sábado, 8 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 17


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 17

RV1960

NVI1999

BTX4

Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

Sus discípulos se acordaron de que está escrito: «El celo por tu casa me consumirá.»

(Les fue recordado a sus discípulos que estaba escrito: El celo de tu Casa me consumirá).

TR+

INA27+

VUL

εμνησθησανG3415 V-API-3P δεG1161 CONJ οιG3588 T-NPM μαθηταιG3101 N-NPM αυτουG846 P-GSM οτιG3754 CONJ γεγραμμενονG1125 V-RPP-NSN εστινG1510 V-PAI-3S οG3588 T-NSM ζηλοςG2205 N-NSM τουG3588 T-GSM οικουG3624 N-GSM σουG4771 P-2GS κατεφαγενG2719 V-2AAI-3S μεG1473 P-1AS 

εμνησθησαν G3415:V-API-3P Fueron recordados οι G3588:T-NPM los μαθηται G3101:N-NPM aprendedores αυτου G846:P-GSM de él οτι G3754:CONJ que γεγραμμενον G1125:V-RPP-NSN ha sido escrito εστιν G1510:V-PAI-3S está siendo ο G3588:T-NSM El ζηλος G2205:N-NSM celo του G3588:T-GSM de la οικου G3624:N-GSM casa σου G4771:P-2GS de ti καταφαγεται G2719:V-FDI-3S comerá completamente με G1473:P-1AS a mí

recordati vero sunt discipuli eius quia scriptum est zelus domus tuae comedit me

KJV

And his disciples remembered that it was written, The zeal of thine house hath eaten me up.

TCB

El celo de tu casa me consume. Sal_69:9; Sal_119:139.

 

COMENTARIOS:

JOHN OWEN

Celo por la gloria de Dios. El celo es el colmo del amor cuidadoso y solícito. El amor de Cristo fue grande para las almas de los hombres; pero su vida residía en su amor por Dios y en el celo por su gloria. En esto ahora trabajaba, es decir, para que Dios fuera glorificado en la salvación de los elegidos. Esto le fue encomendado, y con respecto a esto se cuidó de que no pudiera fallar.

Él estaba ahora en el más alto ejercicio de obediencia a Dios. Se observa como fue el colmo de su condescendencia, que fue "obediente hasta la muerte, la muerte de cruz", Fil. 2:8. Este fue el ejemplo más alto de obediencia que Dios jamás tuvo de una criatura, porque la realizó aquel que también era Dios. Y si la obediencia de Abraham fue tan agradable a Dios, y tan celebrada, cuando estuvo listo para ofrecer a su hijo, cuán gloriosa fue la del Hijo de Dios, que realmente se ofreció a sí mismo como sacrificio, mas que Isaac!”

JOHN FLAVEL

“Porque nuestro Dios es un Dios celoso no repartirá Su gloria con otros… La sabiduría de Dios se percibe en gran manera en la selección de Sus varas. No es todo tipo de aflicción que obra y purga todos nuestros pecados, sino aquellas aflicciones que Dios prescribe, igual que un médico, como apropiadas para la enfermedad que tiene nuestra alma. Esto habla del cuidado y amor divino por nosotros. De esta manera podemos observar que es usual para Dios herirnos en esas comodidades que se roban mucho del amor y regocijo de nuestras almas que le corresponden a Él, y crucificarnos en lo que hemos puesto demasiadas expectativas de consuelo.

Estas providencias muestran el celo de Dios por nosotros, y Su cuidado al protegernos de peores males por medio de estos angustiosos, pero necesarios golpes. Y en cuanto al grado de nuestras aflicciones, los golpes santificados son generalmente adecuados a la fuerza y habilidad de nuestra gracia inherente por la sabiduría de Dios: “Con medida lo castigarás en sus vástagos. Él los remueve con su recio viento en el día del aire solano” (Is. 27:8).”

WILHEMUS BRAKEL

“En esto percibimos la gran distinción entre todos los demás profetas y este gran Profeta de profetas. Eran sólo hombres ordinarios y, sobre todo, pecadores. No dieron autoridad a la Palabra, ni la sacaron por sí mismos. Solo pudieron predicar la Palabra al oído externo. Pero “quien enseña como él” (Job 36:22).

(1) Él predicó con autoridad divina, “Porque les enseñó como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29).

(2) Predicó con un celo santo y penetrante, de modo que el celo de la casa del Señor lo consumió (Juan 2:17).

(3) Su predicación fue acompañada por el poder divino, de modo que incluso sus enemigos dijeron: "Nunca hombre habló como este" (Juan 7:46).

(4) Predicó con una sabiduría maravillosa, para que nadie pudiera resistirle, porque “había hecho callar a los saduceos” (Mateo 22:34). Él mismo dice: “El Señor Dios me ha dado lengua de sabios, para que sepa hablar una palabra a tiempo al cansado” (Isa 50: 4).

(5) Predicó con deliciosa elocuencia, porque “... todos le dieron testimonio, y se maravillaron de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22).

(6) Predicó internamente al corazón, iluminándolo, calentándolo, convirtiéndolo y santificándolo. Bautizó en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). ¡Oh, cuán bienaventurado es el que puede tener tal Maestro!”

CHARLES SPURGEON

Porque el celo por tu casa me ha consumido. Su celo ardiente, cual llama de una vela, se alimentaba de su sustancia y consumía sus fuerzas.

Como espada minuciosamente afilada, su corazón cortaba incluso enfundado en su vaina. Hay personas a las cuales consume la lujuria; a otras la codicia, y a otras el orgullo. Pero la pasión esencial que devoraba a nuestro gran líder era la gloria de Dios; el celo por su nombre y su amor por la familia divina. El celo por Dios es un concepto tan poco entendible por las gentes de este mundo que siempre acarrea oposición sobre cuantos son inspirados por él; acusados de motivaciones siniestras, de hipocresía, o de estar fuera de sus cabales. Cuando el celo por Dios nos devora, los impíos procuran devoramos a nosotros; y esto fue preeminente el caso de nuestro Señor, porque su santo celo era preeminente. Su celo por Dios brilló y resplandeció en él, consumiéndole en su fervor, con mayor intensidad que el celo de la llama de un serafín.”

THOMAS WATSON

Porque me devora el celo de tu casa. Consideremos los ejemplos de los santos de la antigüedad, hombres y mujeres valientes que arrebataron el cielo con violencia. David se privó del sueño para dedicarse a la meditación: “Se anticipan mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos”; y su violencia en pro del cielo le hacía hervir en celo: “Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras”. Y Pablo decía “extendiéndome a lo que está delante”; el verbo griego que utiliza: επεκτεινομενος de ἐπεκτείνομαι epekteínomai significa estirar el cuello, una metáfora tomada de los atletas en las carreras, que tensan a cada músculo y se doblan hacia adelante para agarrar el premio. Leemos de Ana, la profetisa que “no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones”.

¿Y Calvino? ¡Qué diligente era en la viña del Señor! Cuando sus amigos querían persuadirle de que por motivos de salud aflojara un poco su ritmo trabajo, contestó: «¿Quisierais que el Señor me encontrara ocioso cuando venga?». Lutero pasaba tres horas al día orando. Se dice de ese gran hombre de Dios que era Bradford que tan solo leía, oraba y predicaba, leer y orar era toda su vida. Y el obispo Jewel exclamó: «Me gozo en que mi cuerpo esté exhausto por las labores de mi santa vocación».

¿Acaso no hacían violencia por el Reino de Dios los santos mártires? Arrastraban sus cadenas con tal valentía que se les convertían en ornamentos, se ceñían a los tormentos cual si fueran coronas, y se abrazaban a las llamas cual si fueran el carro de fuego al que se subió Elías y que vino a buscarle para arrebatarle al cielo. Ignacio exclamó: «Bienvenidos sean potros y fuegos, poleas y toda clase de tormentos, con tal de que pueda ganar a Cristo». Estas almas piadosas “resistieron hasta la sangre. ¡Cuánto no debería estimularnos a nosotros su celo! Tratemos de imitar su ejemplo.”

JONATHAN EDWARDS

“Los ministros deben seguir a su Maestro en su celo, tan maravillosamente mezclado y templado con gentileza y condescendencia en su trato con las almas; predicando el evangelio a los pobres y tomando nota con gracia de vez en cuando a los niños pequeños. Y deben imitar a su Señor en su seguimiento de la obra del ministerio, no desde puntos de vista mercenarios, o por el bien de las ventajas mundanas, sino para la gloria de Dios y la salvación de los hombres; y en tener su corazón ocupado en su trabajo; siendo su gran deleite, y su alimento, hacer la voluntad de su Padre y terminar su obra, Juan IV. 34.

Jesús puso su corazón en el éxito de su gran empresa en la salvación de las almas; siendo éste el camino que se le puso delante, por el cual corrió su carrera, soportó la cruz y despreció la vergüenza; puso su deleite en la perspectiva de la salvación eterna de las almas más que en contrarrestar el temor que tenía por sus sufrimientos extremos. Muchas aguas no pudieron apagar su amor, ni las inundaciones pudieron ahogarlo, porque su amor era más fuerte que la muerte; sí, su amor venció los poderosos dolores y tormentos de tal muerte.”

SAN BERNARDO DE CLARAVAL

“Aprende de Cristo, cristiano, cómo debes amar a Cristo. Aprende a amar entrañablemente, amar cautamente, amar valerosamente: entrañablemente, para que, seducidos no nos arranquen del amor de Dios; cautamente, para que decepcionados no nos alejemos de él; valerosamente, para que, violentados, no nos aparten de su amor. Sea la sabiduría de Cristo tu mayor dulzura, para que no te arrastre ni la gloria del mundo ni los placeres carnales.

Sea la luz de Cristo tu verdad, para que no te engañe el espíritu de la mentira o del error. Sea tu fuerza el poder de Cristo, para que no te canses en tus tribulaciones. Que el amor inflame tu celo, lo informe la ciencia y lo confirme la constancia. Sea tu amor ferviente, recatado, invulnerable. No conozca la apatía, ni carezca de discreción, ni sea tímido. Considera que la ley te exige estas tres cosas, cuando dice: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas. Si no surge otra interpretación más acertada de esta triple distinción, yo creo que el amor del corazón se refiere al celo del afecto, el amor del alma a la sutileza o juicio de la razón, y la fuerza del amor puede guardar relación con su constancia y su entereza.

Amale, pues, al Señor, con todo el afecto de tu corazón entero; ámale con toda le atención de tu mente circunspecta; y ámale con todas tus fuerzas, sin que te atemorice morir por su amor, como se nos dice con estas palabras: Es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo. Sea el Señor Jesús tierno y dulce para tu afecto.”

GEORGE WHITEFIELD

“Todos sabemos con qué ardor distinguido purgó nuestro bendito Redentor un templo terrenal; el celo por la casa de su padre lo devoraba: ¡con qué santa vehemencia volcó las mesas de los cambistas y azotó a los compradores y vendedores delante de él! ¿Por qué? Hicieron de la casa de su padre una casa de comercio; habían convertido la casa de oración en una cueva de ladrones. Oh hermanos míos, ¿cuántas veces tú y yo hemos sido culpables de este gran mal? ¿Cuántas veces la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la vanagloria de la vida han robado insensiblemente nuestro corazón de Dios?

Una vez fueron en verdad casas de oración; fe, esperanza, amor, paz, gozo y todos los demás frutos del Espíritu bendito alojados en ellos; pero ahora, oh ahora, puede ser, ladrones y salteadores. De ahí esos escondites del rostro de Dios, esa sequedad, y la muerte y la esterilidad del alma, esas noches y días fatigosos, que muchos de nosotros hemos sentido de vez en cuando, y bajo los cuales se nos ha hecho gemir. De ahí esas quejas dolorosas y desgarradoras: “¡Ojalá supiera dónde encontrarlo! ¡Ojalá fuera conmigo como en los días de antaño, cuando la vela del Señor alumbraba mi alma! De ahí esas pruebas domésticas, esas pérdidas y desengaños personales: y a esto quizás algunos de nosotros podamos agregar, de ahí todas esas reprimendas públicas con las que nos han visitado: todos son solo como tantos azotes de pequeñas cuerdas en las manos del amoroso Redentor, para azotar a los compradores y vendedores del templo de nuestros corazones.

¡Ojalá conozcamos la vara y quién la ha establecido! Él nos ha castigado con látigos: ¡que seamos sabios y con un andar más cercano y circunspecto evitemos que nos castigue a tiempo por venir con escorpiones! Pero, ¿quién es suficiente para esto? ¡Nadie más que tú, oh Señor, a quien solo todos los corazones están abiertos, todos los deseos conocidos y a quien no se esconden secretos! Limpia, pues, los pensamientos de nuestros corazones por la inspiración de tu bendito Espíritu, para que de ahora en adelante podamos amarte más perfectamente y engrandecer más dignamente tu santo nombre.”

WARREN WIERSBE

“Cuando ellos vieron su celo valiente, los discípulos recordaron el Salmo 69:9: "Me consumió el celo de [por] tu casa". El salmo 69 es definitivamente un salmo mesiánico que es citado varias veces en el Nuevo Testamento: Salmo 69:4 (Juan 15:25); Salmo 69:8 (Juan 7:3-5); Salmo 69:9 (Juan 2:17; Romanos 15:3); Salmo 69:21 (Mateo 27:34,48); y Salmo 69:22 (Romanos 11:9,10).

Había todavía en Israel un remanente piadoso que amaba a Dios y reverenciaba su templo (Lucas 1:5-22; 2:25-38), pero la mayoría de los dirigentes religiosos eran falsos pastores quienes explotaban a la gente. Cuando Jesús limpió el templo declaró la guerra contra dichos dirigentes hipócritas (Mateo 23), y esto a la larga resultó en su muerte. En verdad el celo por la casa de Dios ¡en efecto lo consumió! También reveló su celo al dar su vida (Juan 2:18-22).”

GARY BURGE

“Al presenciar este sorprendente espectáculo (2:17), los discípulos recuerdan las palabras del Salmo 69:9: «El celo por tu casa me consumirá». Desde un punto de vista teológico, Juan está indicando dos cosas con esta cita:

(1) Jesús está actuando motivado por su relación con el Padre. Como Mesías e Hijo de Dios, siente el impulso de defender y promover los intereses de Dios en el mundo. Cuando ve la devastación de la casa de Dios, se siente abrumado por el deseo de actuar. En el Antiguo Testamento la purificación o desafío del templo es un tema frecuente en que la completa renovación de Israel en el día del Señor se vincula con la renovación del templo (Is 56:7; Jer 7:11; Zac 14:21; Mal 3:1).

(2) Juan se sirve a menudo del Antiguo Testamento en las principales coyunturas de la vida de Jesús. Aunque no cita el Antiguo Testamento con tanta frecuencia como Mateo (por ejemplo), las Escrituras están permanentemente en el trasfondo, definiendo la actividad de Jesús en cada giro importante. Juan está desarrollando unos propósitos de Dios, que sabe esbozados ya en su Palabra.”

JUAN CALVINO

El celo de tu casa me consumió. El significado es que los discípulos por fin llegaron a saber que el celo por la casa de Dios, con el que Cristo ardía, lo impulsaba a expulsar esas profanaciones. Por medio de una figura retórica, en la que una parte se toma por el todo, David emplea el nombre del templo para denotar toda la adoración de Dios; porque todo el verso dice así:

Porque me consumió el celo de tu casa;  Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí. (Salmos 69:9).

La segunda cláusula corresponde a la primera, o mejor dicho, no es más que una repetición que explica lo dicho. La cantidad de ambas cláusulas es que la ansiedad de David por mantener la adoración de Dios era tan intensa, que inclinó alegremente la cabeza para recibir todos los reproches que los hombres inicuos lanzaron contra Dios; y que ardía con tal celo, que este único sentimiento se tragaba todos los demás. Nos dice que él mismo tenía esos sentimientos; pero no cabe duda de que describió en su propia persona lo que pertenecía estrictamente al Mesías.

En consecuencia, dice el evangelista, que esta fue una de las marcas por las que los discípulos sabían que era Jesús quien protegía y restauraba el reino de Dios. Ahora observe que siguieron la guía de las Escrituras, a fin de formarse la opinión acerca de Cristo que debieran tener; y, de hecho, ningún hombre aprenderá jamás lo que es Cristo, o el objeto de lo que hizo y sufrió, a menos que haya sido enseñado y guiado por las Escrituras.

Entonces, mientras cada uno de nosotros desee progresar en el conocimiento de Cristo, será necesario que la Escritura sea el tema de nuestra diligente y constante meditación. Tampoco es sin una buena razón que David menciona la casa de Dios, cuando se trata de la gloria divina; porque aunque Dios es suficiente para sí mismo y no necesita los servicios de nadie, sin embargo, desea que su gloria se manifieste en la Iglesia. De esta manera da una prueba notable de su amor hacia nosotros, porque une su gloria, por así decirlo, por un vínculo indisoluble, con nuestra salvación.

Ahora, como Pablo nos informa que, en el ejemplo de la cabeza, se presenta una doctrina general a todo el cuerpo (Romanos 15:3), apliquemos cada uno de nosotros a la invitación de Cristo, que, en la medida en que esté en nuestro poder - no podemos permitir que el templo de Dios sea contaminado de ninguna manera. Pero, al mismo tiempo, debemos tener cuidado de que ningún hombre traspase los límites de su vocación. Todos debemos tener celo en común con el Hijo de Dios; pero no todos tenemos la libertad de agarrar un látigo para corregir vicios con nuestras manos; porque no hemos recibido el mismo poder, ni se nos ha confiado la misma comisión.”

JOHN MACARTHUR

“Cuando los discípulos vieron que su Maestro dispersaba a los mercaderes del templo, se acordaron que está escrito en el Salmo 69:9: “El celo de tu casa me consume”. La pasión resoluta de Jesús y el fervor inquebrantable quedaron claros para todos los que lo vieron. Su justa indignación, derivada de un compromiso absoluto con la santidad de Dios, reveló su naturaleza verdadera como el Juez de toda la tierra (cp. Gn. 18:25; He. 9:27). R. C. H. Lenski observa:

El Cristo severo y santo, el Mesías poderoso e indignado, el Mensajero del pacto sobre quien está escrito que “purificará a los levitas y los refinará como se refinan el oro y la plata… [para que traigan] al Señor ofrendas conforme a la justicia”, no agrada a quienes solo quieren un Cristo suave y dulce. Pero aquí el registro de Juan… retrata el celo ardiente de Jesús, cuya llegada fue con tan repentina y tremenda eficacia que, ante este desconocido, sin mayor autoridad que su presencia y su palabra, esta multitud de mercaderes y cambistas, que se creían con todo el derecho de hacer negocios en el patio del templo, huyó desordenadamente como un montón de niños traviesos (The Interpretation of St. John’s Gospel [La interpretación del Evangelio de San Juan] [Reimpresión; Peabody: Hendrickson, 1998], p. 207).

Como David, el cual escribió el Salmo 69, el celo de Jesús por una adoración pura encontró expresión en su preocupación por la casa de Dios. Y también como David, el resultado fue que Jesús sufrió personalmente y sintió dolor cuando deshonraron a su Padre. La segunda mitad del Salmo 69:9 dice: “Sobre mí han recaído los insultos de tus detractores”. Los líderes judíos nunca olvidaron el asalto de Jesús al corazón de su empresa religiosa y centro de su poder religioso.

De hecho, las dos limpiezas físicas del templo, junto con sus frecuentes denuncias verbales a la hipocresía de ellos, fueron motivación más que suficiente para buscar tan vehementemente su crucifixión. No es de sorprender que sus seguidores fueran después acusados de amenazar el templo (Hch. 6:13-14; 21:28; 24:6).”

ERASMO SARCERIO

“Esta declaración del salmo 69:9 se agregó para defender a Cristo contra la acusación de haber actuado precipitadamente. Porque al expulsar a los compradores y vendedores del templo, Cristo no actuó precipitadamente. Más bien, por una palabra directa y con un celo notable, él, como Hijo de Dios y Rey de los israelitas, liberó la verdadera adoración de Dios de su abuso. . . . Este celo es de tipo deliberativo, comprendiendo también la oración de Cristo cuando estaba en gran necesidad frente a la cruz. . . . Este celo no era un estado mental carnal, y no era un estado mental de la naturaleza corrupta, sino un estado mental espiritual. . . . Dice, celo por su casa como expresión general de un celo multifacético. Como, por ejemplo, me consumía el celo por tu justicia. El celo de tus mandamientos me consumió. Me consumió, es decir, me obligó a liberar tu verdadero culto del abuso.”

WOLFGANG MUSCULUS

“El celo no es más que una especie de ardiente sentimiento de amor como el de un esposo por su esposa y de una esposa por su esposo. No puede soportar el desprecio o la injuria de lo que ama. Y este celo reina con más fuerza entre Dios y su pueblo, los santos. Es por eso que Dios se llama a sí mismo un Dios celoso, porque no puede soportar que otros dioses sean puestos delante de él o que su pueblo sea dañado. Quien toca a sus santos, toca la niña de sus ojos. El hecho de que el celo es un sentimiento ardiente de amor se refleja en el proverbio que repite Agustín: Quien no es celoso, no ama, y viceversa.”

ALBERT BARNES

“Aquí hay un ejemplo para ministros y para todos los cristianos. En Jesús, este fue el gran sentimiento dominante de su vida. En nosotros también debería estarlo. En esta manifestación de celo, comenzó y terminó su ministerio. En esto debemos comenzar y terminar nuestras vidas. También aprendemos que los ministros de religión deben aspirar a purificar la iglesia de Dios. Los hombres malvados, con conciencia herida, temblarán cuando vean el celo apropiado en los ministros de Jesucristo; y no hay combinación de hombres malvados, ni forma de depravación, que pueda pararse ante la predicación fiel, celosa y pura del evangelio. La predicación de cada ministro debe ser tal que los hombres inicuos sientan que deben convertirse en cristianos o dejar la casa de Dios, o pasar sus vidas allí en la conciencia de la culpa y el miedo al infierno.”

MATTHEW POOLE

“El celo no es más que una calidez de amor e ira. Es bueno ser celoso, sí, absorto en celo, por una buena causa; pero los hombres deben tener en cuenta el celo farisaico, no acorde con el conocimiento. Cristo fue celoso, pero la causa fue buena.”

CHARLES SIMEON

“Tendemos a pensar que no recibimos ningún beneficio de lo que leemos u oímos, a menos que produzca un efecto inmediato en nosotros: pero la palabra, como semilla, a menudo brota mucho después de haber sido sembrada. Dios a menudo nos lo trae a la mente por algún acontecimiento grande y singular: y luego vemos una belleza e importancia en él que nunca antes habíamos visto. Los mismos Apóstoles olvidaron muchas cosas que les había dicho nuestro Señor, hasta que el Espíritu Santo los recordó. A menudo habían oído leer los Salmos en sus sinagogas; pero probablemente nunca reflexionaron sobre el pasaje que tenemos ante nosotros, hasta que la conducta de nuestro Señor se lo sugirió a sus mentes y arrojó la verdadera luz sobre él.

Este acto suyo en el Templo no podía dejar de atraer la atención universal: Descubrimos aquí, Su santa indignación contra el pecado. Tal profanación del templo era ciertamente un pecado grave: ni su alma justa pudo contemplarlo sin el mayor aborrecimiento. Su ira estaba justamente excitada por la indignidad ofrecida a su Padre. Haberlo sentido menos, habría sido un crimen; y haberse abstenido de manifestarlo, una señal de cobardía.

De hecho, no estamos llamados a manifestar nuestro disgusto de la misma manera autoritaria; pero nunca debemos contemplar el pecado sino con dolor y pena; ni nuestra indignación puede ser nunca pecaminosa, siempre que se dirija contra el pecado como su objeto, y se sienta sólo en proporción a la malignidad de la ofensa cometida. Nunca podemos errar, si seguimos el ejemplo de esos santos eminentes (Nota: leer Salmo 119: 53; Sal. 119: 136; Sal 119: 158. Jer 9:1)

La santa alma de Cristo estaba inflamada con un celo incesante por el honor de Dios; Él tampoco permitió que una oportunidad de promover su gloria pasara sin mejorar. La ocasión que ahora tenemos ante nosotros provocó los esfuerzos más fuertes de su celo, y manifestó el cumplimiento completo de esta profecía en su persona.

También este versículo está repleto de instrucciones útiles para nosotros. Nos reprocha la vergonzosa falta de celo entre sus seguidores. Dios es grandemente deshonrado por los hombres de todas partes: su nombre es blasfemado, su palabra despreciada, su autoridad rechazada. ¿Le conviene a su pueblo contemplar estas cosas con indiferencia?

¿No deberían parecerse a Pablo cuando vio a los idólatras en Atenas Hechos 17:16?

¿No deberían imitar a Juan Mar. 6:18, y adoptar las palabras de Jeremías Jer 13:17?

¿No deberían ellos reprender el pecado en otros, así como también abstenerse de él Efesios 5:11?

¡Pero cuán miserablemente defectuosas son incluso las buenas personas en este particular! ¡Cuán a menudo el miedo o la vergüenza les impiden dar su testimonio de Dios! ¡Pobre de mí! ¡Qué triste contraste forma nuestra conducta con la de nuestro Señor! ¿No tenemos, pues, motivo para avergonzarnos y lamentarnos por nuestra negligencia?

Pero muchos, lejos de reprender el pecado en otros, se complacen en sí mismos: incluso en la misma casa de Dios albergan pensamientos mundanos y carnales; ni se preocupan en absoluto de que sus corazones sean purificados de afectos viles. Seguramente esto no puede dejar de ser muy ofensivo para el Dios que escudriña el corazón. Recordemos la solemne advertencia que nos hizo el Apóstol Pablo en 1Co 3:17.

Nuestro celo debe estar regulado por la palabra de Dios. Debe ser por una buena causa; y en apoyo de la verdad y la virtud [Rom 10:2.]: debe ser puro; y libre de intolerancia, ostentación o ira [2Re 10:16.]: debe ser discreto, no precipitarnos a una conducta indebida [Judas, ver. 22, 23.]: debe ser proporcionado, en una medida, a la ocasión que lo excita; y debe ser uniforme, oponiéndose al pecado tanto en nosotros como en los demás [Apocalipsis 3:19].

Un celo como este no se puede mantener con demasiada fuerza [Rom 12:11]. Un celo intemperante dañará la causa que intenta servir; pero lo que está debidamente templado con mansedumbre y sabiduría, producirá mucho bien [Gálatas 4:18]. Entonces, controlemos el celo impío que llamaría fuego del cielo [Lucas 9:54], y apreciemos lo que es manso, humilde, piadoso y benévolo [Santiago 3:17]. Así nos aprobaremos a nosotros mismos para ser el pueblo peculiar de Dios [Tito 2:14]; y, mientras agradamos a nuestro Dios, será una bendición para todos los que nos rodean.”

JOHN GILL

“Cristo no sólo expresó un celo por la casa de Dios, el lugar de culto religioso, sino por la iglesia y el pueblo de Dios, cuya salvación deseaba más fervientemente y perseguía con más celo: mostró su consideración fuerte y afectuosa hacia ella, por sus compromisos de fianza para ellos, por su asunción de su naturaleza, por su ardiente deseo de cumplirlo, y por su voluntaria y alegre sumisión a la muerte a causa de ello.”

GRANT OSBORNE

“El Salmo 69 es uno de los salmos más citados para apoyar la pasión de Jesús (ver 15:25; 19:28). El Salmo 69 narra la fe de David de que una razón para la oposición en contra de él fue su pasión y celo por Dios y su templo (69:7–9). En el salmo, “me consume” está en tiempo presente, mientras que aquí esté en futuro, señalando a Jesús como el Mesías Davídico a llegar.”

J.C RYLE

“[Se acordaron sus discípulos […]. Estas palabras ciertamente parecen significar que los discípulos de nuestro Señor “recordaron” el texto que aquí se cita en el mismo momento en que nuestro Señor estaba echando a los compradores y vendedores. Vino a su mente como un gran ejemplo del espíritu que estaba mostrando su divino Maestro. Estaba completamente absorto en aquel momento de celo por la pureza de la casa de Dios. Es una entre muchas pruebas de la familiaridad de los pobres e indoctos judíos con las Escrituras del Antiguo Testamento. Se pueden plantear dudas razonables en cuanto a si, no obstante, los discípulos recordaban el Salmo del cual recordaban este versículo como referente al Mesías.

[El celo de tu casa me consume]. El Salmo 69, del que tomamos este texto, se cita nada menos que siete veces en el Nuevo Testamento como expresión del Mesías. En los primeros veintiún versículos del Salmo, los sufrimientos del Mesías son relatados por Él mismo. El versículo 5 es sin duda muy importante como procedente de labios del Mesías cuando habla de “mi insensatez” y “mis pecados”.

Ainsworth dice que significa “falsa imputación de pecados”: “Tú conoces si hay alguna cosa de aquellas de las que me acusan mis enemigos”. Bonar dice algo muy parecido.

El texto que tenemos delante muestra que en ocasiones es justificable estar completamente absorto y consumido, por así decirlo, por el celo por algún objeto en el que está implicada la gloria de Dios. Moisés, Finees y Pablo en Atenas son ejemplos de semejante celo (cf. Éxodo 32:19; Números 25:11; Hechos 17:16).

Agustín comenta en cuanto a este texto: “Que el celo de la casa de Dios te consuma siempre. Por ejemplo, ¿ves a un hermano precipitarse al teatro? Detenlo, adviértele, llora por él si el celo de la casa de Dios te consume. ¿Ves a otros que se precipitan a la bebida y anhelan emborracharse? Detén a quien puedas, frena a quien puedas, alarma a quien puedas; a quien puedas, gánalo con gentileza: No te quedes sentado y callado sin hacer nada.”

JON PAULIEN

 “En Juan 2:17 se cita el Salmo 69: “El celo de tu casa me consume”. A primera vista, la referencia es un poco opaca, pero al mirarla más detenidamente vemos más luz. El salmista es un extraño para sus propios hermanos (Sal. 69:8; compare con Juan 2:12). Enfrenta los insultos de los que no comparten su celo por el templo (Sal. 69:9, 11, 12; compare con Juan 2:17, 18, 20). Es así que Salmos 69 y Juan 2:13-22 contiene múltiples paralelismos uno con otro, pero sólo se cita directamente una frase.

La cita de 2:17 ilustra un principio general de la forma en que los escritores del Nuevo Testamento citan al Antiguo Testamento. C. H. Dodd, un notable erudito del Nuevo Testamento, fue el primero en notar que los escritores del Nuevo Testamento citan breves porciones del Antiguo Testamento no como textos prueba en sí mismos, sino para señalar el contexto más amplio en el que se encuentran (Dodd). En otras palabras, cuando un escritor del Nuevo Testamento cita el Antiguo Testamento, es sabio considerar siempre si el contexto mayor de la cita del Antiguo Testamento arroja luz sobre el papel que juega la cita en su contexto del Nuevo Testamento.

La experiencia de Jesús, por lo tanto, es paralela a la experiencia del salmista David. Ambos manifestaron celo por el templo a pesar de gran oposición, de su propia familia así como también del público en general. La experiencia de Jesús como “hijo de David” se entiende en Juan como cumpliendo la experiencia del rey David en su anhelo de instituir el culto apropiado a Dios en la antigua Jerusalén. La causa de la muerte de Jesús sería su celo por el culto apropiado a Dios.”

LEON MORRIS

“No debemos pasar por alto que este relato encaja perfectamente con el objetivo que Juan se ha planteado: demostrar que Jesús es el Mesías.

La cita del pasaje veterotestamentario también es importante por otra razón: concuerda con otra costumbre del evangelista. Aunque Juan cita el Antiguo Testamento menos que los otros evangelistas, aún se le puede aplicar la afirmación de Richard Morgan: «el Antiguo Testamento está presente en todos los momentos cruciales del Evangelio». Uno de los grandes temas de Juan es éste: que Dios está obrando en Jesús para llevar a cabo sus propósitos. Todos los momentos importantes en la vida de Jesús son el cumplimiento de alguna parte de las Escrituras, en las que se explican cuáles son esos propósitos.”

FRANCIS MOLONEY

“Hay un importante cambio en el tiempo del verbo que encontramos en el salmo. El texto griego del Sal 68 (LXX) (Salmo 69 en la RV60) explica el sufrimiento y abuso de la persona dedicada a la oración en el templo utilizando el aoristo «El celo por tu casa me ha consumido (kataphagetai)» Los discípulos citan el salmo con el verbo en futuro «El celo por tu casa me devorara (katephagen)» En esta fase del relato solamente pueden sospechar que estas acciones realizadas por Jesús acabarán finalmente en un combate a vida o muerte.”

NACAR – COLUNGA

Los discípulos se acordaron de este pasaje de la Escritura; pero ¿cuándo? ¿Fue allí mismo o después de la resurrección? Probablemente después de la resurrección, al pensar en los hechos de su vida. Antes su mentalidad no se acusa preparada para esto. En cambio, es lo que les pasó a propósito semejante, en otras ocasiones, después de la resurrección (Jn 2:22; 20:9; Lc 24:45). Fue después de la resurrección de Cristo, al meditar las enseñanzas y en su vida, cuando recordaron estas palabras de un salmo mesiánico y cuando vieron la relación mesiánica que había en aquella escena de Cristo, lleno de celo por la obra mesiánica, y lo que se decía del celo del Mesías en este salmo. Ya había sido la gran iluminación de Pentecostés.”

SAMUEL P. MILLOS

“Jesús que se había presentado antes glorioso por Su omnipotencia, se manifiesta ahora como apasionado por la causa de Dios que le consume, esto es, representa lo más importante en Su vida. En esa acción comienzan a vislumbrar un camino de compromiso que condicionará Su servicio hasta la muerte y muerte de Cruz. Es el Perfecto, que a lo largo de Su vida va a testificar a los hombres sobre el compromiso de tributar la gloria y honor a Dios.

El hecho de que el verbo esté en futuro ya conlleva la extensión a toda la vida de Jesús. Aquel celo por la casa de Dios que le condujo a la limpieza del templo, le consumirá totalmente en la Cruz, no tanto por la casa de Dios, material, sino por la nueva casa de Dios, tanto en relación con la familia como con el santuario espiritual que es la Iglesia.”

SAN AGUSTIN

“Que el celo de la casa de Dios te consuma siempre. Por ejemplo, ¿ves a un hermano precipitarse al teatro? Detenlo, adviértele, llora por él si el celo de la casa de Dios te consume. ¿Ves a otros que se precipitan a la bebida y anhelan emborracharse? Detén a quien puedas, frena a quien puedas, alarma a quien puedas; a quien puedas, gánalo con gentileza: No te quedes sentado y callado sin hacer nada.

Más, si eres frío e indolente, no miras más que a ti mismo y con esto estás contento, y llegas hasta hablar así en tu corazón: ¿Qué tengo yo que ver con los pecados ajenos? Tengo bastante con mi alma, y ojalá que la conserves incólume para Dios, ¡vamos!, te digo yo, ¿no se te viene a la mente el siervo aquel que escondía el talento y que no quiso negociar con él? ¿Se le condenó acaso por haberlo perdido y no por haberlo guardado sin fructificar?

Entendedlo, pues, hermanos míos, de tal forma que no os deje descansar. Os voy a dar un consejo, mejor dicho, que os lo dé el que está dentro, porque, aunque os lo dé por mí, El es el que lo da. Sabéis lo que cada uno de vosotros tiene que hacer en su casa con el amigo, con el inquilino, con su cliente, con el mayor y con el menor. Pues bien, en la medida que os da Dios acceso, en la medida que os abre la puerta con su palabra, en esa medida no os deis momento de reposo por ganarlos para Cristo, ya que vosotros habéis sido ganados por Cristo.”

WILLIAM HENDRIKSEN

“El Salmo 69, es uno de los seis salmos más citados en el Nuevo Testamento (los otros son: Sal. 2, 22, 89, 110, y 118). Otros varios pasajes de este salmo (que es el Sal. 68 en la LXX) se dejan oír en Mt. 27:34, 48; Mr. 15:36; Lc. 23:36; Jn. 15:25; 19:28; Ro. 11:9, 10; 15:3; He. 11:26; Ap. 3:5; 13:8; 16:1; 17:8; 20:12, 15; y 21:27. Algunas de estas son citas literales, y otras son alusiones o referencias más o menos directas. El mismo Jesús cita el Salmo 69:4, “Sin causa me aborrecieron” en 15:25, y lo refiere a su propia experiencia. La palabra de la cruz “Sed tengo” (19:28) fue pronunciada en cumplimiento del Sal. 69:21.

De todo esto se deduce que el Salmo 69 es mesiánico. Es incluso posible que los discípulos ya lo consideraran así en aquel entonces, pero esto no se puede demostrar. Aquellos hombres, al contemplar cómo Jesús purificaba el templo, recordaron el Sal. 69:9. Téngase, sin embargo, en cuenta que temiendo que en algún modo pudiera sucederle a Jesús lo que una vez le ocurrió a David, cuando sufrió el desprecio como resultado de su ardiente celo por la causa de Jehová, los discípulos cambiaron el tiempo de pasado (LXX κατέφαγεν) a futuro (καταφάγεται).”

JAMES SMITH

Cómo es tratado Cristo en un templo contaminado. «El celo de tu casa me devora.» Estaban tan celosos ellos acerca de las cosas de la Casa que el mismo Señor de la casa era para ellos como Uno que hubiera sido devorado y echado de la vista. No tenía lugar en absoluto en todos sus pensamientos, ni nada que decir en nada de lo que hicieran. Le trataron como si Él no tuviera nada suyo ni en ellos ni en los asuntos de la Casa.

Éste es el lugar que el Redentor Todopoderoso recibe en las vidas de aquellos que, por amor a la ganancia y al honor entre los hombres, han dejado que el amor del mundo comiera su imagen cristiana, o de aquellos que son tan celosos por las cosas de la religión que no tienen ni tiempo ni deseo de una verdadera comunión con el mismo Cristo. Tienen una apariencia de piedad, pero niegan a Aquel que es el poder de la misma. Ah, vosotros los zelotes por las formas externas de la Iglesia, ¿qué estáis haciendo con Cristo?.”

MATTHEW HENRY

“Es de notar que Juan pasa a futuro, en el original («consumirá»), el «consumió» del salmo en la versión de los LXX que corresponde fielmente al perfecto del hebreo original. La razón de este cambio la encontramos en que, en el Sal_69:9, David se querella ante Jehová de lo que sus enemigos han hecho ya contra él a causa del celo que sentía por la casa de Dios, mientras que Juan predice lo que le acontecerá a Jesús por su celo en purificar el templo. Recordemos que las palabras del versículo Jua_2:19 fueron tergiversadas por los falsos testigos que declararon ante el tribunal de Caifás durante la Pasión del Señor.

¿Cuándo «se acordaron» los discípulos que estaba escrito de Jesús lo del Sal_69:9? Por lo que vemos en el versículo Jua_2:22 parece claro que esto lo recordaron «cuando resucitó de entre los muertos»; es decir, tras el descenso visible del Espíritu en Pentecostés, puesto que el Espíritu había de venir a enseñarles y recordarles todo lo que Jesús les había dicho (Jua_14:26). Téngase en cuenta que el «entonces» de nuestras biblias, al comienzo del versículo Jua_2:17, no se halla en el original.

Jesús nos da aquí un ejemplo del celo que habríamos de tener por las cosas de Dios (comp. con Tit_2:14). Este celo habría de hacer que nos olvidásemos de nuestro prestigio, interés, comodidad, etc., siempre que todas esas cosas entran en competición con el servicio del Señor. La ira de Jesús fue una ira santa, como todos sus actos. No olvidemos que, por poseer una naturaleza humana sin pecado, el corazón de Jesús, como un vaso de agua limpia, sin posos, no podía ser enturbiado por una pasión malsana; sus pasiones estaban siempre sujetas a su mente y a su libre albedrío, como fuerzas que obedecen a una orden superior.

Dice el proverbio que «las pasiones son buenos auxiliares, pero malas consejeras». Pero Jesús estaba siempre bien aconsejado por el Espíritu (v. Jua_3:34) y, por eso, sus pasiones se movían al impulso de motivaciones santas. Concretamente, en este caso, le movía «el celo por la casa de Dios». La ira de Jesús no se debía al hecho de las transacciones, sino al modo de hacerlas (explotando a otros) y, sobre todo, al lugar: en la casa de Dios.”

MARTIN LUTERO

“Este ejemplo debe estimularnos a oír, creer y aceptar gozosamente la Palabra de Dios, recibir la absolución y hacer uso del sacramento de la Cena. Teniendo en cuenta la devoción de los judíos de la época, no sorprende que los discípulos recordaran las palabras del salmo citado por haberlo oído en sus escuelas de Galilea. Pero lo verdaderamente sorprendente fue su aplicación a las palabras de Cristo, como si hubieran sido pensadas para el hecho de la expulsión de los mercaderes del templo.

Las palabras «el celo me devora» pueden parecer extrañas, pero los discípulos entendían el hebreo ya que también estaban familiarizados con los profetas. Por ello, no les fue posible condenar el acto de Cristo y aunque se preguntaron: «¿Por qué ha azotado a los judíos y ha organizado semejante alboroto?», le excusaron. Es como si quisieran decir: «Hemos de admitir que el hecho de llevar las cosas hasta tal extremo es un tanto exagerado, pero después de todo ¿qué otra alternativa tenía? Quien ama a Dios y a su casa no puede consentir ni tolerar semejante conducta y por fuerza le arrastra el apasionado celo que cita el salmo».

Así, relacionan estas palabras —aplicadas en general a todos los verdaderos predicadores y maestros que trabajan directamente con la Palabra de Dios entre el pueblo y se hallan imbuidos del mismo celo— con este acto de Cristo ya que Este se conduce como alguien que ama a Dios y a su Iglesia. Alguien así sin duda ha de mostrar este celo aun a riesgo de que alguien se ofenda y aunque algunos cristianos puedan considerar la acción inmoderada; está escrito que todos los cristianos deben mostrar dicho celo.

De ahí la reacción de los discípulos al citar el salmo. Con las Escrituras suele ocurrir —e imagino que podemos copiarlo dado que con ello no se viola ningún artículo de la fe— que un pasaje de significado genérico, adopte una aplicación específica, individual y personal. Tomemos a Moisés por ejemplo que declara: «Maldito por Dios es el colgado» (Deu_21:23). Aunque Cristo no pronunció estas palabras, san Pablo en Gal_3:13 las aplica a El específicamente. Y aunque Cristo no murió como un criminal maldecido, también se le pueden aplicar porque se sometió a cargar con nuestros pecados. Y en Isa_53:12 leemos: «Contado entre los transgresores» aunque la transgresión no se puede aplicar a su persona inocente. Era santo y justo e hizo justos a los demás.

Es cierto que su condena fue igual a la de los ladrones que tenía a derecha e izquierda y las cruces de los tres eran iguales, pero las personas no. Por tanto, debemos interpretar estas palabras de Moisés a la luz de lo que realmente ocurrió y decir que Cristo se tornó una maldición ante Dios y como tal fue crucificado lo mismo que un malhechor. Las palabras de Moisés son genéricas, habla de todos los colgados. Porque cuando la ley decreta «Maldito por Dios es el colgado», puede ocurrir que cuelguen por equivocación a un buen hombre temeroso de Dios, en cuyo caso ¿habría que maldecirle? Durante la revuelta, es indudable que muchos inocentes sufrieron junto con los culpables, pero la maldición, como la muerte, afecta por igual a inocentes y culpables.”

W. PARTAIN – B. REEVES

“Los discípulos de Jesús eran estudiantes serios de las Escrituras. Este texto (Sal_69:9) estaba bien grabado en su memoria, y vieron su cumplimiento en esta acción de Jesús. "Se acordaron" porque habían estudiado las Escrituras cada sábado en la sinagoga. Si los que asistan a los servicios y clases bíblicas de la iglesia ponen atención, podrán acordarse de importantes textos en el momento oportuno (p. ej., como lo hizo Jesús, Mat_4:1-11).”

WILLIAM BARCLAY

“El que este versículo les viniera a la memoria era señal de que se estaban dando cuenta cada vez más de que Jesús era el Mesías. Ese gesto no le correspondía a nadie más que al Mesías, y ellos ya habían llegado a la convicción de que Jesús era de hecho el Ungido de Dios.”

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