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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2
VERSICULO 15 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Y
haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los
bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; |
Entonces,
haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus
ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban
dinero y derribó sus mesas. |
Y
haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, con las ovejas y
los bueyes, y desparramó las monedas de los cambistas y volcó las
mesas, |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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καιG2532 CONJ
ποιησαςG4160 V-AAP-NSM φραγελλιονG5416 N-ASN εκG1537 PREP σχοινιωνG4979 N-GPN
πανταςG3956 A-APM εξεβαλενG1544 V-2AAI-3S εκG1537 PREP τουG3588 T-GSN
ιερουG2411 N-GSN ταG3588 T-APN τεG5037 PRT προβαταG4263 N-APN καιG2532 CONJ
τουςG3588 T-APM βοαςG1016 N-APM καιG2532 CONJ τωνG3588 T-GPM κολλυβιστωνG2855
N-GPM εξεχεενG1632 V-AAI-3S τοG3588 T-ASN κερμαG2772 N-ASN καιG2532 CONJ
ταςG3588 T-APF τραπεζαςG5132 N-APF ανεστρεψενG390 V-AAI-3S |
και G2532:CONJ Y ποιησας
G4160:V-AAP-NSM habiendo hecho φραγελλιον G5416:N-ASN látigo εκ G1537:PREP
procedente de σχοινιων G4979:N-GPN cuerdas παντας G3956:A-APM a todos
εξεβαλεν G1544:V-2AAI-3S arrojó hacia afuera εκ G1537:PREP fuera de του
G3588:T-GSN el ιερου G2411:N-GSN templo τα G3588:T-APN a las τε G5037:PRT y
προβατα G4263:N-APN ovejas και G2532:CONJ y τους G3588:T-APM a los βοας G1016:N-APM
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cambistas εξεχεεν G1632:V-AAI-3S desparramó το G3588:T-ASN a la κερμα
G2772:N-ASN moneda και G2532:CONJ y τας G3588:T-APF a las τραπεζας
G5132:N-APF mesas ανετρεψεν G396:V-AAI-3S volcó |
et
cum fecisset quasi flagellum de funiculis omnes eiecit de templo oves quoque
et boves et nummulariorum effudit aes et mensas subvertit |
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KJV |
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And when he had made a
scourge of small cords, he drove them all out of the temple, and the sheep,
and the oxen; and poured out the changers' money, and overthrew the tables; |
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TCB |
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Echó
a todos fuera del templo.
Jua_18:6; Zac_4:6; 2Co_10:4. |
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COMENTARIOS:
JONATHAN EDWARDS
“Los
ladrones, cuando son cazados, huyen a su guarida o cueva, y allí se sienten
seguros contra todos los buscadores. Pero Cristo los sacó. Así que cuando los
hombres son perseguidos con clamores y temores de conciencia, se van a Cristo
como a su guarida: no como santos, para orar y lamentar la vida de su pecado
allí; sino para preservar sus pecados. Esto es vil; ¿recibirá el Señor tales
personas? Desde luego que no.
Cristo
en ese tiempo echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y
derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían palomas;
lo que significa que, cuando viniera a establecer su reino en la tierra,
echaría fuera de su casa a los que, en lugar de ser ministros fieles, oficiaron
allí solo para obtener ganancias mundanas."
WARREN WIERSBE
“Nuestro
Señor apareció de repente en el templo, ¡y limpió la casa! Se cuidó de no
destruir la propiedad de nadie (por ejemplo, no dejó en libertad a las
palomas); pero sí dejó bien claro que él
estaba a cargo de la situación. El templo era la casa de su Padre, y no iba
a permitir que los dirigentes religiosos la contaminaran con sus empresas
lucrativas.
La
condición del templo era una indicación vívida de la condición espiritual de la
nación. Su religión era una rutina tediosa, presidida por hombres de mentalidad
mundana cuyo principal deseo era ejercer autoridad y enriquecerse. No sólo era que el vino se había acabado en
la fiesta de bodas, sino que la gloria se había alejado del templo.”
RAYMOND BROWN
“En
su ataque contra este comercio, Jesús no se limita a eliminar un abuso; los
animales y las monedas eran absolutamente necesarios para el culto del Templo.
Con este gesto de purificación, Jesús ataca
al Tempío mismo. Él ha sustituido ya las prácticas de purificación judías
en Cana. Ahora muestra cómo el centro mismo del culto judío pierde todo significado
ante él. La gloriosa presencia de Dios, circunscrita en otro tiempo al Templo,
se ha convertido en carne en Jesús.”
A.W PINK
“¡Cómo
saca esto a relucir la Deidad de Cristo!
Primero, Él se identifica con el templo, llamándolo "la casa de mi Padre", y así afirma Su Filiación Divina. Esto era algo que ningún otro había soñado
hacer. Ni Moisés, Salomón ni Esdras, nunca llamaron al tabernáculo o al templo la
"casa de su Padre". Solo Cristo podía hacer esto. Nuevamente, observe
el resultado de Su interferencia. Un hombre, con una sola mano, toma un látigo
y toda la multitud huye aterrorizada ante
Él. Ah, este no era un simple hombre. Era
el terror de Dios que había caído sobre ellos.
Este
incidente nos trae un lado del carácter de Cristo que es casi universalmente
ignorado hoy. Pensamos en el Señor Jesús como
el amable y compasivo. Y así era, y sigue siendo. Pero esto no es todo lo
que es. Dios es Luz al igual que Amor. Dios es inflexiblemente justo e
infinitamente misericordioso. Dios es santo y misericordioso. Y hacemos bien en
recordarnos esto. Las Escrituras declaran que "es una cosa terrible caer en las manos del Dios viviente",
como descubrirán todos los que le desafían. La Escritura habla de "la ira del cordero", y nuestra
lección nos proporciona una ilustración solemne de esto. Los cambiadores de dinero
y ganaderos que no resistieron, huyendo aterrorizados ante su ojo fulgurante y
su mano levantada, advierte lo que sucederá cuando
los malvados se presenten ante el trono de su juicio.
Este incidente reprende la profanación
actual de la casa de oración.
Si la santa ira del Señor Jesús se agitó cuando contempló la profanación de esa
Casa que iba a ser una "casa de
oración", si la comercialización idólatra de la misma hizo que Él la
limpiara de una manera tan drástica, ¿cómo debe hacerlo ahora? ¡Considere
muchos de los edificios que han sido consagrados a Su nombre! Cuán trágicamente
se repite la historia. Las cosas que ahora se hacen en tantas iglesias-casas,
las cenas de helados, los bazares, los espectáculos de películas y otras formas
de entretenimiento, no son más que la comercialización idólatra de estas "casas de oración". No es de
extrañar que esos lugares carezcan de espiritualidad y sean ajenos al poder de Dios.
El Señor no tolerará una mezcla profana de cosas mundanas con espirituales.”
JOHN WESLEY
“Habiendo hecho un azote de juncos (que estaban esparcidos por el suelo), echó a todos fuera del templo (es decir, el patio), igual a las ovejas como los bueyes, aunque no parece que él los golpeara; y mucho menos, a cualquiera de los hombres. Pero un terror de Dios, es evidente, cayó sobre ellos.”
DAVID GUZIK
“Cuando
Jesús expulsó a los que estaban haciendo negocio fuera de los patios
exteriores. No lo hizo en un estallido de
ira. Cuidadosamente se tomó el tiempo de hacer un azote de cuerdas, y pensó
cuidadosamente en lo que haría.
Curiosamente,
algunos comentaristas están confiados en que Jesús usó el azote de cuerdas solo
sobre los animales, y otros están confiados en que lo usó tanto en hombres como
en animales. Sin embargo, el sentido es más bien una muestra de la autoridad de Jesús más que de violencia.”
LUIS PALAU
“¿Qué
significado hay en el látigo de Jesús?
1.
Notemos que no utilizó el látigo para golpear a ninguno. No tenía intención de
castigar a nadie, sino que lo usó como un
símbolo de autoridad.
2.
Había un llamado de atención al ejercicio
religioso carente de significado. En este caso, el sistema de sacrificios había
perdido el sentido espiritual. Sólo quedaba la cáscara, la apariencia sin la
esencia, la forma sin la realidad. La aplicación es que cuando practicamos un
ejercicio espiritual debemos cuidar de que no se transforme en una mera
costumbre religiosa.
3.
Jesús está poniendo en práctica la enseñanza de que “Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres” (Ro.
2:16). Jesús conocía lo que había en el corazón de estos mercaderes y cambistas
que estaban aprovechándose de la casa de Dios para enriquecerse. Tomaban
ventaja de lo que pertenecía a Dios y lo hacían propio, burlándose así del
propósito del templo. Cuando Jesús usó el látigo echando a los mercaderes, era
porque conocía el corazón corrupto de estos individuos. Lo que estos hombres
realizaban diariamente en el templo era repugnante a Dios. Esto demuestra que la severidad divina es tan real como su amor.
4.
Este suceso mostró la debilidad del sistema de sacrificios, que tenía
imperfecciones como para asegurar la remisión total de pecados. El incidente a
su vez señaló la necesidad de la muerte de Jesús—una vez y para siempre—y lo
imperioso que resultaba abolir el viejo sistema y reemplazarlo. Jesús vino al
mundo para hacer posible un acceso mucho
más directo del hombre a Dios (1 Ti. 2:5).”
COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO
“Un látigo de cuerdas no se menciona en
los Sinópticos, una evidencia a favor de aceptar la realidad de dos limpiezas y
de un testigo ocular presente en la ocasión, o sea, uno de los discípulos. No
hay evidencia de que Jesús haya lastimado a alguien, ni aun a los animales, con
el látigo, pero el solo hecho de levantarlo infundiría un santo temor en los
que habían profanado el templo. No sólo el látigo, sino la mirada airada de
Jesús habría sido más que suficiente para asustar a cualquiera. Aparentemente
nadie se atrevió a resistir la orden de Jesús.
El
hecho de que un solo hombre haya infundido temor en una multitud, y ésta con la
autorización de la jerarquía judía, revela algo de la indignación y autoridad del Hijo del Hombre. Desparramó el dinero… y volcó las mesas,
habiendo huido ya los encargados. Es la única ocasión cuando Jesús haya
recurrido a la fuerza física o amenazado de herir en su ministerio.”
BRIAN BAILEY
“Él
pudo hacer esto porque la unción de los siete Espíritus del Señor estaba sobre
Él (Is. 11:2). En esta ocasión en particular, fue el Espíritu de poder el que
se manifestó a través de Él. Ésta es la misma unción que capacitó a Sansón para
realizar hazañas de fuerza y valor.
El
Señor estaba muy enojado con los sacerdotes por sus acciones. Ellos requerían
que todas las donaciones al templo fueran pagadas en la moneda del templo, en
lugar del dinero común romano.
Los
sacerdotes hicieron esto con el único propósito de beneficiarse a sí mismos.
Ellos cobraban una tasa de cambio muy alta y esto proporcionaba una buena
entrada para la familia sacerdotal de Anás. Así, el motivo de los sacerdotes
era la avaricia y la codicia.”
JOHN MACARTHUR
“La
demostración de fuerza de Jesús crearía inmediatamente un pandemonio en el
patio del templo: los vendedores de animales estarían en persecución frenética
de sus bestias, que debían estar corriendo en todas las direcciones; los que
cambiaban dinero, perplejos (y, sin duda, algunos de los transeúntes), se
abrían paso en el suelo desesperadamente para recoger sus monedas; los que
vendían palomas removían a toda prisa sus jaulas cuando Jesús se lo ordenó, y
las autoridades del templo se afanaban por ver de qué se trataba toda esta
conmoción.
Con
todo, Jesús nunca fue cruel con los animales (quienes objetan el uso gentil de
la fuerza con ellos nunca han arriado animales), ni fue muy violento con los hombres.
Al parecer, la agitación que creó fue lo suficientemente calmada para no
alertar la guarnición romana que estaba ubicada en la Fortaleza Antonia, desde
donde vigilaban el área del templo. Los romanos podrían haberse sentido
satisfechos de asaltar al sistema del templo y sus líderes, pues les causaba
muchos dolores de cabeza.
Al
mismo tiempo, la intensidad de su indignación era inequívoca. Cristo no
toleraría la ridiculización del espíritu de la adoración verdadera.”
WOLFGANG MUSCULUS
“Vemos
por esta obra de Cristo cuánto le desagradan, y cuánto no deben ser tolerados
en la iglesia, los que practican el comercio bajo la cobertura del culto
divino. Sin duda hubo en la ciudad muchos delitos que eran pecados de manera generalizada
contra Dios. Y, sin embargo, no leemos que Cristo censuró esos crímenes con una
severidad como la que vemos aquí. Más bien, leemos que fue directamente al
templo y expulsó esta enfermedad de la sucia toma de ganancias. ¿Quién no ve en este lugar que las cosas que
conciernen a mi gloria y adoración no son solo las cosas más importantes, sino
que estas cosas también deben ser purificadas con la mayor severidad?
Justamente. Porque aquí están pecando contra la primera mesa [de la Ley] y bajo
la cubierta del nombre divino están sirviendo
al dinero y a Satanás.
Ahora,
en lo que respecta a las enfermedades infecciosas, se infiltran en el resto del
cuerpo más rápido y dañinamente de lo que cualquiera supondría. Que los
anabautistas tomen nota de esto. No están dispuestos a resistir el mal por lo
que Cristo dijo: Pero yo les digo, no
resistan el mal. Que respondan por qué Cristo aquí resistió el mal. No
comprenden que la declaración no se opone a su hecho aquí. Él enseña que nadie
debe resistir el mal que se hace contra
la persona. Pero no enseña que debamos tolerar el mal que obstruye la gloria de Dios y destruye las almas. Él enseña todo
lo contrario con su ejemplo aquí.
En
segundo lugar, que respondan a esta pregunta, aquellos que no están dispuestos
a la fuerza para ser usada en la iglesia contra los idólatras y corruptores del
culto divino, aquellos que piensan que debemos pedir a los dioses que los malhechores desistan por su propia voluntad: ¿Por qué
Cristo no hizo eso aquí? ¿Por qué no les pidió amablemente a esos comerciantes
que se llevaran el ganado, las ovejas y el dinero del templo? Nadie, dicen,
debe ser llevado a la bondad por la fuerza.
¡Lo
que son, lo serán! Pero, ¿puede ser que no debemos usar la fuerza para
restringir y detener a quienes recolectan ganancias en el templo de Dios? ¿Qué
sigue entonces? ¿Diremos que Cristo pecó aquí? ¡Dios no lo quiera! No los
obligó a abrazar la verdadera piedad, pero
sí expulsó ese comercio del templo.
Tercero,
aquellos que enseñan que los males externos en la iglesia no deben ser eliminados
a menos que se eliminen primero de los corazones de los seres humanos, pueden
aprender en este lugar a cambiar de opinión. Porque de acuerdo con esta forma
de pensar, Cristo debería haber quitado primero la maldad de la codicia de los
corazones de los judíos y luego haberla expulsado del templo. Pero vemos que
Cristo hace lo contrario aquí. Expulsa a los comerciantes del templo a pesar de
que todavía tenían codicia en sus corazones. . . . Sin duda, dio un ejemplo de
que la iniquidad pública en la iglesia no
debe ser soportada incluso si no se puede quitar de los corazones.
Puedes
decir: Pero esto se hace en vano, porque a menos que la maldad sea quitada del
corazón de los pecadores, sólo es quitada de la vista y de la práctica externa
en forma vana; y reaparecerá rápidamente. Pero Cristo sabía esto. Y, sin
embargo, cumplió con cuidado los deberes que le correspondían a su cargo.
Cuarto,
también hay una lección que aprender de este lugar por aquellos que se enojan
con la usura y otros males seculares de la ciudad, considerándolos asuntos más
serios que la impureza de la iglesia y la corrupción de su culto. Piensan que
los males cometidos en el estado deben eliminarse como una cuestión de primera
prioridad en lugar de los males que han corrompido a la iglesia. Que respondan
por qué Cristo no limpió primero la ciudad de Jerusalen y luego limpió el
templo. ¿Acaso podría ser que los pecados cometidos contra la primera tabla de
la Ley sean más graves que los pecados contra la segunda tabla?.”
J.C RYLE
“Toda
la operación es impresionante, mostrando a nuestro Señor empleando más fuerza
física y manifestación de energía corporal de la que le vemos emplear en
cualquier otro período de su ministerio. Una palabra, un toque o el extender la
mano son los límites corrientes de sus acciones.
Aquí
le vemos haciendo nada menos que cuatro cosas: (1) elaborar el azote; (2) echar
a los animales; (3) esparcir las monedas de los cambistas, y (4) volcar las
mesas. En ninguna ocasión le vemos manifestar semejantes muestras de
indignación como al ver la profanación del Templo. Recordando que toda la
operación es un notable ejemplo de lo que Cristo hará con su Iglesia visible en
su Segunda Venida, podemos captar algo del profundo significado de aquella
importante expresión: “La ira del Cordero”
(Apocalipsis 6:16).
Merece
la pena considerar un comentario de Dyke sobre la conducta de nuestro Señor en
este lugar: “Este acto de Cristo no hay que imitarlo, porque lo llevó a cabo
como Señor del Templo en virtud de su filiación divina. Por tanto, los papistas
abusan enormemente de este pasaje cuando de él extraen el poder del papa para
castigar a los pecadores aun con castigos corporales, o para despojar a los
príncipes de sus reinos. En cuanto a los ministros, el único castigo que pueden
emplear es su lengua, con una predicación poderosa contra los abusos. En cuanto
a las personas privadas, Dios no ha atado sus lenguas aunque sí sus manos.
Cuando la ocasión lo permite, pueden mostrar su aborrecimiento y desaprobación
de la corrupción.”
J. WALVOORD – R. ZUCK
“Malaquías
predijo que uno vendría repentinamente al templo a purificar la religión de la
nación. Mal. 3:1–3: “He aquí, yo envío mi
mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su
templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis
vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. (2) ¿Y
quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando
él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de
lavadores. (3) Y se sentará para afinar y limpiar la plata;
porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y
traerán a Jehová ofrenda en justicia.”
SAN AGUSTIN
“¿Quiénes
son, pues, los que venden bueyes? Es para que en la figura busquemos la
inteligencia del misterio del hecho. ¿Quiénes son los que venden ovejas y
palomas? Son los mismos que buscan en la
Iglesia sus intereses, no los intereses de Jesucristo. Todo lo venden
quienes no quieren ser rescatados; no quieren ser rescatados, lo que quieren es vender. ¿Qué cosa, sin embargo, mejor
para ellos que ser redimidos con la sangre de Cristo para llegar a la paz de Cristo?
Porque ¿qué aprovecha en este mundo adquirir bienes temporales y transitorios,
como es el dinero, o el placer del vientre o del gusto, o el humo de las
alabanzas humanas?
¿Es
todo más que humo y viento? ¿No pasa y se va todo en veloz carrera? Y ¡ay de
aquellos que se adhieren a lo que así pasa, porque pasan juntos con ello! ¿No
es todo como un río que va en su carrera a precipitarse en el mar? ¡Ay de aquel
que se caiga en ese río: será arrastrado al mar! Luego debemos defender de
tales concupiscencias nuestros afectos.
Quienes
procuran cosas tales, mis hermanos, venden.
Y por eso aquel Simón quería comprar el Espíritu Santo, porque quería venderlo.
Creía que los apóstoles eran como los mercaderes que echó el Señor del templo a
latigazos. El, sí, era como ésos: quería comprar lo que podía vender. Era uno
de aquellos que vendían palomas. El Espíritu Santo» en figura de paloma se
manifiesta. ¿Quiénes son, pues, mis hermanos, quiénes son esos que venden
palomas, sino esos mismos que dicen: Nosotros damos el Espíritu Santo? ¿Por qué
hablan así, y a qué precio lo venden?
El
precio son sus honores y dignidades. Así son como vendedores de palomas. Que se
pongan en guardia contra el látigo hecho
de ramales. La paloma no se puede vender. Se da gratuitamente. Su nombre es gracia. ¿No estáis viendo cómo alaban
sus mercancías esos vendedores o como revendedores?
Que
huya su corazón de toda esa peste de mercaderes y que venga a donde se recibe gratuitamente. Ni se ruborizan
siquiera de verse divididos entre sí en tantas facciones, debido a sus duras y
perversas disensiones, por atribuirse lo que no son, por engreírse con el pensamiento
de que son algo, no siendo nada. Mas
¿qué es lo que se cumple en ellos por quererse corregir, sino lo que habéis
oído del Salmo: Están divididos, pero no
arrepentidos?.”
JAMES SMITH
“Cómo fue purificado el templo. Fue
limpiado mediante la venida del mismo Señor. Hubiera transcurrido mucho tiempo
antes que estos vendedores y cambistas actuaran en este sentido. La presencia
del Señor significa pureza. Los intrusos, con su tráfico contaminante, fueron
«expulsados». No hay otro remedio para estos pensamientos y motivos tan
deshonrosos para Cristo, que han estado excluyéndolo a Él de su propia Casa, y
estableciendo un negocio en su Nombre para la honra y la gloria del Yo. ¿Cuál
de estos miserables usurpadores podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca?
Porque Él es como fuego de afinador; Él se sentará en el trono del corazón como
refinador y purificador de la plata (Mal_3:1-3).
El látigo puede ser necesario, pero en las manos de este misericordioso «Purificador» es un azote de cuerdecillas [griego, schoinon]. Tiene que ser un gran dolor para su corazón ver un alma redimida por su propia Sangre, para que se convirtiera en un templo de Dios, transformada en una mera «casa de mercado». No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio; por lo tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, que son de Él. Dad a Cristo su verdadero lugar en el templo del corazón, y aquellos motivos egoístas y contaminantes, que son semejantes a otros tantos impíos traficantes, serán rápidamente expulsados de la vida.”
COMENTARIO BIBLICO BEACON
“Lo
que Jesús hizo allí está en perfecta armonía con su naturaleza y carácter. Hay
quienes piensan que todo lo que puede decirse de El es que es un Jesús
“benigno, manso y apacible”. Es verdad que El es amoroso y perdonador. El mismo
se describe como “manso y humilde de corazón” (Mat_11:29). Pero es más que eso
y en este incidente uno puede ver otro aspecto de su naturaleza. Su trato con
el mal no es tranquilo ni liviano. El es una luz que brilla en las tinieblas
(Jua_1:5). El mandó que dijeran a Herodes, “Id y decid a aquella zorra”
(Luc_13:32). Los fariseos no hallaron que sus palabras fueran suaves o sus
apelaciones placenteras. “Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados”
(Mat_23:27, RSV); “¡serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la
condenación del infierno?” (Mat_23:33); “¡Guías ciegos!” (Mat_23:24).
De
esta manera Jesús, la Fuente de luz, de justicia, de lo bueno y de la
integridad, se enfrentó a los malos. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera
del templo a todos. La palabra traducida “echó” es un término enérgico que
significa “El los arrojó del templo”. Esto ha sido descrito como “una escena
violenta, con la figura de los mercaderes que se agachan agarrándose
desesperadamente de las mesas mientras eran arrojadas de una parte a otra, o
corriendo tras su dinero disperso, mientras rodaba de aquí para allá, o
encogiéndose ante el látigo que no tuvo misericordia hasta dejar limpio el
lugar santo”.
MATTHEW HENRY
“En
un lugar en que abundaban las sogas o cuerdas gruesas para conducir y amarrar a
las reses destinadas al sacrificio, no faltarían elementos para hacer con ellos
un látigo. Por analogía con Mat_21:12, y por el masculino griego pantas, parece
claro que «todos» se refiere a los traficantes; los animales se enumeran a
continuación, y comienza precisamente por «ovejas», que en griego es del género
neutro. Notemos que Cristo nunca forzó a nadie a entrar en el templo, pero echó
fuera de él a quienes lo profanaban.
También
hoy existen muchos «templos» cuyos atrios son un mercado de imágenes, de
estampas, reliquias, etc. Conforme a Jua_4:24; 1Co_6:19; 1Pe_2:5., etc.,
sabemos que, en la Nueva Ley, el único «templo de Dios» somos los creyentes, ya
que no hay piedras muertas «sagradas». Por eso, nuestros lugares de reunión no
son templos, aunque en ellos se deba guardar todo respeto cuando la
congregación se reúne para rendir culto al Señor, ya sea en la oración, en el
partimiento del pan o en el ministerio de la Palabra. Nosotros, el «templo de
Dios», hemos de estar purificados de malas obras; y los pecadores endurecidos
están preparando para sí mismos las cuerdas con las que el Señor los ha de
arrojar fuera.”
MARTIN LUTERO
“esta
acción sugiere otra pregunta de tipo universal: ¿Cómo es que en este caso, el
Señor usa la fuerza, cuando previamente sólo había utilizado la palabra? No era
propio de su plan iniciar un reino de violencia, además de prohibir
estrictamente a sus apóstoles recurrir a la espada o al gobierno secular
(Mat_26:52) dejándolo en manos de príncipes y gobernantes. ¿Cómo es posible,
por tanto, que recurra a los golpes y se comporte tan extrañamente? Parece como
si quisiera establecer un reino de poder y dominar a los gobernantes de
Jerusalén al modo de los soberanos terrenales, cuando vino al mundo para
establecer un reino de carácter muy diferente, en modo alguno secular,
controlado por la fuerza, sino un reino de predicación, enseñanza, consuelo y
admonición. Era un reino en el que la gente debía aprender su relación con Dios
y creer en el Hijo sin lo cual estarían perdidos. El profeta Isaías también
anunció que el Mesías traería consigo un bastón que sería «la vara de su boca»
(Isa_11:4). De ahí que en el papado hallemos pinturas representando a Cristo con
una espada surgiendo de un lado de la boca y una ramita de lirio del otro; la
punta de la espada se dirige contra el hombre.
Ésta
no es la verdadera imagen de Cristo. Deberían haberle representado con una
espada, bastón, vara o látigo asomando de su boca, tal como detalla el
Apocalipsis cuando habla de un Hombre «con la espada en la boca» (Rev_1:16).
Isaías también lo describe como alguien que «herirá la tierra con la vara de su
boca» (Isa_11:4). Y en Rev_19:20-21 leemos que los que adoraban a la Bestia
«fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre y los
demás fueron muertos con la espada que salía de la boca». Una espada que no
entra, sino que sale de la boca, simbolizando que reinará con la espada de la
boca. El reino de Cristo no se administra con el poder físico, ni con la espada
o la vara. Esta última pertenece al gobierno de los padres y la primera al del
ejecutor. Se trata de una espada y una oral. Así san Pablo llama a la Palabra
de Dios «la espada del Espíritu» (Eph_6:17), una frase con la que el apóstol se
propone describir la función de Cristo y de todos los predicadores de la
Palabra divina, es decir, enseña al pueblo con la espada de la palabra, la
espada del Espíritu, la Palabra de Dios. Las palabras de reprimenda y rechazo
son la vara; Así en Isa_11:4 dice: «Herirá la tierra con la vara de su boca y
con el aliento de sus labios, matará al impío». Llama a la Palabra de Dios «la
vara de su boca».
Dios
utiliza «la vara de su boca» cuando juzga y castiga al mundo no creyente con
las palabras: Quien no crea, está condenado. Quien cometa adulterio, robe,
blasfeme de Dios, desobedezca a los padres y viva una vida vergonzosa e impía,
ya está muerto y juzgado. Yo uso la espada de la Palabra divina cuando condeno
las acciones de los hombres y denunció el pecado del mundo. Por tanto, no corto
la cabeza ni golpeo a nadie con ninguna vara, sino con mi boca, un látigo con
el que castigo, flagelo y juzgo. Así, Cristo utiliza una espada oral, no
ninguna que se empuñe. La Palabra de Dios es la espada con la que castiga al
mundo.
Sin
embargo, después de haber llegado a la conclusión de que el reino de Dios no
está gobernado por ninguna espada de las que se empuñan, sino por la oral del
Espíritu, ¿cómo se conjuga su duro tratamiento a los sacerdotes del templo?
¿Por qué interviene de una forma que más parece pertenecer a la esfera del
gobierno secular? ¿No actúa como un insurrecto?
Esta
es una cuestión que los predicadores han debatido de forma incesante
preguntándose el motivo por el cual Cristo no se limitó a una reprimenda oral y
en lugar de ello, usó los puños. Habría que considerar la cuestión desde otro
ángulo: en aquel tiempo el Señor ocupaba una posición entre el Antiguo y el
Nuevo Testamento, o entre la regla establecida por Moisés al pueblo de Israel y
la que establecería Él después de su muerte mediante el Espíritu Santo y la
predicación del Evangelio. En ocasiones, Cristo se comporta mosaicamente,
observa numerosas prescripciones de la Ley, le circuncidan, presenta
sacrificios en el templo, como todos los demás va a Jerusalén tres veces al año
para las fiestas en obediencia a los mandamientos divinos del Antiguo
Testamento. Asimismo, ordena a los leprosos que se mostraran a los sacerdotes
tal como exigía la Ley (Luk_17:14). Se evidencia, por tanto, que en gran medida
cumplía con la Ley de Moisés.
Por
otra parte, Cristo sigue el Nuevo Testamento en muchos aspectos. Cuando sus
discípulos arrancaron unas espigas para comer en sábado, los fariseos se
escandalizaron y murmuraron: ¡Fíjate, los discípulos de Juan observan el sábado
y tú no!», El los defendió violando con ello también el sábado, diciendo: «El
Hijo del Hombre es señor del sábado» (Mat_12:1-8). Así, vemos que en ocasiones
Cristo respeta el sábado y en otras no (Joh_5:16). Cuando devolvió la vista a
un ciego en sábado, los judíos amenazaron con matarle y Él les dijo: Yo soy el
Señor del sábado (Mat_12:8). Aquí Cristo no actúa como un discípulo de Moisés,
sino como alguien que pertenece al Nuevo Testamento en el cual la antigua ley
quedó abolida y se estableció un nuevo orden espiritual mediante el mensaje del
Evangelio y no usurparía el poder del gobierno secular, sino que reinaría a
través de la Palabra. Cristo observa la Ley de Moisés o la deja de lado a
voluntad como si fuera Moisés en persona. En otras ocasiones, demostró que es
el Señor de ambos reinos, el secular y el espiritual. Si en aquel tiempo
Moisés, David, Elías, Eliseo o cualquier otro de los santos reyes y profetas
judíos hubieran entrado en el templo, también ellos hubieran usado el azote. Y
quizá más: en cumplimiento de la misma ley de Moisés, hubieran apedreado a
todos aquellos hasta matarlos como idólatras (Luk_20:2). Y como aquellos
sacerdotes engañaban al pueblo y no llevaban a cabo el oficio para el que estaban
destinados, el Señor actúa como un discípulo de Moisés y un súbdito de su
reino.
Por
tanto, no se comporta en su capacidad de Cristo, sino de Moisés, sometiéndose
El mismo a la Ley e indicando con ello que es el Señor de ambos reinos, el de
la enseñanza y, como Moisés, el del castigo. Sin embargo, cualquier método que
emplee, siempre es bueno. Si elige seguir a Moisés acierta, si prefiere no
hacerlo, tampoco se equivoca ya que no debe nada a la Ley desde el momento en
que es el Señor de la Ley y del sábado. Tiene derecho a seguir su propia
voluntad y parecer porque es el rey y el barón. Si obedecía la Ley, la cumplía
estrictamente. No estaba obligado a ir al templo de Jerusalén tres veces al
año, pero cuando iba, lo hacía alegre y voluntariamente. Y nuevamente, si se
niega a obedecer la Ley, también se comporta con toda corrección. Por tanto, el
Señor no se comporta en ningún momento como un revolucionario porque tiene a la
Ley de Moisés de su lado que ordena matar a los idólatras. Sin embargo, si
Cristo hubiera permanecido pasivo y no hubiera azotado a los judíos, también se
hubiera hallado en su derecho. Al vivir durante el periodo de transición del
Antiguo Testamento al Nuevo, formaba parte de ambos y, en ocasiones, al dejar
de obedecer la Ley de Moisés, preparaba la abolición gradual de la misma.
En
Mar_11:16 leemos que la ira y el enojo dominaban en tal medida al Señor que «no
permitía que nadie transportase mercancías pasando por el templo». En realidad
no era tan grave pasar por el templo con un cesto o una barrica. Esta
prohibición de Cristo más bien parece una tontería si no tenemos en cuenta su
determinación de limpiar el templo y su deseo de hacer respetar la ley de
Moisés aún operativa y por lo tanto, de obligatorio cumplimiento; con el
advenimiento de Cristo, una acción tan violenta resultaba absolutamente
prohibida. Aquí Cristo hace uso de una prerrogativa mosaica.
Por
tanto, esta acción no se cita como un ejemplo a ser seguido, Cristo no actúa
como sirviente del Nuevo Testamento, sino del Antiguo, es decir, como discípulo
de Moisés. El diablo ha convencido a los anabautistas, a Münzer y al papa de la
legitimidad de utilizar la espada cuando Cristo lo prohibió estrictamente a sus
apóstoles y predicadores. Tampoco nosotros debemos hacerlo aunque no nos
hallemos al nivel de Cristo. El era superior a Moisés, nosotros no. Nadie es
soberano sobre Moisés excepto Cristo.”
WILLIAM BARCLAY
“Jesús
tenía por lo menos tres razones para hacer lo que hizo.
(1)
Actuó así porque se estaba profanando la
casa de Dios.
En
el templo se daba a Dios un culto sin reverencia. La reverencia es una cosa
instintiva. El artista Edward Seago nos cuenta que llevó a dos niños gitanos a
visitar una catedral de Inglaterra. Eran unos chiquillos muy traviesos en
circunstancias normales; pero, desde el momento en que entraron en la catedral,
estuvieron sorprendentemente tranquilos y callados; y luego, todo el camino
hasta llegar a la casa. Hasta la tarde no volvieron a sus habituales
travesuras. En sus corazones naturalmente indisciplinados había una reverencia
instintiva.
El
culto sin reverencia puede ser una cosa terrible. Puede que sea un «culto» que
se hace rutinaria o formalmente, las oraciones más solemnes se pueden leer como
las listas de las subastas. Puede que sea un «culto» que no tiene en cuenta la
santidad de Dios y que suena como si según la frase de H. H. Farmer- "el
adorador se llevara muy bien con la Divinidad.» Puede que sea un culto para el
que no están preparados ni el que lo dirige ni la congregación. Puede que sea
el uso de la casa de Dios para fines y con medios en los que se olvida la
reverencia y la verdadera función de la casa de Dios. En aquel atrio de la casa
de Dios de Jerusalén se regatearían los precios, se discutirían las monedas
viejas o desgastadas... En fin, que habría ruidos y gestos y discusiones más
propios de un mercado. Puede que esa forma de irreverencia no sea corriente
ahora; pero hay otras formas de ofrecerle a Dios un culto irreverente.
(2)
Jesús hizo lo que hizo para mostrar que
toda esa parafernalia de sacrificios animales era totalmente impertinente.
Hacía siglos que venían diciéndolo los profetas. «¿Para qué me sirve, dice el
Señor, la multitud de vuestros sacrificios? ¡Estoy harto de holocaustos de
carneros y de sebo de animales cebados; no Me gusta la sangre de los toros, de
las ovejas o de los chivos... No Me traigáis más ofrendas vanas» Isa_1:11-17 ).
«Porque cuando saqué a vuestros padres de Egipto no les dije nada ni les di
mandamientos acerca de holocaustos y sacrificios» Jer_7:22 ). «Con sus ovejas y
con sus vacas andarán buscando al Señor, pero no Le encontrarán» Ose_5:6 ).
«Les encantan los sacrificios; sacrifican carne y la comen, pero el Señor no Se
complace en ellos» Ose_8:13 ). «Porque Tú no te complaces en sacrificios; si yo
hubiera de ofrecer holocaustos, a Ti no Te agradaría» Sal_51:16 ). Un coro de
voces proféticas denunciaba la impertinencia de los holocaustos que humeaban
constantemente en los altares de Jerusalén. Jesús actuó así para demostrar que
ningún sacrificio animal podrá nunca realizar la reconciliación de la humanidad
con Dios.
No
estamos totalmente libres de esa tendencia hoy en día. Es cierto que no Le
ofrecemos a Dios sacrificios de animales; pero podemos identificar Su culto con
la instalación de vidrieras de colores o de un órgano más sonoro, o con piedra
o madera tallada, cuando el verdadero culto brilla por su ausencia. No es que
estas cosas sean condenables, ¡lejos de eso! A menudo, ¡gracias a Dios!, son
ofrendas de corazones fieles y agradecidos. Cuando ayudan a la verdadera
devoción; cuentan con la bendición de Dios; pero cuando son su sustituto,
hastían el corazón de Dios.
(3)
Había todavía otra razón para que Jesús actuara de aquella manera. Marcos añade
un curioso detalle que no se encuentra en los otros evangelios: "Mi casa será llamada casa de oración para
todas las naciones» Mar_11:17), siguiendo con la cita de Isa_56:7. El
templo constaba de una serie de atrios que conducían al templo propiamente
dicho y al Lugar Santísimo. La primera parte era el Atrio de los Gentiles;
luego venía el Atrio de las Mujeres; después, el de los Israelitas; por último,
el de los Sacerdotes. Toda esa compraventa se hacía en el Atrio de los Gentiles
que era el único al que podían acceder los que no fueran israelitas. A partir de
aquel lugar les estaba prohibida la entrada. Así que si había algún gentil cuyo
corazón Dios hubiera tocado, podía llegar al Atrio de los Gentiles para meditar
y orar y buscar a Dios. El Atrio de los Gentiles era el único lugar, de oración
que conocía.
Las
autoridades del templo y los comerciantes judíos estaban convirtiendo el Atrio
de los Gentiles en un lugar de confusión y jaleo en el que era prácticamente
imposible orar. Los mugidos de los becerros, los balidos de las ovejas, el
zureo y el revoloteo de las palomas, los gritos de los vendedores, el tintineo
de las monedas, los pregones y los regateos... todo eso combinado convertía el
Atrio de los Gentiles en un lugar donde no se podía dar culto a Dios. El jaleo
del atrio exterior del templo les cerraba el acceso a la presencia de Dios a
los gentiles que Le buscaran. Tal vez era eso lo que más angustiaba a Jesús, y
puede que por eso Marcos nos conservara la frase que nos lo indica. A Jesús se
Le conmovían las entrañas porque en la Casa de Oración se le cerraba el acceso
a la presencia de Su Padre a los que les buscaban sinceramente.
¿Hay algo en la vida de nuestra iglesia: esnobismo, exclusividad, frialdad, falta de hospitalidad, tendencia a hacer de la congregación un club cerrado, arrogancia, tiquismiquis que excluye al sincero buscador? Recordemos la indignación de Jesús contra los que les hacían difícil, o imposible, a los buscadores extranjeros el establecer contacto con Dios.”

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