viernes, 14 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 1


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3 VERSICULO 1

RV1960

NVI1999

BTX4

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Había entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo.

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un magistrado de los judíos.

TR+

INA27+

VUL

ηνG1510 V-IAI-3S δεG1161 CONJ ανθρωποςG444 N-NSM εκG1537 PREP τωνG3588 T-GPM φαρισαιωνG5330 N-GPM νικοδημοςG3530 N-NSM ονομαG3686 N-NSN αυτωG846 P-DSM αρχωνG758 N-NSM τωνG3588 T-GPM ιουδαιωνG2453 A-GPM 

ην G1510:V-IAI-3S Estaba siendo δε G1161:CONJ pero ανθρωπος G444:N-NSM hombre εκ G1537:PREP procedente de των G3588:T-GPM los φαρισαιων G5330:N-GPM fariseos νικοδημος G3530:N-NSM Nicodemo ονομα G3686:N-NSN nombre αυτω G846:P-DSM a él αρχων G758:N-NSM gobernante των G3588:T-GPM de los ιουδαιων G2453:A-GPM judíos

erat autem homo ex Pharisaeis Nicodemus nomine princeps Iudaeorum

KJV

There was a man of the Pharisees, named Nicodemus, a ruler of the Jews:

TCB

Jua_3:10; Jua_7:47-49.

 

COMENTARIOS:

CHARLES SPURGEON

“Cuando los creyentes logran que los pecadores hablen de la benevolencia y magnanimidad del Señor, es de mucha bendición; lo mismo que es también de gran bendición cuando los numerosos nicodemos que hay en el mundo, temerosos de Dios pero ocultos y camuflados, escuchan acerca de lo que el Señor ha hecho por su iglesia y resuelven salir de su cautiverio juntándose con el pueblo del Señor. ¡Ah, querido lector! Jehová ha hecho ciertamente cosas maravillosas a favor de sus elegidos; y estas “grandes cosas” serán tema de alabanza eterna por parte de todas las criaturas inteligentes.”

SAN BERNARDO DE CLARAVAL

“(Dios mío) Guíame por tu camino y seré santo. Pero si no se interpone tu sangre en mi favor, no me salvaré. Por todo esto corremos en pos de ti: perdónanos, porque clamamos detrás de ti.

Pero no todos corremos igualmente al olor de todos los aromas. Unos arden en deseos de sabiduría. Otros se animan más a la penitencia con la esperanza del perdón. Otros se sienten más bien invitados al ejercicio de las virtudes, por el ejemplo de su forma de vida. Otros se abrasan en la piedad por el recuerdo de la pasión.

¿Podríamos hallar ejemplos de cada una de estas posibilidades? Corrían al olor de la sabiduría los enviados por los fariseos, cuando decían al regresar: Nadie ha hablado nunca como este hombre, admirados de su doctrina y confesando su sabiduría. Corría tras el mismo aroma Nicodemo que, acercándose a Jesús de noche, volvió envuelto por el resplandor de su sabiduría, plenamente adoctrinado.”

WARREN WIERSBE

“Ya hemos notado la relación entre Juan 2:23-25 y 3:1 (ver coment. Del mismo autor en Juan 2:25). Nicodemo fue originalmente atraído a Jesús por los milagros que hizo. Quería saber más de Jesús y de las doctrinas que enseñaba. Nicodemo era el maestro de los judíos (Juan 3:10, traducción literal) por eso tenía gran respeto por el Maestro de Galilea.

Nicodemo era un fariseo, lo que quiere decir que vivía según las reglas religiosas más estrictas posibles. No todos los fariseos eran hipócritas (como se podría inferir de los comentarios de Jesús anotados en Mateo 23), y la evidencia indica que Nicodemo era profundamente sincero en su búsqueda de la verdad. Vino a Jesús de noche, no porque tuviera miedo de que lo vieran, sino más probablemente porque quería tener tiempo para conversar sin interrupciones con el nuevo Maestro "venido de Dios".

El hecho de que Nicodemo usa el pronombre plural nosotros, y Jesús responde con el plural vosotros o ustedes (Juan 3:7) puede indicar que Nicodemo representaba a los dirigentes religiosos. Era un hombre de elevado carácter moral, profundo hombre religioso y sin embargo con profunda ceguera religiosa.”

SAN JUAN CRISOSTOMO

“Más adelante vemos cómo ese hombre defiende a Jesús diciendo: Nuestra ley no juzga a nadie sin haberlo escuchado antes. Y se encontró con que los judíos se levantaron contra él diciendo: Investiga y verás que de Galilea no sale ningún profeta. (Jn.7:51-52) Tras la crucifixión, fue él quien más se preocupó por dar sepultura al cuerpo del Señor.”

GARY BURGE

“El nombre de «Nicodemo» está atestiguado entre los judíos de aquel tiempo, si bien es griego. Existen pruebas, por ejemplo, de la existencia de un dirigente judío llamado Nicodemo (Naqdimon ben Gorion) que sobrevivió a la guerra del año 70 d.C.; algunos han adoptado la posición, poco probable, de que se trata del mismo Nicodemo. El principal problema es que tal identificación convertiría al personaje de Juan 3 en un hombre muy joven, mientras que el pasaje indica que se trata de un miembro del Sanedrín y de un distinguido maestro.

Sabemos que Nicodemo era fariseo y miembro del Sanedrín («el concilio gobernante judío»). Puesto que los fariseos tenían una participación limitada en las operaciones del templo, es probable que a Nicodemo no le hubiera incomodado (puede que hasta le hubiera divertido) que Jesús pusiera patas arriba los mercados situados en los patios del templo. Aun así, si era un hombre sensato, habría visto posiblemente esta acción de Jesús como explosiva y peligrosa desde un punto de vista político. Sabemos también que era un rabino (3:1, 10), sin duda, un maestro que gozaba de cierto prestigio. En 3:10, Jesús se refiere a él como (lit.) «El maestro [no un maestro] de Israel». Este hecho alude, cuando menos, a su distinguida reputación en Jerusalén.”

DAVID GUZIK

“Nicodemo fue uno de los que se impresionaron con las señales de Jesús (Juan 2:23), y era un miembro del sanedrín gobernante. Era religioso (de los fariseos), educado (Nicodemo es un nombre griego), influyente (un principal), y lo suficientemente serio como para venir de noche. Nicodemo se acercó a Jesús como un representante de todos los hombres (Juan 2:23-25), y en cierto sentido representaba lo más alto y lo mejor del hombre.”

COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO

“En la conversación entre Jesús y Nicodemo, Juan enfatiza la verdad central en el evangelio de que esta vida eterna, o entrada en el reino de Dios, se alcanza, no por cumplir con reglas y ritos religiosos, sino por una relación personal con Jesús. El conocimiento sobrenatural que Jesús tenía del corazón del hombre y la indisposición de él de confiar en los discípulos superficiales (ver 2:23–25) se manifiestan en su trato con Nicodemo.

Al iniciar esta sección con el uso poco común de la expresión un hombre (antropos G444), Juan vincula lo que sigue con el conocimiento del hombre de parte de Jesús en 2:25. Los fariseos constituían el más influyente de los tres principales partidos religiosos (fariseos, saduceos y esenios) durante la vida de Jesús. El término “fariseo” significa “separado” o “separatista”, posiblemente porque se dedicaban a distinguir en forma meticulosa entre lo santo y lo inmundo, basados en su interpretación de la ley de Moisés y, por esto, estaban identificados con los escribas. Eran tremendamente legalistas y nacionalistas, siendo muy reacios a los saduceos, quienes eran más políticos y dispuestos a formar alianzas con Roma.

Los fariseos no estaban tan identificados con el templo como lo estaban los saduceos y, por lo tanto, no estarían tan ofendidos por la limpieza realizada por Jesús. Inclusive, quizá estaban contentos por el conflicto que éstos tuvieron con Jesús en el cual quedaron mal parados.

Nicodemo posiblemente era uno de los muchos que habían presenciado las señales de Jesús y que quedaron impresionados. Este personaje se menciona sólo en Juan. Algunos especulan que sería uno de los mencionados con ese nombre en escritos extrabíblicos después de la destrucción de Jerusalén.

Algunas cualidades del carácter de este hombre son: amante de la verdad, sincero, sensible a los valores espirituales, tímido y temeroso de los hombres. Su nombre es una palabra griega compuesta que significa “vencedor del pueblo”. Una evidencia de la fuerte influencia griega en el primer siglo es que muchos judíos tomaron nombres griegos.”

JUAN CALVINO

Ahora bien, había un hombre de los fariseos. En la persona de Nicodemo, el evangelista nos muestra ahora cuán vana y fugaz fue la fe de aquellos que, habiendo sido excitados por los milagros, de repente profesaron ser los discípulos de Cristo. Ya que este hombre era del orden de los fariseos y tenía el rango de gobernante en su nación, debió haber sido mucho más excelente que los demás. La gente común, en su mayor parte, es liviana e inestable; pero ¿quién no hubiera pensado que el que tenía conocimientos y experiencia era también un hombre sabio y prudente? Sin embargo, a partir de la respuesta de Cristo, es evidente que nada estaba más lejos de su diseño al venir que el deseo de aprender los primeros principios de la religión.

Si el que gobernaba entre los hombres es menos que un niño, ¿qué debemos pensar de la multitud en general? Ahora bien, aunque el propósito del evangelista era exhibir, como en un espejo, cuán pocos había en Jerusalén que estuvieran debidamente dispuestos a recibir el Evangelio, sin embargo, por otras razones, esta narración es de gran utilidad para nosotros; y especialmente porque nos instruye acerca de la naturaleza depravada de la humanidad, cuál es la debida entrada a la escuela de Cristo y cuál debe ser el comienzo de nuestro entrenamiento para progresar en la doctrina celestial. Porque el resumen del discurso de Cristo es que, para que podamos ser sus verdaderos discípulos, debemos convertirnos en hombres nuevos. Pero, antes de seguir adelante, debemos averiguar, por las circunstancias aquí detalladas por el evangelista, cuáles fueron los obstáculos que impidieron que Nicodemo se entregara sin reservas a Cristo.

De los fariseos. Esta designación fue, sin duda, considerada por sus compatriotas como honorable para Nicodemo; pero no es por honra que le ha sido otorgada por el evangelista, quien, por el contrario, nos llama la atención sobre ella como si le hubiera impedido venir libre y alegremente a Cristo. De ahí que se nos recuerde que aquellos que ocupan una posición elevada en el mundo están, en su mayor parte, enredados por trampas muy peligrosas; es más, vemos a muchos de ellos atados tan firmemente, que ni el más mínimo deseo u oración surge de ellos hacia el cielo durante toda su vida.

Por qué se les llamaba fariseos lo hemos explicado en otro lugar; porque se jactaban de ser los únicos expositores de la Ley, como si estuvieran en posesión de la médula y el significado oculto de la Escritura; y por esa razón se llamaron a sí mismos (Perushim) Aunque los esenios llevaban una vida más austera, lo que les valió una gran reputación de santidad; sin embargo, debido a que, al igual que los ermitaños, abandonaron la vida ordinaria y las costumbres de los hombres, la secta de los fariseos fue por eso considerada en mayor estima. Además, el evangelista menciona no solo que Nicodemo era del orden de los fariseos, sino que era uno de los gobernantes de su nación.”

WOLFGANG MUSCULUS

“El evangelista relata el nombre de Nicodemo para dar crédito a la historia porque el hombre era famoso entre los judíos. También relata su nombre porque lo mencionará en la historia del entierro de Cristo al final del libro. Y además, es apropiado que los nombres de los piadosos, que contribuyeron algo para dar a conocer la gloria de Dios, darse a conocer a la iglesia de los elegidos y que sus nombres sean recordados para siempre. Y por esta razón generalmente guardamos silencio sobre los nombres de los malvados.

Los fariseos que fueron enviados a Juan eran sin duda figuras importantes, pero no se mencionan por su nombre. Por lo tanto, en la historia del rico y el mendigo, se nos da el nombre del hombre piadoso, el mendigo llamado Lázaro, pero no se menciona el nombre del rico. ¿Por qué? Porque era malvado e indigno de que su nombre pasara a la posteridad futura.”

JOHANNES BRENZ

“Entre los muchos que estaban dando la bienvenida a la enseñanza de Cristo como algo sagrado, había uno llamado Nicodemo, un líder judío que era un hombre recto, prudente y culto. Encontró a Cristo por la noche en algún hogar privado, lejos de los espectadores, para discutir con él la verdadera manera de ser hecho justo. Lo conoció de esta manera secreta, no por maldad o malicia, sino por temor a los judíos que lo expulsarían de la sinagoga si se hubiera encontrado abiertamente con Jesús para una conversación amistosa.

La disputa de Nicodemo con Cristo es muy moderada y discreta. Las disputas de Jesús con otros judíos fueron insidiosas, como la disputa sobre los impuestos al César y el certificado de divorcio, o son odiosas y maliciosas, como la disputa sobre la resurrección y la del mayor mandamiento de la ley. O son infieles e insolentes cuando pedían una señal. Pero la disputa de Nicodemo es cortés y sincera.

No se encontró con Cristo para presentar un argumento obstinado, o para probarlo maliciosamente o para atraparlo astutamente en sus palabras, sino para aprender cuál es la verdadera manera de ser justificado.”

ALBERT BARNES

“Se recordará que el propósito de Juan al escribir este evangelio era mostrar que Jesús era el Mesías. Para hacer esto, aquí aduce el testimonio de uno de los gobernantes de los judíos, quien pronto se convenció de ello y mantuvo la fe en él hasta la muerte de Jesús.”

J.C RYLE

“[Había un hombre, etc.]. Fijémonos detenidamente en la íntima relación entre la conversación de Cristo con Nicodemo y el final del capítulo anterior. De hecho, el original griego contiene una conjunción que los traductores han omitido en nuestra versión. El capítulo debiera comenzar así con “y había un hombre” o “ahora bien, había un hombre”. La conversación se produjo “estando en Jerusalén” nuestro Señor durante la Pascua. Nicodemo fue uno de los que “[vieron] las señales que hacía” y quedó tan impactado por lo que vio que buscó a nuestro Señor a fin de conversar con Él.

[De los fariseos]. No debemos pasar por alto el extraordinariamente variado carácter de los que llegaron a creer en Cristo durante su estancia en la Tierra. Sus discípulos no procedían exclusivamente de una sola clase. Por regla general, nadie se oponía a Él y sus doctrinas tan enconadamente como los fariseos. Sin embargo, vemos que no hay nada imposible para la gracia.

¡Hasta un fariseo le buscó y acabó convirtiéndose en su discípulo! Nicodemo y S. Pablo son demostraciones palpables de que ningún corazón es demasiado duro para convertirse. El tercer capítulo nos muestra a Jesús enseñando a un fariseo orgulloso y moralista. El cuarto nos lo mostrará enseñando a una samaritana ignorante e inmoral. Nadie es demasiado malo como para que Cristo le enseñe.”

COMENTARIO BIBLICO BEACON

“Uno de los contratiempos ocasionales de la división en capítulos de la Biblia es la interrupción del pensamiento donde no tendría que haber una. El principio del capítulo tres es un excelente ejemplo de tal cosa. Juan escribió acerca de Jesús que “él sabía lo que había en el hombre” (Jua_2:25). Pero Juan siguió adelante sin interrumpir la línea de su discurso o pensamiento. Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo (Jua_3:1). Es como si Juan hubiera dicho, “Jesús tenía perfecto conocimiento de la más profunda necesidad del hombre: permítanme citarles unos pocos ejemplos, comenzando con un hombre, el fariseo Nicodemo”. De modo que Nicodemo llega a ser el “Modelo A” para ilustrar lo que Jesús sabía acerca del hombre.

La palabra hombre, tanto en Jua_2:25 como en Jua_3:1, corresponde al griego anthropos, que se refiere básicamente al hombre como especie. Es un término genérico. De modo que lo que dice aquí acerca de Nicodemo, como individuo, implica a todos los hombres. Este es uno de tantos universalismos en el Evangelio de Juan. No se trata sólo de que la salvación es para “todo aquel” (Jua_3:16) sino que también es verdad que todos los hombres necesitan el nacimiento de arriba (cf. Rom_3:23).

No es accidental la descripción que con tanto cuidado se ha hecho de la posición de Nicodemo en la vida religiosa judía. El era un hombre de los fariseos un principal entre los judíos. Si de algún hombre del antiguo orden se hubiera esperado que conociera la voluntad de Dios, sus planes y propósitos para el hombre, debería haber sido Nicodemo—profundamente empapado en la tradición monoteísta, con las enseñanzas de la ley, la historia de Israel y las proclamas de los profetas. Pero en alguna parte, de algún modo, él había errado el camino y en igual medida esto simboliza lo que había sucedido con el judaísmo. Así, una vez más, Juan presenta un vívido contraste entre el antiguo orden con todas sus insuficiencias, sus ideas equivocadas y deslices, y el nuevo orden que asegura abundancia de vida, que tiene como su manantial al Dios vivo y verdadero.”

¿QUIENES ERAN LOS FARISEOS? (W. PARTAIN Y W. BARCLAY)

 

“De todas las sectas de los judíos, esta era la más estricta (Hch_26:5). Eran muy celosos de la ley de Moisés y, basándose en ella, habían formulado un número infinito de reglamentos para gobernar toda actividad de la vida de la gente. Jesús denunció aquellos reglamentos como "tradiciones de los hombres" (Mat_15:3; Mat_15:8-9). Para ellos las tradiciones eran ley, porque decían lo mismo de ellas que los católicos dicen de las suyas, es decir, que fueron entregados oralmente por hombres de Dios, y que a través de los siglos se han conservado. Desde luego, después de algún tiempo, las tradiciones orales llegan a ser tradiciones escritas. Jesús dijo que los fariseos eran hipócritas porque "atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas" (Mat_23:4).

 

                Los fariseos no se preocupaban por los pecados internos, sino solamente por los externos. También la purificación era externa (Mat_23:25-26). Jesús les dijo que aunque oraban, ofrendaban y ayunaban, lo hacían para ser vistos de los hombres (Mat_6:1-18).

                El Talmud es la "Biblia" de los judíos, porque contiene sus comentarios sobre la ley de Moisés, y de allí sus tradiciones que eran tan importantes para ellos. Según el Talmud había siete clases de fariseos: (1) el fariseo hombro, que llevaba sus buenos hechos sobre el hombro, que obedecía los preceptos de la ley, pero no con sinceridad, sino por conveniencia; (2) el fariseo esperar-un-poco, quien pedía más tiempo para cumplir con sus obras meritorias; (3) el fariseo sangriento, que para no mirar a una mujer para codiciarla cerraba sus ojos y, por eso, tropezaba y se golpeaba contra la pared; (4) el fariseo pintado, quien anunciaba su piedad, para que nadie le tocara y que, por eso, quedara contaminado; (5) el fariseo calculador quien siempre preguntaba, "¿qué deber puedo hacer para deshacer cierto pecado que he cometido?"; (6) el fariseo temeroso cuya relación con Dios era la de temor temblante; (7) el fariseo de amor, el único que era sincero (que no estaba fingiendo la piedad).

 

                Muchos fariseos eran muy orgullosos, 7:49.

 

                Sus leyes tradicionales eran muy arbitrarias: por ejemplo, según ellos, no era pecado montar asno el día sábado, pero si llevaba azote, era pecado, porque de esa manera ponía carga sobre la bestia.

 

                Hacían distinción entre el extender su mano fuera de la puerta para ayudar al mendigante o que el mendigante extendiera su mano hacia adentro de la casa para recibir limosna.” (W. PARTAIN Y B. REEVES)

 

“En muchos sentidos los fariseos eran las mejores personas de todo el país. Nunca fueron más de seis mil; formaban lo que se llamaba una jaburá o hermandad. Se ingresaba en esa hermandad comprometiéndose delante de tres testigos a consagrar su vida al cumplimiento de todos los detalles de la ley  tradicional.

 

¿Qué quería decir eso? Para los judíos, la Ley era la cosa más sagrada del mundo. La Ley eran los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Creían que era la perfecta Palabra de Dios. El añadirle o sustraerle una sola palabra era pecado mortal. Ahora bien: si la Ley era la Palabra completa y perfecta de Dios, eso quería decir que contenía todo lo que una persona necesitaba saber para vivir una vida buena, si no explícitamente, por lo menos implícitamente. Si no todo sé encontraba en ella con todas las letras, tenía que ser posible deducirlo. La Ley tal como se encontraba consistía en un conjunto de grandes principios, amplios y nobles, que cada uno tenía que aplicar a su vida. Pero para los judíos posteriores eso no era suficiente. Decían: "La Ley es completa; contiene todo lo necesario para vivir una vida buena; por tanto, en la Ley tiene que haber una regla que gobierne cualquier incidente posible de cualquier momento posible para cualquier persona posible.» Así es que se dedicaron a extraer de cada principio de la Ley un número incalculable de reglas y normas para gobernar cualquier situación imaginable de la vida. En otras palabras: cambiaron la Ley de los grandes principios en un legalismo de reglas adicionales interminables.” (W. BARCLAY)

 

 

ALGUNOS EJEMPLOS DE LAS LEYES FARISAICAS (W. BARCLAY)

 

En la Biblia se nos dice sencillamente que hemos de acordarnos del sábado para mantenerlo corno un día santo y no hacer en él ningún trabajo, ni uno mismo ni sus criados y animales. No contentos con eso, los judíos de tiempos posteriores se dedicaron hora tras hora y generación tras generación a definir lo que es un trabajo y a hacer la lista de todas las cosas que se pueden o no se pueden hacer en sábado.

 

La Misná es la codificación de la ley tradicional. Los escribas se pasaban la vida deduciendo estas reglas y normas. En la Misná, la sección acerca del sábado ocupa no menos de veinticuatro capítulos. El Talmud es el comentario de la Misná, y en el Talmud de Jerusalén la sección dedicada a las leyes del sábado ocupa sesenta y cuatro columnas y media; y en el Talmud de Babilonia, ciento cincuenta y seis páginas de doble folio. Y se nos dice que un rabino pasó dos años y medio estudiando, uno de los veinticuatro capítulos de la Misná sobre el sábado.

 

La clase de cosa que hacían era algo así: Atar un nudo en sábado era hacer un trabajo; pero había que definir qué era un nudo. «Los siguientes son los nudos que es pecado hacer: el nudo de los conductores de camellos y el de los marineros; y tan pecado es si se atan como si se desatan.» Por otra parte, los nudos que se pueden atar y desatar con una sola mano estaban permitidos.

 

Además, «una mujer puede atarse la abertura de la enagua y las cintas de la cofia o de la faja, las correas de los zapatos o. sandalias y de los pellejos del vino o del aceite.» Ahora veamos lo que sucedía: Supongamos que un hombre quería bajar, al pozo el cubo para sacar agua el sábado; no podía atarle la cuerda, porque era ilegal hacer un nudo en una cuerda el sábado; pero lo podía atar al cinturón de su mujer para bajarlo, porque el nudo del cinturón sí era legal. Esas eran cosas de vida o muerte para los escribas y fariseos; eso era la religión, la manera de servir y agradar a Dios.

 

Tomemos el ejemplo de viajar en sábado. Exo_16:29  dice: «Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.» Así que lo que se podía viajar el sábado se limitaba a dos mil codos, es decir, algo menos de un kilómetro.

 

Pero, si se ataba una cuerda de lado a lado al final de una calle, toda la calle se consideraba la casa de uno, y se podía recorrer el kilómetro a partir de la cuerda. O, si se depositaban alimentos suficientes para una comida el viernes antes de la puesta del sol, que era cuando empezaba el sábado, en algún lugar, ése se convertía técnicamente en la casa de esa persona, que podía contar desde allí la distancia que podía recorrer en sábado. Las reglas y reglamentos y las exenciones se amontonaban hasta el infinito.

 

Tomemos el ejemplo de llevar una carga. Jer_17:2124  decía: «Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo.» Entonces había que definir lo que era una carga; y se decía que era «comida comparable a un higo seco, el vino necesario para mezclarlo en una copa, un sorbo de leche, la miel que se pondría en una herida, el aceite necesario para ungir un miembro pequeño, el agua necesaria para disolver un colirio,» etc., etc.

 

Así que se tenía que decidir si una mujer podía llevar un broche en sábado o no, si se podía llevar una pierna o una dentadura postiza, o si eso sería llevar una carga. ¿Se podía levantar una silla, o llevar en brazos a un niño? Y así se prolongaban indefinidamente las discusiones y las disposiciones.

 

Los escribas eran los que deducían todas estas reglas, y los fariseos, los que dedicaban la vida a cumplirlas. Está claro que, por muy equivoco que estuviera un hombre, tenía que tomarlo muy en serio para proponerse obedecer cada una de todos esos millares de reglas: Y eso era precisamente lo que hacían los fariseos. El nombre de fariseos quería decir separado, un hombre aparte; y los fariseos eran los que se separaban de la vida ordinaria para observar todos los detalles de la ley de los escribas.

 

 

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