domingo, 28 de mayo de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 35


 

 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 35

RV1960

NVI1999

BTX4

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos.

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

TR+

INA27+

VUL

οG3588 T-NSM πατηρG3962 N-NSM αγαπαG25 V-PAI-3S τονG3588 T-ASM υιονG5207 N-ASM καιG2532 CONJ πανταG3956 A-APN δεδωκενG1325 V-RAI-3S ενG1722 PREP τηG3588 T-DSF χειριG5495 N-DSF αυτουG846 P-GSM

ο G3588:T-NSM El πατηρ G3962:N-NSM Padre αγαπα G25:V-PAI-3S está amando τον G3588:T-ASM a el υιον G5207:N-ASM Hijo και G2532:CONJ y παντα G3956:A-APN todas (cosas) δεδωκεν G1325:V-RAI-3S ha dado εν G1722:PREP en τη G3588:T-DSF la χειρι G5495:N-DSF mano αυτου G846:P-GSM de él

Pater diligit Filium et omnia dedit in manu eius

KJV

The Father loveth the Son, and hath given all things into his hand.

TCB

El Padre ama al Hijo. Jua_5:20, Jua_5:22; Jua_15:9; Jua_17:23, Jua_17:26; Pro_8:30; Isa_42:1; Mat_3:17; Mat_17:5.

 

Y todas las cosas dió en su mano. Jua_13:3; Jua_17:2; Gén_41:44, Gén_41:55; Sal_2:8; Isa_9:6, Isa_9:7; Mat_11:27; Mat_28:18; Luc_10:22; 1Co_15:27; Efe_1:22; Flp_2:9-11; Heb_1:2; Heb_2:8, Heb_2:9; 1Pe_3:22.

 

COMENTARIOS:

JOHN PIPER

“Dios les permite a los discípulos vislumbrar la verdadera gloria celestial de Jesús: Esto es lo que Pedro dice en 2 Pedro 1:17 “[Cristo] recibió honor y gloria de Dios Padre”. Entonces Dios revela su amor por Su Hijo y dice dos cosas: “Amo a mi Hijo” (“Este es mi Hijo Amado”), y “Me complazco en mi Hijo” (“En quien me he complacido”).

Él dice esto en otra ocasión: en el bautizo de Jesús, cuando el Espíritu Santo baja y anuncia el ministerio de Jesús, especificando el amor y apoyo del Padre “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”.

Y en el evangelio de Juan, Jesús habla varias veces del amor del Padre hacia Él: por ejemplo Juan 3:35 “El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano.” Juan 5:20 “Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que El mismo hace…” (Ver también Mateo 12:18 donde Mateo cita Isaías 42:1 en referencia a Jesús: “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace.” En hebreo la palabra “se complace” es ratsah, que significa “se deleita.”)

Entonces la primera afirmación es que Dios Padre ama a su Hijo, no con una misericordia sacrificial y abnegada, sino con un amor de deleite y complacencia. Él se place en Su Hijo. ¡Su alma se deleita en su Hijo! Cuando mira al Hijo, Él disfruta, admira, valora, aprecia y estima lo que ve.

En Juan 14:31, Jesús dice: “para que el mundo sepa que yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago”. El amor de Dios por los demás miembros de la Trinidad es diferente a su amor por nosotros porque no hay pecado que vencer. Si Dios nos ama, nos ama a pesar de nuestro pecado. Dios el Padre no ama al Hijo a pesar de algo. Todo en el Hijo es infinitamente digno de amor.

Hay algo muy profundo y muy misterioso y muy maravilloso al final del versículo 34 y al comienzo del versículo 35. Leamos los dos versículos, y relacionen ustedes el final y el comienzo de los versículos.

Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano.

Recuerde ignorar, tanto como pueda, las divisiones de versículos. Tome la última parte del versículo 34 y la primera parte del versículo 35 sin pausas: “Él da el Espíritual que él enviósin medida.… El Padre ama al Hijo” (dos oraciones en presente: El Padre siempre está dando el Espíritu sin Medida al Hijo y siempre está amando al Hijo).

Versículo 35: “El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano”. Todas las cosas son dadas por Dios a las manos de Jesús. Él ha recibido a todo el planeta, y al pequeñísimo bebé, y a usted, y a mí, hermano, en sus manos. Cuando usted tiene algo en su mano, algo que Dios puso allí por Dios, usted está gobernando ese algo.

Así que Juan está exaltando a Jesús como gobernador de todas las cosas. Pablo dijo: “Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen” (Colosenses 1:17). Hebreos 1:3 dice: “Él… sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder”.

Entonces, ¿qué está tratando de hacer Juan? Jesús proviene de Dios y está lleno de Dios, y habla y gobierna como Dios. Nosotros somos de la tierra, y hablamos de la tierra (versículo 31), y sin Él, no gobernamos nada. ¿El propósito? Como siempre: revelar “Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Y mostrar que nosotros necesitamos Su plenitud, que es exactamente aquello que le llena: “gracia sobre gracia” (Juan 1:14, 16).”

OCTAVIUS WINSLOW

“¡Si! Jesús es el reposo del Padre. Escuche la declaración que le encantaba repetir: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". ¡Con qué santa satisfacción, con qué afectuosa complacencia y deleite descansa Él en Aquel que ha revelado Su gloria y ha honrado tanto Su nombre! ¿Cuán querido es Jesús en su corazón, qué mente puede concebir, qué lenguaje puede expresar?

Descansando en Él, deleitándose en Su persona y completamente satisfecho con Su obra, un objeto siempre en Su presencia y en Su corazón, el Padre está preparado para recibir y bendecir a todos los que se acercan a Él en el nombre del Hijo enfermo. "El Padre ama al Hijo y todas las cosas ha entregado en su mano". Y nuevamente, "El Padre mismo te ama, porque tú me has amado". Por tanto, Jesús pudo decir: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dará". Contempla al Padre descansando en Su amor, descansando en el Hijo de Su amor, descansando en el don de Su amor.

Acércate a Él en el nombre de Jesús y pregunta lo que quieras, "él te lo dará". Dios descansa en el pueblo de su amor. No había sido egoísmo en Dios el haberse amado a sí mismo única y supremamente, con exclusión de cualquier otro objeto. Podría haber permanecido eternamente feliz en la contemplación de Su propia gloria, deleitándose en Su propia excelencia infinita y descansando en Su amor por Él mismo. Pero esto hubiera sido casi imposible. Él mismo Amor esencial, el océano infinito de la benevolencia, parecería que Él no podría descansar en la contemplación abstracta de Su amor, sino que debe tener otros objetos sobre los que prodigarse y con quienes compartirlo. Le agradó, por lo tanto, por su propia elección libre e incondicional, sacar de la raza caída del hombre, una iglesia, un pueblo, a quien Él, "amaba con amor eterno", y había elegido en Cristo su Cabeza. "Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él; en amor, habiéndonos predestinado para la adopción de hijos por Jesucristo para él, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.”

HORATIUS BONAR

“Este amor del Padre al Hijo es el mayor de todos. No hay ninguno igual. Es perfecto, infinito, eterno, divino, traspasando todo conocimiento. Nunca antes había existido tal objeto que el Padre pudiera amar; tan glorioso, tan adorable; tan lleno de todas las excelencias creadas y no creadas. Este amor del Padre por el Hijo es la base de su trato hacia nosotros. Él trata con nosotros de acuerdo con este amor. Es la grandeza de este amor lo que lo hace tan deseoso de bendecirnos; porque al bendecirnos, está honrando al Hijo amado. Así, Él agradece su amor por el Hijo bendiciéndonos.

¡Pero que seguridad y Bendición nos da esto! No es simplemente su amor por nosotros lo que hace que Él desee bendecirnos, sino su amor por su propio Hijo. Podríamos sospechar de Su amor por nosotros mismos y decir: ¿Cómo podemos contar con la bendición? pero no podemos sospechar de su amor por su Hijo, de modo que podamos decir confiadamente: Estamos seguros de la bendición, porque estamos seguros de que el Padre ama al Hijo. Dejemos que estas palabras penetren en nuestro corazón: "El Padre ama al Hijo".

Él es el heredero de todas las cosas. El Padre ha entregado todas las cosas en su mano. Él es el jefe de todas las cosas; El es el Señor de todo; El es Rey de reyes; El es juez de todos. Todo ha puesto bajo sus pies, y nada ha dejado que no le sea sometido. Es el jefe de principados y potestades. Esta autoridad y dominio universal es consecuencia del amor del Padre. Así es como Dios lo honra y muestra que Él es el hombre a quien se deleita en honrar. Todas las cosas son entregadas en sus manos, porque él es el amado del Padre.”

A.T ROBERTSON

“Juan hace la misma declaración acerca de Jesús en 13:3 (empleando eis tas cheiras en lugar de en tëi cheiri). Jesús hace la misma reivindicación en 5:19–30, Mateo 11:27 y 28:18.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

“El Padre ama al Hijo es una declaración posiblemente basada en la voz del cielo que Juan el Bautista había oído cuando Jesús fue bautizado: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). Juan emplea el mismo término (agapao) cuando habla del amor del Padre al mundo (v. 16) y de su amor al Hijo. El que escribe ha oído y leído de otros que, procurando enfatizar el gran amor de Dios al mundo, afirman que el Padre amó más al mundo que al Hijo cuando lo dio para morir en la cruz. No es exactamente así, pues el Padre sabía que su Hijo resucitaría.

Lo que sí significa es que le permitió sufrir lo indecible antes y durante la crucifixión, como sustituto por nuestros pecados, demostrando el alto grado de su amor por el mundo. El amor mutuo entre el Padre y su Hijo, resultando en una comunión íntima y una perfecta armonía, se afirma a través del Evangelio. Una evidencia de este incomparable amor es que el Padre ha puesto todas las cosas en su mano. Jesús mismo anuncia esta verdad en varias ocasiones (13:3; Mat. 11:27; Luc. 10:22).”

JUAN CALVINO

“¿Cuál es el significado de esta razón? ¿Acaso considera a todos los demás con odio? La respuesta es fácil, porque no habla del amor común con que Dios mira a los hombres que ha creado, ni de sus otras obras, sino de ese amor peculiar que, comenzando por el Hijo, fluye de él a todas las criaturas. Porque ese amor con el que, abrazando al Hijo, nos abraza también en él, lo lleva a comunicarnos todos sus beneficios de su mano.”

JOHANNES BRENZ

Esta es la suma de todo el evangelio. El Hijo posee todas las cosas buenas de su Padre celestial. Ahora bien, las cosas buenas del Padre son el Espíritu Santo, la justicia, la vida eterna, el juicio. Por tanto, los que creen en el Hijo se hacen junto con el Hijo coherederos de los bienes del Padre. Poseen la vida eterna, conquistando el pecado, la muerte y el infierno. Y juzgan al mundo, como dice Pablo: ¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo? Pero los que no creen permanecen en la muerte y bajo la ira de Dios, que es su suerte debido a la desobediencia de Adán. Este noble sermón del Bautista acerca de Cristo debería ser repetido una y otra vez en el fondo del alma. Porque exhibe a Cristo y explica todo lo más claramente posible para que sepamos los grandes bienes y tesoros que poseemos por medio de la fe.”

GRANT OSBORNE

“Según el versículo 35, “El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos”. El amor del Padre es ilimitado (5:20; 10:17; 15:9; 17:23–26) y también lo son tanto el Espíritu como la autoridad dada al Hijo sobre su creación. Esto vuelve al Verbo como Creador (1:3–4), con Jesús el dueño universal de “todo”. El control soberano de Cristo es universal y eterno (ver Col 1:15–20), y él sabía que el Padre había “puesto todo en sus manos”. Cristo es al mismo tiempo omnisciente (véase 1:42, 47) y omnipotente. Lo importante aquí es que este soberano Cristo con autoridad y Espíritu ilimitados, ha traído la salvación a la humanidad pecadora.”

J.C RYLE

“El “amor al Hijo” del que se habla aquí es una cuestión demasiado profunda para que el hombre la sondee. Es una expresión adaptada misericordiosamente al débil entendimiento del hombre y con el propósito de representar esa unión tan sumamente íntima e inefable que existe entre las dos primeras personas de la Santísima Trinidad y la absoluta aprobación y agrado con que el Padre considera la obra de redención de la que se encarga el Hijo. Es a ese amor al que hace referencia nuestro Señor con las palabras: “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24) y que el Padre aseveró expresamente al comienzo del ministerio terrenal del Hijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).

Por “el Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano”, debemos entender el reino de mediación para el que se ha nombrado a Cristo en los consejos eternos de la Trinidad. Bajo los términos del pacto eterno, el Padre ha entregado al Hijo el poder sobre toda carne para dar vida a quien quiera; para justificar, santificar, guardar y glorificar a su pueblo; para juzgar y finalmente condenar a los malvados e incrédulos; y en último lugar, para establecer un Reino sobre todo el mundo y poner a todos los enemigos bajo sus pies. Estas son “todas las cosas” de las que habla Juan.

Quiere que sepamos que Cristo tiene en su mano las llaves de la muerte y del Infierno y que los hombres deben ir únicamente a Él si quieren algo para sus almas.”

WILLIAM MACDONALD

“Ésta es una de las siete veces en el Evangelio de Juan en donde se nos dice que el Padre ama al Hijo. Aquí se manifiesta este amor en que le ha sido dado el control sobre todas las cosas. Entre estas cosas sobre las que el Salvador tiene un total control están los destinos de los hombres, tal como se explica en el versículo Jua_3:36.”

MARTIN LUTERO

“Pero surge de nuevo la pregunta: ¿Cómo armonizamos los dos aspectos: que El es el Señor sobre todo y al mismo tiempo un ser humano? Si es Dios ¿cómo pudo Dios dárselo todo? Si es Dios, lo ha poseído todo desde siempre y del mero hecho de su posesión, todos deducimos que debe ser Dios porque el Señor no da todo cuanto hay en la tierra y en los cielos a nadie que no sea Dios.

Pero si es Dios y lo posee todo ¿cómo  puede dárselo? Este es un tema objeto de numerosas discusiones a fin de poder enfrentarnos a los fanáticos. Ya conocéis el tema de las propiedades: en Jesucristo habitan dos naturalezas pero una sola Persona. Ambas conservan sus propiedades y cada una la comunica a la otra.

El hecho de que este hombre llamado Jesucristo hijo de María no tenga más que 1,539 años, ha confundido y dejado perplejos a muchos. Rápidamente hay quien objeta: «No es mucho, quiere decir que no es  eterno». El Hombre Cristo sufrió la muerte en la cruz cuando Poncio Pilato era gobernador de Judea.

En vista de todo ello, se replica: «Entonces ¿cómo puede tenerlo todo en sus manos? Y si lo tiene todo, ha de haberlo poseído antes de la encarnación. ¿Cómo lo reconciliáis?»

De  esta manera: Las dos naturalezas, la humana y la divina son inseparables. Están unidas en una sola Persona de forma que las propiedades de una se atribuyen a la otra. Por ejemplo, la muerte es connatural a la naturaleza humana y ahora que se halla unida en una Persona con la divina, la primera se adscribe a la segunda. Ahora podemos decir: «Dios se hizo hombre, Dios sufrió y Dios murió». Intentar separar la humanidad de la divinidad de otro modo sería mentir. Dios no puede morir. Sin embargo, si decís que ambas naturalezas moran juntas en una Persona, expresáis la verdad. Nacer y amamantarse es propio de la naturaleza humana, pero no de Dios. Esto sería inexplicable si Dios y el Hombre no fueran una sola Persona, pero ambas están tan unidas que es corrector afirmar: «La madre de Dios es una virgen; Dios ha nacido».

Dado que Dios y hombre son una sola Persona, las propiedades características de la humanidad se atribuye a la deidad porque ambas naturalezas están unidas. Asimismo, no nacer también es propio de la naturaleza divina. En el Credo oramos: «Que fue concebido y nació —esto es, humano— y se sienta a la diestra», es decir, participa de la divinidad aunque también sea humano. Así el Niño que se alimenta de su madre, es eterno; existió antes del principio del mundo y creó cielos y tierra. Dado que ambas naturalezas están unidas en una sola Persona, los efectos de ambas propiedades también están unidos. Hay que admitirlo, las propiedades de la divina naturaleza no tienen nada en común con la humana; iré más lejos  y afirmaré que aun hay menos relación entre Dios y el hombre.

Sin embargo, estas dos naturalezas están tan unidas que sólo hay un Dios y un Señor, que María amamanta a Dios con sus pechos, le baña, le mece y lo lleva en sus brazos; además, que Pilato y Herodes crucificaron y mataron a Dios. Las dos naturalezas están tan unidas que la verdadera deidad y la humanidad son uno. El verdadero Dios habita en Cristo que nació de María, esto es, que en Dios que lo creó todo, la deidad y la humanidad unieron no sólo sus naturalezas, sino también sus propiedades, excepto en el caso del pecado

En consecuencia, cuando las Sagradas Escrituras se refieren a Cristo como un ser humano, confiesan al mismo tiempo su deidad. En Psa_110:1 leemos: «Siéntate a mi diestra». Esto se dirige exclusivamente a la naturaleza humana, pero también se aplica a la divina. Cristo empezó a sentarse a la diestra de Dios Padre después de su ascensión, antes de ello, su humanidad no había ocupado ese lugar pero no podemos afirmar que no hubiera estado allí como Dios. Así, Cristo, el verdadero hombre, recibe ahora el nombre de Señor de todas las cosas porque es verdadero Dios. Uno no osa afirmar con Arrio: «Si ascendió al cielo, quiere decir que anteriormente no estaba en él». Estaba en los cielos anteriormente, pero no como hombre.

A raíz de su encarnación, ambas naturalezas se unen y la divina confiere sus propiedades a la humana y viceversa, la humana a la divina. En todo su Evangelio, Juan habla de Cristo como un auténtico ser humano y también como divino. Aquí se refiere a Cristo que nació, fue bautizado y tuvo discípulos como un ser humano real; al mismo tiempo declara que Dios lo puso todo en sus manos y emplea el término «le dio», lo cual también se aplica a la naturaleza humana.

Así, las dos naturalezas se unen en una sola Persona y no hay dos Cristos. Por tanto, cuando se os diga que todas las cosas se colocaron en las manos de Cristo y que se levantó de entre los muertos, recordad que habla de Cristo como hombre. Y cuando oigamos la expresión: «Está sentado a la diestra de Dios Padre», recordemos que la naturaleza humana está unida a la divina. Estar en el cielo y en la tierra son una cosa, lo mismo que ser crucificado y vivir también son una. Hablamos de esto en el capítulo sexto. Si os sentís perplejos ante la afirmación de que Cristo murió y que está vivo, aún encontraréis más extraño enteraros de que Cristo es Dios y hombre en una sola Persona, que murió en la cruz como hombre y que, a pesar de ello, permanece como Cristo por toda la eternidad.”


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