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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2
VERSICULO 20 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Dijeron
luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en
tres días lo levantarás? |
Tardaron
cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres
días? |
Dijeron
entonces los judíos: Durante cuarenta y seis años fue edificado este
santuario, ¿y tú lo levantarás en tres días? |
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TR+ |
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dixerunt ergo Iudaei
quadraginta et sex annis aedificatum est templum hoc et tu tribus diebus
excitabis illud |
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KJV |
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Then said the Jews,
Forty and six years was this temple in building, and wilt thou rear it up in
three days? |
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TCB |
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N.T |
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COMENTARIOS:
SAN JUAN CRISOSTOMO
“Al
hablar de cuarenta y seis años se referían a la última reconstrucción del
templo, pues para la construcción originaria sólo hicieron falta veinte años.
¿Por
qué no resolvió este enigma? ¿Por qué no dijo: «No hablo de este templo, sino
de mi cuerpo»? ¿Y por qué, si El calló entonces sobre el significado de sus
palabras, lo explicó el evangelista al escribir su Evangelio mucho tiempo después?
¿Por qué calló? Porque no habrían dado
crédito a sus palabras. Los propios discípulos eran incapaces de entender
lo que decía, y mucho más incapaz aún era la multitud.
Pero
-dice el evangelista- cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron y
creyeron en la Escritura y en la palabra dicha por Jesús. Dos eran las verdades
que en aquel momento fueron propuestas a su fe: primero, la resurrección, y luego, lo que es todavía mayor: la inhabitación de
Dios en El. A ambas alude cuando dice: Destruid
este templo y lo reconstruiré en tres días.
También
san Pablo advierte que es éste un signo, y no pequeño, de su divinidad: El fue
establecido por Dios con gran poder, según el espíritu de santificación,
mediante la resurrección de la muerte. Digo Jesucristo, Señor nuestro....
Pues
El aquí, y en otro lugar y por doquier, propone éste como el signo por
excelencia, ora diciendo: Cuando sea levantado, ora: Cuando levantéis al Hijo
del Hombre entenderéis quién soy yo, ora: No se os dará ningún signo, sino el
de Jonás, y, en nuestro caso, en tres días lo reconstruiré. Y hace esto porque
con este argumento, más que con ningún otro, se demuestra que no era un simple
hombre, pues podía triunfar sobre la muerte y poner así término a su larga
tiranía y a aquella difícil guerra.”
A.T ROBERTSON
“En
realidad, el Templo no estaba aún terminado, debido a la gran desconfianza que los
judíos habían sentido hacia Herodes. ¿Y
tú? (kai su). Un evidente escarnio en el empleo de su (tú, un desconocido advenedizo
de Galilea, de las clases populares, ni siquiera uno del Sanedrín, ni de los
eclesiásticos o siquiera arquitectos).”
GARY BURGE
“Como
sucede en tantas narraciones joánicas (p. ej., 3:3ss.; 4:10ss.; 6:41ss.;
11:11ss.; 14:7ss.), los oyentes de Jesús le malinterpretan y piensan que está
haciendo referencia (irónicamente) al templo de Jerusalén.
En
el año 20 a.C. Herodes el Grande comenzó un monumental programa de reconstrucción
del templo para aplacar a sus súbditos judíos, que le despreciaban como
advenedizo (Herodes era idumeo). Pretendía que este nuevo templo rivalizara con
el de Salomón. Para garantizar la pureza de la construcción, unos mil
sacerdotes fueron formados como canteros y arquitectos. Trabajaron en él un
total de de 18.000 obreros hasta que la obra se terminó en el año 64 d.C.14
Algunas piedras pesaban hasta setenta toneladas y hoy siguen siendo visibles en
los muros que dan consistencia al Monte del Templo.
Parecía
absurdo que Jesús hablara de destruir un edificio como aquel —cuya remodelación
llevaba ya cuarenta y seis años en curso— para reconstruirlo luego en tres días
(2:20). ¡Cualquiera que fuera capaz de tal cosa tendría sin duda derechos sobre
el funcionamiento del templo! Pero estas palabras no son tan extrañas como
pudiéramos pensar. En el judaísmo de aquel periodo, muchos líderes espirituales
esperaban la construcción de un nuevo templo que habría de sustituir al actual.
En Ezequiel 40–46, por ejemplo, se detallan las características de ese nuevo
edificio.
La esperanza y planes para un nuevo templo formaban parte del ideario de la comunidad de Qumrán. Los judíos de Qumrán eran muy críticos con el proyecto de Herodes. Aun después de la destrucción del templo en el año 70 d.C., los judíos mantenían su esperanza en la venida del Mesías, que traería la construcción de un nuevo templo. En las sinagogas de finales del primer siglo, los judíos confesaban las «Dieciocho Bendiciones», catorce de las cuales se proyectan hacia el Mesías y el nuevo templo.”
JOHN MACARTHUR
“Los
judíos eran incrédulos; ¿cómo era posible lograr en tres días de trabajo lo que
había tardado ya cuarenta y seis años y todavía no estaba terminado? Como lo
indica el relato de su juicio ante al sanedrín unos pocos años después (Mt.
26:61; Mr. 14:58), las autoridades judías no entendieron en absoluto la
declaración del Señor y la aplicaron al templo herodiano.”
ALBERT BARNES
“Este
templo Herodes el Grande comenzó a reparar, o comenzó a reconstruir, en el año
dieciocho de su reinado, es decir, dieciséis
años antes del nacimiento de Cristo (Josefo. Antig., b. xv. 1). El cuerpo principal
del templo lo completó en nueve años y medio (Josefo. Antig., Xv. 5, 6), sin
embargo, el templo, con sus dependencias, no estaba completamente completo en
la época de nuestro Salvador. Herodes continuó adornándolo y perfeccionándolo
incluso hasta la época de Agripa (Josefo. Antig., B. Xx. Cap. Viii. 11). Así
como Herodes comenzó a reconstruir el templo dieciséis años antes del
nacimiento de Jesús, y como sucedió lo que aquí se menciona en el año treinta
de la edad de Jesús, el tiempo que estuvo ocupado en él fue de cuarenta y seis
años. Esta circunstancia es una de las muchas del Nuevo Testamento que muestran
la exactitud de los evangelistas y
que prueban que estaban familiarizados con lo que registraron. Demuestra que su
narración es verdadera.”
J.C RYLE
“[¿Y tú en tres días lo levantarás?]. Esta
pregunta implica tres cosas: desprecio, sorpresa e incredulidad. Probablemente
haya un énfasis especial en la palabra “tú”: ¡Alguien como tú! ¿Tú vas a hacerlo?
Hay dos hechos que demuestran claramente que estas palabras de nuestro Señor,
no obstante, no fueron desechadas y olvidadas, sino almacenadas en las mentes
de los judíos aunque no las comprendieran. Uno es que los falsos testigos las
mencionaron, aunque de una forma confusa, cuando nuestro Señor fue procesado
ante los sumos sacerdotes. El otro es que los judíos se mofaron de Él con ellas
cuando colgaba de la Cruz (cf. Mateo 26:61; 27:40).”
SAMUEL P. MILLOS
“El
versículo siguiente aclarará aquello a lo que Jesús se estaba refiriendo. Sin
embargo, hay un aspecto que los enemigos de Jesús no querían reconocer y que
necesariamente exigiría la destrucción material del templo de Herodes, ya que
la profecía anuncia que será el Mesías el que construirá el templo futuro en el
tiempo de Su reino terrenal. Es probable que incluso alguno, si no todos,
entendieran una referencia a este aspecto escatológico, al que Ezequiel dedica
un amplio espacio en su profecía (Ez. 40:1-46:24). Las dimensiones y
grandiosidad del templo no tienen comparación con ninguno de los anteriores.
Sin
duda Jesús no estaba refiriéndose a ese templo, como se considerará en el próximo
versículo, sin embargo, la profecía señala a la destrucción del santuario de
entonces, que ocurrió en el año setenta con la acción de las fuerzas de Tito,
que será reconstruido en el tiempo del reino terrenal de Jesucristo. El Señor
estaba haciendo señales mesiánicas, que algunos de los líderes, como Nicodemo,
habían entendido. Él se presenta como el Hijo de Dios, referencia a la relación
del Mesías conforme a la profecía.
Por consiguiente, no es dificil pensar que pudiera estar hablando aquí de lo que tendrá lugar en el retomo de Cristo a la tierra, la construcción del templo que se detalla en la profecía. Entonces, el santuario que se ha destruido a causa del pecado de rebeldía de la nación, será levantado. Sea cual sea la interpretación que dieron a las palabras de Cristo, el Señor se levantaba ante ellos en una dimensión que inquietaba al liderazgo religioso, que veían en Él al que podía relevarles de su posición como dommadores religiosos del pueblo de Dios.”
MARTIN LUTERO
“Los
ciegos y necios judíos no comprendieron el significado que Cristo daba a sus
palabras, pero todos los que siguieron sus propias ideas y opiniones contrarias
a la Palabra de Dios, cometieron el mismo error. Caen en la maldición de Isaías
sobre los que oyen bien pero no entienden y ven pero no comprenden
(Isa_6:9-10): están atrapados por su juicio carnal y por ello son incapaces de
asumir y entender todo cuanto sea espiritual. Así aplican las palabras de Dios
al templo físico construido de piedra y las interpretan neciamente según sus
propias ideas e inclinaciones. Empiezan por profanar las palabras de Cristo
convirtiéndolas en producto del infierno y de la muerte, destrozan el
significado con el que Cristo las ha arropado.
Nuestros
adversarios hacen lo mismo. Cuando escuchan lo que decimos, lo pervierten como
palabra maligna y sus propias palabras reflejan su rencor: «En cuarenta y seis
años se ha edificado este templo ¿y tú
lo levantarás en tres días?» Como esto sólo puede hacerlo Dios, nunca un ser
mortal, en su exclamación viene implícita la acusación de considerarse a sí
mismo Dios. En realidad quieren decir: «Si puedes hacer esto, eres o Dios o el
diablo» y creen que lo han arrinconado sin respuesta.
Más
tarde, cuando se halla ante Pilato, los judíos le acusaron de esto diciendo que
había blasfemado por considerarse a sí mismo Dios. Y si no es Dios, debe ser un
brujo capaz de reconstruir el templo en tres días. No había otra posibilidad: o
bien admitía poseer un poder divino, o practicaba brujería demoníaca, de ahí
que consideraran que le habían vencido con sus propias palabras. O blasfema de
Dios o se halla en connivencia con el diablo.
En
cualquiera de las dos categorías es culpable, o blasfemo o brujo, y por tanto
sujeto a la pena de muerte que para estos casos prescribía la Ley de Moisés. No
importaba lo que Cristo respondiera, estaba atrapado. Si se declara Dios,
merece la muerte, si conjura con el diablo, su vida también está en el
despeñadero. Moisés había dicho claramente (Deu_18:10-11) que ni un blasfemo,
ni un cómplice del diablo, ni un agorero o hechicero, debía ser tolerado entre
el pueblo de Dios, sino que, de inmediato, debería ser destruido y exterminado.
Con
toda malicia, los judíos tergiversaron las palabras de Cristo y las aplicaron
al templo de piedra. Si en verdad Cristo hubiera estado hablando del templo
construido por el hombre, su juicio habría sido razonable ya que, como decía,
si la construcción había costado cuarenta y seis años, la reconstrucción en
tres días era una tarea sobrehumana. No hace falta decir que los cuarenta y
seis años fueron los que pasaron entre que se empezó y se terminó con
frecuentes interrupciones debidas a la guerra contra los pueblos vecinos que no
les dejaban en paz. De otro modo, supongo que en seis o siete años hubieran
terminado.
La
construcción nunca fue tan difícil como las interrupciones, lo que ocurre es
que los judíos cuentan el tiempo desde el día en que Ciro, el emperador de
Persia, permitió que abandonaran Babilonia y volvieran a Jerusalén para que
reconstruyeran la ciudad y el templo, una tarea interrumpida numerosas veces
por la oposición a ella de los pueblos vecinos. Por ello, los judíos se vieron
obligados a acudir al rey de Persia que emitió diversos edictos ordenando la
reconstrucción e incluso contribuyó a ello con dádivas liberales.
A
pesar de ello, algunos oficiales y servidores de la corte, impulsados por el
diablo que nunca descansa, también molestaron e impidieron numerosas veces los
trabajos. Daniel lo relata cuando habla del «ángel» de Persia y el ángel de Grecia que se le aparecieron
(Dan_10:13; Dan_10:20). Se refiere especialmente a los diablos que en la corte
se afanan por maquinar toda suerte de perjuicios a través de los consejos de
pérfidos bandidos que vierten en los oídos de príncipes y reyes, impidiendo
todo cuanto sea bueno. Cuando un príncipe decide algo, no tarda en apresurarse
el diablo para convencerle de lo contrario. Imagino que también los
encontraremos en las ciudades y en las casas llamadas «casas del diablo».
Así,
dichos demonios, obstruyeron e impidieron la construcción del templo y la
reinstalación de la adoración del verdadero Dios. Por estos motivos se
necesitaron cuarenta y seis años y no por la magnitud del trabajo. Usualmente
cuesta esfuerzos y dedicación para vencer los obstáculos naturales de cualquier
construcción y en este caso los obstáculos excedieron a la obra y al costo de
la misma. En vista de todo esto, es correcto afirmar que el templo se construyó
en cuarenta y seis años a causa del lento progreso de las obras.
Por
eso arguyen los judíos: «Si el templo costó tanto esfuerzo, trabajos y coste no
pudiendo acabarse sino en cuarenta y seis años, ¿cómo te atreves a decir que lo
reconstruirás en tres días? Con eso, alegas que eres capaz de producir un
milagro, por tanto, eres un blasfemo». En consecuencia, no importa lo que haga
el Señor, nunca podrá satisfacerles. Sus ataques empiezan antes de que su
templo o cuerpo sea destruido, porque le odian profundamente.
Esto se escribió para instrucción y aviso nuestros de forma que debemos hacer lo que la fe y el Espíritu Santo nos enseñan. Si no podemos convertir a nuestros adversarios y ganarlos para nuestra causa, aunque nos cuesten risas o lágrimas, hemos de dejarlos hacer su camino y recordar que el Señor Cristo no lo consiguió. Aunque hizo y habló bien, los judíos lo tergiversaban y blasfemaban, así que dejemos que sigan sus inclinaciones y que destruyan el templo y lo arruinen.”

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