miércoles, 12 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 20


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 20

RV1960

NVI1999

BTX4

Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días?

Dijeron entonces los judíos: Durante cuarenta y seis años fue edificado este santuario, ¿y tú lo levantarás en tres días?

TR+

INA27+

VUL

ειπονG3004 V-2AAI-3P ουνG3767 CONJ οιG3588 T-NPM ιουδαιοιG2453 A-NPM τεσσαρακονταG5062 A-NUI καιG2532 CONJ εξG1803 A-NUI ετεσινG2094 N-DPN ωκοδομηθηG3618 V-API-3S οG3588 T-NSM ναοςG3485 N-NSM ουτοςG3778 D-NSM καιG2532 CONJ συG4771 P-2NS ενG1722 PREP τρισινG5140 A-DPF ημεραιςG2250 N-DPF εγερειςG1453 V-FAI-2S αυτονG846 P-ASM

ειπαν G3004:V-2AAI-3P Dijeron ουν G3767:CONJ por lo tanto οι G3588:T-NPM los ιουδαιοι G2453:A-NPM judíos τεσσερακοντα G5062:A-NUI Cuarenta και G2532:CONJ y εξ G1803:A-NUI seis ετεσιν G2094:N-DPN años οικοδομηθη G3618:V-API-3S fue construída ο G3588:T-NSM la ναος G3485:N-NSM habitación divina ουτος G3778:D-NSM esta και G2532:CONJ ¿Y συ G4771:P-2NS tú εν G1722:PREP en τρισιν G5140:A-DPF tres ημεραις G2250:N-DPF días εγερεις G1453:V-FAI-2S levantarás αυτον G846:P-ASM a ella?

dixerunt ergo Iudaei quadraginta et sex annis aedificatum est templum hoc et tu tribus diebus excitabis illud

KJV

Then said the Jews, Forty and six years was this temple in building, and wilt thou rear it up in three days?

TCB

N.T

 

COMENTARIOS:

SAN JUAN CRISOSTOMO

“Al hablar de cuarenta y seis años se referían a la última reconstrucción del templo, pues para la construcción originaria sólo hicieron falta veinte años.

¿Por qué no resolvió este enigma? ¿Por qué no dijo: «No hablo de este templo, sino de mi cuerpo»? ¿Y por qué, si El calló entonces sobre el significado de sus palabras, lo explicó el evangelista al escribir su Evangelio mucho tiempo después? ¿Por qué calló? Porque no habrían dado crédito a sus palabras. Los propios discípulos eran incapaces de entender lo que decía, y mucho más incapaz aún era la multitud.

Pero -dice el evangelista- cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron y creyeron en la Escritura y en la palabra dicha por Jesús. Dos eran las verdades que en aquel momento fueron propuestas a su fe: primero, la resurrección, y luego, lo que es todavía mayor: la inhabitación de Dios en El. A ambas alude cuando dice: Destruid este templo y lo reconstruiré en tres días.

También san Pablo advierte que es éste un signo, y no pequeño, de su divinidad: El fue establecido por Dios con gran poder, según el espíritu de santificación, mediante la resurrección de la muerte. Digo Jesucristo, Señor nuestro....

Pues El aquí, y en otro lugar y por doquier, propone éste como el signo por excelencia, ora diciendo: Cuando sea levantado, ora: Cuando levantéis al Hijo del Hombre entenderéis quién soy yo, ora: No se os dará ningún signo, sino el de Jonás, y, en nuestro caso, en tres días lo reconstruiré. Y hace esto porque con este argumento, más que con ningún otro, se demuestra que no era un simple hombre, pues podía triunfar sobre la muerte y poner así término a su larga tiranía y a aquella difícil guerra.”

A.T ROBERTSON

“En realidad, el Templo no estaba aún terminado, debido a la gran desconfianza que los judíos habían sentido hacia Herodes. ¿Y tú? (kai su). Un evidente escarnio en el empleo de su (, un desconocido advenedizo de Galilea, de las clases populares, ni siquiera uno del Sanedrín, ni de los eclesiásticos o siquiera arquitectos).”

GARY BURGE

“Como sucede en tantas narraciones joánicas (p. ej., 3:3ss.; 4:10ss.; 6:41ss.; 11:11ss.; 14:7ss.), los oyentes de Jesús le malinterpretan y piensan que está haciendo referencia (irónicamente) al templo de Jerusalén.

En el año 20 a.C. Herodes el Grande comenzó un monumental programa de reconstrucción del templo para aplacar a sus súbditos judíos, que le despreciaban como advenedizo (Herodes era idumeo). Pretendía que este nuevo templo rivalizara con el de Salomón. Para garantizar la pureza de la construcción, unos mil sacerdotes fueron formados como canteros y arquitectos. Trabajaron en él un total de de 18.000 obreros hasta que la obra se terminó en el año 64 d.C.14 Algunas piedras pesaban hasta setenta toneladas y hoy siguen siendo visibles en los muros que dan consistencia al Monte del Templo.

Parecía absurdo que Jesús hablara de destruir un edificio como aquel —cuya remodelación llevaba ya cuarenta y seis años en curso— para reconstruirlo luego en tres días (2:20). ¡Cualquiera que fuera capaz de tal cosa tendría sin duda derechos sobre el funcionamiento del templo! Pero estas palabras no son tan extrañas como pudiéramos pensar. En el judaísmo de aquel periodo, muchos líderes espirituales esperaban la construcción de un nuevo templo que habría de sustituir al actual. En Ezequiel 40–46, por ejemplo, se detallan las características de ese nuevo edificio.

La esperanza y planes para un nuevo templo formaban parte del ideario de la comunidad de Qumrán. Los judíos de Qumrán eran muy críticos con el proyecto de Herodes. Aun después de la destrucción del templo en el año 70 d.C., los judíos mantenían su esperanza en la venida del Mesías, que traería la construcción de un nuevo templo. En las sinagogas de finales del primer siglo, los judíos confesaban las «Dieciocho Bendiciones», catorce de las cuales se proyectan hacia el Mesías y el nuevo templo.”

JOHN MACARTHUR

“Los judíos eran incrédulos; ¿cómo era posible lograr en tres días de trabajo lo que había tardado ya cuarenta y seis años y todavía no estaba terminado? Como lo indica el relato de su juicio ante al sanedrín unos pocos años después (Mt. 26:61; Mr. 14:58), las autoridades judías no entendieron en absoluto la declaración del Señor y la aplicaron al templo herodiano.”

ALBERT BARNES

“Este templo Herodes el Grande comenzó a reparar, o comenzó a reconstruir, en el año dieciocho de su reinado, es decir, dieciséis años antes del nacimiento de Cristo (Josefo. Antig., b. xv. 1). El cuerpo principal del templo lo completó en nueve años y medio (Josefo. Antig., Xv. 5, 6), sin embargo, el templo, con sus dependencias, no estaba completamente completo en la época de nuestro Salvador. Herodes continuó adornándolo y perfeccionándolo incluso hasta la época de Agripa (Josefo. Antig., B. Xx. Cap. Viii. 11). Así como Herodes comenzó a reconstruir el templo dieciséis años antes del nacimiento de Jesús, y como sucedió lo que aquí se menciona en el año treinta de la edad de Jesús, el tiempo que estuvo ocupado en él fue de cuarenta y seis años. Esta circunstancia es una de las muchas del Nuevo Testamento que muestran la exactitud de los evangelistas y que prueban que estaban familiarizados con lo que registraron. Demuestra que su narración es verdadera.”

J.C RYLE

“[¿Y tú en tres días lo levantarás?]. Esta pregunta implica tres cosas: desprecio, sorpresa e incredulidad. Probablemente haya un énfasis especial en la palabra “tú”: ¡Alguien como tú! ¿Tú vas a hacerlo? Hay dos hechos que demuestran claramente que estas palabras de nuestro Señor, no obstante, no fueron desechadas y olvidadas, sino almacenadas en las mentes de los judíos aunque no las comprendieran. Uno es que los falsos testigos las mencionaron, aunque de una forma confusa, cuando nuestro Señor fue procesado ante los sumos sacerdotes. El otro es que los judíos se mofaron de Él con ellas cuando colgaba de la Cruz (cf. Mateo 26:61; 27:40).”

SAMUEL P. MILLOS

“El versículo siguiente aclarará aquello a lo que Jesús se estaba refiriendo. Sin embargo, hay un aspecto que los enemigos de Jesús no querían reconocer y que necesariamente exigiría la destrucción material del templo de Herodes, ya que la profecía anuncia que será el Mesías el que construirá el templo futuro en el tiempo de Su reino terrenal. Es probable que incluso alguno, si no todos, entendieran una referencia a este aspecto escatológico, al que Ezequiel dedica un amplio espacio en su profecía (Ez. 40:1-46:24). Las dimensiones y grandiosidad del templo no tienen comparación con ninguno de los anteriores.

Sin duda Jesús no estaba refiriéndose a ese templo, como se considerará en el próximo versículo, sin embargo, la profecía señala a la destrucción del santuario de entonces, que ocurrió en el año setenta con la acción de las fuerzas de Tito, que será reconstruido en el tiempo del reino terrenal de Jesucristo. El Señor estaba haciendo señales mesiánicas, que algunos de los líderes, como Nicodemo, habían entendido. Él se presenta como el Hijo de Dios, referencia a la relación del Mesías conforme a la profecía.

Por consiguiente, no es dificil pensar que pudiera estar hablando aquí de lo que tendrá lugar en el retomo de Cristo a la tierra, la construcción del templo que se detalla en la profecía. Entonces, el santuario que se ha destruido a causa del pecado de rebeldía de la nación, será levantado. Sea cual sea la interpretación que dieron a las palabras de Cristo, el Señor se levantaba ante ellos en una dimensión que inquietaba al liderazgo religioso, que veían en Él al que podía relevarles de su posición como dommadores religiosos del pueblo de Dios.”

MARTIN LUTERO

“Los ciegos y necios judíos no comprendieron el significado que Cristo daba a sus palabras, pero todos los que siguieron sus propias ideas y opiniones contrarias a la Palabra de Dios, cometieron el mismo error. Caen en la maldición de Isaías sobre los que oyen bien pero no entienden y ven pero no comprenden (Isa_6:9-10): están atrapados por su juicio carnal y por ello son incapaces de asumir y entender todo cuanto sea espiritual. Así aplican las palabras de Dios al templo físico construido de piedra y las interpretan neciamente según sus propias ideas e inclinaciones. Empiezan por profanar las palabras de Cristo convirtiéndolas en producto del infierno y de la muerte, destrozan el significado con el que Cristo las ha arropado.

Nuestros adversarios hacen lo mismo. Cuando escuchan lo que decimos, lo pervierten como palabra maligna y sus propias palabras reflejan su rencor: «En cuarenta y seis años se ha edificado  este templo ¿y tú lo levantarás en tres días?» Como esto sólo puede hacerlo Dios, nunca un ser mortal, en su exclamación viene implícita la acusación de considerarse a sí mismo Dios. En realidad quieren decir: «Si puedes hacer esto, eres o Dios o el diablo» y creen que lo han arrinconado sin respuesta.

Más tarde, cuando se halla ante Pilato, los judíos le acusaron de esto diciendo que había blasfemado por considerarse a sí mismo Dios. Y si no es Dios, debe ser un brujo capaz de reconstruir el templo en tres días. No había otra posibilidad: o bien admitía poseer un poder divino, o practicaba brujería demoníaca, de ahí que consideraran que le habían vencido con sus propias palabras. O blasfema de Dios o se halla en connivencia con el diablo.

En cualquiera de las dos categorías es culpable, o blasfemo o brujo, y por tanto sujeto a la pena de muerte que para estos casos prescribía la Ley de Moisés. No importaba lo que Cristo respondiera, estaba atrapado. Si se declara Dios, merece la muerte, si conjura con el diablo, su vida también está en el despeñadero. Moisés había dicho claramente (Deu_18:10-11) que ni un blasfemo, ni un cómplice del diablo, ni un agorero o hechicero, debía ser tolerado entre el pueblo de Dios, sino que, de inmediato, debería ser destruido y exterminado.

Con toda malicia, los judíos tergiversaron las palabras de Cristo y las aplicaron al templo de piedra. Si en verdad Cristo hubiera estado hablando del templo construido por el hombre, su juicio habría sido razonable ya que, como decía, si la construcción había costado cuarenta y seis años, la reconstrucción en tres días era una tarea sobrehumana. No hace falta decir que los cuarenta y seis años fueron los que pasaron entre que se empezó y se terminó con frecuentes interrupciones debidas a la guerra contra los pueblos vecinos que no les dejaban en paz. De otro modo, supongo que en seis o siete años hubieran terminado.

La construcción nunca fue tan difícil como las interrupciones, lo que ocurre es que los judíos cuentan el tiempo desde el día en que Ciro, el emperador de Persia, permitió que abandonaran Babilonia y volvieran a Jerusalén para que reconstruyeran la ciudad y el templo, una tarea interrumpida numerosas veces por la oposición a ella de los pueblos vecinos. Por ello, los judíos se vieron obligados a acudir al rey de Persia que emitió diversos edictos ordenando la reconstrucción e incluso contribuyó a ello con dádivas liberales.

A pesar de ello, algunos oficiales y servidores de la corte, impulsados por el diablo que nunca descansa, también molestaron e impidieron numerosas veces los trabajos. Daniel lo relata cuando habla del «ángel»  de Persia y el ángel de Grecia que se le aparecieron (Dan_10:13; Dan_10:20). Se refiere especialmente a los diablos que en la corte se afanan por maquinar toda suerte de perjuicios a través de los consejos de pérfidos bandidos que vierten en los oídos de príncipes y reyes, impidiendo todo cuanto sea bueno. Cuando un príncipe decide algo, no tarda en apresurarse el diablo para convencerle de lo contrario. Imagino que también los encontraremos en las ciudades y en las casas llamadas «casas del diablo».

Así, dichos demonios, obstruyeron e impidieron la construcción del templo y la reinstalación de la adoración del verdadero Dios. Por estos motivos se necesitaron cuarenta y seis años y no por la magnitud del trabajo. Usualmente cuesta esfuerzos y dedicación para vencer los obstáculos naturales de cualquier construcción y en este caso los obstáculos excedieron a la obra y al costo de la misma. En vista de todo esto, es correcto afirmar que el templo se construyó en cuarenta y seis años a causa del lento progreso de las obras.

Por eso arguyen los judíos: «Si el templo costó tanto esfuerzo, trabajos y coste no pudiendo acabarse sino en cuarenta y seis años, ¿cómo te atreves a decir que lo reconstruirás en tres días? Con eso, alegas que eres capaz de producir un milagro, por tanto, eres un blasfemo». En consecuencia, no importa lo que haga el Señor, nunca podrá satisfacerles. Sus ataques empiezan antes de que su templo o cuerpo sea destruido, porque le odian profundamente.

Esto se escribió para instrucción y aviso nuestros de forma que debemos hacer lo que la fe y el Espíritu Santo nos enseñan. Si no podemos convertir a nuestros adversarios y ganarlos para nuestra causa, aunque nos cuesten risas o lágrimas, hemos de dejarlos hacer su camino y recordar que el Señor Cristo no lo consiguió. Aunque hizo y habló bien, los judíos lo tergiversaban y blasfemaban, así que dejemos que sigan sus inclinaciones y que destruyan el templo y lo arruinen.”

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