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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 30 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Es
necesario que él crezca, pero que yo mengüe. |
A
él le toca crecer, y a mí menguar. |
Él
debe crecer, y yo menguar. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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εκεινονG1565 D-ASM
δειG1163 V-PAI-3S αυξανεινG837 V-PAN εμεG1473 P-1AS δεG1161 CONJ
ελαττουσθαιG1642 V-PPN |
εκεινον G1565:D-ASM Aquél δει
G1163:V-PAI-3S está siendo necesario αυξανειν G837:V-PAN estar aumentando εμε
G1473:P-1AS a mí δε G1161:CONJ pero ελαττουσθαι G1642:V-PPN estar
disminuyendo |
illum oportet crescere
me autem minui |
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KJV |
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He must increase, but I
must decrease. |
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TCB |
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Es
necesario que él crezca.
Sal_72:17-19; Isa_9:7; Isa_53:2, Isa_53:3, Isa_53:12; Dan_2:34, Dan_2:35,
Dan_2:44, Dan_2:45; Mat_13:31-33; Apo_11:15. Pero
que yo mengüe. Hch_13:36, Hch_13:37;
1Co_3:5; 2Co_3:7-11; Col_1:18; Heb_3:2-6. |
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COMENTARIOS:
WARREN WIERSBE
“La
expresión es necesario se usa
de tres maneras significativas en este capítulo. Algo "es necesario" para el pecador (Juan 3:7), algo
"es necesario" para el Salvador
(Juan 3:14), y algo "es necesario" para el siervo (Juan 3:30).”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“O
sea: «Mi función ha terminado. Su labor,
por el contrario, ha de afirmarse cada vez más. Por eso, lo que teméis no ha de
cumplirse sólo ahora, sino que en el futuro se realizará con mayores
dimensiones. Y eso es, precisamente, lo que presta a nuestra obra su mayor
esplendor. A eso vine, y me alegra que su obra crezca cada vez más y que se
cumpla aquel fin al que estaba ordenada toda mi actividad».
Notad
con qué mesura y sabiduría remedia su dolor, amortigua sus celos y les demuestra
que pretenden un imposible, argumento éste que, más que ningún otro, hace que
depongan su maldad. Si se decretó que tales acontecimientos sucedieran estando
todavía vivo Juan y bautizando, fue para que, ante sus discípulos, Juan diera
testimonio de la superioridad de Jesús y aquéllos no tuvieran pretexto ninguno
para no creer en El. Cuando aquí les habla, no lo hace por propia iniciativa,
ni porque algún extraño le hubiera preguntado, sino que quienes le interrogaban
y le escuchaban eran sus propios discípulos.
Por
lo demás no le hubieran creído tanto si hubiera hablado así por propia
iniciativa como deberían creerle si les hablaba para satisfacer sus demandas.
Los judíos se hicieron indignos del perdón por haber persistido en su
incredulidad tras haber enviado a algunos de confianza a preguntar a Jesús y
tras haberles respondido éste lo que les dijo.
¿Qué
hemos de sacar de todo esto? Que la
vanidad es la causa de todos los males. Ella fue la que suscitó los celos de
los discípulos del Bautista. Tanto les incitó que acudieron al mismo Jesús y le
preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no
ayunan? Huyamos, queridos hermanos, de este vicio. Si nos mantenemos
alejados de él, escaparemos al infierno. Es este vicio el que, más que el
resto, atiza el fuego.”
A.T ROBERTSON
“Estas
son las últimas palabras que oímos de Juan hasta su desalentado mensaje desde
la mazmorra en Maqueronte inquiriendo si después de todo Jesús es el Mesías o
no (Mt. 11:2 = Lc. 7:19). Y siguió en su mazmorra, con el ánimo en vilo, y
hasta su martirio, mientras que Jesús fue aumentando en el fervor popular hasta
que Él también llegó a su via dolorosa. «Estas últimas palabras de san Juan son
la plenitud del sacrificio religioso, y constituyen una adecuada clausura de su
obra» (Westcott).”
A.W PINK
“Bendito
clímax fue éste a la hermosa modestia de Juan, y bien calculado para aplastar
todo sentimiento de vanidad y cortar de raíz cualquier celo que pudiera haber
en el corazón de sus propios discípulos. En principio, esto está
inseparablemente conectado con lo que acababa de decir en el versículo
anterior. Cuanto más "disminuyo",
más me deleito en estar de pie y escuchar la voz de ese bendito que es Totalmente Encantador. Y así a la
inversa. Cuanto más esté parado y escuche Su voz, más "aumentará" ante mí, y más "disminuiré". No puedo estar ocupado
con dos objetos al mismo tiempo.
"Disminuir" es estar cada vez menos ocupados con nosotros mismos.
Cuanto más me ocupe de Cristo, menos me ocuparé de mí mismo. La humildad no es
el producto del cultivo directo, sino un subproducto. Cuanto más trate de ser
humilde, menos alcanzaré la humildad. Pero si estoy verdaderamente ocupado con
Aquel que era "manso y humilde de
corazón", si constantemente estoy contemplando Su gloria en el espejo
de la Palabra de Dios, entonces seré "transformado
en la misma imagen de gloria en gloria, incluso como por el Espíritu del Señor
"(2 Cor. 3:18).”
ALBERT BARNES
“Esto
demostró la humildad y la voluntad de Juan de ser estimado como nada si pudiera
honrar Cristo. También nos muestra que es suficiente honor para el hombre si se
le permite señalar a los pecadores al Señor Jesucristo. Ninguna obra es tan honorable y gozosa como el ministerio del evangelio;
nadie es tan honrado como aquellos a quienes se les permite estar cerca del
Hijo de Dios, para escuchar su voz y llevar a los hombres que perecen a su
cruz. (Compare con. Dan. 12:3).”
JOHN TRAPP
“Y
este fue el gran gozo de Juan. Ese
hombre tiene verdadera luz que puede contentarse con ser eclipsado por otros; y
nada pondrá más a prueba la gracia de un hombre que las cuestiones de
rivalidad. Ezequiel puede elogiar a Daniel, su contemporáneo, comparándolo con
Noé y Job por su poder en la oración, Eze 14:14. Y Pedro alaba mucho las epístolas
de Pablo, aunque había sido reprendido públicamente por él en Antioquía, 2Pe
3:15 Gál 2:11. Muy difícil es para un hombre con voluntad y alegría ver a sus
iguales levantados sobre su cabeza en valor y opinión. El amor propio vuelve
irracionales a los hombres y les enseña siempre a voltear el vaso para verse a
sí mismos más grandes y a los demás más pequeños que ellos.”
CHARLES SIMEON
“…Si
queremos ser suyos de hecho y de verdad, debemos tener nuestros deseos
supremamente fijados en él y mortificar
todo afecto adúltero. No es un corazón dividido lo que aceptará: debemos
entregarnos enteramente a él; o nunca nos admitirá en la relación de su Esposa.
Mira qué santos celos manifestó San Pablo sobre esta cabeza; y con qué tierna
preocupación instó a que consideraran este tema a sus conversos de Corinto [ 2
Corintios 11: 2-3.]
Así
que, amados, te pedimos. No engañéis vuestra propia alma. Al formar conexiones humanas,
podemos imponernos unos a otros, pero nunca podremos imponernos a él: y si
queremos ser reconocidos por él como su esposa, debemos presentarnos a él como
una virgen casta, con la determinación de ser suyos, incluso para él solo.
Y aquellos que profesan estar realmente unidos
a él, no es necesario decir que debes esforzarte por “caminar digno de tu alta
vocación”. Si profesas estar en tal relación con el Señor Jesucristo,
"¡qué clase de personas debes ser en toda forma de conversación y
piedad!" Procura, pues, vivir en un estado de comunión constante con él [1Jn
1:3.], Y de total dependencia de él [1Co 1:30. Juan 1:16.]
Sea celoso por su honor, y estudioso para
producir los frutos de justicia para su alabanza y gloria [Rom 7: 4.] Esfuércese
también por recomendarlo a otros. Aquí no hay lugar para los celos. La luz de
su rostro, como la luz del sol, no será menos disfrutada por usted porque se
transmite a otros: por el contrario, cuanto más éxito tenga en hacer que otros
participen de sus beneficios, más vuestras propias almas rebosarán de alegría.
Y el más débil entre nosotros, que es realmente el amigo del Novio, encontrará
que no testifica de Cristo en vano: por más incapaz que se sienta para
recomendar al Salvador a otros, verá algún fruto de su trabajo y tendrá razón
para decir, con Juan, "Este es mi
gozo.”
J.C RYLE
“…Él
era únicamente el siervo; Cristo era el
Maestro. Él era únicamente el precursor y el embajador; Cristo era el Rey. Él era únicamente el
lucero del alba; Cristo era el Sol.
La idea implícita aquí parece ser la de las estrellas que se van desvaneciendo
a medida que sale el Sol al amanecer. Las estrellas no desaparecen ni menguan
realmente, sino que palidecen y se vuelven invisibles ante el mayor resplandor
de ese foco de luz. El Sol no crece realmente ni aumenta en su resplandor, sino
que se vuelve plenamente visible y ocupa una posición que llena de manera más
plena nuestro ángulo de visión. Así sucedió con Juan el Bautista y Cristo.
Todo
ministro fiel debiera tener la mentalidad de Juan. Debe contentarse con que sus
oyentes creyentes tengan un menor concepto de él a medida que crecen en
conocimiento y fe y ven a Cristo mismo más claramente. A medida que las
iglesias decaen y entran en declive, tienen
un mayor concepto de sus ministros y menor de Cristo. A medida que las
iglesias se avivan y reciben vida espiritual, piensan menos en sus ministros y más en Cristo. Para una Iglesia
decadente, el Sol se está poniendo y las estrellas empiezan a salir. Para una
Iglesia que se está avivando, las estrellas se están desvaneciendo y el Sol
está saliendo.”
GARY BAUMLER
“Así,
Cristo debe seguir creciendo, y Juan debe seguir menguando. La palabra griega
que expresa este sentimiento es la palabra que usa para una planta que crece,
florece y da fruto. Disminuir significa disminuir en importancia, hasta podría significar
ser contado como inferior. Juan se estaba preparando para dejar su ministerio,
por decirlo así, en favor de Jesús. El versículo 30 se destaca como una
realidad para Juan y para todos los cristianos. Es un lema apropiado para todos
los creyentes. Demuestra lo que sucede cuando creemos y vivimos. Nuestro propósito
en la vida es el de glorificar a Jesús.”
SAMUEL P. MILLOS
“La
lección espiritual es importante. Cuando más fiel seamos al ministerio, cuanto
más hagamos destacar a Jesús en nuestra enseñanza, más glorioso será Él para
los oyentes y menos importancia dejaremos en el auditorio. El ministro que
crece es el que proclama su verdad, el que cuida que nadie le haga sombra y el
que se esfuerza por ser más que los demás. El maestro bíblico presenta a Cristo
y busca la gloria del Señor y no la suya. Es necesario que el que sirve a
Jesucristo, busque que todos sigan en pos de Él.
Además
debemos tener en cuenta que Dios nos tendrá en el ministerio mientras tengamos
algo que hacer en él, pero una vez concluida la labor para la que hemos sido
llamados, seremos retirados del campo de este mundo para descansar con Él en
las moradas eternas. Pretender perpetuarnos en el ministerio, es un grave error
que sólo producirá angustia vital, en lugar de disfrutar el gozo del Señor. Hay
un tiempo para retirarse que debemos reconocer antes de que seamos inútiles
empeñados en seguir en un ministerio que se ha extinguido. El mayor gozo de un
siervo de Dios es ver que Jesús crece mientras nosotros disminuimos.”
SAN AGUSTIN
“¿Cuál
es el sentido de estas palabras? Pues que
es necesario que El sea ensalzado y que yo sea humillado. ¿Cómo puede
crecer Jesús? ¿Cómo puede crecer Dios? El
que es perfecto no crece. Dios ni crece ni disminuye; porque, si crece, no es perfecto, y si decrece, no es Dios. ¿Cómo
puede decirse que crece Jesús Dios? ¿Qué sentido tienen, pues, estas palabras: Es necesario que crezca él y que yo
disminuya? Encierran ellas un gran sacramento; vea vuestra caridad el modo
de entenderlo.
Antes
de la venida del Señor Jesús, se jactaba de sí mismo el hombre. Viene aquel hombre para que la gloria del
hombre mengüe y vaya en auge la gloria de Dios. Porque viene El sin pecado
y nos halla a todos con pecados. Si es verdad que viene El a perdonar pecados,
que dé Dios con largueza y que; el hombre confiese sus pecados. La humildad del
hombre es su confesión, y la mayor elevación de Dios es su misericordia. Si,
pues, viene El a perdonar al hombre sus pecados, que reconozca el hombro su
miseria y que Dios haga brillar su misericordia.
Justo
es que crezca El y que yo mengüe, esto es, que
El dé y que yo reciba; que El sea
glorificado y yo confiese mis pecados. Comprenda el hombre su situación y
confiese a Dios sus pecados y oiga con atención al Apóstol, que se dirige al
hombre soberbio y pagado de sí y que quiere engreírse: ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te
glorías como si no lo hubieras recibido? Comprenda, pues, el hombre (que
pretendía atribuirse a sí mismo lo que no es suyo) que todo lo ha recibido y
humíllese; le es mejor que sea Dios -en él glorificado. Que empequeñezca él en sí mismo para
que crezca en Dios. Con sus martirios dan a entender también Cristo y Juan
esta verdad y estos testimonios, ya que Juan disminuye cuando se le corta la
cabeza, y Cristo, en cambio, crece cuando se le levanta en la cruz; y así
aparece allí también el significado de estas palabras: Conviene que El crezca y
que yo disminuya. Además, Cristo nace cuando empiezan ya a crecer los días,
mientras que Juan nace cuando empiezan ya a decrecer. La naturaleza misma y los
martirios confirman las palabras de Juan:
Conviene que El crezca y que yo, en
cambio, disminuya. Crezca, pues, la gloria de Dios en nosotros, y la
nuestra disminuyase, para que crezca también en Dios. El Apóstol Pablo dice
esto, en la Escritura santa: Quien se
gloríe, hágalo en el Señor. ¿Quieres tú gloriarte en ti mismo? Eso significa
que quieres crecer; pero es un mal para ti ese crecimiento. El que crece así,
con justicia se disminuye.
Crezca,
pues, Dios, que es eternamente perfecto; crezca en ti. Cuanto mayor es tu conocimiento de Dios y cuanto más se llena de Dios
el vacío de tu inteligencia, más parece que crece en ti Dios, no en sí, ya
que en sí misma es eternamente perfecto. Ayer comprendías tú una
insignificancia del ser de Dios, y hoy comprendes algo más, y mañana mucho más;
eso es crecer en ti la misma luz de Dios;
es como que crece Dios, que es, sin embargo, eternamente perfecto.”

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