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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 6 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Lo
que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,
espíritu es. |
Lo
que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. |
Lo
nacido de la carne, carne es y lo nacido del Espíritu, espíritu es. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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τοG3588 T-NSN
γεγεννημενονG1080 V-RPP-NSN εκG1537 PREP τηςG3588 T-GSF σαρκοςG4561 N-GSF
σαρξG4561 N-NSF εστινG1510 V-PAI-3S καιG2532 CONJ τοG3588 T-NSN
γεγεννημενονG1080 V-RPP-NSN εκG1537 PREP τουG3588 T-GSN πνευματοςG4151 N-GSN
πνευμαG4151 N-NSN εστινG1510 V-PAI-3S |
το G3588:T-NSN Lo γεγεννημενον
G1080:V-RPP-NSN ha sido nacido εκ G1537:PREP procedente de της G3588:T-GSF la
σαρκος G4561:N-GSF carne σαρξ G4561:N-NSF carne εστιν G1510:V-PAI-3S está
siendo και G2532:CONJ y το G3588:T-NSN lo γεγεννημενον G1080:V-RPP-NSN ha
sido nacido εκ G1537:PREP procedente de του G3588:T-GSN el πνευματος
G4151:N-GSN espíritu πνευμα G4151:N-NSN espíritu εστιν G1510:V-PAI-3S está
siendo |
quod
natum est ex carne caro est et quod natum est ex Spiritu spiritus est |
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KJV |
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That which is born of
the flesh is flesh; and that which is born of the Spirit is spirit. |
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TCB |
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Lo
que es nacido de la carne. Gén_5:3; Gén_6:5,
Gén_6:12; Job_14:4; Job_15:14-16; Job_25:4; Sal_51:10; Rom_7:5, Rom_7:18,
Rom_7:25; Rom_8:1, Rom_8:4, Rom_8:5-9, Rom_8:13; 1Co_15:47-49; 2Co_5:17;
Gál_5:16-21, Gál_5:24; Efe_2:3; Col_2:11. Y
lo que es nacido del Espíritu. Eze_11:19, Eze_11:20;
Eze_36:26, Eze_36:27; Rom_8:5, Rom_8:9; 1Co_6:17; Gál_5:17; 1Jn_3:9. |
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COMENTARIOS:
EBENEZER ERSKINE
“Dios,
que ordenó que la luz brille de las tinieblas, brilla en el corazón, para dar
la luz del conocimiento de la gloria de Dios, en el rostro de Jesucristo. "¡Oh,
qué dulce y sorprendente visita es esta! Y qué dulce día se desprende y brota
en el alma. ! Es una visita que trae luz, y una luz que convierte la sombra de
la muerte en una agradable mañana. Es una luz que no solo ilumina al hombre, sino
que brilla en su corazón, irradiando todos los poderes de su alma, y
trasladándolo de las tinieblas a una luz maravillosa. Es "la luz del
conocimiento de la gloria de Dios".
El
Espíritu ahora comienza a rasgar el rostro de la cubierta que estaba sobre el
alma, de modo que los rayos de la gloria divina , que resplandeció externamente
en una dispensación del evangelio, ahora irrumpe en el alma, cambiándola de
gloria en gloria; el Espíritu ahora glorifica a Cristo, tomando las cosas de
Cristo y mostrándolas al alma. Y todo esto está en el rostro o persona de
Cristo. El hombre, que antes no podía ver forma o belleza en él por qué debería
haberlo deseado, ahora lo ve como "más hermoso que los hijos de los
hombres, el resplandor de la gloria de su Padre y la imagen expresa de su
persona", y su corazón se eleva ante cada palabra o doctrina que tenga la menor
tendencia a menospreciar su gloria divina. Oh, señores, ¿os ha visitado así el
amanecer de lo alto? Si es así, entonces puedo decir con seguridad, como Cristo
le dijo a Zaqueo: "Hoy ha llegado la salvación a tu casa", a tu
corazón, a tu alma.”
JOHN PIPER
“En
otras palabras, todo el mundo ha nacido de un modo natural a través de la
carne, y carne es todo lo que somos, o cómo dice Juan aquí: “de la tierra”.
Naturales. Terrenales, no espirituales. Sin vida sobrenatural. Somos
simplemente humanos y caídos, y necesitados de un nuevo nacimiento. Esto es
todo lo que la carne puede producir. No puede producir un hijo de Dios. El primer gran efecto salvador de ser bautizados
en el Espíritu Santo, es nacer de nuevo.”
WILHEMUS BRAKEL
“Adán
era pecador y, por lo tanto, no pudo hacer otra cosa que dar a luz un hijo a su
propia semejanza en lugar de a la semejanza de Dios (Génesis 5:3). Todos los
hombres son pecadores y ninguna causa es capaz de generar algo que sea superior
a sí misma. En consecuencia, un pecador dará a luz a un pecador: "el árbol malo no da buenos frutos"
(Mateo 7:18).”
GEORGE SWINNOCK
“A
veces la palabra carne se utiliza en la Escritura con un sentido general para identificar
a toda nuestra naturaleza corrupta. En primer lugar porque nuestra naturaleza corrupta
es propagada por la carne: “Lo que es
nacido de la carne, carne es”; en segundo lugar porque la carne actúa de
ejecutora: “Así que, yo mismo con la
mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”; en
tercer lugar porque la carne nutre, fortalece, y potencia la corrupción: “Porque todo lo que hay en el mundo, los
deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no
proviene del Padre, sino del mundo.”
RICHARD BAXTER
“Desde
mi infancia, tan pronto como tuve uso de razón y comencé a percibir los
intereses y egoísmos personales de los seres humanos, me quedé asombrado al
descubrir que en todas partes, las personas más creyentes y piadosas, aquellas
más interesadas en su propia salvación y en la de los demás, eran las más vilipendiadas,
objeto de toda clase de desprecios y calumnias, de manera especial por aquellos
más reprochables en su propia conducta, los hombres más viciosos y nefandos.
Hombres
que en teoría profesaban la misma religión; compartían los mismos artículos de
fe; obedecían los mismos mandamientos como ley de Dios; y hacían las mismas
peticiones en el Padrenuestro; pero que no tenían el menor reparo en hablar
mal, constantemente y en todas partes, de aquellos que más se esforzaban en vivir
sinceramente aquello que decían creer. Y me preguntaba: Si consideran, como
parece demostrar su conducta, que la religión cristiana es perjudicial, y
nuestra fe no es verdadera, entonces, ¿por qué la profesan? Y si es verdadera y
buena, ¿por qué, entonces, aborrecen y menosprecian a los que de forma más
sincera y con mayor coherencia viven en la práctica de la misma? ¿Por qué
calumnian y difaman a los que más se esfuerzan en vivir de acuerdo con algo que
ellos afirman creer pero no practican?
Años
después aprendí que no podemos esperar que actúen de manera razonable aquellos
a quienes el pecado y la sensualidad han hecho irrazonables. Pero aún así, debo
admitir que desde que tomé conciencia del curso del mundo, y de la correlación
que hay entre la Palabra de Dios y su providencia; consideré como una prueba
indudable de la caída del hombre, y a su vez de la veracidad de las Escrituras
y el origen sobrenatural de la santificación verdadera; descubrir en la vida
real las evidencias de esta enemistad universal entre la simiente santa y la de
la serpiente, hallar que el caso de Caín y Abel queda ejemplificado con
regularidad, y que lo nacido de la carne,
persigue constantemente y sin tregua a lo que es nacido del Espíritu. Creo
que en los tiempos que vivimos, las evidencias que confirman en este sentido
nuestra fe cristiana, son patentes y abrumadoras.”
WILLIAM PLUMER
“Lo que es nacido de la carne, carne es".
Este nacimiento natural es una gran maravilla. Los hombres devotos siempre lo
han considerado así. David dice: "Tú eres el que me sacó del vientre de mi
madre; mi alabanza será de continuo de ti". Caliente debe ser el corazón y
agradecido debe ser el canto de ella, que se convirtió en la madre alegre de un
niño vivo y saludable.
Para
muchos, el útero es la tumba. La maravilla es que no es así para muchos más.
Todo buen hombre está dispuesto a decir: "Bendigo a Dios por haber nacido". "Los que nacen una sola
vez, mueren dos veces. Mueren
temporalmente, y mueren una muerte eterna.
Pero los que nacen dos veces, mueren solo
una vez; porque sobre ellos la muerte segunda no tiene poder". Nuestro
segundo nacimiento nos lleva a un estado de gracia. Es una de las misericordias
más ricas del pacto de Dios. Cuando uno nace de nuevo, se le da un golpe fatal
al reino de Satanás en el corazón; porque "lo que es nacido del Espíritu, espíritu es".
Este es un trabajo de asombroso poder. Fue por una buena causa que el Sínodo de Dort enseñó
"que Dios, al regenerar a un hombre,
emplea esa fuerza omnipotente, mediante la cual puede inclinarse y doblegar
poderosa e infaliblemente su voluntad hacia la fe y la conversión".
Pablo usa todas las fuertes palabras de las que es maestro, para enseñarnos que somos renovados por el poder, por una
energía asombrosa. Oró para que sus Efesios supieran "cuál es la supereminente grandeza de su
poder para con nosotros los que creemos, según la obra de su gran poder, que
obró en Cristo cuando lo resucitó de los muertos". Ef. 1:18, 19. No
conocemos ningún poder mayor que el que logró la resurrección del Señor
Jesucristo. Sin embargo, el mismo poder
convierte nuestra alma.”
HEINRICH BULLINGER
“En
estas palabras se comprenden dos cosas dignas de ser recordadas y muy
consonantes con nuestro argumento actual. Primero, nadie entra en el reino de
los cielos excepto aquellos que son
regenerados desde arriba por el Espíritu Santo. Por tanto, nuestro primer
nacimiento tiende a la muerte y no a la
vida; porque en nuestro primer nacimiento nacemos para morir. El segundo
es, "Lo que nace de la carne, carne es". Por lo tanto, en nuestro
primer nacimiento todos nacemos carne. Pero tocando el carácter de la carne y
su fuerza, el apóstol dice: "La
mente carnal es enemistad contra Dios, porque no es obediente a la ley de Dios,
ni puede serlo". Rom 8.7 Por tanto, ese nacimiento carnal nos
engendró, no amigos e hijos de Dios, sino sus enemigos; y en consecuencia, nos pone en peligro de la ira de Dios.”
OCTAVIUS WINSLOW
“Lo que es nacido del Espíritu es espíritu",
es espiritual y divino, celestial y santo; y, lo que es más, es eterno. Ninguna semilla humilde de
verdad divina, gracia, amor o servicio, sembrada en esta vida presente de
sufrimiento y trabajo, jamás se perderá. Todas las demás cosas perecerán: el
mundo con su hermosura y amor, la "concupiscencia de la carne, y la
concupiscencia de los ojos y la vanagloria de la vida", todo pasará y
desaparecerá; pero ni una semilla de gracia implantada en el corazón del hombre
por el Espíritu Santo perecerá jamás.
La
imagen Divina, una vez restaurada al alma, nunca más será borrada. Nada hecho
por Jesús, o por Jesús, ninguna cruz tomada, ninguna santidad cultivada, ningún
trabajo realizado, ningún servicio hecho, ningún vaso de agua fría dado dado,
el fruto del amor a Dios y de la fe en Jesucristo, se perderá para siempre. Oh,
¿quién no desea fervientemente que en su corazón y en su vida esté sembrado la
buena semilla incorruptible que, aunque enterrada y oculta durante mucho tiempo,
produzca una cosecha dorada de gozo, bienaventuranza y gloria futuros?”
JONATHAN EDWARDS
“El
Espíritu de Dios habita de tal manera en el corazón de los santos, que allí, como
semilla o manantial de vida, ejerce y se comunica, en esta su naturaleza dulce
y divina. Hace que el alma sea partícipe de
la belleza de Dios y del gozo de Cristo, de modo que el santo tenga verdadera
comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, teniendo así la comunión o
participación del Espíritu Santo. La gracia que está en los corazones de los
santos, tiene el nombre de naturaleza con la santidad divina, aunque
infinitamente en menor en grado; como el brillo de un diamante sobre el que
brilla el sol, es de la misma naturaleza que el brillo del sol, pero sólo en su
grado.
Por
tanto, Cristo dice, “Lo que es nacido del
Espíritu es espíritu”, es decir, la gracia que es engendrada en los
corazones de los santos, es algo de la misma naturaleza que ese Espíritu, y por
eso se llama propiamente naturaleza espiritual; de la misma manera que lo que
es nacido de la carne es carne, o lo que es nacido de naturaleza corrupta es
naturaleza corrupta.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“El
Hijo Unigénito de Dios se ha dignado darnos a conocer grandes misterios. Éramos
indignos de ellos, pues tal es su majestad, que era a la dignidad de Dios a
quien correspondía revelarlos. Quien quiera que reflexione sobre nuestros
méritos comprobará que no sólo éramos indignos de esa gracia, sino que
merecíamos castigo y reprobación.
Más
Él, sin reparar en ello, no se contentó con librarnos del infierno, sino que,
además, nos ha concedido una vida mucho
más espléndida que la que nos pertenecía antes. Nos ha creado en otro
mundo, ha formado una nueva criatura: Quien
está en Cristo, es una nueva criatura, dice san Pablo.
¿Qué
nueva criatura? Escucha al propio Cristo: Quien
no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Un día
nos fue confiado el paraíso terrenal, con nuestro comportamiento nos hicimos
indignos de habitarlo y, a pesar de ello, Él nos ha llevado hasta el cielo. No
fuimos fieles en lo que una vez nos fue confiado y, con todo, nos han sido
confiadas cosas mayores y más importantes. Incapaces de abstenernos de un
árbol, se nos han ofrecido delicias celestiales. A quienes fueron inconstantes
y mudables en el paraíso terrenal les ha abierto Él las puertas del cielo.
Con
razón decía san Pablo: ¡Oh, insondable
profundidad de la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios!. No hay ya maternidad,
ni parto laborioso, ni ayuntamiento de cuerpos ni abrazos. En adelante, nuestra
naturaleza es concebida en el cielo, con Espíritu Santo y agua. Ha sido elegida
el agua y cumple funciones de generación para el fiel. Lo que el útero es al
feto, lo es el agua al fiel. En ella es éste formado y modelado.”
J.C RYLE
“[Lo que es nacido […] carne […] espíritu].
En este versículo, nuestro Señor da a Nicodemo la razón de que el cambio del
corazón denominado “nuevo nacimiento” sea tan absolutamente necesario y de que
no baste un ligero cambio moral. Nicodemo había hablado de “entrar por segunda vez
en el vientre de su madre”. Nuestro Señor le dice que aun si esto fuera posible
no bastaría para adecuarle al Reino de Dios. El hijo de padres humanos sería
siempre como los padres de los que naciera, aunque naciera cien veces. “Lo que
es nacido de la carne, carne es”. Todos los hombres y las mujeres están
corrompidos, son pecadores y carnales y están separados de Dios por naturaleza.
“Los que viven según la carne no pueden
agradar a Dios” (Romanos 8:8). Sus hijos nacerán siempre con una naturaleza
como la de sus padres. Obtener algo limpio de algo sucio es proverbialmente imposible.
Una zarza nunca puede dar uvas, no importa cuánto se la cuide; y un hombre
natural jamás será un hombre piadoso sin el Espíritu. Para que la naturaleza
del hombre sea verdaderamente espiritual y se adecue al Reino de Dios, es
preciso que entre en ella un poder exterior: “Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Me
inclino a pensar junto con Poole y Dyke que, en este versículo, la palabra “carne” tiene dos sentidos. Según el
primero, hace referencia al cuerpo natural del hombre, como en Juan 1:14. Según
el segundo, hace referencia a la naturaleza carnal corrupta del hombre, como en
Gálatas 5:17.
Podemos
aplicar el mismo comentario a la palabra Espíritu. En el primer caso hace
referencia al Espíritu Santo, y en el segundo a la naturaleza espiritual que
produce el Espíritu. La descendencia de todos los hijos de Adán es carnal. La
descendencia del Espíritu es espiritual. Ni la virtud, ni la clase social, ni
el dinero, ni la educación de los padres evitará que un hijo tenga un corazón
corrupto si es nacido naturalmente de la carne. Nada salvo nacer de nuevo del
Espíritu puede hacer que alguien sea espiritual.
Al
considerar este versículo, debemos recordar cuidadosamente que no se puede
aplicar a la naturaleza humana de nuestro Señor Jesucristo. Aunque tenía un
verdadero cuerpo como el nuestro, no era “nacido de carne” como nosotros, por
generación natural, sino que fue concebido por medio de la milagrosa operación
del Espíritu Santo.”
XAVIER LEON DUFOUR
“Así
pues, el nuevo nacimiento es obra del Espíritu. El v. 6 señala su efecto,
mediante una oposición que afecta, no al comportamiento, sino al ser: «Lo que ha
nacido de la carne, es carne; lo que ha nacido del espíritu, es espíritu».
En un caso, el ser es débil, perecedero, terreno; en el otro está vivo para
siempre con la vida misma de Dios (cf. 4,24). Y esto en virtud de su origen,
como demuestra la preposición ek (=
que se deriva de), que precede a la carne
y al espíritu.
¿Cómo
no pensar de nuevo en el Cap. 1 v. 13 del prólogo, en donde el evangelista
opuso ya el origen de aquí abajo al engendramiento por parte de Dios? Sin una
intervención de Dios, los hombres no pueden llegar a la «vida», como se subrayó antes en los numerosos «no puede» (ou dynatai)
que van jalonando el texto.”
SAMUEL P. MILLOS
“En
la enseñanza sobre la necesidad de nacer de nuevo, el Señor explica a Nicodemo
que para acceder al reino de Dios es necesaria la obra del Espíritu generando y engendrando al hombre en Cristo mismo.
La nueva vida del cristiano procedente del Espíritu es divina, por tanto es
eterna y no temporal y limitada como la humana.
Además,
regenerado el hombre que cree por el poder del Espíritu, ya no está sujeto a la
esclavitud del pecado de la que ninguno por su condición natural puede
librarse. El nuevo nacimiento y la vida consecuente a él, es eterna puesto que
estos "no son engendrados de sangre,
ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (1:13).
Sin la intervención del Espíritu los hombres no pueden llegar a la vida eterna,
condición propia para vivir en el reino
eterno de Dios.”
WILLIAM HENDRIKSEN
“Este
versículo se podría parafrasear del siguiente modo: La naturaleza humana pecadora
produce naturaleza humana pecadora (cf. Job 14:4, “¿Quién puede sacar lo limpio de lo inmundo? Nadie”. Cf. También Sal.
51:5). El Espíritu Santo es el autor
de la naturaleza humana santificada.”
MATHHEW HENRY
“Los
que son así regenerados son hechos espirituales. Injertados en Cristo (Rom_6:5), hechos un solo espíritu con Él (1Co_6:17), entran a formar parte de la familia
divina (Rom_8:14-17; 2Pe_1:4). Desde ahora, el pecado y la carne no han de dominarles (Rom_6:12) sino
que deben andar en el Espíritu y no
satisfacer los deseos de la carne (Gál_5:16). Los valores e intereses celestiales han de prevalecer sobre
los de este mundo.”
WILLIAM BARCLAY
“La
persona humana no es nada más que carne, y sus posibilidades se limitan a las
de la carne. Por sí misma no puede salir de la frustración y del fracaso; eso
lo sabemos muy bien, es el hecho
universal de la experiencia humana. Pero la esencia misma del Espíritu es
un poder y una vida que están por encima de la vida y el poder humanos, y
cuando el Espíritu toma posesión de nosotros, la vida derrotada de nuestra
naturaleza humana se transforma en la
vida victoriosa de Dios.
Nacer de nuevo es experimentar un cambio tan total que sólo se puede describir como re-nacimiento o re-creación. Este cambio se produce cuando amamos a Jesús y Le dejamos entrar en nuestro corazón. Entonces se nos perdona el pasado y el Espíritu nos capacita para el futuro; entonces podemos aceptar la voluntad de Dios de veras. Y entonces llegamos a ser ciudadanos del Reino del Cielo, e hijos de Dios, y a entrar en la vida eterna, que es la vida misma de Dios.”

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