pueda gastar un tesoro tan grande y tan
precioso a favor de vuestro renacimiento.
¿No es un milagro que yo, el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios en una sola Persona, me sacrifique a las fauces de la muerte y del diablo? Pero no permaneceré allí, no sólo saldré, sino que desgarraré el vientre del diablo; el veneno será tan potente que le sobrevendrá la muerte sin remedio».”

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