domingo, 21 de mayo de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 30


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 30

RV1960

NVI1999

BTX4

Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

A él le toca crecer, y a mí menguar.

Él debe crecer, y yo menguar.

TR+

INA27+

VUL

εκεινονG1565 D-ASM δειG1163 V-PAI-3S αυξανεινG837 V-PAN εμεG1473 P-1AS δεG1161 CONJ ελαττουσθαιG1642 V-PPN

εκεινον G1565:D-ASM Aquél δει G1163:V-PAI-3S está siendo necesario αυξανειν G837:V-PAN estar aumentando εμε G1473:P-1AS a mí δε G1161:CONJ pero ελαττουσθαι G1642:V-PPN estar disminuyendo

illum oportet crescere me autem minui

KJV

He must increase, but I must decrease.

TCB

Es necesario que él crezca. Sal_72:17-19; Isa_9:7; Isa_53:2, Isa_53:3, Isa_53:12; Dan_2:34, Dan_2:35, Dan_2:44, Dan_2:45; Mat_13:31-33; Apo_11:15.

 

Pero que yo mengüe. Hch_13:36, Hch_13:37; 1Co_3:5; 2Co_3:7-11; Col_1:18; Heb_3:2-6.

 

COMENTARIOS:

WARREN WIERSBE

“La expresión es necesario se usa de tres maneras significativas en este capítulo. Algo "es necesario" para el pecador (Juan 3:7), algo "es necesario" para el Salvador (Juan 3:14), y algo "es necesario" para el siervo (Juan 3:30).”

SAN JUAN CRISOSTOMO

“O sea: «Mi función ha terminado. Su labor, por el contrario, ha de afirmarse cada vez más. Por eso, lo que teméis no ha de cumplirse sólo ahora, sino que en el futuro se realizará con mayores dimensiones. Y eso es, precisamente, lo que presta a nuestra obra su mayor esplendor. A eso vine, y me alegra que su obra crezca cada vez más y que se cumpla aquel fin al que estaba ordenada toda mi actividad».

Notad con qué mesura y sabiduría remedia su dolor, amortigua sus celos y les demuestra que pretenden un imposible, argumento éste que, más que ningún otro, hace que depongan su maldad. Si se decretó que tales acontecimientos sucedieran estando todavía vivo Juan y bautizando, fue para que, ante sus discípulos, Juan diera testimonio de la superioridad de Jesús y aquéllos no tuvieran pretexto ninguno para no creer en El. Cuando aquí les habla, no lo hace por propia iniciativa, ni porque algún extraño le hubiera preguntado, sino que quienes le interrogaban y le escuchaban eran sus propios discípulos.

Por lo demás no le hubieran creído tanto si hubiera hablado así por propia iniciativa como deberían creerle si les hablaba para satisfacer sus demandas. Los judíos se hicieron indignos del perdón por haber persistido en su incredulidad tras haber enviado a algunos de confianza a preguntar a Jesús y tras haberles respondido éste lo que les dijo.

¿Qué hemos de sacar de todo esto? Que la vanidad es la causa de todos los males. Ella fue la que suscitó los celos de los discípulos del Bautista. Tanto les incitó que acudieron al mismo Jesús y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no ayunan? Huyamos, queridos hermanos, de este vicio. Si nos mantenemos alejados de él, escaparemos al infierno. Es este vicio el que, más que el resto, atiza el fuego.”

A.T ROBERTSON

“Estas son las últimas palabras que oímos de Juan hasta su desalentado mensaje desde la mazmorra en Maqueronte inquiriendo si después de todo Jesús es el Mesías o no (Mt. 11:2 = Lc. 7:19). Y siguió en su mazmorra, con el ánimo en vilo, y hasta su martirio, mientras que Jesús fue aumentando en el fervor popular hasta que Él también llegó a su via dolorosa. «Estas últimas palabras de san Juan son la plenitud del sacrificio religioso, y constituyen una adecuada clausura de su obra» (Westcott).”

A.W PINK

“Bendito clímax fue éste a la hermosa modestia de Juan, y bien calculado para aplastar todo sentimiento de vanidad y cortar de raíz cualquier celo que pudiera haber en el corazón de sus propios discípulos. En principio, esto está inseparablemente conectado con lo que acababa de decir en el versículo anterior. Cuanto más "disminuyo", más me deleito en estar de pie y escuchar la voz de ese bendito que es Totalmente Encantador. Y así a la inversa. Cuanto más esté parado y escuche Su voz, más "aumentará" ante mí, y más "disminuiré". No puedo estar ocupado con dos objetos al mismo tiempo.

"Disminuir" es estar cada vez menos ocupados con nosotros mismos. Cuanto más me ocupe de Cristo, menos me ocuparé de mí mismo. La humildad no es el producto del cultivo directo, sino un subproducto. Cuanto más trate de ser humilde, menos alcanzaré la humildad. Pero si estoy verdaderamente ocupado con Aquel que era "manso y humilde de corazón", si constantemente estoy contemplando Su gloria en el espejo de la Palabra de Dios, entonces seré "transformado en la misma imagen de gloria en gloria, incluso como por el Espíritu del Señor "(2 Cor. 3:18).”

ALBERT BARNES

“Esto demostró la humildad y la voluntad de Juan de ser estimado como nada si pudiera honrar Cristo. También nos muestra que es suficiente honor para el hombre si se le permite señalar a los pecadores al Señor Jesucristo. Ninguna obra es tan honorable y gozosa como el ministerio del evangelio; nadie es tan honrado como aquellos a quienes se les permite estar cerca del Hijo de Dios, para escuchar su voz y llevar a los hombres que perecen a su cruz. (Compare con. Dan. 12:3).”

JOHN TRAPP

“Y este fue el gran gozo de Juan. Ese hombre tiene verdadera luz que puede contentarse con ser eclipsado por otros; y nada pondrá más a prueba la gracia de un hombre que las cuestiones de rivalidad. Ezequiel puede elogiar a Daniel, su contemporáneo, comparándolo con Noé y Job por su poder en la oración, Eze 14:14. Y Pedro alaba mucho las epístolas de Pablo, aunque había sido reprendido públicamente por él en Antioquía, 2Pe 3:15 Gál 2:11. Muy difícil es para un hombre con voluntad y alegría ver a sus iguales levantados sobre su cabeza en valor y opinión. El amor propio vuelve irracionales a los hombres y les enseña siempre a voltear el vaso para verse a sí mismos más grandes y a los demás más pequeños que ellos.”

CHARLES SIMEON

“…Si queremos ser suyos de hecho y de verdad, debemos tener nuestros deseos supremamente fijados en él y mortificar todo afecto adúltero. No es un corazón dividido lo que aceptará: debemos entregarnos enteramente a él; o nunca nos admitirá en la relación de su Esposa. Mira qué santos celos manifestó San Pablo sobre esta cabeza; y con qué tierna preocupación instó a que consideraran este tema a sus conversos de Corinto [ 2 Corintios 11: 2-3.]

Así que, amados, te pedimos. No engañéis vuestra propia alma. Al formar conexiones humanas, podemos imponernos unos a otros, pero nunca podremos imponernos a él: y si queremos ser reconocidos por él como su esposa, debemos presentarnos a él como una virgen casta, con la determinación de ser suyos, incluso para él solo.

 Y aquellos que profesan estar realmente unidos a él, no es necesario decir que debes esforzarte por “caminar digno de tu alta vocación”. Si profesas estar en tal relación con el Señor Jesucristo, "¡qué clase de personas debes ser en toda forma de conversación y piedad!" Procura, pues, vivir en un estado de comunión constante con él [1Jn 1:3.], Y de total dependencia de él [1Co 1:30. Juan 1:16.]

 Sea celoso por su honor, y estudioso para producir los frutos de justicia para su alabanza y gloria [Rom 7: 4.] Esfuércese también por recomendarlo a otros. Aquí no hay lugar para los celos. La luz de su rostro, como la luz del sol, no será menos disfrutada por usted porque se transmite a otros: por el contrario, cuanto más éxito tenga en hacer que otros participen de sus beneficios, más vuestras propias almas rebosarán de alegría. Y el más débil entre nosotros, que es realmente el amigo del Novio, encontrará que no testifica de Cristo en vano: por más incapaz que se sienta para recomendar al Salvador a otros, verá algún fruto de su trabajo y tendrá razón para decir, con Juan, "Este es mi gozo.” 

J.C RYLE

“…Él era únicamente el siervo; Cristo era el Maestro. Él era únicamente el precursor y el embajador; Cristo era el Rey. Él era únicamente el lucero del alba; Cristo era el Sol. La idea implícita aquí parece ser la de las estrellas que se van desvaneciendo a medida que sale el Sol al amanecer. Las estrellas no desaparecen ni menguan realmente, sino que palidecen y se vuelven invisibles ante el mayor resplandor de ese foco de luz. El Sol no crece realmente ni aumenta en su resplandor, sino que se vuelve plenamente visible y ocupa una posición que llena de manera más plena nuestro ángulo de visión. Así sucedió con Juan el Bautista y Cristo.

Todo ministro fiel debiera tener la mentalidad de Juan. Debe contentarse con que sus oyentes creyentes tengan un menor concepto de él a medida que crecen en conocimiento y fe y ven a Cristo mismo más claramente. A medida que las iglesias decaen y entran en declive, tienen un mayor concepto de sus ministros y menor de Cristo. A medida que las iglesias se avivan y reciben vida espiritual, piensan menos en sus ministros y más en Cristo. Para una Iglesia decadente, el Sol se está poniendo y las estrellas empiezan a salir. Para una Iglesia que se está avivando, las estrellas se están desvaneciendo y el Sol está saliendo.”

GARY BAUMLER

“Así, Cristo debe seguir creciendo, y Juan debe seguir menguando. La palabra griega que expresa este sentimiento es la palabra que usa para una planta que crece, florece y da fruto. Disminuir significa disminuir en importancia, hasta podría significar ser contado como inferior. Juan se estaba preparando para dejar su ministerio, por decirlo así, en favor de Jesús. El versículo 30 se destaca como una realidad para Juan y para todos los cristianos. Es un lema apropiado para todos los creyentes. Demuestra lo que sucede cuando creemos y vivimos. Nuestro propósito en la vida es el de glorificar a Jesús.”

SAMUEL P. MILLOS

“La lección espiritual es importante. Cuando más fiel seamos al ministerio, cuanto más hagamos destacar a Jesús en nuestra enseñanza, más glorioso será Él para los oyentes y menos importancia dejaremos en el auditorio. El ministro que crece es el que proclama su verdad, el que cuida que nadie le haga sombra y el que se esfuerza por ser más que los demás. El maestro bíblico presenta a Cristo y busca la gloria del Señor y no la suya. Es necesario que el que sirve a Jesucristo, busque que todos sigan en pos de Él.

Además debemos tener en cuenta que Dios nos tendrá en el ministerio mientras tengamos algo que hacer en él, pero una vez concluida la labor para la que hemos sido llamados, seremos retirados del campo de este mundo para descansar con Él en las moradas eternas. Pretender perpetuarnos en el ministerio, es un grave error que sólo producirá angustia vital, en lugar de disfrutar el gozo del Señor. Hay un tiempo para retirarse que debemos reconocer antes de que seamos inútiles empeñados en seguir en un ministerio que se ha extinguido. El mayor gozo de un siervo de Dios es ver que Jesús crece mientras nosotros disminuimos.”

SAN AGUSTIN

“¿Cuál es el sentido de estas palabras? Pues que es necesario que El sea ensalzado y que yo sea humillado. ¿Cómo puede crecer Jesús? ¿Cómo puede crecer Dios? El que es perfecto no crece. Dios ni crece ni disminuye; porque, si crece, no es perfecto, y si decrece, no es Dios. ¿Cómo puede decirse que crece Jesús Dios? ¿Qué sentido tienen, pues, estas palabras: Es necesario que crezca él y que yo disminuya? Encierran ellas un gran sacramento; vea vuestra caridad el modo de entenderlo.

Antes de la venida del Señor Jesús, se jactaba de sí mismo el hombre. Viene aquel hombre para que la gloria del hombre mengüe y vaya en auge la gloria de Dios. Porque viene El sin pecado y nos halla a todos con pecados. Si es verdad que viene El a perdonar pecados, que dé Dios con largueza y que; el hombre confiese sus pecados. La humildad del hombre es su confesión, y la mayor elevación de Dios es su misericordia. Si, pues, viene El a perdonar al hombre sus pecados, que reconozca el hombro su miseria y que Dios haga brillar su misericordia.

Justo es que crezca El y que yo mengüe, esto es, que El dé y que yo reciba; que El sea glorificado y yo confiese mis pecados. Comprenda el hombre su situación y confiese a Dios sus pecados y oiga con atención al Apóstol, que se dirige al hombre soberbio y pagado de sí y que quiere engreírse: ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Comprenda, pues, el hombre (que pretendía atribuirse a sí mismo lo que no es suyo) que todo lo ha recibido y humíllese; le es mejor que sea Dios -en él glorificado. Que empequeñezca él en sí mismo para que crezca en Dios. Con sus martirios dan a entender también Cristo y Juan esta verdad y estos testimonios, ya que Juan disminuye cuando se le corta la cabeza, y Cristo, en cambio, crece cuando se le levanta en la cruz; y así aparece allí también el significado de estas palabras: Conviene que El crezca y que yo disminuya. Además, Cristo nace cuando empiezan ya a crecer los días, mientras que Juan nace cuando empiezan ya a decrecer. La naturaleza misma y los martirios confirman las palabras de Juan:

Conviene que El crezca y que yo, en cambio, disminuya. Crezca, pues, la gloria de Dios en nosotros, y la nuestra disminuyase, para que crezca también en Dios. El Apóstol Pablo dice esto, en la Escritura santa: Quien se gloríe, hágalo en el Señor. ¿Quieres tú gloriarte en ti mismo? Eso significa que quieres crecer; pero es un mal para ti ese crecimiento. El que crece así, con justicia se disminuye.

Crezca, pues, Dios, que es eternamente perfecto; crezca en ti. Cuanto mayor es tu conocimiento de Dios y cuanto más se llena de Dios el vacío de tu inteligencia, más parece que crece en ti Dios, no en sí, ya que en sí misma es eternamente perfecto. Ayer comprendías tú una insignificancia del ser de Dios, y hoy comprendes algo más, y mañana mucho más; eso es crecer en ti la misma luz de Dios; es como que crece Dios, que es, sin embargo, eternamente perfecto.”


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