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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 13 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Nadie
subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está
en el cielo. |
Nadie
ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre. |
Porque
nadie ha subido al cielo, excepto el que descendió del cielo: el Hijo del Hombre. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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καιG2532 CONJ
ουδειςG3762 A-NSM-N αναβεβηκενG305 V-RAI-3S ειςG1519 PREP τονG3588 T-ASM
ουρανονG3772 N-ASM ειG1487 COND μηG3361 PRT-N οG3588 T-NSM εκG1537 PREP
τουG3588 T-GSM ουρανουG3772 N-GSM καταβαςG2597 V-2AAP-NSM οG3588 T-NSM υιοςG5207
N-NSM τουG3588 T-GSM ανθρωπουG444 N-GSM οG3588 T-NSM ωνG1510 V-PAP-NSM
ενG1722 PREP τωG3588 T-DSM ουρανωG3772 N-DSM |
και G2532:CONJ Y ουδεις G3762:A-NSM-N
nadie αναβεβηκεν G305:V-RAI-3S ha subido εις G1519:PREP hacia dentro τον
G3588:T-ASM a el ουρανον G3772:N-ASM cielo ει G1487:COND si μη G3361:PRT-N no
ο G3588:T-NSM el εκ G1537:PREP procedente de του G3588:T-GSM el ουρανου
G3772:N-GSM cielo καταβας G2597:V-2AAP-NSM habiendo puesto planta de pie
hacia abajo ο G3588:T-NSM el υιος G5207:N-NSM Hijo του G3588:T-GSM de el
ανθρωπου G444:N-GSM hombre |
et
nemo ascendit in caelum nisi qui descendit de caelo Filius hominis qui est in
caelo |
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KJV |
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And no man hath ascended
up to heaven, but he that came down from heaven, even the Son of man which is
in heaven. |
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TCB |
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Nadie
subió al cielo. Jua_1:18; Jua_6:46;
Deu_30:12; Pro_30:4; Hch_2:34; Rom_10:6; Efe_4:9. El
que descendió del cielo.
Jua_6:33, Jua_6:38, Jua_6:51, Jua_6:62; Jua_8:42; Jua_13:3; Jua_16:28-30;
Jua_17:5; 1Co_15:47. El
Hijo del hombre, que está en el cielo.
Jua_1:18; Mat_28:20; Mar_16:19, Mar_16:20; Hch_20:28; Efe_1:23; Efe_4:10. |
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COMENTARIOS:
ISAAC AMBROSE
“Ascendió
principalmente por el gran poder de su
divinidad: así, nadie subió al cielo sino Jesucristo; porque aunque Enoc y
Elías fueron ascendidos al cielo, no fue por su propio poder, ni por ellos mismos;
fue por el poder de Dios por el que ascendieron, y fue por la ayuda y el
ministerio de los ángeles.”
JOHN OWEN
“Su
persona divina no puede dejar realmente el trono de majestad. Por eso dice de
sí mismo: "Nadie subió al cielo,
sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el
cielo", Juan 3:13. Su ascensión al cielo en este lugar, que precedió a
la ascensión real de su naturaleza humana, no es más que su admisión al conocimiento de las cosas celestiales, de todos los
secretos del consejo de Dios (ver Juan 1:18, Mat. 11: 27); porque es del
conocimiento de los misterios celestiales lo que está discutiendo con Nicodemo.
En su encarnación, descendió del cielo, asumiendo una naturaleza sobre la
tierra; la más alta condescendencia de
Dios. Y mientras que la actuación de su poder en la tierra a menudo se
llama su descenso del cielo, Génesis 18:21, Isa. 64:1, ¡cuánto más puede
llamarse así esta condescendencia infinita de la segunda persona al asumir
nuestra naturaleza! Pero aun así todavía
estaba en el cielo; "el Hijo del
Hombre, que está en los cielos". En su naturaleza divina
todavía estaba en el trono de majestad; por ser esta propiedad inseparable de
la autoridad divina, nunca podría renunciar a ella.”
THOMAS READE
“La
doble naturaleza de Cristo fue declarada por él mismo en muchas ocasiones. A
Nicodemo le dijo: "Nadie subió al
cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el
cielo". Como hombre, estaba en
la tierra; como Dios, llenó los
cielos con su presencia. La orgullosa razón se tambalea ante esta
verdad, pero la fe se regocija y triunfa. La
salvación es del Señor.
Oh,
por este amor, que se rompan las rocas y las colinas, Su silencio duradero; Y
todas las lenguas humanas armoniosas, hablan las alabanzas del Salvador. Como
Jesús nació en la carne, así debo nacer yo en el Espíritu. Él llegó a ser Hijo
del Hombre para que yo pudiera llegar a ser hijo de Dios. Murió para que yo
pudiera vivir. Él vive siempre para interceder por mí, para que donde él esté,
allí también esté yo.”
THOMAS BROOKS
“Vea
el versículo 31, "El que de arriba
viene, sobre todos es; el que viene del cielo, sobre todos es". Juan
8:23, "Tú eres de abajo, yo soy de
arriba". Juan 16:28, "Salí
del Padre y he venido al mundo; y de nuevo dejo el mundo y voy al Padre".
Ahora, a partir de estas escrituras benditas podemos argumentar así: el que
estaba en el cielo antes que él en la tierra, y que también estuvo en el cielo mientras
estuvo en la tierra, es ciertamente el
Dios eterno, pero todo esto Jesucristo lo afirma firmemente acerca de
sí mismo, como es evidente en las últimas escrituras citadas; por tanto, él es el Dios eterno, bendito para
siempre.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“Continúa
Jesús argumentando enérgicamente contra Nicodemo y afirma ahora que no sólo
conoce esas verdades, sino también otros muchos misterios mucho más profundos. Esa
es la razón de que añada: Nadie ha subido
al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
¿Qué tiene esto que ver con lo anterior?, preguntaréis.
Muchísimo:
estas palabras son perfectamente coherentes con las que antes se han dicho.
Como Nicodemo había dicho: Sabemos que
has venido de Dios como maestro, corrige ahora con sus palabras este
pensamiento, como diciendo: no penséis
que Yo soy un maestro al estilo de tantos profetas, que eran terrenos. Yo vengo
del cielo. Ninguno de los profetas ha bajado del cielo y Yo, en cambio, habito
allí. Considerad aquí cómo incluso lo que parece más elevado es
absolutamente inepto para representar su majestad.
Porque,
en efecto, Cristo no habita en el cielo
solamente, sino en todo lugar y llena el universo. Habla aquí teniendo
presente la debilidad de su interlocutor y pretendiendo elevarlo gradualmente
cada vez más alto. Se llama a sí mismo Hijo
del hombre, comprendiendo dentro del nombre de su naturaleza inferior no
sólo su carne, sino, por así decir, la totalidad de su persona. A menudo tituló
su persona con apelativos que se reclamaban a su divinidad, y otras muchas
veces, con nombres que denotan su humanidad.”
A.T ROBERTSON
“Que
está en el cielo (hös ön en töi ouranöi). Esta frase es añadida por algunos
manuscritos, pero no en Alef, B, L, W, 33, y, si es genuina, meramente
enfatizaría la existencia atemporal del Hijo de Dios, que está en el cielo
incluso mientras en la tierra. Probablemente sea una glosa. Pero «el Hijo del
Hombre» sí es genuino. Él es aquel que ha descendido del cielo.”
A.W PINK
“La
conexión entre este versículo y el anterior parece ser la siguiente. Las “cosas celestiales” a las que el Señor se
había referido no habían sido hasta entonces claramente revelado a los hombres.
Ascender al cielo y penetrar los consejos ocultos de Dios era una absoluta
imposibilidad para el hombre caído. Sólo el Hijo, cuya residencia nativa era el
cielo, estaba calificado para revelar las cosas celestiales.
Pero,
¿qué quiso decir el Señor cuando dijo: "Nadie ha subido a el cielo?" Este versículo es uno de los
favoritos de muchos de los que creen en "Sueño del alma" y "Aniquilación".
Hay quienes sostienen que entre la muerte y la resurrección el hombre deja de
existir.
Apelan
a este versículo y declaran que El hombre, ni siquiera Abel o David, ha subido todavía
al cielo. Pero debe notarse que Cristo no dijo, "nadie ha entrado en el cielo", sino "nadie subió al cielo". Cosa
diferente. "Ascendido" ningún
hombre lo ha hecho, ni lo hará jamás. Lo que tenemos ante nosotros ahora es
solo uno de los diez mil ejemplos de la precisión minuciosa y maravillosa de
las Escrituras, perdido, lamentablemente, por la gran mayoría que lo leyeron
tan descuidadamente y apresuradamente. De Enoc se registra que "fue trasladado para que no viera la muerte"
(Heb. 11: 5). De Elías se dice que "subió
al cielo en un torbellino" (2 Reyes 2:11). De los santos que serán
arrebatados al cielo al regreso de Cristo, se dice que serán "arrebatados" (1 Tes. 4:17). Solo de
Cristo se dice que "ascendió".
Esto marca a la vez Su singularidad y demuestra que en todas las cosas Él tiene
"la preeminencia" (Col. 1:18).
Pero
observe además que el Señor dijo, "aun
el Hijo del Hombre que está en En el cielo, incluso mientras hablaba con
Nicodemo en la tierra. Esta es otra evidencia de Su Deidad. Afirmó Su Omnipresencia. Es notable ver que
cada atributo esencial de la Deidad se predica de Cristo en este Evangelio, el
objeto especial de que es revelar sus perfecciones divinas. Su eternidad se argumenta en Juan 1:1.
Su gloria divina se menciona
en Juan 1:14. Su omnisciencia
se ve en Juan 1:48 y nuevamente en Juan 2:24, 25. Su incomparable la sabiduría se testifica en Juan
7:46. Su amor inmutable se
afirma en Juan 13:1. Y así podríamos continuar indefinidamente.”
CHARLES SPURGEON
“Estamos
en la escalera, ahora, entre el cielo y la tierra. Cristo ha bajado. Cristo ha
subido y, sin embargo, siempre estuvo allí: un misterio, pero verdadero y
nuevo. Hoy podemos subir con el pensamiento y la oración, y las bendiciones
pueden descender, pero Cristo siempre está ahí. “Él está al lado del Padre, el
Hombre de Amor, el Crucificado”.
El Hijo del Hombre… ¡Cuán constantemente nuestro Maestro usa el título
“Hijo del Hombre”!
Si
lo hubiera escogido, Se habría siempre llamado a Sí mismo “Hijo de Dios, Padre Eterno, Admirable, Consejero, Príncipe de Paz”:
pero, ¡he aquí la humildad de Jesús!
Él
prefiere llamarse a Sí mismo “el Hijo del
hombre”. Aprendamos una lección de humildad de nuestro Salvador, y no
ambicionemos nunca grandes títulos ni grados presuntuosos.
Hay
aquí, sin embargo, un pensamiento mucho más dulce: Jesús amó tanto a la
humanidad que Se deleitó en honrarla. Es un alto honor y, de hecho, la más
grande dignidad de la humanidad, que Jesús Se designe como “el Hijo del Hombre”. Él cuelga estrellas
reales sobre el pecho de la raza humana, manifestando el amor de Dios a la
simiente de Abraham.
“Hijo del hombre”: cada vez que Él
pronuncia esta palabra, coloca un halo alrededor de la cabeza de los hijos de
Adán. Sin embargo, hay quizás aún, un pensamiento más precioso: Jesucristo Se
llama a Sí mismo “el Hijo del hombre”
para expresar Su unidad y Su simpatía con Su pueblo. El nos recuerda así que Él
es Aquel a quien podemos acercarnos sin temor.
Como
hombre que es, podemos llevarle todas nuestras penas y problemas, pues las
conoce por experiencia. En cuanto a que Él mismo ha sufrido como “Hijo del
hombre”, es poderoso para socorrernos y confortarnos.
¡Bendito
seas Tú, oh Señor Jesús! Es para nosotros una querida demostración de Tu
gracia, Tu humildad y Tu amor, el que Tú siempre emplees el dulce título que
manifiesta que Tú eres nuestro hermano.
¡Oh,
ved cómo Jesús a Sí mismo Se confió a nuestro infantil amor, ¡Como si por Sus
libres formas para con nosotros, quisiera probar nuestro fervor! Su sagrado
nombre, en una palabra común en la tierra, le agradó escuchar; No hay grandeza
en Él para que en amor se le puedan acercar.”
JUAN CALVINO
“Nadie ha subido al cielo. De nuevo
exhorta a Nicodemo a no confiar en sí mismo ni en su propia sagacidad, porque
ningún mortal puede entrar en el cielo por sus propios poderes sin ayuda, sino
sólo el que va allí bajo la guía del Hijo de Dios. Porque ascender al cielo
significa aquí, "tener un
conocimiento puro de los misterios de Dios, y la luz del entendimiento
espiritual". Porque Cristo da aquí la misma instrucción que da Pablo, cuando
declara que el hombre sensual no comprende las cosas que son de Dios, (1 Corintios
2:14;) y, por tanto, excluye de las cosas divinas toda la agudeza del
entendimiento humano, porque está muy por debajo de Dios.
Pero
debemos prestar atención a las palabras, que solo Cristo, que es celestial, asciende al cielo, pero que la entrada
está cerrada a todos los demás. Porque, en la cláusula anterior, nos humilla,
cuando excluye al mundo entero del cielo. Pablo ordena los que desean ser
sabios con Dios, son necios consigo mismos, (1 Corintios 3:18.)
No
hay nada que hagamos con mayor desgana que esto. Para ello debemos recordar que
todos nuestros sentidos fallan y ceden cuando llegamos a Dios; pero, después de
habernos excluido del cielo, Cristo se apresura a proponer un remedio, cuando
agrega, que lo que se negó a todos los demás se concede al Hijo de Dios. Y esta es también la razón por la que se llama a
sí mismo el Hijo del Hombre, para que no
dudemos de que tenemos una entrada al cielo en común con aquel que se vistió de
nuestra carne, para hacernos partícipes de todas las bendiciones. Por
tanto, puesto que él es el único Consejero
del Padre (Isaías 9:6), nos admite en esos secretos que de otro modo
habrían permanecido ocultos.
Quién está en el cielo… Puede parecer absurdo decir que él está en el cielo,
mientras todavía habita en la tierra. Si se responde que esto es cierto con
respecto a su naturaleza divina, el modo de expresión significa otra cosa, a
saber, que mientras era hombre, estaba en el cielo. Se podría decir que aquí no
se hace mención de ningún lugar, sino que Cristo sólo se distingue de los
demás, en cuanto a su condición, porque es el heredero del reino de Dios, del
cual está desterrado todo el género humano; pero, como sucede con mucha
frecuencia, debido a la unidad de la Persona de Cristo, que lo que propiamente
pertenece a una naturaleza se aplica a otra, no debemos buscar otra solución.
Por tanto, Cristo, que está en los cielos, se ha revestido de nuestra carne,
para que, extendiéndonos su mano
fraternal, nos eleve al cielo con él.”
JOHN MACARTHUR
“El
único que posee el conocimiento verdadero de la realidad celestial es el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre. “En estos postreros días [Dios] nos ha hablado por el Hijo, a quien
constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (He.
1:2). Él es “el pan de Dios… que
descendió del cielo y da vida al mundo” (Jn. 6:33; cp. 6:51).
Él
declaró en Juan 6:38 lo siguiente: “He
descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me
envió”. En Juan 6:62 preguntó: “¿Pues
qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?”. En Juan
8:42 dijo a sus acusadores: “Si vuestro
padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he
venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió”.
El
prólogo de Juan al relato de cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos
contiene la siguiente declaración: que Jesús “había salido de Dios, y a Dios iba” (Jn. 13:3). Esa misma noche en
el aposento alto, Jesús dijo a los discípulos: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al
Padre” (Jn. 16:28). El Señor oró así en su oración sacerdotal: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado
tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn.
17:5). Pablo escribió a los corintios: “El
primer hombre [Adán] es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el
Señor, es del cielo” (1 Co. 15:47).”
ALBERT BARNES
“Como
Jesús estaba en el cielo y su morada adecuada estaba allí, estaba capacitado
para hablar de las cosas celestiales, y declarar la voluntad de Dios al hombre.
De esto podemos aprender:
1er.
Que la verdad sobre las cosas profundas
de Dios no debe aprenderse de los hombres. Nadie ha ascendido al cielo y
volvió a contarnos qué hay allí; y ningún infiel, ningún simple hombre, ningún
profeta, está calificado por sí mismo para hablar de ellos.
2do.
Que toda la luz que podemos esperar sobre
estos temas debe buscarse en las Escrituras. Solo Jesús y sus apóstoles y
evangelistas inspirados pueden hablar de esas cosas.
3er.
No es de extrañar que algunas cosas de
las Escrituras sean misteriosas. Se tratan de cosas que no hemos visto, y
debemos recibirlos por el testimonio de quien los ha visto.
4to.
El Señor Jesús es divino. Estuvo en
el cielo mientras estuvo en la tierra. Tenía, por tanto, una naturaleza muy por
encima de lo humano, igual al Padre, Juan 1:1.”
JOHN TRAPP
“Objeción. Por tanto, todos menos Cristo están excluidos del cielo.
Solución. La Iglesia y Jesús hacen un solo cuerpo de Cristo, 1
Cor 12:12. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo.” “La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel
que todo lo llena en todo.", Efesios 1:23.”
JOHN GILL
“Aunque
Enoc y Elías lo hicieron, no fue por su propio poder, ni es el sentido que
nuestro Señor desea ser captado aquí; cuyo significado es, que ningún hombre
pudo subir al cielo, para traer de allí
el conocimiento de las cosas divinas y celestiales; en qué sentido la frase
se usa en Deuteronomio 30:12 “No está en
el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá
y nos lo hará oír para que lo cumplamos?”, también en Romanos 10:6 “Pero la justicia que es por la fe dice así:
No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a
Cristo)”, y que puede ser ilustrada por Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del
Padre, él le ha dado a conocer.”
Por
tanto, si Nicodemo había reconocido a Cristo como un maestro venido de Dios, nuestro
Señor quería que él supiera que él era el único maestro de las cosas
celestiales, siendo la única persona que había estado en el cielo y en el seno
del Señor Padre; y por lo tanto, si él y el resto de los judíos desechaban o no
recibían las instrucciones de él, entonces deben permanecer ignorantes para
siempre; porque nunca ha habido, ni ha habrá, ni podría haber, ningún hombre
que pudiera subir al cielo y aprender los misterios de Dios y del reino de los
cielos, y regresar e instruir a los hombres en ellos.”
GRANT OSBORNE
“Jesús
es el Hijo del Hombre, que “descendió”
desde el cielo en su encarnación (3:31; 6:33, 50, 51, 58) y luego “ascenderá” nuevamente volviendo a los
cielos en su muerte y resurrección (6:62; 13:3; 16:5; 20:17). Por otra parte,
que al igual que los ángeles en la escalera de Jacob en 1:51 puede ascender y
descender entre la tierra y el cielo a voluntad. Nadie más tiene o tendrá
alguna vez ese acceso y la autoridad para hablar realidades celestiales. El
cielo es su origen, y un elemento clave en Juan de la presentación del Hijo del
hombre es que él es un ser divino que bajo desde el cielo y, por lo tanto,
puede hablar verdades celestiales.”
J.C RYLE
“[Nadie subió al cielo, etc.]. En mi
opinión, este versículo contiene la primera cosa “celestial” que nuestro Señor muestra a Nicodemo. Pero,
indudablemente, es una frase difícil y los comentaristas difieren ampliamente
en cuanto a su significado.
Algunos,
como Calvino, Musculus, Bullinger, Hutcheson, Poole, Quesnel, Schottgen, Dyke, Lightfoot,
Leigh, Doddridge, A. Clark y Stier, piensan que nuestro Señor muestra aquí a
Nicodemo, con un lenguaje altamente figurativo, la necesidad de la enseñanza
divina a fin de comprender la siguiente verdad espiritual: “Ningún hijo de Adán ha alcanzado jamás los
elevados misterios del Cielo y ha conocido sus elevadas y santas verdades por
medio de su entendimiento natural. Solo el Salvador encarnado, el Hijo de Dios
que ha descendido del Cielo, posee semejante conocimiento. Si quieres conocer
la verdad espiritual debes sentarte a sus pies y aprender de Él”. Esta
interpretación del texto es respaldada por el Salmo 30:12. Según esta
interpretación, el versículo debe tomarse junto con el inmediatamente anterior,
donde se muestra la ignorancia de Nicodemo.
Otros
—como Zuinglio, Melanchton, Brentano, Aretius, Flacius y Ferus— piensan que
nuestro Señor muestra aquí a Nicodemo (y nuevamente en un lenguaje altamente
figurativo) la imposibilidad de los méritos humanos y la absoluta incapacidad
del hombre para justificarse a sí mismo y obtener el acceso al Cielo por medio
de su propia justicia: “Nadie puede
ascender a la presencia de Dios en el Cielo y presentarse perfecto y completo
ante Él a excepción del Salvador encarnado, que ha descendido del Cielo para
cumplir toda justicia. Yo soy el camino al Cielo. Si quieres entrar en el
Cielo, debes creer en el Hijo del Hombre y convertirte en un miembro de su
cuerpo por fe”. La interpretación de este texto recurre a Romanos 10:6–9.
Según esta interpretación, el versículo debe tomarse junto con el
inmediatamente posterior, en el que se explica el camino de la justificación.
Me
atrevo a pensar que la verdadera interpretación del texto es la siguiente: Las
palabras del texto deben interpretarse literalmente. Nuestro Señor comienza su
enumeración de cosas “celestiales” declarando a Nicodemo su propia dignidad y
naturaleza divinas. Le recuerda que nadie ha ascendido literalmente al Cielo
donde mora Dios. Ciertamente, Enoc, Elías y David estuvieron en un lugar de bienaventuranza
cuando abandonaron este mundo, pero no habían “[subido] a los cielos” (Hechos 2:34).
Pero lo que ningún hombre, ni siquiera el más santo, había alcanzado, era el
derecho y la prerrogativa de Aquel en cuya compañía se encontraba Nicodemo. El
Hijo del Hombre había morado en el Cielo desde toda la Eternidad, había
descendido del Cielo, un día ascendería de nuevo a él y, en su naturaleza
divina, se encontraba de hecho en el Cielo, siendo uno con el Padre en ese
mismo momento. “Conoce con quién estás
hablando. No soy un mero maestro venido de Dios, como dices. Soy el Mesías, el
Hijo del Hombre que predijo Daniel. He descendido del Cielo, según la promesa,
para salvar a los pecadores. Un día ascenderé de nuevo al Cielo como el
victorioso precursor de un pueblo salvo. Por encima de todo, me encuentro en el
Cielo como Dios en este mismo momento. Yo lleno el Cielo y la Tierra”.
Prefiero
esta interpretación del versículo antes que cualquier otra por dos motivos. Por
un lado, proporciona un significado
literal a todas las palabras del texto. Por otro, parece una respuesta
apropiada para la primera idea que había expuesto Nicodemo en la conversación,
esto es, que nuestro Señor solo había “venido de Dios como maestro”. Esta es la
idea que, en rasgos generales, sostienen Rollock, Calovio y Gomarus y que
exponen con gran destreza.
Me
inclino a pensar que la palabra griega que traducimos como “sino” debiera interpretarse en un
sentido adversativo, más que
denotando excepción. Hallaremos casos de este tipo de empleo en Mateo 12:4; Marcos
13:32; Lucas 4:26, 27; Juan 17:12; Apocalipsis 4:4; 21:27. La idea parece ser: “El hombre no ha ascendido al Cielo ni puede
hacerlo. Pero lo que el hombre no puede hacer, el Hijo del Hombre sí es capaz
de hacerlo”.
En
este versículo, “Cielo” debe interpretarse
en el sentido de esa presencia inmediata y específica de Dios que no podemos
concebir y expresar de otra forma que con la palabra “Cielo”. La expresión “que
está en el cielo” merece particular atención. Es una de esas muchas
expresiones del Nuevo Testamento que no se pueden explicar más que con la
doctrina de la divinidad de Cristo.
¡Sería
completamente absurdo y falso decir que alguien que es un simple hombre está
hablando con otro en la Tierra al mismo tiempo que está en el Cielo! Pero sí se
puede decir esto de Cristo de forma completamente verdadera y apropiada. Nunca dejó de ser Dios mismo cuando se
encarnó. “Estaba con Dios y era Dios”.
Mientras hablaba con Nicodemo se encontraba en el Cielo como Dios.
Ningún
sociniano puede justificar esta expresión. Si Cristo no hubiera sido más que un
hombre muy santo, no podría haber utilizado estas palabras. La explicación
sociniana de la parte anterior del versículo, esto es, que Cristo fue llevado
al Cielo tras el bautismo e instruido allí con respecto al Evangelio que había
de enseñar, sería completamente absurda y una mera teoría inventada para sortear
una dificultad. Pero la conclusión del versículo es un golpe en la mismísima
raíz del sistema sociniano. No solo está escrito que Cristo “descendió del
Cielo”, sino que “está en el Cielo”.
Permite
plantear la cuestión de si las palabras griegas que traducimos como “que está”
no hacen referencia, tanto aquí como en el capítulo 1:18, a ese nombre
específico de Jehová que sin duda era familiar a Nicodemo: “el Eterno”, “Aquel
que vive”. Es la misma frase que forma parte del nombre de Cristo en el
Apocalipsis: “El que es” (Apocalipsis 1:4).
Gran
parte de la dificultad de este versículo desaparece si recordamos que el pasado
“descendió” se puede traducir con igual corrección gramatical como “asciende,
puede ascender o ascenderá”.
Pierce
adopta esta opinión y cita Juan 1:26; 3:18; 5:24; 6:69; 11:27 y 20:29 para
sustentarla. Whitby piensa que, en este versículo, nuestro Señor tenía en mente
una tradición rabínica: Que Moisés había estado en el Cielo para recibir la Ley
y que declara la falsedad de la tradición diciendo: “Ningún hombre, ni tan
siquiera Moisés, ha ascendido al Cielo.”
LEON MORRIS
“Jesús
deja claro que, aunque nadie más pueda, Él puede hablar con autoridad de las
cosas celestiales. Ningún hombre ha
subido al cielo (Pr. 30:4). Pero Él,
Jesús, bajó del cielo. Durante todo el evangelio Juan insiste en que Jesús procede del Cielo. Esta es una de
las formas que usa para sacar a relucir que Jesús es el Cristo. En este texto, el
origen divino de Jesús le desmarca del resto de la Humanidad.
Tal
y como Pablo lo plantea, la gente es “de
la tierra, terrenal” (1 Co. 15:47), pero Jesús es del Cielo. La gente no
puede subir al Cielo y penetrar en los misterios divinos. Es parte del pecado
del “hijo de la aurora” que dijo en
su corazón “subiré al Cielo” (Is.
14:12-13). Pero no lo logró. Era tan solo una ambición, y todo quedó en
palabras. Pero Jesús sí que ha estado en el Cielo, y ha bajado consigo
realidades celestiales (ver el comentario de 1:51). Puede que esas palabras
quisieran crear polémica, y que estuvieran dirigidas contra aquellos judíos que
enseñaban que los grandes santos podían entrar en el Cielo gracias a su propia
justicia.
Dado
que en este contexto aparece la idea del nuevo nacimiento, y que hay
referencias a “ver” y “entrar” en el reino de Dios, quizá deberíamos
interpretar que ascender al Cielo es
posible. Pero la única manera de conseguirlo es a través del nuevo nacimiento que es “del Espíritu” y que, en
cierta forma, es también obra del Hijo del Hombre. No es algo que el
ser humano pueda hacer por sí mismo.”
FRANCIS MOLONEY
“El
conoce lo que está diciendo y ha visto aquello sobre lo que da testimonio (v
11). Jesús proclama lo que ya se había dicho en el prólogo «Nadie ha visto nunca a Dios, el Hijo único,
que esta vuelto hacia el Padre, lo ha dado a conocer» (1:18). Esta segunda
referencia al Hijo del hombre alcanza también a la promesa anterior que se hizo
a los primeros discípulos: una fe más
grande producirá una visión mayor. Verán
la revelación de lo celestial en el Hijo del hombre (1,51) Sólo Jesús, la palabra hecha carne (1,14), el Hijo de Dios (1,18), el Hijo del hombre (1,51, 3,13), revela las cosas celestiales.”
NACAR – COLUNGA
“La divinidad de Cristo se está
manifestando aquí a través de los procedimientos argumentativos y
característicos bíblicos judíos. Máxime después del “prólogo.”
Precisamente
en el libro de Baruc (Libro apócrifo
católico de Baruc. Nota Edwing P.) hay un pasaje que ambienta hasta con
exactitud literaria este pasaje. Se lee, entre otras cosas, lo siguiente:
Baruc
3:29 “¿Quién subió al cielo para
cogerla (La Sabiduría) y hacerla
bajar desde las nubes?” Baruc 3:32-36 “El que todo lo sabe la conoce y la descubre con su inteligencia, el que
fundó la tierra para siempre y la pobló de animales cuadrúpedos,
(33) el que envía la luz y va, la llama, y temblorosa le obedece.
(34) Los astros brillan encantados en sus puestos de guardia,
(35) él los llama y le responden: ¡Aquí estamos!, y brillan alegres
para su creador. (36) Éste es nuestro Dios y ningún otro es
comparable a él.”
El
pensamiento del evangelista es claro.”
SAN AGUSTIN
“…el Hijo del Hombre, que está en el cielo….
Mira, estaba aquí y estaba en el cielo.
Estaba aquí por su carne y por su divinidad; mejor dicho: por la divinidad está
en todas partes. Nace de la madre sin que se aleje del Padre. Conocemos dos
nacimientos en Cristo: uno divino, otro humano; uno por el que nos creó y otro
por el que nos recreó. Los dos son admirables; aquél sin madre y éste sin
padre. El cuerpo lo recibe de Adán: María viene de Adán. Y ése es el cuerpo que
había de resucitar. Esto es lo terreno a que se refería: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Mas lo que sigue
es lo celestial: ¡Si alguien no renace
del agua y del Espíritu Santo, no verá el reino de Dios.
¡Ea,
hermanos! Dios ha querido ser hijo del
hombre y ha querido también que los hombres sean hijos de DIOS. Por nosotros
baja Él mismo; subamos nosotros por El. Sólo subió y bajó el que dice: Nadie subió al cielo sino quien descendió
del cielo. ¿No subirán al Cielo los que son hechos hijos de Dios? Subirán
sin duda; tenemos esta promesa: Serán
como los ángeles de Dios.
¿Cómo, pues, no sube sino el que baja? Porque no hay más que uno solo que sube y baja. ¿Qué pensar de los demás sino que serán sus miembros, para que sea uno el que sube? Por eso sigue: Nadie subió al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. ¿Te extraña que esté aquí y en el cielo? Así son sus discípulos. Escucha las palabras del apóstol Pablo: Nuestra conversación está en los cielos. Si un hombre como Pablo el Apóstol andaba en la carne y en la tierra y tenía su conversación en los cielos, ¿es mucho que el Dios del cielo y de la tierra esté a la vez en el cielo y en la tierra?”
MATTHEW HENRY
“Al
decirle a Nicodemo que aunque Él es el Hijo del Hombre, ha descendido del
Cielo, viene a darle un atisbo de las
cosas del Cielo, porque, si la regeneración de una persona humana es un
misterio tan grande, ¿qué diremos de la encarnación de una persona divina? En
este lugar, pues, tenemos una clara insinuación de que, en Cristo, hay dos
naturalezas distintas en una sola persona, y podemos deducir, por tanto, las
siguientes importantes verdades:
Primera,
que Cristo posee la naturaleza divina (comp. con Col_2:9).
Segunda,
el conocimiento perfecto que Cristo posee de los secretos divinos.
Tercera,
que Cristo es la manifestación de Dios en carne (v. Jua_1:14; 1Ti_3:16;
1Jn_4:2). El Nuevo Testamento nos muestra a Dios que desciende del Cielo para
hacerse como uno de nosotros, aunque sin pecado, a fin de enseñarnos el camino
de la vida y salvarnos del pecado y de la condenación eterna. En esto se mostró
el amor de Dios hacia nosotros (Rom_5:8-11; 1Jn_4:9-10, 1Jn_4:19).
Cuarta,
que Jesús es el Hijo del Hombre, expresión bajo la que los judíos siempre
entendieron que se significaba el Mesías esperado.
Quinta,
que, en el mismo momento en que está hablando en la tierra con Nicodemo, está
también en el Cielo.
Nótese
que Nicodemo ya no contesta a las palabras de Jesús. ¿Comenzaba quizás a caer
en la cuenta de lo que implicaba la enseñanza de Jesús? No lo sabemos, pero su
silencio a partir de aquí resulta muy significativo.”
MARTIN LUTERO
“Al
decir «nadie», Cristo barre y excluye
a todos menos a El mismo. Con estas palabras, Cristo acaba de un plumazo con la
gloria del mundo para que se marchite como la hierba, tal como Isaías declara:
«Que toda carne es hierba, y toda su
gloria como flor del campo... la hierba se seca, la flor se marchita»
(Isa_40:6-8). Así Dios lanza su aliento sobre la santidad del pueblo y la
marchita como heno.
De ahí que nuestra salvación y bendición dependan únicamente de un Hombre, Cristo. Se describe la obra de nuestra redención a través de tres proposiciones: Que Cristo descendió de los cielos, que reside en ellos y que nuevamente ascendió a ellos. La primera establece quién es la persona, la segunda la obra que lleva a cabo y la tercera la causa de hacerlo.”

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