miércoles, 5 de abril de 2023

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 16

 


 

EVANGELIO DE JUAN CAPITULO 2 VERSICULO 16

RV1960

NVI1999

BTX4

Y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.

A los que vendían las palomas les dijo: ¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?

Y dijo a los que venden las palomas: ¡Quitad esto de aquí, y no hagáis la Casa de mi Padre casa de mercado!

TR+

INA27+

VUL

καιG2532 CONJ τοιςG3588 T-DPM ταςG3588 T-APF περιστεραςG4058 N-APF πωλουσινG4453 V-PAP-DPM ειπενG3004 V-2AAI-3S αρατεG142 V-AAM-2P ταυταG3778 D-APN εντευθενG1782 ADV μηG3361 PRT-N ποιειτεG4160 V-PAM-2P τονG3588 T-ASM οικονG3624 N-ASM τουG3588 T-GSM πατροςG3962 N-GSM μουG1473 P-1GS οικονG3624 N-ASM εμποριουG1712 N-GSN

και G2532:CONJ Y τοις G3588:T-DPM a los τας G3588:T-APF las περιστερας G4058:N-APF palomas πωλουσιν G4453:V-PAP-DPM vendiendo ειπεν G3004:V-2AAI-3S dijo αρατε G142:V-AAM-2P Alcen ταυτα G3778:D-APN estas (cosas) εντευθεν G1782:ADV desde aquí μη G3361:PRT-N no ποιειτε G4160:V-PAM-2P estén haciendo τον G3588:T-ASM a la οικον G3624:N-ASM casa του G3588:T-GSM de el πατρος G3962:N-GSM Padre μου G1473:P-1GS de mí οικον G3624:N-ASM casa εμποριου G1712:N-GSN de mercado

et his qui columbas vendebant dixit auferte ista hinc nolite facere domum Patris mei domum negotiationis

KJV

And said unto them that sold doves, Take these things hence; make not my Father's house an house of merchandise.

TCB

La casa de mi Padre. Jua_5:17; Jua_8:49; Jua_10:29; Jua_20:17; Luc_2:49.

 

Casa de mercado. Isa_56:5-11; Jer_7:11; Ose_12:7, Ose_12:8; Mat_21:13; Mar_11:17; Hch_19:24-27; 1Ti_6:5; 2Pe_2:3, 2Pe_2:14, 2Pe_2:15.

 

COMENTARIOS:

SAN JUAN CRISOSTOMO

“Otro evangelista cuenta que Jesús, al expulsar a toda aquella gente, les dijo: No hagáis de la casa de mi Padre una cueva de ladrones. El nuestro, sin embargo, habla de casa de comercio. No dicen cosas contradictorias, sino que nos dan a entender que El hizo aquello una segunda vez, pero no en un breve espacio de tiempo, sino una vez al comienzo de su predicación y la otra cuando ya se aproximaba su Pasión. En esta segunda ocasión fue cuando, usando palabras más fuertes, la llamó «cueva», mientras que al principio de sus milagros no dijo eso, sino que les reprochó con palabras más moderadas, circunstancia ésta por la que se llega a deducir también que realizó dos veces esta misma acción.

Me preguntaréis: ¿por qué Cristo obró de esa manera y demostró con ésos severidad y dureza tales como en ninguna otra ocasión, ni siquiera cuando fue insultado, cuando se burlaron de El o le llamaron «samaritano» y «endemoniado »? Pues, no contentándose con las palabras, hizo un látigo de cuerdas y los echó por ese medio. Cuando Jesús hace el bien a sus hermanos, los judíos protestan y se enfadan.

En cambio, cuando les riñe con aspereza, no se enfurecen, como sería de esperar, ni pronuncian palabra injuriosa ninguna al ver aquello, sino que se limitan a preguntarle: ¿Qué signo nos das para comportarte así? Tanta era su envidia que no podían soportar los beneficios a otros concedidos. Por lo que hace al Salvador, una vez dijo que habían convertido el templo en una cueva de ladrones, queriendo indicar así que todo lo allí vendido era fruto del robo, de rapiñas y de especulaciones ilícitas. La otra vez, por el contrario, dijo sólo que habían convertido el templo en una casa de comercio, denunciando con sus palabras la bajeza de sus negociaciones.”

A.T ROBERTSON

No hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado (mh poieite ton oikon tou patroz mou oikon emporiou).

«Dejad de hacer» significa, më y el presente de imperativo en voz activa. Ellos lo habían transformado en una casa de mercado (emporiou, sólo aquí en el N.T., vieja palabra proveniente de emporos, mercader, uno que va de viaje para mercar, un buhonero).

Nótese aquí la clara reivindicación mesiánica (Mi Padre, como en Lc. 2:49). Dice Jerónimo: «Una verdadera luz ardiente y estrellada resplandecía en sus ojos, y la majestad de la Deidad lucía en Su rostro».”

GARY BURGE

“La frustración de Jesús no se debe a la supuesta avaricia o sobornos de los vendedores, sino al simple hecho de que estas transacciones se estén produciendo en el templo: las palabras «¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?» (2:16) representan un mandamiento profético para que el templo reciba el uso para el cual fue creado: adoración, oración, instrucción y sacrificios piadosos.

En el idioma original de Juan hay un agudo juego de palabras que no se aprecia en español: «¡Llévense todas estas cosas! Dejen de hacer de la casa de mi Padre una casa de comercio». Jesús está atacando la maquinaria económica del sistema para la celebración de la fiesta, que sin duda le enfrentaría con Caifás y demás dirigentes del templo.”

A.W PINK

“Una de las preguntas que formulamos al final del último capítulo fue: "¿Por qué no echó Cristo las palomas?" La respuesta a esto se encuentra en Isaías 52:13, donde Dios a través de Su profeta, declaró acerca del Mesías que vendría entonces, "He aquí, mi siervo actuará con prudencia". La "prudencia" de Cristo se evidenció notablemente por su modo de proceder en esta ocasión de la purificación del templo. El lector atento observará que distinguió, cuidadosamente, entre los diferentes objetos de Su disgusto. Expulsó a los bueyes y las ovejas, y éstos no corrían peligro de perderse por este trato.

El dinero de los cambistas lo arrojó al suelo, y esto pudo ser recogido fácilmente de nuevo y llevárselo. Él simplemente ordenó que se llevaran las palomas: si hubiera hecho más con ellas, podrían haberse ido volando y haberse perdido para sus dueños. Así, el Perfecto combinó la sabiduría con el celo. Cuán diferente habrían actuado Moisés o Elías en circunstancias similares. Pero incluso en su ira, Cristo actúa con prudencia. Cristo reprendió a todos, pero ninguno resultó realmente herido y nada se perdió. Ojalá aprendamos de Aquel que nos ha dejado un ejemplo tan perfecto.”

JUAN CALVINO

No hagas de la casa de mi Padre una casa de comercio. La segunda vez que expulsó a los comerciantes del Templo, los evangelistas relatan que usó un lenguaje más agudo y severo; porque dijo que habían hecho del templo de Dios una cueva de ladrones, (Mateo 21:13) y esto era apropiado, cuando un castigo más suave no servía de nada. En la actualidad, simplemente les advierte que no profanen el Templo de Dios aplicándolo a usos indebidos. El templo fue llamado la casa de Dios; porque era la voluntad de Dios que allí fuera invocado peculiarmente; porque allí desplegó su poder; porque, finalmente, lo había apartado para servicios espirituales y santos.

La casa de mi padre. Cristo se declara el Hijo de Dios, a fin de demostrar que tiene el derecho y la autoridad para limpiar el templo. Como Cristo asigna aquí una razón para lo que hizo, si deseamos sacar alguna ventaja de ello, debemos prestar atención principalmente a esta frase. Entonces, ¿por qué echa a los compradores y vendedores del Templo? Es para que vuelva a su pureza original el culto a Dios, que había sido corrompido por la maldad de los hombres, y de esta manera puede restaurar y mantener la santidad del Templo. Ahora que ese templo, sabemos, fue erigido para que pudiera ser una sombra de aquellas cosas cuya viva imagen se encuentra en Cristo.

Si podía seguir consagrado a Dios, era necesario que se aplicara exclusivamente a propósitos espirituales. Por eso declara ilícito que se convierta en mercado; porque basa su declaración en el mandato de Dios, que siempre debemos observar. Sean cuales sean los engaños que Satanás pueda emplear, háganos saber que cualquier desviación, por pequeña que sea, del mandato de Dios es inicua. Era un disfraz plausible e imponente eso… ya que supuestamente se ayudaba y promovía el culto a Dios, cuando los sacrificios que debían ofrecer los creyentes estaban listos para sus manos; pero como Dios se había apropiado de su templo para diferentes propósitos, Cristo ignora las objeciones que pudieran presentarse contra el orden que Dios había designado.

Los mismos argumentos no se aplican, en la actualidad, a nuestros edificios para el culto público; pero lo que se dice sobre el Templo antiguo se aplica propia y estrictamente a la Iglesia, porque es el santuario celestial de Dios en la tierra. Por lo tanto, debemos tener siempre ante nuestros ojos la majestad de Dios, que habita en la Iglesia, para que no sea contaminada por ninguna corrupción; y la única manera en que su santidad puede permanecer intacta es que no se admitirá en ella nada que esté en desacuerdo con la palabra de Dios.”

TRES DIFERENCIAS SIGNIFICATIVAS ENTRE LAS DOS EXPULSIONES DE MERCADERES HECHAS POR JESUCRISTO (JOHN MACARTHUR)

 

PRIMERA EXPULSION  (JUAN 2:13-22)

SEGUNDA EXPULSION (MATEO 21:12-16) (Véase también Mr. 11:15-18; Lc. 19:45-46)

 

1

La limpieza registrada por Juan ocurrió al comienzo del ministerio público de Jesús (cp. Jn. 2:11-13).

La limpieza registrada en los Evangelios sinópticos tuvo lugar durante la semana de la pasión.

2

En Juan usa sus propias palabras (2:16).

En los sinópticos, Jesús cita el Antiguo Testamento como su autoridad (Mt. 21:13; Mr. 11:17; Lc. 19:46)

3

Juan no menciona la prohibición de Jesús de usar el templo como atajo (Mr. 11:16) ni la importante declaración de juicio de Jesús: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mt. 23:38).

Los sinópticos no mencionan el reto memorable del Señor: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19), aunque se refieren a este en su juicio ante el sanedrín (Mt. 26:61; Mr. 14:58; cp. Mt. 27:39-40; Mr. 15:29-30).

 

JOHANNES BRENZ

“Él llama al templo de Jerusalén la casa de su Padre porque fue consagrado como un presagio de Cristo. En Cristo, el Padre escucha a los que oran, y solo el sacrificio de Cristo es aceptable para el Padre. Así leemos: Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré por vosotros. Fíjense, dice en mi nombre, no en un templo de piedra. No quiere que esta casa se convierta en una casa de comercio, porque el Padre da todas las cosas gratuitamente y en abundancia por medio de Cristo sin ningún pago. No vende nada por dinero o por méritos.”

JOHANNES OECOLAMPADIUS

“Ordena que todos los animales sean sacados de aquí, no solo las palomas, sino también las ovejas y el ganado. Y da una razón para su mando. La casa del Padre debe ser una casa de oración; no debe convertirse en una casa de negocios donde la gente se ocupa de su codicioso monedero y espera enriquecerse. Allí se deben buscar las riquezas espirituales. Nosotros mismos somos el templo de Dios. Dios nos santifica y somos su morada; en nosotros habita, no en templos hechos por manos, ni en piedras y madera. Por lo tanto, ese templo material, que es el único en todo el mundo que Dios ordenó que se construyera para él, es un templo del único pueblo de Dios, la única iglesia de Dios. Cuando el templo fue destruido, lo material terminó.

Pero en su pueblo Dios tiene un templo. . . . Como se buscaba a Dios en el templo, ahora se le busca en la congregación de los santos; donde se reúnen dos o tres, Cristo habita en ellos. Si alguien escucha su palabra, vendrá y se instalará con él. Ahora bien, no debería haber ganado vacuno ni ovejas entre el pueblo de Dios. Es decir, no debe haber nada grosero ni parecido a una bestia, pero debe ser un pueblo espiritual. Así como las ovejas y el ganado fueron ofrecidos como sacrificios en el templo material, así las cosas que en nosotros son groseras y semejantes a bestias deben ser ofrecidas en holocausto. Por tanto, Cristo también nos dice: ¡Sacad estos de aquí! Quienes quieran pertenecer al pueblo de Dios para que Dios habite entre ellos, quiten las cosas vulgares, es decir, las que sirven a la codicia, y pongan todo en servicio. Sacrifiquemos nuestra voluntad.”

ALEXANDER MACLAREN

“Si recordamos las palabras del último profeta, en las que Malaquías dice que 'el Mensajero de la Alianza. . . vendrá repentinamente a Su templo y purificará a los hijos de Leví, 'entendemos el significado de este incidente. Tenemos que señalar en él la asunción deliberada de nuestro Señor del papel de Mesías; El moldeó Su conducta para recordar a todos los corazones susceptibles la última profecía profética, y reconocer el hecho de que al comienzo de Su carrera Él era plenamente consciente de Su Hijo unigénito, e inauguró Su obra con el solemne llamamiento a la nación para reconocerlo como su Señor.

Luego, además, este incidente es una manifestación singular del poder único de Cristo. ¿Cómo es posible que todos estos sórdidos vendedores ambulantes no tuvieran una palabra que decir y no movieran un dedo en oposición, o que la Guardia del Templo no ofreciera resistencia, y no tratara de sofocar el indecoroso disturbio, o que los mismos funcionarios, cuando vinieron a contarle, no tuvieron nada más duro que decir que: "¿Qué señal nos muestras, viendo que haces estas cosas?"

No se necesita ningún milagro para explicar esa singular aquiescencia. Vemos en formas inferiores muchos casos de algo similar. Un hombre ardiendo de santa indignación, y teniendo un aliado secreto en el corazón de aquellos a quienes reprende, asombrará a la multitud aunque no los infecte. Pero esa no es la explicación completa. Veo aquí un incidente análogo a aquel extraño suceso al final del ministerio de Cristo, cuando, saliendo de debajo de las sombras de los olivos en el huerto, dijo a los soldados: "¿A quién buscáis?" y cayeron de espaldas y se revolcaron en el suelo. Una impresión abrumadora de Su majestad personal, y quizás alguna manifestación de esa gloria oculta que nadaba hasta la superficie en la montaña de la Transfiguración, inclinó a todos estos hombres ante Él, como cañas ante el viento.

Ahora, en segundo lugar, observe lo que hace Cristo en Su Iglesia. No necesito recordarles que el método de restauración de Dios es siempre restaurar con una diferencia y un progreso. Al templo en ruinas de Sion no le seguiría otra casa de piedra y cal, sino 'una casa espiritual', edificada para ser 'una morada de Dios en el Espíritu'. La Iglesia cristiana ocupa el lugar de ese santuario material y es la morada de Dios. Siendo así, aprendamos la lección de que esa casa también puede ser profanada.

Puede haber, como en el Templo original, los aspectos externos de la adoración y, sin embargo, consumiendo la realidad de estos, puede haber un espíritu mercenario interno. Note cuán insensiblemente esta corrupción se infiltra en una comunidad. No se puede incorporar una idea en una forma o en una asociación externa sin arrastrarla inmediatamente hacia abajo y correr el riesgo de degradación. Es como una gota de mercurio que no se puede exponer al aire porque instantáneamente su brillo es atenuado por la espuma que se forma en su superficie. Una iglesia como institución externa está expuesta a todos los peligros a los que están expuestas otras instituciones. Y estos se arrastran insensiblemente, mientras este abuso sea extendido.

Por tanto, no basta con estar tranquilos en nuestra conciencia con respecto a nuestras prácticas como comunidades cristianas. Nos familiarizamos con cualquier abuso y, a medida que nos familiarizamos, perdemos el poder de juzgarlo correctamente. Por tanto, la conciencia necesita ser guiada e iluminada tanto como ser obedecida. ¿Cuánto tiempo ha tardado la Iglesia cristiana en aprender la maldad de la esclavitud? ¿Ha aprendido la Iglesia cristiana la falta de cristianismo de la guerra? ¿No hay abusos entre nosotros, que las generaciones posteriores verán tan evidentes que hablarán de nosotros como hablamos de nuestros antepasados, y se preguntarán si éramos cristianos en absoluto cuando podíamos tolerar tales cosas?

Estas cosas se arrastran gradualmente en la iglesia y necesitan una vigilancia continua si no queremos que nos domine. El tipo especial de corrupción que encontramos en este incidente es uno que siempre acosa a la Iglesia. Por supuesto, si estuviera predicando a los ministros, tendría mucho que decir al respecto. Porque los hombres a los que necesariamente se les paga por predicar tienen la fuerte tentación de predicar por dinero.

Pero no somos solo nosotros los profesionales los que tenemos que ponernos en serio este incidente. Son todas las comunidades cristianas, iglesias establecidas y no establecidas, católicas romanas y protestantes. El mismo peligro los acecha a todos. Debe haber dinero para trabajar en los negocios externos de la casa de Dios. Pero, ¿qué pasa con las personas que 'dirigen' iglesias como dirigen molinos? ¿Qué pasa con las personas cuya prueba de la prosperidad de una comunidad cristiana es su balance? ¿Qué pasa con las personas que se aferran a las comunidades y servicios religiosos por el bien de lo que pueden hacer con ellos?

Últimamente hemos escuchado mucho sobre lo que sucedería 'si Cristo viniera a Chicago'. Si Cristo viniera a cualquier comunidad de profesos cristianos en esta tierra, ¿no crees que necesitaría tener el azote en la mano y decir: 'No hagas de la casa de mi Padre una casa de comercio'? Él vendrá; El viene; Él siempre vendrá si lo escuchamos. Y a intervalos prolongados Él viene de una manera tremenda y manifiesta, y derriba las mesas de los cambistas. ¡Ah, hermanos! si Jesucristo no hubiera venido así, una y otra vez, a Su Iglesia, los hombres cristianos habrían matado al cristianismo hace mucho tiempo.

Pase lo que pase en las iglesias, la Iglesia de Cristo nunca tendrá su fuerza tan minada, o su brillo tan atenuado que el Señor del Templo deba apartarse de Su santuario.

La casa puede ser vaciada del inquilino malvado en alguna medida por nuestra propia resolución y auto reforma. Pero si no está ocupado por Él, permanece 'vacío', aunque está 'barrido y adornado'. La naturaleza aborrece el vacío, y a la casa vacía entran el viejo inquilino y siete hermanos más oscurecidos que él. La única manera de mantener el mundo fuera de mi corazón es que Cristo lo llene. Si se lo pedimos, vendrá a nosotros. Y si tiene el azote en la mano, que sea, sin embargo, bienvenido como invitado. Vendrá, y cuando entre, será como la salida del sol, cuando todas las bestias del bosque se escabullen y las echen en sus guaridas.

Será como llevar el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra al templo de Dagón, cuando la imagen con forma de pez cayó boca abajo y mutilada en el umbral. Si le decimos: 'Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu poder', entrará, y por su entrada 'hará glorioso y puro el lugar de sus pies.”

MATTHEW POOLE

“¿Qué hacen los papistas en sus iglesias, mostrando sus reliquias e imágenes a la gente, sino es para obtener dinero para sus sacerdotes y vender indulgencias, rosarios, etc.? Nunca las casas de Dios fueron hasta tal punto convertidas en lugares de comercio y guaridas de ladrones.”

GRANT OSBORNE

“En el versículo 16 hay un énfasis sobre la autoridad de Jesús como Mesías e Hijo de Dios, mientras acusa a los vendedores, ¡‘dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!’

Él era el único Hijo de Dios, por lo cual este era no solo el templo, sino “la casa de mi Padre”. Cuando ellos narran la limpieza del templo, el énfasis en todos los evangelios no es, por lo tanto, en el uso de la fuerza por parte de Jesús tanto como en su justa indignación, su cólera moral y espiritual.

Su celo mesiánico por la casa de su Padre debe haber asombrado a los espectadores. No había ninguna repercusión legal por sus acciones, sin duda, debido a que el pueblo estaba de su lado. Incluso después de la segunda limpieza, los líderes podrían no haberlo matado debido a que tenían “miedo” de la gente (Mr 11:18).”

J.C RYLE

“[Dijo […] vendían palomas: Quitad de aquí esto]. La distinción entre el modo de tratar nuestro Señor a cada uno de los objetos de su indignación merece una consideración. Echó a los bueyes y a las ovejas. No había peligro de que se perdieran por su actuación. Las monedas las esparció. Pronto se podían recoger y trasladar. En cuanto a las palomas, sencillamente dijo que se las llevaran. Si hubiese hecho algo más, podrían haber volado y sus dueños las habrían perdido. Bueno habría sido para la Iglesia que todos los reformadores hubieran combinado una sabiduría similar con un celo similar en su proceder. En este ejemplo todos fueron reprendidos y todos instruidos. Pero a nadie se le hizo verdadero daño y nada se perdió.

[La casa de mi Padre]. Fijémonos en esta expresión. Es muy cuestionable que los judíos la percibieran, debido a las prisas y a la confusión de toda la operación. Evidentemente fue una afirmación de nuestro Señor de su filiación divina, y en consecuencia de su derecho a vindicar la pureza del lugar de adoración de su Padre. En otra ocasión en que nuestro Señor llamó a Dios su Padre, los judíos dijeron inmediatamente que se hizo “igual a Dios” (Juan 5:18). Algunos han pensado que la expresión es paralela a la empleada en la descripción de Cristo entre los doctores (Lucas 2:49) y que las palabras empleadas aquí —“en los negocios de mi Padre me es necesario estar”— habrían estado mejor traducidas diciendo: “En la casa de mi Padre me es necesario estar”.

No se debe pasar por alto el hecho de que la blasfema costumbre que nuestro Señor reprende aquí fue reanudada por los judíos y dos o tres años después nuestro Señor se encontró con que sucedían las mismas cosas una y otra vez en el Templo, y de nuevo echó a los compradores y vendedores. Es una prueba evidente de la tremenda impiedad y condición caída de los sacerdotes y dirigentes del Templo. Eran sordos a todo consejo y a toda reprensión y habían sido entregados a una mente reprobada. También se debe advertir la diferencia entre el lenguaje de nuestro Señor en la segunda visita y la que empleó en la primera. En su primera visita solo dice: “No hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”, un lugar de compraventa. En la segunda visita dice: “La habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21:13). Cuanto más envilecido y endurecido está el corazón del hombre, más fuerte debe ser nuestra protesta y más enérgica nuestra reprensión.

[Casa de mercado]. Musculus comenta en cuanto a esta expresión que, si la venta de animales para sacrificios indignó a Cristo, mucho más tiene que disgustarle lo que ocurre continuamente en las iglesias católicas romanas. La venta de misas, indulgencias, etc., tiene que ser mucho más ofensiva para Cristo que la venta de bueyes y ovejas.

Es digno de mención el completo éxito de nuestro Señor en esta ocasión y la ausencia de la más mínima oposición por parte de los judíos. Se trata de un hecho que indujo a algunos de los Padres a considerar que este era el mayor milagro obrado por Cristo. Hay, no obstante, tres cosas que debemos recordar al considerar esta cuestión. Por un lado, la conciencia de los judíos estaba de parte de nuestro Señor. Sabían que tenía razón y que ellos estaban equivocados.

Por otro lado, como una nación familiarizada con la historia de los profetas del Antiguo Testamento, no les sorprendería un individuo que, aparentemente bajo un impulso divino, hacía repentinamente lo que hizo nuestro Señor. Sobre todo, puede haber poca duda de que hubo una influencia divina sobre todos los presentes, como cuando nuestro Señor entró en Jerusalén sobre un asno y cuando ocasionó que sus enemigos en el huerto cayeran a tierra (cf. Mateo 21:9–10; Juan 18:6). Aquí, como en otras ocasiones, nuestro Señor mostró a sus discípulos que tenía completo poder sobre todas las voluntades y las mentes cuando consideraba oportuno ejercerlo; y que cuando era rechazado y desobedecido por los judíos, no era porque no tuviera poder para imponer obediencia. Ellos no tenían poder contra Él salvo cuando Él lo permitía.

Beza ve que la acción de nuestro Señor de purificar el Templo es especialmente apropiada. Correspondía a Aquel que iba a ser nuestro Profeta, Sacerdote y Rey mostrar el mismo celo por la pureza de la casa de Dios que anteriormente mostraron hombres como el profeta Isaías, el sacerdote Joiada y los reyes Ezequías y Josías (cf. 2 Crónicas 24:16).”

LEON MORRIS

“Las palabras pronunciadas en ese momento concreto son muy importantes, porque explican la razón por la que actúa así: «¡Como podéis atreveros a convertir la casa de mi Padre en un mercado!» (Moffatt, «¡No convirtáis la casa de mi padre en un supermercado!»). Hay aquí un juego de palabras que se ha perdido en las traducciones modernas (se usa “casa dos veces”, y vendría a ser algo así como “no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de ventas”).

En el relato de Marcos a los mercaderes se les acusa despectivamente de haber convertido el Templo en “una cueva de ladrones”, pero aquí no se acusa la falta de honestidad, sino simplemente su presencia en el Templo: Jesús se opone a la práctica en sí, y no solo a la forma en que esa práctica se realiza. A veces se ha dicho que esto representa un ataque a todo el sistema sacrificial, ya que estaba arremetiendo contra la única posibilidad que la gente que venía de lejos tenía para poder realizar sacrificios: comprarlos cerca del Templo. Pero he aquí la cuestión. Comprarlos “cerca del Templo” no tenía por qué ser, necesariamente, dentro de los recintos del Templo. Ésta, y solo ésta, es la gran objeción de Jesús.

Compárese con lo que dice Strachan: «Es un error creer que la acción de Jesús es un ataque al sistema sacrificial. La razón principal es la falta de reverencia hacia la casa de su Padre, y una profunda preocupación porque se había perdido el espíritu de adoración». El lugar en el que se realizaban las ventas era el único atrio en el que los gentiles podían entrar cuando quería orar o meditar en el Templo. Tenían derecho a un lugar donde pudieran hacerlo tranquilamente. Pero ahora, cuando iban, se encontraban en medio de ese tremendo jaleo. «El lugar que era el símbolo del libre acceso a Dios independientemente de la nacionalidad que uno tenga, se había convertido en un lugar asociado con intereses pecuniarios sórdidos»

(Wright). Sobre la necesidad de mostrarse duro y severo ante este tipo de problema, Wright cita a Ruskin, que dice que es «en nuestra era una de nuestras mayores debilidades: hemos callado y perdido totalmente nuestra facultad de indignación». Pero L. Goppelt cree que hay algo más detrás de la acción de Jesús: «Jesús atacó una institución que aparentemente contradecía el significado del Templo, así que era necesario actuar así por el bien del Templo y su significado. Como un llamamiento escatológico al arrepentimiento, esta acción pretendía destapar la cuestionable naturaleza del viejo sistema y reconocer la necesidad de un nuevo sistema» (Theology of the New Testament, I [Grand Rapids, 1981], p. 96).”

SAMUEL P. MILLOS

“La instrucción que les da es también concreta: quitad esto de aquí. El Señor respeta las palomas pero manda a sus dueños que las retiren de aquel lugar. Sin duda la instrucción tuvo que ser obedecida inmediatamente por la situación que se había creado en el entorno, viendo lo cual todos sabían que iba en serio lo que Jesús mandaba y hacía. Los dueños debían correr por el atrio escapando a la acción de limpieza de Cristo y, posiblemente alguna jaula se golpearía y se abriría la puerta dejando que las aves volaran libremente. El espectáculo que aquello debió haber producido, tuvo que ser grandioso.

Sería impactante ver a Jesús ahuyentando a todos los comerciantes, que corrían sobre un piso alfombrado con las monedas que estaban esparcidas por todo el lugar. La confusión debió haber sido grande pero corta. Una mayor era la que producían aquellos perversos con sus negocios sustentados hipócritamente en la devoción a Dios y los preceptos establecidos para el culto y el Templo, como dice Lensky: "El cuadro de un Jesús así no es agradable para almas sensibles, que piensan solamente en el dulce Jesús y no piensan también la indignación santa y terrible que lo hace actuar como en el presente caso.”

MATTHEW HENRY

“Los gorriones y las golondrinas se admiten en la casa de Dios, ya que dependen en todo de la providencia de Dios (v. Sal_84:3), pero no las palomas, de las que los hombres se aprovechaban para su lucro. Jesús ejerce su autoridad de un modo majestuoso, y ejercita así su derecho de Hijo Unigénito del Padre (v. Luc_2:49). Ante esta majestad, los traficantes no reaccionan en contra; con su huida muestran que son conscientes de que están obrando mal. Nótese la diferencia entre el trato que Jesús da a los cambistas (explotadores), a quienes arroja a latigazos, y el que da a los vendedores de palomas, a quienes trata con mayor mansedumbre, pues quizá no explotaban a nadie, pero ejercían el comercio en un lugar sagrado.

Les dio a todos una buena razón del modo como se comportaba: «No hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado». Tenemos aquí: Primero, una razón por la cual no debían profanar el templo, puesto que era la casa de Dios. El mercado tiene su lugar en las tiendas, las plazas o las calles, no en el templo. Esto era un sacrilegio, al robar a Dios su gloria y hacer vil lo solemne. Era poner la religión al servicio de los intereses materiales. En cierto modo, cuantos asisten a los servicios religiosos con la mente y el corazón llenos de las preocupaciones mundanas y de los negocios seculares y, más aún, los que ejercen el ministerio por puro lucro material, hacen de la casa de Dios casa de mercado.

Segundo, una razón por la que Él estaba interesado en purificar el templo, ya que era la casa de Su Padre. Al ser Cristo «el hijo sobre su casa» (Heb_3:6), tenía completa autoridad para purificarla; no podía ver profanada la casa de Su Padre, ni deshonrado el Padre de la casa. De ahí su celo por ejecutar esta limpieza, y el que esta acción deba ser considerada una de sus obras maravillosas, sobre todo si tenemos en cuenta que la llevó a cabo sin la asistencia de ninguno de sus amigos, y sin la resistencia de ninguno de sus enemigos. La corrupción era demasiado clara como para poder ser justificada o excusada. De un modo semejante, la propia conciencia del pecador es el mejor amigo del reformador. Además del celo, había en Cristo un poder divino que se sobreponía al espíritu de los hombres.”

W. PARTAIN – B. REEVES

“Según Mat_21:12 (Mar_11:15-19; Luc_19:45-48) Jesús hizo la misma cosa otra vez cerca del fin de su ministerio. Zac_14:21, "y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos". De esta manera Jesús condenó el espíritu mundano y carnal de los judíos. Según Mat_21:12 Jesús dijo que hacían de la casa de Dios una cueva de ladrones (Marcos y Lucas dicen lo mismo). Esto indica que no solamente hacían mercadería de las cosas de Dios, sino que eran avaros, deshonestos, y chuecos y que defraudaban a la gente. Se aprovechaban de la necesidad de la gente de conseguir los animales apropiados para los sacrificios y de cambiar su dinero romano en dinero judío. Por todo esto les cobraban precios exorbitantes.

            Mar_11:17, "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones". Llegaban los gentiles (como Cornelio) al único lugar que podían ocupar, y al llegar ¿qué veían, oían y olían? El bramido o mugido de bueyes y vacas, balido de ovejas, el arrullo de las palomas, los gritos de los vendedores, el regateo, y el tintineo de las monedas. ¿Y el olor? ¿Qué impresión habrá tenido todo esto sobre el gentil que buscaba a Dios? ¡Qué bienvenida! Cristo denunciaba a los que impedían la llegada de la gente a Dios (Mat_23:13; Luc_11:52), como a todos los que causan tropiezos (Mat_18:6-7).

            Es interesante observar otro detalle narrado por Marcos (11:16), "Y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno". Parece que algunos usaban los atrios del templo como travesía, y esto también era acto de desprecio.

            Jesús limpió el templo dos veces: al iniciar su ministerio y terminarlo. Sin embargo, al concluir su ministerio Jesús vio el templo como una "causa perdida" y lo llama "vuestra casa" (Mat_23:38) y dice que "os es dejada desierta" (sería destruida) (24:2).

            Muchas iglesias -- católicas, evangélicas, etc., y hasta algunas iglesias de Cristo -- no deben criticar a estos judíos, porque sus propios "templos" se han convertido en casas de mercancía, o de diversión (teatro, películas, bailes) o, en algunos casos, aun de campañas políticas. El clero romano ofrece rifas, juegos de bingo, para competir con los casinos y la lotería. Entre las iglesias hay muchas casas de comercio . Muchas iglesias cometen el mismo error que los que vendían ganado y cambiaban dinero en el templo, porque venden pasteles, tamales, ropa usada, etc. para sufragar gastos de la iglesia (principalmente los del pastor). Aun piden donativos a los inconversos, mayormente a los comerciantes.

            Si hoy en día Cristo escribiera cartas a las iglesias de Cristo como las de Apo_2:1-29 y 3, limpiaría otra vez su templo. Si visitara a las iglesias de Cristo de Estados Unidos y de otros países, ¿qué encontraría? Que muchos hermanos han aceptado el evangelio social que, según ellos, es el evangelio completo, el evangelio para el hombre entero (espiritual, mental, físico, social). Por lo tanto, han dejado el patrón bíblico y han establecido escuelas, clínicas, asilos, etc., para imitar a los sectarios.

            "Harán mercadería de vosotros", 2Pe_2:3. Pedro habla de aquellos que abusan de su posición religiosa para la ganancia personal. Sobre todo, se aprovechan de la ignorancia de la gente. Los que rehúsan estudiar para aprender la voluntad de Dios para probar a los espíritus (1Jn_4:1) llegan a ser víctimas de los tales. Pablo habla de aquellos que "toman la piedad como fuente de ganancia" (1Ti_6:3). "No sirven al Señor sino a sus propios vientres" (Rom_16:18). "Se han lanzado por lucro en el error de Balaam" (Jud_1:11). "Cazan las almas de mi pueblo para mantener así su propia vida" (Eze_13:18). "Se apacientan a sí mismos" (Eze_34:1-31, Jud_1:12). "Devoráis las casas de viudas y como pretexto hacéis largas oraciones" (Mat_23:14). 

            El diezmo es el medio más efectivo para sacar fondos de la gente. El diezmo era para el mantenimiento de los levitas porque esta tribu no tenía herencia en la tierra (solamente tenían ciudades) (Lev_27:30-34; Núm_18:21; Mal_3:10). ¿De qué tabernáculo hablan estos textos? ¿de los tabernáculos de los evangélicos? ¿los pastores evangélicos son levitas?

            Los televangelistas se desvelan para idear y maquinar medios de separar a sus oyentes de su dinero (para que llegue al bolsillo del televangelista). Ofrecen un surtido casi sin límite de artículos que ellos "regalan" (libros, música grabada, estudios) a los que les envíen ofrendas. Prometen orar por todos los que apunten en un papelito sus problemas, enfermedades, etc. con tal que envíen su ofrenda.

            Sería bueno volver a leer los textos (Jua_2:1-25, Mat_21:1-46) que demuestran el celo de Jesús por la casa de Dios. ¿No tendrá aun más celo por la limpieza de la iglesia que es su esposa? Los que promueven toda clase de mercadería desprecian a la iglesia. Para ellos la iglesia es simple y sencillamente un mercado conveniente. Sin embargo, las víctimas del sistema son responsables por su ignorancia y por dejar que los falsos maestros abusen de su confianza. En cualquier momento la gente puede rechazar la mercadería religiosa y gozar de la libertad en Cristo.”

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