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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 5 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Respondió
Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. |
Yo
te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el
reino de Dios respondió Jesús. |
Respondió
JESÚS: De cierto, de cierto te digo: A menos que alguno sea nacido de agua y
Espíritu no puede entrar en el reino de DIOS. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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απεκριθηG611 V-ADI-3S
οG3588 T-NSM ιησουςG2424 N-NSM αμηνG281 HEB αμηνG281 HEB λεγωG3004 V-PAI-1S
σοιG4771 P-2DS εανG1437 COND μηG3361 PRT-N τιςG5100 X-NSM γεννηθηG1080
V-APS-3S εξG1537 PREP υδατοςG5204 N-GSN καιG2532 CONJ πνευματοςG4151 N-GSN
ουG3756 PRT-N δυναταιG1410 V-PNI-3S εισελθεινG1525 V-2AAN ειςG1519 PREP τηνG3588
T-ASF βασιλειανG932 N-ASF τουG3588 T-GSM θεουG2316 N-GSM |
απεκριθη G611:V-ADI-3S Respondió
ιησους G2424:N-NSM Jesús αμην G281:HEB Amén αμην G281:HEB amén λεγω
G3004:V-PAI-1S estoy diciendo σοι G4771:P-2DS a ti εαν G1437:COND si alguna
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siendo capaz εισελθειν G1525:V-2AAN entrar εις G1519:PREP hacia dentro την
G3588:T-ASF a el βασιλειαν G932:N-ASF reino του G3588:T-GSM de el θεου
G2316:N-GSM Dios |
respondit
Iesus amen amen dico tibi nisi quis renatus fuerit ex aqua et Spiritu non
potest introire in regnum Dei |
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KJV |
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Jesus answered, Verily,
verily, I say unto thee, Except a man be born of water and of the Spirit, he
cannot enter into the kingdom of God. |
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TCB |
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No
naciere de agua. Jua_3:3; Isa_44:3,
Isa_44:4; Eze_36:25-27; Mat_3:11; Mar_16:16; Hch_2:38; Efe_5:26; Tit_3:4-7;
1Pe_1:2; 1Pe_3:21; 1Jn_5:6-8. Y
del Espíritu. Jua_1:13; Rom_8:2;
1Co_2:12; 1Co_6:11; 1Jn_2:29; 1Jn_5:1, 1Jn_5:6-8. No puede entrar. Mat_5:20; Mat_18:3;
Mat_28:19; Luc_13:3, Luc_13:5, Luc_13:24; Hch_2:38; Hch_3:19; Rom_14:17;
2Co_5:17, 2Co_5:18; Gál_6:15; Efe_2:4-10; 2Ts_2:13, 2Ts_2:14. |
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COMENTARIOS:
JOHN BUNYAN
“El
camino hacia este Dios y este cielo es por Cristo, porque la Palabra de Dios
así lo dice. Si no corro hacia este Dios por medio de este Cristo, este cielo
nunca será mi porción, porque la Palabra de Dios así lo dice. Entonces, creer
hace que el hombre se acerque a Dios por él. Su creer así, entonces, es lo que
lo aleja de este mundo, lo que lo hace pisotear este mundo, y eso le da la victoria
sobre este mundo. 'Porque todo lo que es
nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo,
nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es
el Hijo de Dios? Este es el que vino por agua y sangre, Jesucristo; no solo con
agua, sino con agua y sangre. Y el
Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es verdad'. (1 Juan 5:
4-6).”
WILHEMUS BRAKEL
“Esto
es tan universalmente cierto que ningún hombre vendrá al cielo a menos que
primero sea transformado y regenerado. No hay un solo ejemplo que indique lo
contrario. "... Echad de vosotros
todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo
y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?" (Ezequiel
18:31). El que no grabe profundamente esta verdad en su corazón, ni busque la
regeneración, no será salvo. El que rechaza esta Palabra de Dios será rechazado
por Dios, y lo rechazamos (en la Iglesia o congregación) después de la primera
o segunda amonestación, considerándolo un pagano.
Sin
embargo, el punto en cuestión es este: ¿Qué es la regeneración y qué cambio
produce en el hombre?
La
regeneración es un cambio completo del hombre realizado por el Espíritu Santo a través de la Palabra. Este cambio
es tanto interno como externo. Es de
muerte a vida, de natural a espiritual, de una disposición terrenal a una
disposición celestial, de uno mismo y de todas las criaturas a Cristo, y por
medio de Él a Dios. La regeneración comienza en el corazón y en lo más
recóndito del alma. “También os daré un
corazón nuevo, y un espíritu nuevo pondré dentro de vosotros; y quitaré de
vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”
(Ezequiel 36:26). El corazón abarca el intelecto, la voluntad y los afectos.
(1)
El intelecto, al estar envuelto en tinieblas antes de esto, se ilumina y recibe
ojos iluminados (Efesios 1:18). Observe esto en 2 Cor. 4:6, "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas
resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para
iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo".
El que ha sido iluminado ahora ve las cosas de manera diferente a como lo hacía
antes y ve lo que ha observado antes desde una perspectiva diferente. Lo que
antes era puro a sus ojos ahora está contaminado; lo que parecía ser luz ahora
es solo oscuridad. El alma iluminada ahora percibe que nadie puede contemplar a
Dios si no se revela a sí mismo en Cristo en la obra de la redención, y que al
contemplarlo, el hombre es santificado, gozoso y salvo.
(2)
La voluntad, que antes seguía al intelecto ciego y se deleitaba en lo que era
odioso, percibiéndolo delicioso, ahora odia lo que antes se deleitaba y ahora
se deleita en lo que antes odiaba. Todo su deseo ahora es hacia Dios, no fuera
de Cristo, sino en Cristo. Su amor ahora es hacia la voluntad del Señor como se
revela en Su Palabra. “Te amaré, oh Señor”
(Sal 18:1); "¡Oh, cuánto amo yo tu
ley!" (Sal 119:97).
(3)
Los afectos se inclinan hacia asuntos diferentes y de una manera completamente
diferente. La disposición del corazón ahora es espiritual, las inclinaciones y
deseos ahora también son espirituales, y hay un deseo de estar lleno y satisfecho
con asuntos espirituales. “... transformaos
mediante la renovación de vuestra mente” (Rom. 12:2).
Habiendo así cambiado el corazón, también han cambiado las manifestaciones del corazón. El alma regenerada desprecia todo lo que no procede ahora de este corazón cambiado. Tiene un odio sincero por el pecado y huye de él. Busca a Dios de todo corazón, se lamenta de una manera sincera por la ausencia de Dios, se deleita de todo corazón en Dios y sirve a Dios; todo está hecho de todo corazón. “... haciendo la voluntad de Dios de corazón” (Efesios 6: 6); “Te amaré, oh Señor” (Sal 18:1). Este corazón cambiado genera pensamientos diferentes y tiene un objetivo sagrado en todo lo que hace. Huye del pecado y del mundo y ejerce la virtud; se esfuerza por conformarse a Cristo en todas las cosas, deseando que la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos mortales. En una palabra, un hombre regenerado es una persona completamente diferente. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co 5, 17).”
GEORGE HORNE
“Quién
pretende predicar a otros con audacia y osadía, tiene que deleitarse él mismo
en la práctica de aquello que predica. Si
realmente hay en nosotros un nuevo hombre, una nueva naturaleza, amará los
mandamientos de Dios como algo en lo que se deleita en gran manera: en
aquello que amamos estaremos pensando y meditando continuamente; y nuestra
meditación se convertirá en acción, en: “levantar las manos caídas y rodillas
paralizadas”, para: “hacer las obras de Dios entre tanto que el día dura; pues
viene la noche, cuando nadie puede trabajar.” Y me deleitaré en tus
mandamientos, que tanto amo (Salm.119:47).”
GEORGE WHITEFIELD
“Los
mismos demonios no pueden dejar de creer en la doctrina de la resurrección y
temblar; pero siguen siendo demonios, porque
los beneficios de esta resurrección no les han sido aplicados, ni han recibido
de ella un poder renovador, para cambiar y despojar su naturaleza diabólica.
Y así, a menos que no solo profesemos saber, sino que también sintamos que
Cristo realmente ha resucitado, al nacer de nuevo de arriba, estaremos tan
lejos del reino de Dios como ellos: nuestra fe será tan ineficaz como la fe que
tienen de Dios los demonios.
Nada
ha hecho más daño al mundo cristiano, nada ha hecho que la cruz de Cristo tenga
menos efecto, que una suposición vana de que la religión es algo de solo saber. Considerando que debemos
pensar, que todo lo que Cristo hizo exteriormente, debe hacerse de nuevo en nuestras
almas; o de lo contrario, creer que hubo una persona tan divina una vez en la
tierra, que triunfó sobre el infierno y la tumba, no nos beneficiará más que
creer que alguna vez hubo una persona como Alejandro Magno, que conquistó el
mundo.
Como
Cristo nació del vientre de la Virgen, así debe ser formado espiritualmente en nuestros
corazones. Como él murió por el pecado, también nosotros debemos morir al
pecado. Y así como resucitó de entre los muertos, también nosotros debemos
levantarnos a una vida divina.”
WARREN WIERSBE
“Siendo
un maestro paciente, nuestro Señor tomó las palabras de Nicodemo y explicó más
el nuevo nacimiento. Nacer del agua
quiere decir nacer físicamente ("entrar por segunda vez en el vientre de
su madre") pero nacer de nuevo quiere decir nacer del Espíritu. Así como hay dos padres para el nacimiento
físico, así hay dos padres para el nacimiento espiritual: el Espíritu de Dios
(Juan 3:5) y la palabra de Dios (Santiago 1:18; 1 Pedro 1:23-25).
El
Espíritu de Dios toma la palabra de Dios y, cuando el pecador cree, imparte la
vida de Dios. Jesús no estaba enseñando que el nuevo nacimiento viene mediante
el bautismo en agua. En el Nuevo Testamento el bautismo está relacionado con la
muerte, no con el nacimiento; y ninguna cantidad de agua física puede efectuar
un cambio espiritual en una persona. El énfasis de Juan 3:14-21 es sobre el
creer, porque la salvación viene por la fe (Efesios 2:8,9). La evidencia de la
salvación es el testimonio del Espíritu por dentro (Romanos 8:9) y el Espíritu
entra en la vida en el momento en que uno cree (Hechos 10:43-48; Efesios
1:13,14).
El bautismo en agua es por cierto una parte de nuestra obediencia a Cristo y nuestro testimonio por Cristo (Mateo 28:18-20; Hechos 2:41). Pero no es esencial para la salvación; porque si así fuera, ninguno de los santos del Antiguo Testamento habría sido salvo jamás, ni tampoco el ladrón en la cruz (Lucas 23:39-43). En todas las épocas sólo ha habido un modo de salvación: la fe en la promesa de Dios, aunque la evidencia externa de esa fe ha cambiado de época en época.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“Se
pronunció así pretendiendo arrastrarlo a la fe mediante el temor que suscitaría
una amenaza tal y para convencerlo de que no considerara eso imposible, separándolo
de sus pensamientos en el nacimiento terreno. Nicodemo -dice Cristo-, yo hablo de otro nacimiento.
No
lleves mis palabras hacia las cosas terrenas. ¿Por qué quieres que ese
nacimiento se someta a las leyes de la naturaleza? Este modo de nacer está muy
por encima de los partos mencionados. Nada tiene de común con vosotros. Es verdad
que también se le llama parto, pero con los vuestros tiene en común sólo el
nombre, siendo en lo demás completamente diferente. Sepárate de lo vulgar, de
lo común.
Traigo
yo al mundo un parto que es de un género nuevo. Quiero que los hombres nazcan
de diferente modo. He venido a traer una nueva forma de generación. Yo os hice
de tierra y agua, pero la forma resultante no salió buena, revelándose una
vasija defectuosa. Ya no quiero formaros de tierra y agua, sino de agua y
Espíritu Santo.
Y
si alguno me pregunta: ¿Cómo ha de engendrar con agua?, le preguntaré yo a mi
vez: ¿Cómo nos hizo Dios de la tierra?, ¿cómo pudo el barro formar sus
distintas partes?, ¿cómo explicar la unidad del principio empleado? La materia usada
era de una sola especie, sólo tierra, y las cosas formadas con ella son de
especie y naturaleza diversas. ¿De dónde provienen los huesos, los nervios, las
arterias y las venas?, ¿de dónde las membranas, las visceras, los cartílagos, los
tuétanos, el hígado, el riñon y el corazón?, ¿de dónde la sangre, la hiél, las
mucosas y la bilis?, ¿de dónde tantos órganos y humores?, ¿de dónde la variedad
de colores, que no son ni de la tierra ni del barro? ¿Cómo es posible que la
tierra haga germinar la semilla recibida, si la carne la pudre? ¿Por qué la
tierra nutre las semillas que recibe, mientras que la carne, en vez de
nutrirlas, se alimenta de ellas? Por poner sólo un ejemplo: la tierra recibe
agua y la convierte en vino. La carne, por el contrario, por mucho que sea el
vino recibido, siempre lo convierte en agua.
¿Cómo
demostrar que todos esos órganos provienen de la tierra si, como acabamos de
ver, el comportamiento de la tierra es exactamente el opuesto al de la carne?
No puedo explicar todo con la razón; lo acepto sólo por la fe. Ahora bien, si
los hechos que a diario suceden y pueden ser tocados con nuestras manos tienen
necesidad de la fe, ¡cuánto más tendrán necesidad de ella cosas tan arcanas
como las espirituales! Igual que la tierra inanimada, inmóvil, recibió de Dios
la capacidad de hacer nacer de su seno tantas criaturas maravillosas, así, por
la venida del Espíritu Santo junto con el agua, nacen con facilidad prodigios
semejantes que sobrepasan nuestra capacidad intelectiva.”
J.C RYLE
“[El que no naciere de agua y del Espíritu].
Desgraciadamente, este conocido texto ha dado pie a un gran abanico de
distintas interpretaciones. Solo hay una cosa con respecto a él en la que casi todos
los comentaristas están de acuerdo. Es la misma verdad que se establece en el
versículo 3, solo que de manera más completa por la pobreza de entendimiento de
Nicodemo. ¿Pero qué significa?
La
expresión “nacido de agua” es
específica de este pasaje y no aparece en ningún otro lugar de la Biblia. No se
puede interpretar de forma literal. Nadie puede “nacer de agua” literalmente. ¿Qué significa, pues, esta frase?
¿Cuándo podemos decir de alguien que ha “[nacido] de agua y del Espíritu”?
La
primera interpretación, y la más común, es relacionar el texto únicamente con
el bautismo y deducir de ello el vínculo inseparable que existe entre el
bautismo y la regeneración espiritual. Según esta interpretación del texto,
nuestro Señor le dice a Nicodemo que el bautismo es absolutamente necesario
para la salvación y el medio instituido para otorgar el nuevo nacimiento al
corazón del hombre: “Si deseas pertenecer a mi Reino, debes nacer de nuevo,
como ya he dicho; y si deseas nacer de nuevo, la única forma de obtener esta
gran bendición es bautizarse. El que no se regenere o nazca de nuevo por medio
del bautismo, no puede entrar en mi Reino”.
Esa
es la interpretación del texto que sostienen los Padres, los autores católicos
romanos, los comentaristas luteranos y muchos teólogos ingleses hasta el día de
hoy. Es una idea apoyada por la mucha erudición y por muchos y extraños argumentos
rebuscados como Génesis 1:2. En cualquier caso, es una idea que me resulta completamente
insatisfactoria.
La
segunda interpretación, y menos común, es relacionar parte del texto con el
bautismo y parte con la regeneración real del corazón que un hombre puede
recibir, como el ladrón arrepentido, sin haber sido bautizado. Según esta idea,
nuestro Señor dice a Nicodemo que nacer de nuevo es absolutamente necesario
para la salvación y que bautizarse, o “nacer de agua”, es una de las formas que
se ha instituido para efectuar la regeneración. Los que sostienen esta opinión
niegan como el que más que exista una relación inseparable entre el bautismo y
la regeneración. Sostienen que hay multitud de “nacidos de agua” que nunca
nacen del Espíritu.
Pero
sostienen que la palabra “agua” tiene como fin señalar al bautismo y que, al
utilizar la expresión “nacido de agua”, nuestro Señor quería defender tanto el
bautismo de Juan como el suyo propio y mostrar su valor. Esta es la interpretación
del texto que sostienen algunos de los mejores autores católicos romanos (como Ruperto
y Ferus), casi todos los reformadores ingleses y muchos excelentes
comentaristas hasta el día de hoy. Es una idea que, en mi opinión, no es mucho
más satisfactoria que la anteriormente descrita, debido a las extrañas
consecuencias que conlleva.
La
tercera interpretación, y la menos común, es relacionar el texto únicamente con
la regeneración del corazón del hombre y excluir por completo el bautismo de
él. Según esta idea, nuestro Señor explica a Nicodemo por medio de una figura
lo que quería decir cuando habló de “nacer de nuevo”.
Quería
que Nicodemo supiera que un hombre necesita que el Espíritu limpie y renueve completamente
su corazón igual que se limpia y purifica el cuerpo por medio del agua. Debe
nacer del Espíritu obrando en su naturaleza interior, igual que obra el agua en
el cuerpo material. En resumen, es preciso que se cree un “corazón limpio” en
él si quiere pertenecer al Reino del Mesías.
La
mayoría de los que adoptan esta interpretación consideran que el bautismo tenía
ciertamente el propósito de señalar el cambio del corazón que se describe en el
texto, pero que este texto tenía el propósito de señalar algo distinto del
bautismo y aún más importante que el bautismo. Esta es la interpretación que
considero verdadera y a la que me adhiero sin reservas.
Los
que sostienen que este texto no habla del bautismo son ciertamente una pequeña
minoría entre los teólogos, pero se trata de nombres de peso. Entre ellos
encontramos a Calvino, Zuinglio, Bullinger, Walter, el arzobispo Whitgift, el
obispo Prideaux, Whitaker, Fulke, Poole, Hutcheson, Charnock, Gill, Cartwright,
Grocio, Cocceius, Gomarus, Piscator, Rivetus, Chamier, Witsius, Mastricht,
Turretin, Lampe, Burkitt, A. Clarke y, según Lampe, Wycliffe, Daillé y Paraeus.
No lo afirmo de oídas. He verificado esta aseveración examinando con mis
propios ojos las obras de todos los autores citados a excepción de los tres
mencionados por Lampe. No están de acuerdo en el significado exacto de la
palabra “agua”. Pero todos sostienen que nuestro Señor no se refería al bautismo
cuando habló de “nacer de agua y del Espíritu”. Advierto que Dean Alford dice
que la expresión “hace referencia a la prueba o la señal externa del bautismo
en cualquier interpretación honrada”. ¡Dejo en manos del lector decidir hasta
qué punto se puede justificar la utilización de semejante lenguaje con respecto
a una opinión compartida por tantos grandes hombres! Los que deseen ver la
interpretación del texto que defiendo argumentada con mayor profundidad
encontrarán lo que buscan en las Dissertations (Disertaciones) de Lampe y
Panstratia de Chamier.
Al
adoptar una interpretación de este texto que tan pocos comentaristas defienden,
me siento naturalmente impulsado a exponer plenamente las razones para opinar
así, y creo que la importancia de esta cuestión en la actualidad lo justifica.
Al ofrecer estas razones me abstendré de entrar en cuestiones que no se
planteen directamente. El valor del sacramento del bautismo, el derecho de los niños
al bautismo y el verdadero significado del culto bautismal de la Iglesia
anglicana son cuestiones que no tocaré. El significado de las palabras de
nuestro Señor —“el que no naciere de agua y del Espíritu”—será lo único a lo
que me limite. Creo que, al utilizar estas palabras, nuestro Señor no se
refería al bautismo, y lo creo por las siguientes razones.
a)
En primer lugar, no hay nada en las palabras del texto que exija necesariamente
una referencia al bautismo. “Agua”; “lavamiento” y “limpieza” son expresiones
figuradas que se utilizan a menudo en la Escritura para denotar una operación
espiritual en el corazón del hombre (cf. Salmo 51:7–10; Isaías 44:3; Jeremías
4:14; Ezequiel 36:25; Juan 4:10; 7:38, 39). La expresión “naciere de agua y del
Espíritu” es ciertamente muy singular. Pero no lo es más que la expresión
paralela: “Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).
Explicar
este último texto con las lenguas de fuego en el día de Pentecostés es una
interpretación completamente insatisfactoria y restringe el cumplimiento de una
importante promesa general a un acto y un día concretos. Creo que en cada caso
se menciona un elemento en relación con el Espíritu a fin de mostrar la
naturaleza de la operación del Espíritu. Los hombres deben bautizarse “en
Espíritu Santo” purificando sus corazones de la corrupción, como el fuego
purifica el metal; y deben nacer “del Espíritu”, limpiando sus corazones igual
que el agua limpia el cuerpo. La utilización del fuego y el agua como los grandes
instrumentos de purificación era familiar para los judíos (cf. Números 31:23,
donde ambos se mencionan juntos). Bien señala Crisóstomo: “La Escritura
relaciona en ocasiones la gracia del Espíritu con el fuego y a veces con el agua”.
b)
En segundo lugar, la aseveración de que el “agua” tiene que significar el
bautismo porque este es el medio habitual para la regeneración es una
aseveración completamente desprovista de pruebas escriturarias. No cabe duda
que está escrito de los santos y los que profesan ser creyentes que son “sepultados
juntamente con él para muerte por el bautismo” y que “todos los que [han] sido bautizados
en Cristo, de Cristo [están] revestidos” (Romanos 6:4; Gálatas 3:27). Pero no
hay un solo texto que declare que el bautismo es la única forma en que las
personas nacen de nuevo. Por el contrario, hallamos dos textos inequívocos en
los que la regeneración se adscribe claramente a la Palabra y no al bautismo (1
Pedro 1:23; Santiago 1:18).
Más
aún, el caso de Simón el Mago demuestra claramente que en los tiempos
apostólicos no todas las personas recibían la gracia al bautizarse. S. Pedro le
dice unos pocos días después de su bautismo: “No tienes tú parte ni suerte en este
asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios” (Hechos 8:21). La
aseveración, pues, de que “agua” tiene que significar bautismo es una mera
presuposición gratuita y cae por su propio peso.
c)
En tercer lugar, si el “agua” del texto que tenemos ante nosotros significa
bautismo, se deduce como consecuencia lógica que el bautismo es absolutamente
imprescindible para la salvación y que todos los que han muerto sin haber sido
bautizados desde que se pronunciaron esas palabras están perdidos.
¡Teóricamente, el ladrón arrepentido se perdió, porque no se bautizó jamás!
¡Todos los niños que han muerto sin ser bautizados están perdidos! ¡Todo el
conjunto de los cuáqueros que mueren en su propia denominación se ha perdido!
No hay forma de escapar de esta conclusión a menos que adoptemos la hipótesis
absurda e insostenible de que el Reino de Dios en este solemne pasaje no
significa más que la Iglesia visible.
Cuando
nuestro Señor declara una verdad general sin hacer excepciones, nosotros no
tenemos derecho alguno a hacerlas. Si las palabras significan lo que significan,
¡relacionar “agua” con el bautismo excluye del Cielo a las personas sin
bautizar! Y sin embargo, no existe otro caso en la Escritura de un rito externo
que se considere absolutamente necesario para la salvación, y especialmente uno
que el hombre no puede administrarse a sí mismo.
Sin
lugar a dudas, un corazón nuevo, regenerado, es necesario para la salvación de
todos sin excepción, y creo que esto es lo único de lo que habla el texto que
tenemos ante nosotros.
d)
En cuarto lugar, si aceptamos la teoría de que el bautismo es el medio habitual
de transmitir la gracia de la regeneración, que todas las personas bautizadas
han sido forzosamente regeneradas y que todos los “nacidos de agua” han nacido
al mismo tiempo del Espíritu, nos vemos mezclados en las consecuencias más
peligrosas y dañinas. Despreciamos toda la obra del Espíritu y la bendita doctrina
de la regeneración. Introducimos en la Iglesia un tipo nuevo y antiescriturario
de nacimiento, un nuevo nacimiento que no se puede ver por sus frutos.
Llegamos
a la conclusión de que las personas son “nacidas de Dios” cuando no ostentan ni
una sola de las señales de la regeneración que establece Juan. Fomentamos el
antinomianismo más repugnante. Llevamos a las personas a pensar que tienen
gracia en sus corazones mientras que son siervas del pecado, y que tienen el Espíritu
Santo en su interior mientras que obedecen a los deseos de la carne. En último
lugar, pero no por ello de menor importancia, despreciamos el santo sacramento
del bautismo. Lo convertimos en una mera formalidad en que la fe y la oración
no tienen lugar alguno.
Llevamos
a las personas a suponer que no importa con qué espíritu traigan a sus hijos al
bautismo y que, si se rocía el agua y se utilizan ciertas palabras, un niño
nace de nuevo automáticamente. Peor aún, inducimos a las personas a despreciar
secretamente el bautismo, porque les enseñamos que siempre transmite una gran bendición
espiritual mientras que sus propios ojos les dicen que en muchos casos no hace
bien alguno. No veo manera de evitar estas consecuencias, independientemente de
lo poco que las deseen las personas que sostienen la inseparabilidad del
bautismo y la regeneración. Afortunadamente, tengo el consuelo de pensar que
existe una absoluta falta de lógica en algunos corazones dotados de mucha gracia.
e)
En quinto lugar, si “nacido de agua y del Espíritu” tenía el propósito de
enseñar a Nicodemo que el bautismo es el medio común de transmitir la
regeneración espiritual, es muy difícil entender por qué nuestro Señor le
reprendió por no saberlo: “¿No sabes esto?”. ¿Cómo podía saberlo? Como fariseo,
sabía que existía el bautismo. Pero no podía saber que este fuera el medio
instituido para conferir el “nuevo nacimiento”. Era una doctrina que no se
enseñaba en ningún lugar del Antiguo Testamento. Es una doctrina, según sus
propios defensores, específica del cristianismo. ¡Y sin embargo se reprende a
Nicodemo por desconocerla! Esto me parece inexplicable. Por el contrario, Nicodemo
podía conocer la necesidad de un cambio absoluto del corazón a partir de las
Escrituras del Antiguo Testamento. Y fue por el desconocimiento de esto, no de
la regeneración bautismal, por lo que se le reprendió.
f)
En sexto y último lugar, si fuera cierto que “nacer de agua” hace referencia al
bautismo y que el bautismo es el medio común de transmitir la gracia de la
regeneración, es de lo más extraordinario que se hable tan poco del bautismo en
las Epístolas del Nuevo Testamento. En Romanos solo se menciona en dos
ocasiones; en 1 Corintios, siete veces; en Gálatas, Efesios, Colosenses,
Hebreos y 1 Pedro solamente se menciona una vez en cada Epístola. En las trece
Epístolas restantes no se habla de él ni se hace referencia alguna. ¡En las dos
Epístolas Pastorales a Timoteo, donde podríamos esperar encontrar algo con
respecto al bautismo, no hay una sola palabra acerca de él! En la Epístola a
Tito, la aplicación del único texto que se podría aplicar al bautismo no está
en ningún modo clara (Tito 3:5). Y esto no es todo. En la única Epístola en que
el bautismo se menciona siete veces, vemos que el autor dice que “no me envió
Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”; y de hecho, llega a “[dar]
gracias a Dios” porque no ha bautizado a ninguno de ellos “sino a Crispo y a
Gayo” (1 Corintios 1:14, 17).
Ciertamente
no habría dicho esto si todos los que fueran bautizados nacieran inmediatamente
de nuevo. ¡Imaginemos a Pablo diciendo: “Doy gracias a Dios porque no regeneré
a ninguno”! Más aún, es un hecho sorprendente el que este mismo Apóstol, en
esta mismísima Epístola, diga a estos mismos corintios: “Yo os engendré por
medio del evangelio” (1 Corintios 4:14). Tengo la firme convicción de que S.
Pablo jamás habría escrito estas frases si hubiera creído que la única forma de
nacer del Espíritu fuera bautizarse.
Ofrezco
estas razones con la triste sensación de hacerlo en vano. Pero, al sostener una
opinión poco frecuente con respecto a un texto sumamente importante, creo que,
por mí mismo, debo declarar todas mis razones y mostrar que no sostengo mi
opinión a la ligera.
Antes
de dejar esta cuestión, considero oportuno decir algo en mi defensa con
respecto al hecho de que la gran mayoría de los comentaristas no comparta la
opinión que sostengo. Ciertamente, este hecho precisa de alguna explicación.
Con
respecto a los Padres, nadie puede leer sus obras sin advertir que eran hombres
falibles. Y no hay punto en el que su debilidad se manifieste de forma tan
patente como en su lenguaje con respecto a los sacramentos. El que intente
guiarse por todas las opiniones de los Padres con respecto a los sacramentos,
tendrá que tragar bastante. Después de todo, el Padre del que existe un
comentario más temprano sobre Juan es Orígenes, que murió en el año 253 d. C.
La verdadera interpretación del texto que tenemos ante nosotros pudo perderse
con facilidad en el período de al menos 150 años entre los tiempos de Orígenes
y los de Juan. Tertuliano aplicó de pasada este texto al bautismo en una de sus
obras. Pero aun él no nació hasta el año 160 d. C, al menos dos generaciones
después de los tiempos de Juan.
Con
respecto a los autores luteranos, las opiniones que declaran con respecto a los
sacramentos hacen que sus interpretaciones del texto que tenemos ante nosotros
sean de poco peso. Sostienen una peculiar teoría sacramental al exponer la
Escritura y se adhieren firmemente a ella. Sin embargo, aun Brentano confiesa
con respecto a este texto que el bautismo al que se hace referencia aquí con el
“agua” significa mucho más que el sacramento del bautismo y abarca toda la
doctrina del Evangelio.
Por
supuesto, los comentaristas católicos romanos están aún más constreñidos por
sus ideas acerca de los sacramentos que los luteranos y casi no precisan de
comentarios. Su constante esfuerzo al exponer la Escritura es mantener el
sistema sacramental de su propia Iglesia, y un texto como el que tenemos ante
nosotros se aplica sin titubear al bautismo.
Con
respecto a nuestros propios reformadores ingleses y sus sucesores inmediatos,
sus opiniones acerca de un texto como este son quizá menos valiosas que con
respecto a cualquier otra cuestión.
Demuestran
siempre una preocupación excesiva por estar de acuerdo con los Padres. Deseaban
conciliar las opiniones opuestas a toda costa y defender su propio
protestantismo apelando al cristianismo primitivo. Cuando vieron, pues, que los
Padres relacionaban el texto que tenemos ante nosotros con el bautismo y que,
en el mejor de los casos, era dudoso, no debe sorprendernos que sostuvieran que
“nacer de agua” fuera bautizarse. Sin embargo, ni siquiera ellos parecen
unánimes al respecto; y no debe olvidarse la conocida aseveración de Latimer de
que “ser cristianizado con agua no significa ser regenerado”.
Los
famosos comentarios de Hooker, que tan a menudo se arrojan a la cara de
aquellos que adoptan la misma interpretación del “agua y del Espíritu” que yo,
son un curioso ejemplo de la facilidad con que un gran hombre puede extraer en
ocasiones una conclusión ilógica a su favor a partir de una amplia premisa
general. Establece el principio general de que “cuando una construcción literal
de un texto resiste, lo más alejado de lo literal suele ser lo peor”. Luego
pasa a dar por supuesto que interpretar “nacer de agua” como el bautismo es la
construcción literal del texto que tenemos ante nosotros. Por desgracia, este
es precisamente el punto que, en lo que a mí concierne, no admito; y su
conclusión, en consecuencia, me parece carente de valor. Más aún, cuando hablamos
de un sentido “literal”, obviamente debe haber un límite. Si no, no podemos
responder al católico romano cuando demuestra la transubstanciación a partir de
las palabras: “Esto es mi cuerpo”.
Creo
que, para hallar una exposición sana y verdadera del texto que tenemos ante
nosotros, debemos volver la vista a los puritanos y a los teólogos holandeses
del siglo XVII. Fue necesario que pasara una generación después de Roma para
que los hombres fueran capaces de ofrecer una opinión imparcial con respecto a
un texto como este. Los primeros protestantes no vieron con la suficiente claridad
las consecuencias del lenguaje que a veces utilizaron en relación con el
bautismo. De otro modo, creo que no habrían escrito acerca de ello como lo
hicieron. A cualquiera que busque un ejemplo de la teología del siglo XVII, le
diría que una de las declaraciones más sencillas y mejores del verdadero significado
del texto que tenemos ante nosotros se encuentra en las Annotations (Anotaciones)
de Poole.
Como
conclusión de todo esto, hay un hecho que creo que merece nuestra más seria consideración.
Las iglesias de la cristiandad de hoy en día que sostienen de manera categórica
que todas las personas bautizadas son nacidas del Espíritu son, por regla
general, las iglesias más corruptas del mundo. Por otro lado, los grupos de
cristianos que niegan la relación inseparable entre el bautismo y el nuevo
nacimiento son precisamente los grupos más puros tanto en la fe como en la práctica
y los que más hacen para propagar el Evangelio en el mundo. Este es un
importante hecho que conviene no olvidar.”
A.W PINK
“Si
entonces las palabras de Cristo "nacido
del agua" no hacen referencia a la aguas del bautismo, ¿qué
significan? Antes de responder directamente a esta pregunta, debemos observar
cómo se usa la palabra "agua"
en otros pasajes de este evangelio.
A la mujer que estaba junto al pozo, Cristo dijo: "El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; pero el agua
que yo le daré será en él un pozo de agua que brota para vida eterna"
(Juan 4:14). ¿Era esto literalmente "agua"?
Uno
tiene que hacer la pregunta para responderla. Claramente, aquí se usa "agua" de manera emblemática. Nuevamente, en Juan
7:37:38 se nos dice: "En el último
día, ese gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y clamó, diciendo: Si
alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura,
de su interior correrán ríos de agua viva". Aquí, también, la
palabra" agua "no debe entenderse literalmente, sino emblemáticamente. Estos pasajes del
Evangelio de Juan son suficientes para justificarnos al darle a la palabra
"agua" en Juan 3:5 un significado figurado.
Si
entonces el Señor Jesús usó la palabra "agua" de manera emblemática
en Juan 3: 5, ¿A qué se estaba refiriendo? Respondemos: a La Palabra de Dios.
Este es siempre el instrumento usado por Dios en la regeneración. En todos los
demás pasajes donde se describe el instrumento del nuevo nacimiento, siempre se
menciona la Palabra de Dios. En el Salmo 119:50 leemos: "Porque tu palabra me ha vivificado".
Nuevamente, en 1 Corintios 4:15 encontramos al apóstol diciendo: "Yo te engendré por medio del evangelio".
Nuevamente, se nos dice: "De su propia voluntad nos engendró con (¿qué?
¿Bautismo? No, sino con) la palabra de verdad" (Santiago 1:18). Pedro
declara: "Habiendo nacido de nuevo, no de semilla corruptible, sino de
incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre"
(1 Pedro 1:23).
El
nuevo nacimiento, entonces, es por la Palabra de Dios, y uno de los emblemas de
la Palabra es "agua". Dios emplea bastantes emblemas para describir
las diversas características y cualidades de Su Palabra. Se compara con una
"lámpara" (Salmo 119:105) porque
ilumina. Se compara con un "martillo" (Jer. 23:29) porque rompe el corazón endurecido. Se
le compara con "agua" porque limpia:
ver Salmo 119:9; Juan 15:3; Efesios 5:26: "Nacido del agua" significa nacido de la Palabra de Dios que la
limpia y purifica.”
Este
no es un decreto arbitrario, sino la enunciación de un principio permanente. El cielo es un lugar preparado para un
pueblo preparado. Y esta es la naturaleza misma del caso. Un hombre no
regenerado que no siente ningún gusto por cosas espirituales, quién se aburre
con la conversación de los creyentes, quién encuentra la Biblia aburrida y
seca, quién es un extraño al trono de la gracia, sería miserable en el cielo.
Un hombre así no podría pasar la eternidad en la presencia de Dios.
Supongamos
que se saca un pez del agua y se coloca sobre una bandeja de oro; Supongamos además
que la más dulce de las flores la rodea, y que el aire se llena de su
fragancia; Supongamos, también, que los acordes de la música más melodiosa cayeran
sobre sus oídos, ¿estaría ese pez feliz y contento? Por supuesto no. ¿Y por qué
no? Porque no estaría en armonía con su entorno; porque carecería de capacidad
para apreciar su entorno. Así sería con un alma no regenerada en el cielo.
Una
vez más. El nuevo nacimiento es una
necesidad imperativa porque el hombre natural está completamente
desprovisto de vida espiritual. No es que sea ignorante y necesite instrucción:
no es que sea débil y necesite tonificación: no es que esté enfermo y necesite
atención médica. Su caso es mucho, mucho peor. Está muerto en delitos y pecados. Esta no es una figura retórica
poética; es una realidad solemne, poco como la percibe la mayoría de la gente.
El pecador no tiene vida espiritualmente y necesita ser vivificado. Es un
cadáver espiritual y necesita ser llevado de la muerte a la vida. Él es un
miembro de la vieja creación, que está bajo la maldición de Dios, y a menos que
sea hecho una nueva creación en Cristo, estará bajo esa maldición por toda la
eternidad.
Lo
que el hombre natural necesita por encima de todo es vida, vida Divina; y como
el nacimiento es la puerta de entrada a la vida, debe nacer de nuevo y, a menos
que nazca de nuevo, no puede entrar en el reino de Dios. Esto es definitivo.”
CHARLES SPURGEON
“Todo
lo que Cristo enseña es ciertamente cierto y hay algunas cosas que Él nos dice
que son absolutamente esenciales para que aprendamos. Por ejemplo, "Debes nacer de nuevo". O esto,
"A menos que se arrepientan, todos
perecerán igualmente". No hay duda de que en el Último Gran Día, Cristo
"juzgará al mundo con justicia".
Todos debemos estar de pie ante Su Gran Trono Blanco para recibir de Él la
sentencia final que fijará nuestro destino eterno. Si usted es un incrédulo, ya
está condenado, y si vive y muere como un incrédulo, debe ser expulsado de Su
Presencia a una eternidad sin esperanza. Todas estas cosas son certezas. Hay
muchas ficciones en el mundo, pero estas cosas no son ficciones, ni son
bagatelas. Y les ruego que crean estas Verdades de Dios y saquen las inferencias
prácticas correctas de ellas.
También
hay algunas Verdades acerca de las cuales Cristo dice: “De cierto, de cierto”, que deberían ser un gran consuelo para ti.
Por ejemplo, ciertamente es cierto que si le confiesas tus pecados, Él te perdonará. Ciertamente es cierto
que si confías en Jesús, Él te dará
descanso y paz, y serás "aceptado en el Amado". Ciertamente es
cierto que si entregas tu alma en las manos de Cristo, nunca perecerás, y nadie podrá jamás arrebatarte de sus manos.”
“Un
hombre puede desechar muchos vicios, abandonar muchos de los deseos a los que
se entregaba, y conquistar malos hábitos, pero ningún hombre en el mundo puede hacerse nacer de Dios; Aunque
batallara tanto, nunca podría lograr lo que está más allá de su poder. Y, note usted,
que incluso si pudiera hacerse nacer de nuevo, aun así no entraría al cielo,
porque hay otro punto en la condición que habría violado — ‘a menos de que un hombre sea nacido del
Espíritu, no puede ver el reino de Dios.’”
COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO
“Otra
interpretación del agua puede
referirse a la procreación, un
concepto muy extraño para nosotros, pero estudios de Odeberg y otros han
demostrado que este término, junto con “lluvia”
y “rocío”, se usaba para referirse al semen del varón. Si este es el
significado, “nacer de agua” se
referiría al nacimiento físico. En
línea con esta interpretación está el hecho de que el feto humano está en una
bolsa de “agua” antes de nacer,
haciendo comprensible la idea de “nacer
de agua”.
LUIS PALAU
“Jesús
menciona el nacimiento por agua y por el espíritu. Al hablar de agua se refiere
al nacimiento físico, al vientre materno. Cuando una mujer está por dar a luz
en condiciones normales, la bolsa de agua se rompe, y precisamente a eso hacía
referencia Jesús. Por otro lado, el nacimiento por el espíritu (por agua
espiritual) es el nuevo nacimiento, un cambio producido por el Espíritu Santo
de Dios.”
JOHN MACARTHUR
“Debe
de haber algo que Nicodemo sintiera conocido, pues Jesús esperaba que Nicodemo
entendiera esta verdad (v. 10). El agua y el Espíritu suelen referirse
simbólicamente en el Antiguo Testamento a la renovación y la limpieza
espiritual (cp. Nm. 19:17-19; Is. 4:4; 32:15; 44:3; 55:1; Jl. 2:28-29; Zac.
13:1). En uno de los pasajes más gloriosos de todas las Escrituras donde se
describe la restauración de Israel al Señor por el nuevo pacto, Dios dijo por
medio de Ezequiel:
Y yo os tomaré de las naciones, y os
recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre
vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de
todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu
nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os
daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que
andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ez. 36:24-27).
Con
seguridad era este el pasaje que Jesús tenía en mente para mostrar que la
regeneración es una verdad del Antiguo Testamento (cp. Dt. 30:6; Jer. 31:31-34;
Ez. 1:18-20) que Nicodemo no desconocía para nada.
Sobre
este telón de fondo del Antiguo Testamento, la enseñaza de Cristo era
inequívoca: sin el lavado espiritual del alma, limpieza alcanzada solo por el
Espíritu Santo (Tit. 3:5) por medio de la Palabra de Dios (Ef. 5:26), nadie
puede entrar a su reino.”
JUAN CALVINO
“En
lo que concierne a este pasaje, no puedo en absoluto convencerme de que Cristo
esté hablando del bautismo, porque habría sido inoportuno... Usó las palabras
Espíritu y agua para significar lo mismo, y esto no debe considerarse duro ni forzado.
Es una forma frecuente y común de hablar en las Escrituras, cuando se menciona
al Espíritu, agregar la palabra agua o fuego para expresar su poder. A veces
escuchamos de Cristo bautizando con el
Espíritu Santo y con fuego, donde el fuego no significa algo diferente al
Espíritu, sino que solo muestra cuál es su poder en nosotros.”
DANIEL DYKE
“La
palabra agua indica cómo obra el Espíritu en la regeneración.
. . . En efecto, él está diciendo, [a menos que uno nazca] del Espíritu, que
obra como el agua... El agua tiene la propiedad de limpiar, ya que elimina la suciedad de nuestro cuerpo. Y
el Espíritu nos limpia de dos maneras. Primero, nos rocía con la sangre de Cristo, asegurándonos que la culpa del
pecado ha sido quitada. En segundo lugar, nos
aplica el poder de la muerte de Cristo, que hace que el pecado muera y lave
la inmundicia del pecado. De ese modo, nos santifica... El agua también tiene
la propiedad de producir frutos, así como la falta de agua trae hambre... Y
así, la persona regenerada se compara con árboles plantados junto a ríos de
agua en el Salmo 1:3 porque la presencia del Espíritu Santo es como la
presencia del agua en los sauces. . . . Una tercera propiedad del agua es el
enfriamiento, como vemos en el Salmo 42:1. Así que el Espíritu también es como
agua para nosotros, enfriando el calor de nuestras conciencias furiosas y
acusadoras, atacadas por la Ley, generalmente al comienzo mismo de nuestra
regeneración.”
GRANT OSBORNE
“Nicodemo
debió haber entendido esto por varias razones:
(1)
Si bien el tema del renacimiento no es un idioma del Antiguo Testamento, la
idea de Israel como “los hijos de Dios” debería haber hecho comprensible la
metáfora del nacimiento.
(2)
El agua que representa purificación espiritual es parte de la venida del
Espíritu en Ezequiel 36:25–28, “Los rociaré con agua pura… y les infundiré un
espíritu nuevo”. Esto está relacionado con los huesos secos en Ezequiel 37 y
prepara para la representación del muerto levantado a la vida. La idea del
nacimiento que proviene de lo alto como un nuevo nacimiento que proviene de la
limpieza del Espíritu que fluye fuera de Ezequiel.”
LEON MORRIS
“La
herejía perenne de la raza humana es pensar que podemos entrar en el reino de
Dios por nuestros propios esfuerzos. Jesús deja claro que esto es imposible y
que, para entrar en el reino, es necesario que el poder del Espíritu nos regenere completamente. Estas
solemnes palabras eliminan para siempre la salvación por méritos humanos. Nuestra naturaleza está tan contaminada por el
pecado, que la única solución es que el Espíritu de Dios nos cambie totalmente
para estar en condición de entrar en el reino de Dios.”
SAMUEL P. MILLOS
“Nuevamente
usa la forma enfática de llamar la atención al interlocutor, con el amén, amén, de cierto, de cierto, tan típico en este Evangelio. No quiere que
Nicodemo deje de entender cual es la única forma de entrar en el reino de Dios.”
Jesús
advierte a Nicodemo que si no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en
el reino de Dios. Sin duda el fariseo esperaba hacer obras para ser justificado
y poder entrar en el reino, pero Jesús elimina esa pretensión enseñándole que
sólo mediante el nuevo nacimiento o nacimiento de lo alto que es obra del Espíritu
podría entrar. Nótese que antes Jesús dijo que no podía verlo, ahora le habla
de la imposibilidad de entrar. El continuo fracaso del hombre es pensar que se
puede entrar en el reino de Dios por esfuerzos personales. Esta verdad elimina totalmente
la posibilidad de salvación que no sea por el nuevo nacimiento, obra de Dios y
no del hombre.”
WILLIAM HENDRIKSEN
“El
ser bautizado con agua no es suficiente. La señal ciertamente, es de gran
valor. Tiene mucha importancia como una representación visible y como sello. Pero
la señal debe ir acompañada de la cosa significada: la obra purificadora del Espíritu Santo. Esto último es lo
indispensable para la salvación. Téngase en cuenta que en los versículos 6 y 8
ya no se dice nada sobre el nacimiento de agua sino solamente acerca del nacimiento del Espíritu, el único
indispensable.
Es
cierto, no obstante, que la obra purificadora del Espíritu Santo no termina
sino hasta que el creyente entra en el cielo. En un sentido, el llegar a ser
hijo de Dios es un proceso que dura toda la vida (cf. 1:12), pero en el
presente pasaje se trata de la limpieza inicial derivada de la implantanción de
una nueva vida en el corazón del pecador, y esto se deduce claramente de la
afirmación hecha de que uno no puede entrar en el reino de Dios si no ha nacido
de agua y del Espíritu.”
WILLIAM BARCLAY
“Aquí hay dos ideas. El agua es el símbolo de la limpieza. Cuando Jesús toma posesión de nuestras vidas, cuando Le amamos con todo nuestro corazón, nuestros pecados pasados son perdonados y olvidados. El Espíritu es el símbolo del poder. Cuando Jesús toma posesión de nuestras vidas, no es sólo que nuestros pecados pasados son perdonados y olvidados; si eso fuera todo, podríamos volver otra vez a arruinar la vida, pero entra en ella un nuevo poder que nos permite ser lo que por nosotros mismos no podríamos ser, y hacer lo que por nosotros mismos no podríamos hacer. El agua y el Espíritu representan la limpieza y la fortaleza del poder de Cristo que borra el pasado y da la victoria en el futuro.”

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