miércoles, 5 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 14


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 14

RV1960

NVI1999

BTX4

Y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.

Y en el templo  halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero.

Y halló en el templo a los que venden bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.

TR+

INA27+

VUL

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και G2532:CONJ Y ευρεν G2147:V-2AAI-3S halló εν G1722:PREP en τω G3588:T-DSN el ιερω G2411:N-DSN templo τους G3588:T-APM a los πωλουντας G4453:V-PAP-APM vendiendo βοας G1016:N-APM toros και G2532:CONJ y προβατα G4263:N-APN ovejas και G2532:CONJ y περιστερας G4058:N-APF palomas και G2532:CONJ y τους G3588:T-APM a los κερματιστας G2773:N-APM cambiadores de monedas καθημενους G2521:V-PNP-APM sentados

et invenit in templo vendentes boves et oves et columbas et nummularios sedentes

KJV

And found in the temple those that sold oxen and sheep and doves, and the changers of money sitting:

TCB

Deu_14:23-26; Mat_21:12; Mar_11:15; Luc_19:45, Luc_19:46.

 

COMENTARIOS:

WARREN WIERSBE

“Jesús reveló su celo por Dios primeramente limpiando el templo (Juan 2:13-17). Los sacerdotes habían establecido un lucrativo negocio de cambio de moneda extranjera por moneda judía, y también de venta de los animales necesitados para los sacrificios. Sin duda este mercado religioso empezó como conveniencia para los judíos que viajaban grandes distancias para venir a adorar en el templo, pero con el tiempo la conveniencia se convirtió en negocio, dejando de ser ministerio. La tragedia es que este negocio se realizaba en los atrios de los gentiles, en el templo, lugar donde los judíos debían haber estado conociendo a los gentiles y hablándoles del único Dios verdadero. Lo más probable era que si algún gentil buscara la verdad no la podría encontrar entre los mercaderes religiosos en el templo.”

GARY BURGE

“Puesto que los peregrinos necesitaban animales aprobados para el sacrificio, en aquel periodo del año se producía un considerable volumen de ventas en la ciudad. Algunos datos sugieren que Caifás tuvo un contencioso con el Sanedrín respecto a si era o no permisible vender animales en los atrios del templo. Al parecer, Caifás había ganado el litigio, aunque esto significara que el templo había dejado de ser una casa de adoración para convertirse en un lugar de comercio. Por otra parte, los varones judíos (de más de veinte años) estaban obligados a pagar al templo un impuesto anual de medio shekel. Jesús no estaba en contra de este impuesto, ya que tenemos constancia de que él mismo lo pagó (Mt 17:24–27).

La presencia de los cambistas cumplía con el requisito legal de que todos los donativos tenían que hacerse en un sistema monetario especial (tal como se estipulaba en la ley oral, que más adelante formaría la Mishná). Esta regla no pretendía evitar la presencia de imágenes paganas en las monedas extranjeras, sino asegurar la calidad y pureza del dinero que entraba en el tesoro del templo. Los cambistas canjeaban distintas divisas y retenían un cierto porcentaje como beneficio, pero no hay evidencias de que hubiera corrupción.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

“Los cambistas sentados, lit. los que trataban con monedas de poco valor. El verbo se refiere a cortar en pedazos pequeños. Sentados es una observación interesante, pues algunos hacían su trabajo de pie, dando otra evidencia de un testigo ocular.

Algunos de los adoradores querían hacer ofrendas con monedas, pero no se les permitía ofrecer monedas de las provincias romanas que tendrían imágenes paganas, haciendo necesaria una mesa de cambistas. En el relato de la segunda limpieza del templo, según los Sinópticos (Mat. 21:13; Mar. 11:17; Luc. 19:46), Jesús les acusa de ser “cueva de ladrones”, indicando que los cambistas explotaban a los adoradores, dando un tipo de cambio muy desfavorable.”

ALBERT BARNES

“De esto podemos aprender:

1er. Cuán pronto los hombres olvidan las reprimendas más solemnes y vuelven a las malas prácticas. (Jesucristo volvió a azotarlos en su última semana de pasión)

2do. Que ningún lugar o tiempo sagrado los protegerá del pecado. En el mismo templo, bajo los ojos de Dios, estos hombres pronto regresaron a prácticas por las cuales sus conciencias los reprendían, y que sabían que Dios desaprobaba.

3er. Vemos aquí cuán fuerte es el amor por las ganancias, la pasión dominante de la humanidad. Ni siquiera lo sagrado del templo, la presencia de Dios, ni las ceremonias de la religión, los disuadió de este tráfico impío. Así que los hombres malvados e hipócritas siempre convertirán la religión, si es posible, en ganancia; y ni siquiera el santuario, el sábado o las escenas más espantosas y sagradas los disuadirán de sus planes de lucro. Tan fuerte es esta pasión humillante, y tan profunda es esa depravación que no teme a Dios, que no considera sus sábados, su santuario o su ley.”

GRANT OSBORNE

“Todo esto ocurría en el lugar destinado para los gentiles, donde un se creó un mercado que no debería haber estado allí. La compra de animales para el sacrificio y el intercambio de monedas era necesario, pero no en los recintos del templo. Los principales sacerdotes habían reemplazado la adoración con el comercio, y el caos resultante fue más que Jesús podía tolerar.”

J.C RYLE

“[Halló en el templo a los que vendían […]. La presencia de bueyes, ovejas, palomas y cambistas dentro del Templo se explica fácilmente. Los animales eran para responder a las necesidades de los judíos que acudían a celebrar la Pascua y otras fiestas desde lugares lejanos y tenían que ofrecer sacrificios. Tenían a su disposición a pocos metros del altar a los proveedores de bueyes, ovejas y palomas. Los cambistas, como es natural, acudían allí donde había compraventa, para la comodidad de los judíos que solo tenían moneda extranjera y deseaban cambiarla por moneda de uso corriente en Jerusalén. Obviamente, toda esta costumbre era de lo más blasfemo.

Sin duda, los sacerdotes hacían la vista gorda por motivos codiciosos. O estaban relacionados con aquellos que vendían animales y cambiaban dinero y compartían sus ganancias, o bien recibían una renta por el privilegio de tener sus negocios dentro del recinto sagrado. Sin duda pedirían que todo se hiciera con buena intención. ¡Su finalidad era proporcionar facilidades para adorar a Dios! Pero las buenas intenciones no pueden santificar las acciones no escriturarias. Como dice Dyke sobre este pasaje: “La pretensión de un buen fin no puede justificar aquello que es prohibido por Dios”.

Cuando se nos dice que nuestro Señor se encontró con que todo esto “ocurría en el templo”, evidentemente debemos entender que significa “en el atrio que rodeaba el templo, dentro del recinto del templo”. Pero debemos recordar que ese atrio era considerado parte del Templo y, por tanto, terreno santo.

Me inclino a ver en esta visita de nuestro Señor al Templo en su primera aparición en Jerusalén tras comenzar su ministerio un cumplimiento parcial, aunque muy imperfecto, de la profecía de Malaquías: “Vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis” (Malaquías 3:1).

Mientras que la nación judía estaba esperando la venida de un Mesías conquistador con poder y gran gloria, el verdadero Mesías apareció de repente en el Templo y declaró su presencia no exhibiendo un poder material, sino insistiendo en una mayor pureza en la adoración en el Templo como lo primero que la nación necesitaba.

Sin duda aun queda por venir un cumplimiento más pleno y completo de las palabras de Malaquías. Pero, como muchas profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías, las palabras tenían claramente un doble cumplimiento: Una parte en la Primera Venida del Mesías para sufrir, otro más completo en la Segunda Venida del Mesías para reinar.

La gran mayoría de los mejores comentaristas afirman que nuestro Señor echó a los compradores y vendedores del Templo en dos ocasiones: una al comienzo de su ministerio y otra al final. Es justo decir que el obispo Pearce y algunos otros autores creen que solo sucedió en una ocasión: al final de su ministerio, justo antes de su crucifixión. Pero los argumentos a favor de esta opinión no me parecen suficientes o satisfactorios.”

JON PAULIEN

 “De acuerdo con Josefo, el historiador judío de fines del primer siglo, la venta en el templo comenzó en algún momento del reinado de Caifás como sumo sacerdote (18-36 d.C). Puesto que los sacerdotes se beneficiaban enormemente de este tráfico en el templo, desbaratarlo era un acto calculado para ganarse su animosidad.

El lugar del templo donde Jesús encuentra el ganado, las ovejas, las palomas y los cambistas (vers. 14) es el atrio de los gentiles. Así que el tráfico en el templo no sólo es en detrimento de la reve- renda, sino que también excluye a los gentiles de apreciar la única parte del templo donde es bienvenida su presencia. Aunque Juan no registra ninguna protesta por exclusión, en Marcos 11:17 se observa que Jesús dice: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”.

En Juan el énfasis no está puesto en la exclusión de los gentiles, sino en el celo de Jesús por la pureza de la casa de Dios (vers. 17). Al echar a los que estaban profanando el templo (vers. 15, 16), Jesús está estableciendo el orden escatológico profetizado en Zacarías 14:20 y 21, cuando el templo y todo lo que hay en él serían santos. La purificación del templo es un acto del Mesías del fin de los tiempos.”

WILLIAM HENDRIKSEN

“Al entrar Jesús en aquella ocasión en el templo de Jerusalén, vio que el Patio de los Gentiles se había transformado en algo parecido a un corral de ganado. Por todas partes se podía notar el hedor de los excrementos, el balido y el mugido de los animales destinados al sacrificio. Es cierto que, en teoría, cada fiel podía llevar al templo el animal que deseara. Pero, ¡que intentara hacerlo! Con toda probabilidad los jueces, aquellos vendedores privilegiados que llenaban las arcas de Anás, le hubieran hallado algún defecto.

Por esta razón, para ahorrarse molestias y disgustos, los animales para el sacrificio se compraban allí mismo en el patio exterior, que se llamaba de los Gentiles debido a que éstos podían entrar en él. Como es natural, los vendedores de bueyes y ovejas y palomas cobraban precios exorbitantes por estos animales, explotando así a los fieles.

Por otra parte estaban los cambistas que con las piernas cruzadas se sentaban tras sus mesitas cubiertas de monedas. Ellos eran los encargados de dar a los fieles la moneda judía legal a cambio de la extranjera. Se debe tener en cuenta que en el templo sólo se podían ofrendar monedas judías, y cada fiel—exceptuando mujeres, esclavos y menores de edad—debía pagar el tributo anual de medio siclo (cf. Ex. 30:13). Los cambistas también cobraban su parte por cada operación de cambio, y esto daba oportunidad para el abuso. Todo esto había hecho que aquel Santo Templo, que debía servir de casa de oración para todas las naciones, se hubiera transformado en una cueva de ladrones (cf. Is. 56:7; Jer. 7:11; Mr. 11:17).”

JAMES SMITH

El verdadero carácter del templo. El Señor lo llama «la casa de mi Padre» (v. Jua_2:16). Estaba identificado con el Nombre de Dios y debía ser para testimonio de Él. En Él Dios se revelaba a Sí mismo, y el hombre tenía comunión y adoraba. Debía ser la casa terrena del Rey celestial y eterno. Pero ahora «¿no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, el cual está en vosotros?» (1Co_6:19).

Sois el templo del Dios viviente, como Dios ha dicho, «Habitaré… entre ellos» (2Co_6:16). Después que el templo en Jerusalén quedara «desolado» por el rechazamiento de Cristo, el Espíritu Santo descendió en Pentecostés y tomó posesión de ciento veinte templos, con lo que vinieron a ser testigos del Señor Jesucristo (Hch_1:8).

Cómo el templo fue contaminado. Estaba contaminado por aquellos que profesaban ser amigos del templo, que empleaban la religión como disfraz, para poder asegurarse ventajas mundanas. Tenían celo por la Casa de Dios, porque les daba provecho personal, pero no tenían celo por el mismo Dios ni por la honra de su Nombre. Es posible tener celo por la Casa de Dios (la Iglesia) y sin embargo estar contaminando todo el tiempo el templo del Espíritu Santo. Si alguien contamina este templo, Dios lo destruirá (como testigo). Hay un celo religioso que es impío y contaminante a los ojos de Dios; se trata de un celo encendido sobre el vano altar del amor al yo, y alimentado con el combustible de las ambiciones egoístas y mundanas.

La vida cristiana que está gobernada por unos motivos tan sórdidos y mezquinos está del todo contaminada. Preocuparse más acerca del cuerpo, o de las formas y ordenanzas de la Iglesia, que por el propósito del Espíritu Santo en el cuerpo o Iglesia, lleva a introducir una especie de tráfico en los atrios santos que contamina y que arroja deshonor sobre la Casa y el Nombre de Dios. Todo ánimo mundano y búsqueda de lo propio atrae contaminación moral en aquel cuerpo que es el templo del Espíritu Santo.”

MATTHEW HENRY

“Al entrar en el atrio, Jesús se percató de que el atrio de los gentiles se había convertido en un mercado, con todo su ruido, su inmundicia y su profanación. Es cierto que cada judío podía traer animales para el sacrificio, pero bien pudo decir Jesús que habían convertido la casa de Dios en «cueva de ladrones» (Mat_21:13; Mar_11:17; Luc_19:46, comp. con Jer_7:11), puesto que Anás y Caifás llenaban sus arcas con el dinero que les proporcionaban los cambistas y vendedores que tenían la exclusiva del negocio y cargaban la mano en el precio de los animales, así como en el cambio de la moneda, la cual debía ser hebrea para ser aceptada como ofrenda a Jehová en el templo (v. Éxo_30:13). Por aquí podemos ver igualmente cuántas veces el amor al dinero siembra la corrupción en las iglesias. Cristo espera que todos cuantos vienen a Él reformen su vida y purifiquen el corazón.”

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