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EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 3
VERSICULO 1 |
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RV1960 |
NVI1999 |
BTX4 |
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Había
un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los
judíos. |
Había
entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo. |
Había
un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un magistrado de los
judíos. |
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TR+ |
INA27+ |
VUL |
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ηνG1510 V-IAI-3S
δεG1161 CONJ ανθρωποςG444 N-NSM εκG1537 PREP τωνG3588 T-GPM φαρισαιωνG5330
N-GPM νικοδημοςG3530 N-NSM ονομαG3686 N-NSN αυτωG846 P-DSM αρχωνG758 N-NSM
τωνG3588 T-GPM ιουδαιωνG2453 A-GPM |
ην G1510:V-IAI-3S Estaba siendo δε
G1161:CONJ pero ανθρωπος G444:N-NSM hombre εκ G1537:PREP procedente de των
G3588:T-GPM los φαρισαιων G5330:N-GPM fariseos νικοδημος G3530:N-NSM Nicodemo
ονομα G3686:N-NSN nombre αυτω G846:P-DSM a él αρχων G758:N-NSM gobernante των
G3588:T-GPM de los ιουδαιων G2453:A-GPM judíos |
erat
autem homo ex Pharisaeis Nicodemus nomine princeps Iudaeorum |
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KJV |
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There was a man of the
Pharisees, named Nicodemus, a ruler of the Jews: |
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TCB |
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Jua_3:10;
Jua_7:47-49. |
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COMENTARIOS:
CHARLES SPURGEON
“Cuando
los creyentes logran que los pecadores hablen de la benevolencia y magnanimidad
del Señor, es de mucha bendición; lo mismo que es también de gran bendición
cuando los numerosos nicodemos que
hay en el mundo, temerosos de Dios pero ocultos y camuflados, escuchan acerca
de lo que el Señor ha hecho por su iglesia y resuelven salir de su cautiverio
juntándose con el pueblo del Señor. ¡Ah, querido lector! Jehová ha hecho
ciertamente cosas maravillosas a favor de sus elegidos; y estas “grandes cosas”
serán tema de alabanza eterna por parte de todas las criaturas inteligentes.”
SAN BERNARDO DE CLARAVAL
“(Dios
mío) Guíame por tu camino y seré santo.
Pero si no se interpone tu sangre en
mi favor, no me salvaré. Por todo esto corremos en pos de ti: perdónanos,
porque clamamos detrás de ti.
Pero
no todos corremos igualmente al olor de todos los aromas. Unos arden en deseos
de sabiduría. Otros se animan más a la penitencia con la esperanza del perdón.
Otros se sienten más bien invitados al ejercicio de las virtudes, por el
ejemplo de su forma de vida. Otros se abrasan en la piedad por el recuerdo de
la pasión.
¿Podríamos hallar ejemplos de cada una de estas posibilidades? Corrían al olor de la sabiduría los enviados por los fariseos, cuando decían al regresar: Nadie ha hablado nunca como este hombre, admirados de su doctrina y confesando su sabiduría. Corría tras el mismo aroma Nicodemo que, acercándose a Jesús de noche, volvió envuelto por el resplandor de su sabiduría, plenamente adoctrinado.”
WARREN WIERSBE
“Ya
hemos notado la relación entre Juan 2:23-25 y 3:1 (ver coment. Del mismo autor
en Juan 2:25). Nicodemo fue originalmente atraído a Jesús por los milagros que
hizo. Quería saber más de Jesús y de las doctrinas que enseñaba. Nicodemo era
el maestro de los judíos (Juan 3:10, traducción literal) por eso tenía gran respeto
por el Maestro de Galilea.
Nicodemo
era un fariseo, lo que quiere decir que vivía según las reglas religiosas más
estrictas posibles. No todos los fariseos eran hipócritas (como se podría
inferir de los comentarios de Jesús anotados en Mateo 23), y la evidencia
indica que Nicodemo era profundamente sincero en su búsqueda de la verdad. Vino
a Jesús de noche, no porque tuviera miedo de que lo vieran, sino más probablemente
porque quería tener tiempo para conversar sin interrupciones con el nuevo
Maestro "venido de Dios".
El
hecho de que Nicodemo usa el pronombre plural nosotros, y Jesús responde con el plural vosotros o ustedes (Juan 3:7) puede indicar que Nicodemo
representaba a los dirigentes religiosos. Era un hombre de elevado carácter moral,
profundo hombre religioso y sin embargo con profunda ceguera religiosa.”
SAN JUAN CRISOSTOMO
“Más
adelante vemos cómo ese hombre defiende a Jesús diciendo: Nuestra ley no juzga a nadie sin haberlo escuchado antes. Y se encontró
con que los judíos se levantaron contra él diciendo: Investiga y verás que de Galilea no sale ningún profeta.
(Jn.7:51-52) Tras la crucifixión, fue él quien más se preocupó por dar
sepultura al cuerpo del Señor.”
GARY BURGE
“El
nombre de «Nicodemo» está atestiguado
entre los judíos de aquel tiempo, si bien es griego. Existen pruebas, por
ejemplo, de la existencia de un dirigente judío llamado Nicodemo (Naqdimon ben Gorion) que sobrevivió a la
guerra del año 70 d.C.; algunos han adoptado la posición, poco probable, de que
se trata del mismo Nicodemo. El principal problema es que tal identificación
convertiría al personaje de Juan 3 en un hombre muy joven, mientras que el
pasaje indica que se trata de un miembro del Sanedrín y de un distinguido
maestro.
Sabemos
que Nicodemo era fariseo y miembro del Sanedrín
(«el concilio gobernante judío»). Puesto que los fariseos tenían una
participación limitada en las operaciones del templo, es probable que a
Nicodemo no le hubiera incomodado (puede que hasta le hubiera divertido) que
Jesús pusiera patas arriba los mercados situados en los patios del templo. Aun
así, si era un hombre sensato, habría visto posiblemente esta acción de Jesús
como explosiva y peligrosa desde un punto de vista político. Sabemos también
que era un rabino (3:1, 10), sin duda, un maestro que gozaba de cierto
prestigio. En 3:10, Jesús se refiere a él como (lit.) «El maestro [no un maestro] de
Israel». Este hecho alude, cuando menos, a su distinguida reputación en
Jerusalén.”
DAVID GUZIK
“Nicodemo fue uno de los que se impresionaron con las señales de Jesús (Juan 2:23), y era un miembro del sanedrín gobernante. Era religioso (de los fariseos), educado (Nicodemo es un nombre griego), influyente (un principal), y lo suficientemente serio como para venir de noche. Nicodemo se acercó a Jesús como un representante de todos los hombres (Juan 2:23-25), y en cierto sentido representaba lo más alto y lo mejor del hombre.”
COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO
“En
la conversación entre Jesús y Nicodemo, Juan enfatiza la verdad central en el
evangelio de que esta vida eterna, o entrada en el reino de Dios, se alcanza,
no por cumplir con reglas y ritos religiosos, sino por una relación personal con Jesús. El conocimiento sobrenatural
que Jesús tenía del corazón del hombre y la indisposición de él de confiar en
los discípulos superficiales (ver 2:23–25) se manifiestan en su trato con
Nicodemo.
Al
iniciar esta sección con el uso poco común de la expresión un hombre (antropos G444), Juan vincula lo que sigue
con el conocimiento del hombre de parte
de Jesús en 2:25. Los fariseos constituían el más influyente de los tres
principales partidos religiosos (fariseos, saduceos y esenios) durante la vida
de Jesús. El término “fariseo” significa “separado” o “separatista”,
posiblemente porque se dedicaban a distinguir en forma meticulosa entre lo
santo y lo inmundo, basados en su interpretación de la ley de Moisés y, por
esto, estaban identificados con los escribas. Eran tremendamente legalistas y
nacionalistas, siendo muy reacios a los saduceos, quienes eran más políticos y
dispuestos a formar alianzas con Roma.
Los
fariseos no estaban tan identificados con el templo como lo estaban los
saduceos y, por lo tanto, no estarían tan ofendidos por la limpieza realizada por
Jesús. Inclusive, quizá estaban contentos por el conflicto que éstos tuvieron
con Jesús en el cual quedaron mal parados.
Nicodemo
posiblemente era uno de los muchos que habían presenciado las señales de Jesús
y que quedaron impresionados. Este personaje se menciona sólo en Juan. Algunos
especulan que sería uno de los mencionados con ese nombre en escritos
extrabíblicos después de la destrucción de Jerusalén.
Algunas
cualidades del carácter de este hombre son: amante de la verdad, sincero,
sensible a los valores espirituales, tímido y temeroso de los hombres. Su
nombre es una palabra griega compuesta que significa “vencedor del pueblo”. Una evidencia de la fuerte influencia
griega en el primer siglo es que muchos judíos tomaron nombres griegos.”
JUAN CALVINO
“Ahora bien, había un hombre de los fariseos.
En la persona de Nicodemo, el evangelista nos muestra ahora cuán vana y fugaz
fue la fe de aquellos que, habiendo sido excitados por los milagros, de repente
profesaron ser los discípulos de Cristo. Ya que este hombre era del orden de
los fariseos y tenía el rango de gobernante en su nación, debió haber sido
mucho más excelente que los demás. La gente común, en su mayor parte, es
liviana e inestable; pero ¿quién no hubiera pensado que el que tenía conocimientos
y experiencia era también un hombre sabio y prudente? Sin embargo, a partir de
la respuesta de Cristo, es evidente que nada estaba más lejos de su diseño al venir
que el deseo de aprender los primeros principios de la religión.
Si
el que gobernaba entre los hombres es menos que un niño, ¿qué debemos pensar de
la multitud en general? Ahora bien, aunque el propósito del evangelista era
exhibir, como en un espejo, cuán pocos había en Jerusalén que estuvieran
debidamente dispuestos a recibir el Evangelio, sin embargo, por otras razones,
esta narración es de gran utilidad para nosotros; y especialmente porque nos
instruye acerca de la naturaleza
depravada de la humanidad, cuál es la debida entrada a la escuela de Cristo
y cuál debe ser el comienzo de nuestro entrenamiento para progresar en la
doctrina celestial. Porque el resumen del discurso de Cristo es que, para que
podamos ser sus verdaderos discípulos, debemos
convertirnos en hombres nuevos. Pero, antes de seguir adelante, debemos
averiguar, por las circunstancias aquí detalladas por el evangelista, cuáles
fueron los obstáculos que impidieron que Nicodemo se entregara sin reservas a
Cristo.
De los fariseos. Esta designación fue, sin duda, considerada por sus
compatriotas como honorable para Nicodemo; pero no es por honra que le ha sido
otorgada por el evangelista, quien, por el contrario, nos llama la atención
sobre ella como si le hubiera impedido venir libre y alegremente a Cristo. De
ahí que se nos recuerde que aquellos que ocupan una posición elevada en el
mundo están, en su mayor parte, enredados por trampas muy peligrosas; es más,
vemos a muchos de ellos atados tan firmemente, que ni el más mínimo deseo u
oración surge de ellos hacia el cielo durante toda su vida.
Por
qué se les llamaba fariseos lo hemos explicado en otro lugar; porque se
jactaban de ser los únicos expositores de la Ley, como si estuvieran en
posesión de la médula y el significado oculto de la Escritura; y por esa razón
se llamaron a sí mismos (Perushim)
Aunque los esenios llevaban una vida más austera, lo que les valió una gran reputación
de santidad; sin embargo, debido a que, al igual que los ermitaños, abandonaron
la vida ordinaria y las costumbres de los hombres, la secta de los fariseos fue
por eso considerada en mayor estima. Además, el evangelista menciona no solo
que Nicodemo era del orden de los fariseos, sino que era uno de los gobernantes de su nación.”
WOLFGANG MUSCULUS
“El
evangelista relata el nombre de Nicodemo
para dar crédito a la historia porque el hombre era famoso entre los judíos.
También relata su nombre porque lo mencionará en la historia del entierro de
Cristo al final del libro. Y además, es apropiado que los nombres de los
piadosos, que contribuyeron algo para dar a conocer la gloria de Dios, darse a
conocer a la iglesia de los elegidos y que sus nombres sean recordados para
siempre. Y por esta razón generalmente guardamos silencio sobre los nombres de
los malvados.
Los
fariseos que fueron enviados a Juan eran sin duda figuras importantes, pero no
se mencionan por su nombre. Por lo tanto, en la historia del rico y el mendigo,
se nos da el nombre del hombre piadoso, el mendigo llamado Lázaro, pero no se
menciona el nombre del rico. ¿Por qué? Porque era malvado e indigno de que su
nombre pasara a la posteridad futura.”
JOHANNES BRENZ
“Entre
los muchos que estaban dando la bienvenida a la enseñanza de Cristo como algo
sagrado, había uno llamado Nicodemo, un líder judío que era un hombre recto,
prudente y culto. Encontró a Cristo por la noche en algún hogar privado, lejos
de los espectadores, para discutir con él la verdadera manera de ser hecho justo.
Lo conoció de esta manera secreta, no por maldad o malicia, sino por temor a
los judíos que lo expulsarían de la sinagoga si se hubiera encontrado
abiertamente con Jesús para una conversación amistosa.
La
disputa de Nicodemo con Cristo es muy moderada y discreta. Las disputas de
Jesús con otros judíos fueron insidiosas, como la disputa sobre los impuestos
al César y el certificado de divorcio, o son odiosas y maliciosas, como la
disputa sobre la resurrección y la del mayor mandamiento de la ley. O son
infieles e insolentes cuando pedían una señal. Pero la disputa de Nicodemo es
cortés y sincera.
No
se encontró con Cristo para presentar un argumento obstinado, o para probarlo
maliciosamente o para atraparlo astutamente en sus palabras, sino para aprender
cuál es la verdadera manera de ser justificado.”
ALBERT BARNES
“Se
recordará que el propósito de Juan al escribir este evangelio era mostrar que Jesús era el Mesías. Para hacer
esto, aquí aduce el testimonio de uno de los gobernantes de los judíos, quien
pronto se convenció de ello y mantuvo la fe en él hasta la muerte de Jesús.”
J.C RYLE
“[Había un hombre, etc.]. Fijémonos
detenidamente en la íntima relación entre la conversación de Cristo con
Nicodemo y el final del capítulo anterior. De hecho, el original griego contiene
una conjunción que los traductores han omitido en nuestra versión. El capítulo
debiera comenzar así con “y había un hombre” o “ahora bien, había un hombre”.
La conversación se produjo “estando en Jerusalén” nuestro Señor durante la
Pascua. Nicodemo fue uno de los que “[vieron] las señales que hacía” y quedó
tan impactado por lo que vio que buscó a nuestro Señor a fin de conversar con
Él.
[De los fariseos]. No debemos pasar por
alto el extraordinariamente variado carácter de los que llegaron a creer en
Cristo durante su estancia en la Tierra. Sus discípulos no procedían exclusivamente
de una sola clase. Por regla general, nadie se oponía a Él y sus doctrinas tan enconadamente
como los fariseos. Sin embargo, vemos que no hay nada imposible para la gracia.
¡Hasta
un fariseo le buscó y acabó convirtiéndose en su discípulo! Nicodemo y S. Pablo
son demostraciones palpables de que ningún corazón es demasiado duro para
convertirse. El tercer capítulo nos muestra a Jesús enseñando a un fariseo
orgulloso y moralista. El cuarto nos lo mostrará enseñando a una samaritana
ignorante e inmoral. Nadie es demasiado malo como para que Cristo le enseñe.”
COMENTARIO BIBLICO BEACON
“Uno
de los contratiempos ocasionales de la división en capítulos de la Biblia es la
interrupción del pensamiento donde no tendría que haber una. El principio del
capítulo tres es un excelente ejemplo de tal cosa. Juan escribió acerca de
Jesús que “él sabía lo que había en el hombre” (Jua_2:25). Pero Juan siguió
adelante sin interrumpir la línea de su discurso o pensamiento. Había un hombre
de los fariseos que se llamaba Nicodemo (Jua_3:1). Es como si Juan hubiera
dicho, “Jesús tenía perfecto conocimiento de la más profunda necesidad del hombre:
permítanme citarles unos pocos ejemplos, comenzando con un hombre, el fariseo
Nicodemo”. De modo que Nicodemo llega a ser el “Modelo A” para ilustrar lo que
Jesús sabía acerca del hombre.
La
palabra hombre, tanto en Jua_2:25
como en Jua_3:1, corresponde al griego anthropos,
que se refiere básicamente al hombre como especie. Es un término genérico. De
modo que lo que dice aquí acerca de Nicodemo, como individuo, implica a todos
los hombres. Este es uno de tantos universalismos en el Evangelio de Juan. No se
trata sólo de que la salvación es para “todo aquel” (Jua_3:16) sino que también
es verdad que todos los hombres necesitan el nacimiento de arriba (cf.
Rom_3:23).
No es accidental la descripción que con tanto cuidado se ha hecho de la posición de Nicodemo en la vida religiosa judía. El era un hombre de los fariseos un principal entre los judíos. Si de algún hombre del antiguo orden se hubiera esperado que conociera la voluntad de Dios, sus planes y propósitos para el hombre, debería haber sido Nicodemo—profundamente empapado en la tradición monoteísta, con las enseñanzas de la ley, la historia de Israel y las proclamas de los profetas. Pero en alguna parte, de algún modo, él había errado el camino y en igual medida esto simboliza lo que había sucedido con el judaísmo. Así, una vez más, Juan presenta un vívido contraste entre el antiguo orden con todas sus insuficiencias, sus ideas equivocadas y deslices, y el nuevo orden que asegura abundancia de vida, que tiene como su manantial al Dios vivo y verdadero.”
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¿QUIENES ERAN LOS FARISEOS? (W.
PARTAIN Y W. BARCLAY) |
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“De todas las sectas de los judíos,
esta era la más estricta (Hch_26:5). Eran muy celosos de la ley de Moisés y,
basándose en ella, habían formulado un número infinito de reglamentos para gobernar
toda actividad de la vida de la gente. Jesús denunció aquellos reglamentos
como "tradiciones de los hombres"
(Mat_15:3; Mat_15:8-9). Para ellos las tradiciones eran ley, porque decían lo
mismo de ellas que los católicos dicen de las suyas, es decir, que fueron
entregados oralmente por hombres de Dios, y que a través de los siglos se han
conservado. Desde luego, después de algún tiempo, las tradiciones orales
llegan a ser tradiciones escritas. Jesús dijo que los fariseos eran
hipócritas porque "atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las
ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren
moverlas" (Mat_23:4). Los
fariseos no se preocupaban por los pecados internos, sino solamente por los
externos. También la purificación era externa (Mat_23:25-26). Jesús les dijo
que aunque oraban, ofrendaban y ayunaban, lo hacían para ser vistos de los
hombres (Mat_6:1-18). El
Talmud es la "Biblia" de los judíos, porque contiene sus
comentarios sobre la ley de Moisés, y de allí sus tradiciones que eran tan
importantes para ellos. Según el Talmud había siete clases de fariseos: (1)
el fariseo hombro, que llevaba sus buenos hechos sobre el hombro, que
obedecía los preceptos de la ley, pero no con sinceridad, sino por
conveniencia; (2) el fariseo esperar-un-poco, quien pedía más tiempo para
cumplir con sus obras meritorias; (3) el fariseo sangriento, que para no
mirar a una mujer para codiciarla cerraba sus ojos y, por eso, tropezaba y se
golpeaba contra la pared; (4) el fariseo pintado, quien anunciaba su piedad,
para que nadie le tocara y que, por eso, quedara contaminado; (5) el fariseo
calculador quien siempre preguntaba, "¿qué deber puedo hacer para
deshacer cierto pecado que he cometido?"; (6) el fariseo temeroso cuya
relación con Dios era la de temor temblante; (7) el fariseo de amor, el único
que era sincero (que no estaba fingiendo la piedad). Muchos
fariseos eran muy orgullosos, 7:49. Sus
leyes tradicionales eran muy arbitrarias: por ejemplo, según ellos, no era
pecado montar asno el día sábado, pero si llevaba azote, era pecado, porque
de esa manera ponía carga sobre la bestia. Hacían
distinción entre el extender su mano fuera de la puerta para ayudar al
mendigante o que el mendigante extendiera su mano hacia adentro de la casa
para recibir limosna.” (W. PARTAIN Y B. REEVES) “En muchos sentidos los fariseos
eran las mejores personas de todo el país. Nunca fueron más de seis mil;
formaban lo que se llamaba una jaburá
o hermandad. Se ingresaba en esa hermandad comprometiéndose delante de tres
testigos a consagrar su vida al cumplimiento de todos los detalles de la
ley tradicional. ¿Qué quería decir eso? Para los
judíos, la Ley era la cosa más sagrada del mundo. La Ley eran los cinco
primeros libros del Antiguo Testamento. Creían que era la perfecta Palabra de
Dios. El añadirle o sustraerle una sola palabra era pecado mortal. Ahora bien:
si la Ley era la Palabra completa y perfecta de Dios, eso quería decir que
contenía todo lo que una persona necesitaba saber para vivir una vida buena,
si no explícitamente, por lo menos implícitamente. Si no todo sé encontraba
en ella con todas las letras, tenía que ser posible deducirlo. La Ley tal
como se encontraba consistía en un conjunto de grandes principios, amplios y
nobles, que cada uno tenía que aplicar a su vida. Pero para los judíos
posteriores eso no era suficiente. Decían: "La Ley es completa; contiene
todo lo necesario para vivir una vida buena; por tanto, en la Ley tiene que
haber una regla que gobierne cualquier incidente posible de cualquier momento
posible para cualquier persona posible.» Así es que se dedicaron a extraer de
cada principio de la Ley un número incalculable de reglas y normas para
gobernar cualquier situación imaginable de la vida. En otras palabras: cambiaron la Ley de los grandes principios
en un legalismo de reglas adicionales interminables.” (W. BARCLAY) |
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ALGUNOS EJEMPLOS DE LAS LEYES
FARISAICAS (W. BARCLAY) |
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En la Biblia se nos dice
sencillamente que hemos de acordarnos del sábado para mantenerlo corno un día
santo y no hacer en él ningún trabajo, ni uno mismo ni sus criados y
animales. No contentos con eso, los judíos de tiempos posteriores se
dedicaron hora tras hora y generación tras generación a definir lo que es un
trabajo y a hacer la lista de todas las cosas que se pueden o no se pueden
hacer en sábado. La Misná es la codificación de la
ley tradicional. Los escribas se pasaban la vida deduciendo estas reglas y
normas. En la Misná, la sección acerca del sábado ocupa no menos de
veinticuatro capítulos. El Talmud es el comentario de la Misná, y en el
Talmud de Jerusalén la sección dedicada a las leyes del sábado ocupa sesenta
y cuatro columnas y media; y en el Talmud de Babilonia, ciento cincuenta y
seis páginas de doble folio. Y se nos dice que un rabino pasó dos años y
medio estudiando, uno de los veinticuatro capítulos de la Misná sobre el
sábado. La clase de cosa que hacían era algo
así: Atar un nudo en sábado era hacer un trabajo; pero había que definir qué
era un nudo. «Los siguientes son los nudos que es pecado hacer: el nudo de
los conductores de camellos y el de los marineros; y tan pecado es si se atan
como si se desatan.» Por otra parte, los nudos que se pueden atar y desatar
con una sola mano estaban permitidos. Además, «una mujer puede atarse la
abertura de la enagua y las cintas de la cofia o de la faja, las correas de
los zapatos o. sandalias y de los pellejos del vino o del aceite.» Ahora veamos
lo que sucedía: Supongamos que un hombre quería bajar, al pozo el cubo para
sacar agua el sábado; no podía atarle la cuerda, porque era ilegal hacer un
nudo en una cuerda el sábado; pero lo podía atar al cinturón de su mujer para
bajarlo, porque el nudo del cinturón sí era legal. Esas eran cosas de vida o
muerte para los escribas y fariseos; eso era la religión, la manera de servir
y agradar a Dios. Tomemos el ejemplo de viajar en
sábado. Exo_16:29 dice: «Estese, pues,
cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.» Así que lo que
se podía viajar el sábado se limitaba a dos mil codos, es decir, algo menos
de un kilómetro. Pero, si se ataba una cuerda de lado
a lado al final de una calle, toda la calle se consideraba la casa de uno, y
se podía recorrer el kilómetro a partir de la cuerda. O, si se depositaban
alimentos suficientes para una comida el viernes antes de la puesta del sol,
que era cuando empezaba el sábado, en algún lugar, ése se convertía
técnicamente en la casa de esa persona, que podía contar desde allí la
distancia que podía recorrer en sábado. Las reglas y reglamentos y las
exenciones se amontonaban hasta el infinito. Tomemos el ejemplo de llevar una
carga. Jer_17:2124 decía: «Guardaos
por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo.» Entonces había que
definir lo que era una carga; y se decía que era «comida comparable a un higo
seco, el vino necesario para mezclarlo en una copa, un sorbo de leche, la
miel que se pondría en una herida, el aceite necesario para ungir un miembro
pequeño, el agua necesaria para disolver un colirio,» etc., etc. Así que se tenía que decidir si una
mujer podía llevar un broche en sábado o no, si se podía llevar una pierna o
una dentadura postiza, o si eso sería llevar una carga. ¿Se podía levantar
una silla, o llevar en brazos a un niño? Y así se prolongaban indefinidamente
las discusiones y las disposiciones. Los escribas eran los que deducían
todas estas reglas, y los fariseos, los que dedicaban la vida a cumplirlas.
Está claro que, por muy equivoco que estuviera un hombre, tenía que tomarlo
muy en serio para proponerse obedecer cada una de todos esos millares de
reglas: Y eso era precisamente lo que hacían los fariseos. El nombre de
fariseos quería decir separado, un hombre aparte; y los fariseos eran los que
se separaban de la vida ordinaria para observar todos los detalles de la ley
de los escribas. |

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